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FRASES ROSARIO CASTELLANOS

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ROSARIO CASTELLANOS

MAS FRASES DE ROSARIO CASTELLANOS

  • En mi aridez, aquí, llevo la marca de su pie sin regreso.
  • Hombrecito, ¿qué quieres hacer con tu cabeza? ¿Atar al mundo, al loco, loco y furioso mundo? ¿Castrar al potro Dios? Pero Dios rompe el freno y continúa engendrando magníficas criaturas, seres salvajes cuyos alaridos rompen esta campana de cristal.
  • Matamos lo que amamos. Lo demás no ha estado vivo nunca. Ninguno está tan cerca.
  • A veces, tan ligera como un pez en el agua, me muevo entre las cosas feliz y alucinada.
  • Para el amor no hay tregua, amor. La noche no se vuelve, de pronto, respirable. Y cuando un astro rompe sus cadenas y lo ves zigzaguear, loco, y perderse, no por ello la ley suelta sus garfios.
  • Bajo tu tacto tiemblo como un arco en tensión palpitante de flechas y de agudos silbidos inminentes.
  • Sin orgullo (¿qué es el orgullo? ¿Una vértebra que todavía la especie no produce?) los hombres roban, mienten, como animal de presa olfatean, devoran y disputan a otro la carroña.
  • ¿Qué se hace a la hora de morir? ¿Se vuelve la cara a la pared? ¿Se agarra por los hombros al que está cerca y oye? ¿Se echa uno a correr, como el que tiene las ropas incendiadas, para alcanzar el fin?
  • Ser de río sin peces, esto he sido. Y revestida voy de espuma y hielo. Ahogado y roto llevo todo el cielo y el árbol se me entrega malherido.
  • No te acerques a mí, hombre que haces el mundo, déjame, no es preciso que me mates. Yo soy de los que mueren solos, de los que mueren de algo peor que vergüenza. Yo muero de mirarte y no entender.
  • La oscuridad engendra la violencia y la violencia pide oscuridad para cuajar el crimen.
  • Hay ceguera y el hambre los alumbra y la necesidad, más dura que metales.
  • El encuentro es a oscuras. En el beso se mezcla el sabor de las lágrimas. Y en el abrazo ciñes el recuerdo de aquella orfandad, de aquella muerte.
  • Y no podemos escapar viviendo porque la vida es una de sus máscaras.
  • Basta. No quiere más la oreja, que su cuenco rebalsaría y la mano ya no alcanza a tocar mas allá.
  • No son nube ni flor los que enamoran; eres tú, corazón, triste o dichoso.
  • Yo soy de alguna orilla, de otra parte, soy de los que no saben ni arrebatar ni dar, gente a quien compartir es imposible.
  • Pero Dios rompe el freno y continúa engendrando magníficas criaturas, seres salvajes cuyos alaridos rompen esta campana de cristal.
  • Era como un durazno o como una mejilla y encerraba la dicha como los labios encierran cada beso.
  • Henos aquí hace un siglo, sentados, meditando encarnizadamente como dar el zarpazo último que aniquile de modo inapelable y, para siempre, al otro.
  • En el principio -dice esta capa geológica que toco- era sólo la danza: cintura de la gracia que congrega juventudes y música en su torno.
  • Hasta que un día otro lo para, lo detiene y lo reduce a voz, a piel, a superficie ofrecida, entregada, mientras dentro de sí la oculta soledad aguarda y tiembla.
  • Amigo, no es posible ni nacer ni morir sino con otro. Es bueno que la amistad le quite al trabajo esa cara de castigo y a la alegría ese aire ilícito de robo.
  • Hombrecito, ¿Qué quieres hacer con tu cabeza? ¿Atar al mundo, al loco, loco y furioso mundo? ¿Castrar al potro Dios?
  • Porque éramos amigos y a ratos, nos amábamos; quizá para añadir otro interés a los muchos que ya nos obligaban.
  • Damos la vida sólo a lo que odiamos.
  • Debe haber otro modo… Otro modo de ser humano y libre. Otro modo de ser.
  • Y cuando bailan, cuando se deslizan o cuando burlan una ley o cuando se envilecen, sonríen, entornan levemente los párpados, contemplan el vacío que se abre en sus entrañas y se entregan a un éxtasis vegetal, inhumano.
  • Miro las herramientas, el mundo que los hombres hacen, donde se afanan, sudan, paren , cohabitan.
  • No, no es la solución tirarse bajo un tren como la Ana de Tolstoi ni apurar el arsénico de Madame Bovary ni aguardar en los páramos de Ávila la visita del ángel con venablo antes de liarse el manto a la cabeza y comenzar a actuar…
  • Venturosa ciudad amurallada, ceñida de milagros, descanso en el recinto de este cuerpo que empieza donde termina el mío.
