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THOMAS MERTON

MAS FRASES DE THOMAS MERTON

  • El amor es nuestro verdadero destino. No encontramos el sentido de la vida por nuestra cuenta - lo encontramos junto a alguien.
  • La ciencia es conocimiento público, no privado.
  • Lo que me anonadó fue el no haber aprendido a bailar.
  • ¡En verdad que es como la quintaesencia del orgullo odiar y temer hasta la aprobación bondadosa y legítima de los que nos aman! Quiero decir, disgustarse como de un patrocinio humillante.
  • Los hombres no tienen idea de lo que puede hacer un santo: la santidad es más fuerte que todo el infierno.
  • ¡Qué alucinados estamos a veces con las nociones claras que sacamos de los libros! Nos hacen creer que realmente comprendemos cosas de las cuales no tenemos ningún conocimiento práctico.
  • Hay felicidad sólo donde hay coordinación con la Verdad, la Realidad, el Acto que sustenta y dirige todas las cosas a sus perfecciones esenciales y accidentales.
  • Las almas son como los atletas, que necesitan competidores dignos de ellas si tienen que ser probadas, agrandadas y empujadas al pleno uso de sus facultades y premiadas según su capacidad.
  • ¿Cuál es el bien de la religión sin dirección personal espiritual?
  • El monasterio es una escuela... Una escuela en la que aprendemos de Dios a ser felices. Nuestra felicidad consiste en compartir la felicidad de Dios, la perfección de Su ilimitada libertad, la perfección de Su amor.
  • La soledad más verdadera no es algo externo a ti, no es ausencia de hombres y sonidos en torno tuyo: es un abismo que se abre en el centro de tu alma.
  • No hay otra verdadera soledad que la soledad interior.
  • No hay verdadera paz posible para el hombre que todavía imagina que algo accidental de talento, gracia o virtud lo separa de los demás hombres y lo coloca por encima de ellos.
  • En una palabra, para que el hombre viva, debe alcanzar una vi.
  • El hombre está plenamente vivo sólo cuando tiene la experiencia genuina, al menos hasta cierto punto, de dedicarse espontánea y legítimamente al propósito real de su existencia personal.
  • ¿Qué es la vida? Es mucho más que el aire que respiramos, la sangre que late en nuestras muñecas, la respuesta al estímulo físico.
  • Todo pensamiento auténticamente religioso proclama que, en su batalla contra la muerte, equipa al hombre con armas que asegurarán la victoria de la vida sobre la muerte.
  • La contemplación es la convergencia de la vida, el conocimiento, la libertad y el amor.
  • En una palabra, para que el hombre viva, debe alcanzar una vitalidad integral, completa. Todo debe ser vida en él, en su cuerpo, sus sentidos, su mente y su voluntad.
  • La verdadera soledad es el hogar de la persona; la falsa soledad es el refugio del individualista.
  • No hay soledad más peligrosa que la del hombre perdido en una masa.
  • Muy a menudo, es el solitario quien tiene más que decir; no porque use muchas palabras, sino porque lo que dice es nuevo, sustancial, único: es propio de él.
  • Allí donde el egoísmo es la atadura, se disuelve la amistad cuando la calamidad llega.
  • No queremos ser principiantes. Pero tenemos que convencernos del hecho de que en toda nuestra vida jamás pasaremos de la condición de aprendices.
  • La oración no nos ciega al mundo, sino que transforma nuestra visión del mundo.
  • Nuestra tarea primordial es ser plenamente humanos.
  • Es sobre todo en nuestro trabajo donde se dan las oportunidades más obvias y tangibles para el desarrollo personal.
  • La vida en el mundo, tal y como es actualmente, tiende a ser confusa y sin sentido, incluso a nivel humano.
  • (...) Si buscas este lugar, no lo encuentras. Si dejas de buscarlo, está ahí.
  • La fidelidad a la gracia en mi vida es fidelidad a la sencillez.
  • Es necesario volver al rostro original.
  • Está cerca el día en que seré capaz de vivir sin palabras.
  • La presencia de Nuestra Señora es importante para mí.
  • En la meditación hay una gran necesidad de disciplina.
  • El amor de Dios se ocupa de todo cuanto hago.
  • Dios se revela en medio del conflicto y la contradicción.
  • Lo más importante es secreto, no dicho.
  • Comprobé lo sencillo que es encontrar a Dios en la soledad.
  • Aferrarse a la voluntad y la verdad de Dios.
  • Nadie puede decirme qué hacer ahora, tengo que intentar averiguarlo por mí mismo.
  • La vida es un don del que estoy contento.
  • Soy un sacerdote con el mundo entero como parroquia.
  • El hombre es imagen de Dios, no Su sombra.
  • Tiene que haber dureza y rigor en la vida eremítica.
  • Vivir, respirar y ser felices bajo Su mirada.
  • No podemos conocer todas las mociones de la gracia de Cristo.
  • Con la soledad no se juega.
  • La soledad es una madre severa que no tolera tonterías.
  • Nada sino inmensa gratitud.
  • Dios se entrega a los que se entregan a Él.
  • Mi ruina es mi fortuna.
  • La nacionalidad de uno tiene sentido a la luz de la eternidad.
  • Es la obra de Jesús la que resplandece en la vida de los santos.
  • Importancia absoluta de obedecer a Dios.
  • Nos tropezamos y caemos constantemente, incluso cuando estamos más iluminados. Pero cuando estamos en la verdadera oscuridad espiritual, que ni siquiera sabemos que hemos caído.