  • A ningún otro hiere un olvido, una ausencia, a veces menos.
  • No, yo no quiero hablar de nuestras noches cuando nos retorcemos como papel al fuego. Los espejos se inundan y rebasan de espanto mirando estupefactos nuestros rostros.
  • Nadie lo confesaba, pero todos estaban orgullosos de ser como juguetes en las manos de un niño.
  • Ese día de amor yo fui como la tierra: sus jugos me sitiaban tumultuosos y dulces y la raíz bebía con mis poros el aire y un rumor galopaba desde siempre para encontrar los cauces de mi oreja.
  • Abandonados siempre. ¿De qué? ¿De quién? ¿De dónde? No importa. Nada más abandonados.
  • La manzana cayó; pero no sobre un Newton de fácil digestión, sino sobre el atónito apetito de Adán (se atragantó con ella como era natural).
  • El aire no es bastante para los dos. Y no basta la tierra para los cuerpos juntos y la ración de la esperanza es poca y el dolor no se puede compartir.
  • La soledad trazó su paisaje de escombros. La desnudez hostil es su cifra ante el hombre.
  • Piensa en la tejedora; en su paciencia para recomenzar una tarea siempre inacabada.
  • Pero alguien (ya no acierto con la estructura inmensa de su nombre) dijo entonces: No es bueno que la belleza esté desamparada y electrizó una célula.
  • Engaño en este ciego desnudarse, terror del ataúd escondido en el lecho, del sudario extendido y la marmórea lápida cayendo sobre el pecho.
  • En un día de amor yo bajé hasta la tierra: vibraba como un pájaro crucificado en vuelo y olía a hierba húmeda, a cabellera suelta, a cuerpo traspasado de sol al mediodía.
  • Tal vez yo no debiera descubrirlo pero fue el primer círculo vicioso mordiéndose la cola.
  • Punzaba el aire en las avispas múltiples y vertía chorritos de miel en cada herida para que el equilibrio permaneciera invicto.
  • Y nos regocijamos de estar en el secreto, de guiñarnos los ojos a espaldas de la muerte.
  • Es esta rueda isócrona fija entre cuatro cirios, esta nube exprimida y paralítica y esta sangre blancuzca en un tubo de ensayo.
  • ¡No poder escapar del sueño que hace muecas obscenas columpiándose en las lámparas! Es así como nacen nuestros hijos. Parimos con dolor y con vergüenza, cortamos el cordón umbilical aprisa como quien se desprende de un fardo o de un castigo.
  • ¡Qué cuidadosamente nos mentimos!¡Qué cotidianamente planchamos nuestras máscaras para hormiguear un rato bajo el sol!
  • No me explico por qué fue indispensable que alguien inventara el reloj y desde entonces todo se atrasa o se adelanta, la vida se fracciona en horas y en minutos o se quiebra o se para.
  • El mundo era la forma perpetua del asombro renovada en el ir y venir de la ola, consubstancial al giro de la espuma y el silencio, una simple condición de las cosas.
  • ¿Cómo podrías estar solo a la hora completa, en que las cosas y tú hablan y hablan, hasta el amanecer?
  • El suicidio también pasó de moda y no conviene dar un paso en falso cuando mejor podemos deslizarnos. ¡Qué gracia de patines sobre el hielo! ¡Qué tobogán más fino! ¡Qué pista lubricada! ¡Qué maquinaria exacta y aceitada!
  • Río de sangre, cinturón de fuego. En las tierras que tiñe, en la selva multípara, en el litoral bravo de mestiza mellado de ciclones y tormentas, en este continente que agoniza bien podemos plantar una esperanza.
  • De las bocas destruidas quiere subir hasta mi boca un canto, un olor de resinas quemadas, algún gesto de misteriosa roca trabajada.
  • Visitaría en Europa lo típico: alguna ruina humeante o algún pueblo afilando las garras y los dientes. Alguna catedral mal ventilada, invadida de moho y oro inútil y en el fondo un cartel: Negocio en quiebra.
  • No era como ahora que parecemos aventadas nubes o dispersadas hojas.
  • Estábamos entonces cerca, apretados, juntos. No era como ahora.
  • El hombre es animal de soledades, ciervo con una flecha en el ijar que huye y se desangra.
  • Y entonces supe: yo no estaba allí ni en ninguna otra parte ni había estado nunca ni estaría.
  • ¿Por qué decir nombres de dioses, astros espumas de un océano invisible, polen de los jardines más remotos? Si nos duele la vida, si cada día llega desgarrando la entraña, si cada noche cae convulsa, asesinada.
  • Porque si un día cansados de este morir a plazos queremos suicidarnos abriéndonos las venas como cualquier romano, nos sorprende saber que no tenemos sangre ni tinta enrojecida: que nos circula un aire tan gratis como el agua.
  • Y yo que me soñaba nube, agua, aire sobre la hoja, fuego de mil cambiantes llamaradas, sólo supe yacer…
  • Considera, alma mía, esta textura Áspera al tacto, a la que llaman vida.
  • Y los signos se cierran bajo mis ojos como la flor bajo los dedos torpísimos de un ciego.
  • Nos sorprende palpar un corazón en huelga y unos sesos sin tapa saltarina y un estómago inmune a los venenos.
  • Al pie de un sauce, triste Narciso de las aguas, o cerca de una roca inexorable quiero dejar mi cuerpo como el que deja ropas en la playa.
  • Hablábamos la lengua de los dioses, pero era también nuestro silencio igual al de las piedras.
  • Tu sabor se anticipa entre las uvas que lentamente ceden a la lengua comunicando azúcares íntimos y selectos.
  • En estas vastas galerías de muertos, de fantasmas reumáticos y polvo, nos hinchamos de orgullo y de soberbia.
  • Nunca digas que es tuya la tiniebla, no te bebas de un sorbo la alegría. Mira a tu alrededor: hay otro, siempre hay otro. Lo que él respira es lo que a ti te asfixia, lo que come es tu hambre. Muere con la mitad más pura de tu muerte.
  • Porque hay aún un continente verde que imanta nuestras brújulas. Un ancho acabamiento de pirámides en cuyas cumbres bailan doncellas vegetales con ritmos milenarios y recientes.
  • Somos la raza estrangulada por la inteligencia, «La insuperable, mundialmente famosa trapecista que ejecuta sin mácula triple salto mortal en el vacío (la inteligencia es una prostituta que se vende por un poco de brillo y que no sabe ya ruborizarse).
  • Heme aquí suspirando como el que ama y se acuerda y está lejos.
  • Para el amor no hay cielo, amor, sólo este día.
  • Mi sangre se enardece igual que una jauría olfateando la presa y el estrago pero bajo tu voz mi corazón se rinde en palomas devotas y sumidas.
  • El que se va se lleva su memoria, su modo de ser río, de ser aire, de ser adiós y nunca.
  • Matamos lo que amamos. Lo demás no ha estado vivo nunca.
  • No es que el poeta busque soledad, es que la encuentra.
  • No te acerques a mí, hombre que haces el mundo, déjame, no es preciso que me mates. Yo soy de los que mueren solos, de los que mueren de algo peor que vergüenza. Yo me muero de mirarte y no entender.
  • Éramos el abrazo de amor en que se unían el cielo con la tierra.
  • No soy de los que exprimen su corazón en un lugar violento. Soy de los que atestiguan la belleza y la muerte de la rosa.
  • Aprendí, si no a dar más que no es fácil, sí a pedir menos que casi es indispensable.
  • Damos la vida sólo a lo que odiamos
  • Heme aquí, ya al final, y todavía no sé qué cara le daré a la muerte.
  • Matamos lo que amamos. Lo demás no ha estado vivo nunca
  • Compartimos sólo un desastre lento
  • Porque éramos amigos y, a ratos, nos amábamos
  • Para el amor no hay cielo, amor, sólo este día
  • Para el amor no hay tregua
  • Heme aquí suspirando como el que ama y se acuerda y está lejos
  • Éramos el abrazo de amor en que se unían el cielo con la tierra
  • Feliz de ser quien soy, sólo una gran mirada: ojos de par en par y manos despojadas.
  • Algún día lo sabré. Este cuerpo que ha sido mi albergue, mi prisión, mi hospital, es mi tumba.
  • No es que el poeta busque la soledad, es que la encuentra.
  • El matrimonio es el ayuntamiento de dos bestias carnívoras de especie diferente.
  • Llevo la marca de su pie sin regreso
  • No hay que aceptar ningún dogma sino hasta ver si es capaz de resistir un buen chiste
  • Mujer que sabe latín | Rosario Castellanos
  • Bajo tu tacto tiemblo como un arco en tensión palpitante de flechas y de agudos silbidos inminentes
  • No es equitativo, y por lo tanto tampoco es legítimo que uno tenga la oportunidad de formarse intelectualmente y que al otro no le quede más alternativa que la de permanecer sumido en la ignorancia
  • El que se va se lleva su memoria, su modo de ser río, de ser aire, de ser adiós y nunca
  • Debe de haber otro modo de ser, otro modo de ser humano y libre
  • La muerte será la prueba de que hemos vivido.
  • Yo muero de mirarte y no entender