  • Una vida es todo bien espiritual o no espiritual en absoluto. Ninguno puede servir a dos señores. Tu vida está determinada por el final que vives. Usted está hecho a imagen de lo que deseas.
  • Cada momento y cada acontecimiento de la vida de cada hombre en la tierra, las plantas de algo en su alma.
  • No puedo hacer que el universo me obedecen. No puedo hacer que otras personas se ajustan a mis propios caprichos y fantasías. No puedo hacer que incluso mi propio cuerpo me obedecen.
  • El menor de los trabajos de aprendizaje se lleva a cabo en el aula.
  • Octubre es una buena temporada y peligroso en Estados Unidos. un tiempo maravilloso para comenzar algo. Usted va a la universidad, y cada plato en el catálogo se ve maravilloso.
  • Tenemos lo que buscamos, es allí todo el tiempo, y si le damos tiempo, se dará a conocer a nosotros.
  • El orgullo nos hace artificial y la humildad nos hace real.
  • Estamos tan obsesionados con hacer que no tenemos tiempo ni imaginación dejado de ser. Como resultado, los hombres no son valorados por lo que son, sino por lo que hacen o lo que tienen - por su utilidad.
  • Si quiero estudiar la historia social y política de las naciones modernas, estudio el infierno.
  • La paz exige el trabajo más heroica y la más difícil de sacrificio. Exige una mayor heroísmo que la guerra. Exige una mayor fidelidad a la verdad y una pureza mucho más perfecta de la conciencia.
  • Cuando termina la ambición, comienza la felicidad.
  • La felicidad no es una cuestión de intensidad, sino de equilibrio, orden, ritmo y armonía.
  • La soledad no es algo que se debe esperar en el futuro. Más bien, es una profundización del presente, ya menos que usted lo busca en el presente nunca la encontrará.
  • El primer paso hacia la búsqueda de Dios, que es verdad, es descubrir la verdad acerca de mí mismo: y si yo he estado en el error, el primer paso a la verdad es el descubrimiento de mi error.
  • Las mismas contradicciones en mi vida son en cierto modo los signos de la misericordia de Dios para mí.
  • Sólo queda en silencio en la presencia de Dios, escuchando a Él, estar atento a él, requiere de mucha valentía y saber hacer.
  • No estamos en paz con los demás, porque no estamos en paz con nosotros mismos, y no estamos en paz con nosotros mismos, porque no estamos en paz con Dios.
  • La muerte es alguien que ve muy claramente con los ojos en el centro de su corazón: ojos que no ven al reaccionar a la luz, pero al reaccionar a una especie de frío dentro de la médula de su propia vida.
  • Sé bueno, mantener los pies secos, los ojos abiertos, el corazón en paz y tu alma en la alegría de Cristo.
  • La idea de la compasión se basa en un profundo conocimiento de la interdependencia de todos los seres vivos, que son parte de los otros, y todos los involucrados en el otro.
  • El amor busca una sola cosa: el bien de la persona amada. Deja a todos los otros efectos secundarios que cuidar de sí mismos. El amor, por lo tanto, es su propia recompensa.
  • El principio del amor es dejar que aquellos que amamos sea perfectamente a sí mismos, y no a torcer para que se ajusten a nuestra propia imagen. Si no nos gusta más que el reflejo de nosotros mismos que encontramos en ellos.
  • El amor es nuestro verdadero destino. No encontramos el sentido de la vida por nosotros mismos - nos encontramos con otro.
  • El arte nos permite encontrarnos y perdernos al mismo tiempo.
  • Adorarnos a nosotros mismos es no adorar nada. Y la adoración de la nada es el infierno.
  • Cada individuo en la masa está aislado por espesas capas de insensibilidad. No se preocupa, no escucha, no piensa. No actúa, sino que es empujado.
  • El constante clamor de palabras vacías y ruidos de máquinas, el continuo zumbido de los altavoces, termina por hacer casi imposible la verdadera comunicación y la verdadera comunión.
  • El mero hecho de vivir en medio de otras personas no garantiza que vivamos en comunión con ellas, ni siquiera que nos comuniquemos con ellas.
  • El miedo es la raíz de todas las guerras. No tanto el miedo que los seres humanos se tienen unos a otros cuanto el miedo que tienen a todo.
  • El placer arde con fuego dulce, devorador.
  • En la vida espiritual no hay trucos ni atajos.
  • Nunca podré hallarme a mí mismo si me aíslo del resto de la humanidad como si fuera un ser de otra clase.
  • Para llegar a ser yo mismo, debo dejar de ser lo que siempre pensé que deseaba ser, y para hallarme a mí mismo debo salir de mí.
  • Si te contentas en perderte, te encontrarás sin saberlo, precisamente porque te has extraviado, porque estás, en definitiva, en ninguna parte.
  • Todas las cosas nacen de esta Nada desierta.
  • Todavía estoy vivo, pero ¿A quién pertenece esta vida que yace aquí, a quién esta música inédita que resuena?
  • Una palabra no será nunca capaz de comprender la voz que la pronuncia.
  • ¡De un solo tiro se termina toda la caza!
  • ¡Oh, vete a casa, hermano, vete a casa! El diablo regresa otra vez, y un infierno alucinante se traga moscas.
  • ¿Quién tiene menos que comunicar que el hombre-masa?