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LA POETA MEXICANA CON SABIDURÍA

ROSARIO CASTELLANOS

SABIDURÍA EN POESÍA

Cuando una cosa es más que la suma total de las partes, hay poesía.

La poesía no da explicaciones. Da mucha clarividencia, intuición, visión, pero no tiene explicaciones. No se puede plasmar en una doctrina, en un dogma. El futuro les pertenecerá a quienes tengan poesía en el corazón. El pasado ha sido demasiado lógico. Hasta las personas «religiosas» eran eminentemente lógicas. Hilaban y tejían la lógica en nombre de la teología; creaban la filosofía en el nombre de Dios. En el pasado, la forma más elevada de religión era la filosofía, y la forma inferior era la superstición. Pero ambas son falsas. Pero la espiritualidad tiene que ser poética, necesita que haya un cierto misticismo.

Veamos a Rosario Castellanos, una de las mejores poetas de México...

MI OFICIO

Escribo porque yo, un día, adolescente,
me incliné ante un espejo y no había nadie.
¿Se da cuenta? El vacío. Y junto a mí los
otros chorreaban importancia.

No, no es envidia. Era algo más grave.
Era otra cosa. ¿Comprende usted?
Las únicas pasiones lícitas a esa edad
son metafísicas. No me malinterprete.

EL YO

—Cuando decimos "yo"
nos atamos al cuello una vocal redonda,
una cuerda de ahorcar; nos taladramos
la nariz con un aro como el que rige al buey;
nos ceñimos grillete de prisionero.

Círculo de exclusión, rómpelo, sáltalo.

Tus ojos son poliédricos como los de la avispa.
Cuando lo miras tú se quiebra el mundo.

Pero los cielos narran lo que saben:
"El tiempo no es la Tenia que añade día a los días.
Su transcurrir continuo, su historia, es la de un río."
Y los del coro cantan:
"Aquí y allá; los cuatro
puntos; las dieciséis atmósferas; los siete
mares, los veinte climas,
lo numerable, en fin, es uno y único".

No estás solo y aparte.
Tú le dueles a Dios; el universo
se hace pequeño en ti; se hace ciego, borracho.
Y loco.

Algo te roban si una estrella cae.

Tu furia tiene hocico de tigre; tu memoria
cabeza de elefante y tu curiosidad
pescuezo de jirafa.

¿Dónde, para apuntar la flecha, está tu centro?
¿En quién te va a matar la muerte?

—En los que amo.

LA LIBERACIÓN FEMENINA

No, no es la solución
tirarse bajo un tren como la Ana de Tolstoy
ni apurar el arsénico de Madame Bovary
ni aguardar en los páramos de Ávila la visita
del ángel con venablo
antes de liarse el manto a la cabeza
y comenzar a actuar.

Ni concluir las leyes geométricas, contando
las vigas de la celda de castigo
como lo hizo Sor Juana.