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LA HUMILDAD CONTRA LA DESESPERACIÓN

THOMAS MERTON

LA VERDADERA HUMILDAD

En la verdadera humildad hay paz y no desesperación.

«La humildad supone desprenderse de la personalidad y los adornos que haz acumulado a tu alrededor y ser como un niño pequeño, que no sabe quién es, que no sabe nada del mundo.»

La falsa humildad no es sino el ego reprimido, que finge ser humilde pero desea ser el que más. La falsa humildad se deja ver de vez en cuando en el que llaman hombre humilde: él se cree más humilde que nadie; y eso es ego. La humildad no conoce ese lenguaje.

La verdadera humildad no tiene nada que ver con el ego; es la ausencia del ego. No pretende ser superior a nadie. Es la pura y simple comprensión de que no hay nadie que sea superior, ni nadie que sea inferior; las personas son simplemente ellas mismas, incomparablemente únicas. No puedes compararlas como superior o inferior.

El único problema que produce la desesperación, es que te quieres librar de ella. Ésa es la única barrera. Tendrás que ser verdaderamente humilde para vivir con ella. No puedes escapar. La desesperación crea situaciones en las que podemos integrarnos y crecer. Son los desafíos de la vida. Acéptalos. Son bendiciones disfrazadas.

Toda tu desesperación es producto de la mente. Cuando realmente aceptas con humildad el movimiento se detiene, se detiene la mente. De pronto estás aquí y ahora. Por primera vez estás en paz. Por primera vez experimentas la existencia. Por primera vez estás despierto. El sueño de la mente, la mente dormida, ya no está...

Y ahora te empieza a ocurrir otras cosas. Es lo contrario de lo que la mente hacía. En vez de desesperación, sientes éxtasis; en vez de infelicidad, una enorme dicha; en vez de tristeza, paz; en vez de sentir que las cosas no tienen sentido, por primera vez, ves la importancia y la belleza de la gloria con la que te ha obsequiado la existencia.

Veamos a Thomas Merton como nos enseña a derrotar la desesperación...

HUMILDAD CONTRA DESESPERACIÓN

En la desolación hay más ego que humildad y esto lleva a la desesperación.

La desesperanza es una sensación que todo está y continuará sin esperanza. La desesperación es el extremo absoluto en la línea del amor propio. Se alcanza cuando uno vuelve deliberadamente la espalda a toda ayuda ajena para gustar el corrompido lujo de saberse perdido.

En cada hombre hay escondida alguna raíz de desesperación, porque en todo hombre hay un orgullo que vegeta y hace surgir de sí yerbajos y malolientes flores de compasión tan pronto como nos fallan nuestros recursos. Pero como nuestros recursos nos fallan inevitablemente estamos más o menos sujetos al descorazonamiento y la desesperación.

La desesperación es el resultado final de mi orgullo tan grande y tan rígido, que elige la absoluta angustia de la amargura antes que aceptar la felicidad de las manos del Amor y con ello reconocer que está por encima de nosotros y no somos capaces nosotros mismos de cumplir nuestro destino.

«Pero el hombre que es verdaderamente humilde no puede desesperar, porque en el hombre humilde no hay ya cosa parecido a la compasión de sí mismo.»

Es casi imposible sobreestimar el valor de la verdadera humildad y su poder en la vida espiritual. Pues el principio de la humildad es el principio de la beatitud, y la consumación de la humildad es la perfección de todo gozo. La humildad contiene en sí misma la respuesta a todos los grandes problemas de la vida del alma. Es la única llave de la fe, con la cual empieza la vida espiritual; pues la fe y la humildad son inseparables. En la perfecta humildad desaparece todo egoísmo, desaparece toda desesperación y tu alma ya no vive para si ni en sí, sino para el Amor; y se pierde y sumerge en Él y se transforma en Él.

En este punto de la vida espiritual, la humildad encuentra la más elevada exaltación de la grandeza. Es ahí donde todo el que se humilla es exaltado, porque, no viviendo ya para sí mismo ni en el nivel humano el espíritu queda libre de todas las limitaciones y vicisitudes de su condición de criatura contingente y nada en los atributos de la Existencia, cuyo poder y magnificencia, sabiduría, grandeza y eternidad han llegado a ser nuestras mediante el amor y la humildad.

Si fuésemos incapaces de humildad, seríamos incapaces de gozo; porque sólo la humildad puede destruir la concentración en sí mismo que hace imposible el gozo. Si no hubiese humildad en el mundo, hace tiempo que todos nos hubiéramos desesperado y suicidado.

Hay una falsa humildad que considera orgullo el desear la máxima grandeza: la perfección de la contemplación, la cumbre de la unión mística con la máxima expresión del Amor. Éste es uno de los mayores engaños de la vida espiritual, porque solamente en esta grandeza, solamente en esta exaltada unión, podemos lograr la humildad perfecta.

Con todo, es fácil ver cómo se comete este error; y realmente, desde cierto punto de vista, no es ningún error. Pues si consideramos el gozo de la unión mística en abstracto, meramente como algo que perfecciona nuestro ser y nos da la máxima felicidad y satisfacción posibles, podríamos desearla con un deseo egoísta y lleno de orgullo. Y este orgullo será tanto mayor si nuestro deseo significa que esa consumación es en algún modo debida a nosotros mismos, como si tuviéramos derecho a ella, como si pudiéramos hacer algo para ganárnosla. De este modo aparece la unión mística a las mentes de los que no advierten que la esencia de tal unión es un amor puro y abnegado, que vacía el alma de todo orgullo y la aniquila a los ojos de tu consciencia, para que nada quede de ella sino la pura capacidad para Amar. El gozo del místico surge de una liberación de todo apego al yo por el aniquilamiento de todo rastro de orgullo. No desees ser exaltado, sino humillado; no desees ser grande, sino pequeño, a tus propios ojos y a los del mundo; pues el único modo de entrar en ese gozo es disminuir hasta un punto que se desvanece y ser absorbido en tu interior a través del centro de tu propia nada. El único modo de poseer Su grandeza es pasar por el ojo de la aguja de tu total insuficiencia. La perfección de la humildad se encuentra en la unión transformante. Sólo el amor supremo puede conducirte a esa pureza a través de los fuegos de la prueba interna. Sería necio no desear tal perfección. Pues ¿de qué serviría ser humilde de un modo que te impidiese buscar la consumación de toda humildad?

El humilde no se turba por las alabanzas. Como ya no se preocupa de sí mismo, como ya sabe de dónde procede lo bueno que hay en él, no rehúsa la alabanza, porque pertenece a la existencia que ama y al recibirla no guarda nada para si, sino que lo da todo, con gran gozo.

El hombre que no es humilde no puede aceptar las alabanzas graciosamente. Ya sabe lo que debería hacer. Sabe que la alabanza pertenece a la Existencia y no a él; pero la transmite tan torpemente, que tropieza y llama la atención hacia sí por su misma torpeza y entra en la desesperación.

El que no ha aprendido todavía la humildad es trastornado y turbado por las alabanzas. Hasta puede perder la paciencia cuando la gente lo alaba; lo irrita el sentimiento de su propia indignidad. Y si no arma un alboroto por ello, por lo menos las cosas que se han dicho de él lo asedian, obsesionan su mente y lo atormentan con desesperación dondequiera que vaya.

En el otro extremo está el que no tiene humildad ninguna y devora los elogios, si alguno le hacen. Pero éste no presenta ningún problema; es tan conocido, que ha representado un papel en todas las farsas.

«El humilde recibe el elogio como un cristal limpio recibe la luz del sol. Cuanto más clara e intensa es la luz, tanto menos se ve el cristal».

Para los hombres que viven en monasterios hay el peligro de que hagan tan complicados esfuerzos por ser humildes con la humildad que han aprendido en un libro, que llegue a volvérseles imposible la verdadera humildad. ¿Cómo puedes ser humilde si siempre estás atento a ti mismo? La verdadera humildad excluye la conciencia de si; pero la falsa humildad intensifica el percatarse de sí mismo hasta tal punto que quedamos lisiados, y ya no podemos hacer un movimiento ni realizar un acto sin poner en funcionamiento un complejo mecanismo de excusas y fórmulas en que nos acusamos.

Si fueras realmente humilde no te preocuparías de ti. ¿Por qué no hacerlo? Te ocuparías sólo del Amor y Su voluntad, y del orden objetivo de las cosas y valores tales como son y no como tu egoísmo quiere que sean. En consecuencia, no tendrías desesperación, no tendrías ya falsas ilusiones que defender. Tus movimientos serían libres. No necesitarías el estorbo de un montón de excusas que en realidad sólo son fórmulas para defenderte de la acusación de orgullo... como si tu humildad dependiera de lo que otros piensan de ti!

«El hombre humilde puede hacer grandes cosas con insólita perfección, porque ya no se preocupa de lo accidental, como sus intereses y su reputación, y ya no necesita desperdiciar esfuerzos en defenderlo».

Pues un hombre humilde no teme el fracaso. De hecho, no teme nada, ni a si mismo, nunca se desespera, pues la perfecta humildad lleva consigo una perfecta confianza en el poder del Amor, ante quien ningún otro poder tiene sentido y para quien no hay ningún obstáculo.

PENSAMIENTOS DE THOMAS MERTON

El amor es nuestro verdadero destino.

El comienzo del amor consiste en dejar que las personas a quienes amamos sean absolutamente ellas mismas, y en no presionarlas para que se amolden a nuestra propia imagen. En este caso, tan sólo amaríamos el reflejo de nosotros mismos reproducido en ellos.

Al entender la Existencia estoy tan renovado que toda la naturaleza parece renovado alrededor de mí y conmigo. El cielo parece ser un puro, un azul más frío, los árboles de un verde profundo. El mundo entero está a cargo de la gloria del Amor y siento fuego y música bajo mis pies.

El hombre está verdaderamente vivo cuando toma conciencia de sí mismo como dueño de su propio destino para la vida o para la muerte, percatándose del hecho de que su realización final o su destrucción dependen de su libre albedrío, y dándose cuenta de su capacidad para decidir por sí mismo. Éste es el comienzo de la vida verdadera.

El hombre está vivo no sólo cuando existe, no sólo cuando existe y actúa, no sólo cuando existe y actúa como hombre (o sea, libremente), sino sobre todo cuando es consciente de la realidad y la inviolabilidad de su propia libertad, y se da cuenta al mismo tiempo de su capacidad para consagrar por entero esa libertad al propósito para el que le fue dada.

Entiendan que, es en esta soledad que las actividades más profundas comienzan. Es aquí donde se descubre acto sin el movimiento, el trabajo es profundo reposo, visión en la oscuridad, y, más allá de todo deseo, el cumplimiento, cuyos límites se extienden hasta el infinito.

«La humildad es el signo más seguro de la fuerza».

Thomas Merton

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