No es la solución
escribir, mientras llegan las visitas,
en la sala de estar de la familia Austen
ni encerrarse en el ático
de alguna residencia de la Nueva Inglaterra
y soñar, con la Biblia de los Dickinson,
debajo de una almohada de soltera.

Algún otro modo que no se llame Safo
ni Mesalina ni María Egipciaca
ni Magdalena ni Clemencia Isaura.

Otro modo de ser humano y libre.

Otro modo de ser.

VIVIR COMO POETA

Malhumorada, irónica, levantas los hombros como a quien no le importa.

Yo digo que no sé, sino que sobrevivo a mínimas tragedias cotidianas:
la uña que se rompe, la mancha en el mantel,
el hilo de la media que se va,
el globo que se escapa de las manos de mi hijo.

Contemplo esto y no muero.

Y no porque sea fuerte
sino porque no entiendo si lo que pasa es grave,
irreversible, significativo,
ni si de un modo misterioso estoy atrapada en la red de los sucesos.

Pero la verdad es que, aún soñolienta,
me levanto, me baño, canturreo
pensando en otras cosas.

Y luego desayuno,
tranquila, sobriamente, leo la noticia
del viejo avaro al que sus asesinos
buscaron las monedas que escondía
(a puñaladas) dentro de su entraña.

No, me palpo y no siento la herida.

Todavía soy una mujer sola.

ME ENAMORE

Porque éramos amigos y, a ratos, nos amábamos;
quizá para añadir otro interés a los muchos que ya nos obligaban
decidimos jugar juegos de inteligencia.

Pusimos un tablero enfrente de nosotros:
equitativo en piezas, en valores, en posibilidad de movimientos.

Aprendimos las reglas, les juramos respeto y empezó la partida.

Henos aquí hace un siglo, sentados, meditamos encarnizadamente
cómo dar el zarpazo último que aniquile
de modo inapelable y, para siempre, al otro.

LA AMISTAD

Amigas… hmmm… a veces, raras veces y en muy pequeñas dosis.

En general, le huyo a los espejos.

Me dirían lo de siempre: que me visto muy mal
y que hago el ridículo cuando pretendo coquetear con alguien.

LOS HIJOS

Como todos los huéspedes mi hijo me estorbaba
ocupaba un lugar que era mi lugar,
existía a deshora,
haciéndome partir en dos cada bocado.

Fea, enferma, aburrida
lo sentía crecer a mis expensas,
robarle su color a mi sangre, añadir
un peso y un volumen clandestinos
a mi modo de estar sobre la tierra.

Su cuerpo me pidió nacer, cederle el paso,
darle un sitio en el mundo,
la provisión de tiempo necesaria a su historia.

Consentí. Y por la herida en que partió, por esa
hemorragia de su desprendimiento
se fue también lo último que tuve
de soledad, de yo mirando tras de un vidrio.

Quedé abierta, ofrecida
a las visitaciones, al viento, a la presencia.

EL DOLOR

Tal vez cuando nací alguien puso en mi cuna
una rama de mirto y se secó.

Tal vez eso fue todo lo que tuve
en la vida, de amor.

Porque después (oh, rostro traicionado
por la memoria, nudo deshecho en el adiós)
nada sino el cilicio de aquella nervadura
me exprimió el corazón.

RECUERDOS VIOLENTOS

No busques lo que no hay:
huellas, cadáveres,
que todo se le ha dado como ofrenda a una diosa:
a la Devoradora de Excrementos.

No hay lugares en los archivos pues nada consta en actas.

Ay, la violencia pide oscuridad
porque la oscuridad engendra el sueño
y podemos dormir soñando que soñamos.

Mas he aquí que toco una llaga: es mi memoria.

Duele, luego es verdad.

Sangra con sangre.

Y si la llamo mía, traiciono a todos.

Recuerdo, recordamos.

Ésta es nuestra manera de ayudar a que amanezca sobre tantas conciencias
mancilladas, sobre un texto iracundo, sobre una reja abierta, sobre el rostro
amparado con la máscara.

Recuerdo, recordemos hasta que la justicia se siente entre nosotros.

LA FELICIDAD

Si te digo que fui feliz, no es cierto.

No creas lo que yo creo cuando me engaño.

El recuerdo embellece lo que toca:
te quita la jaqueca que tuviste,
el sopor de la siesta lo transfigura en éxtasis
y, en cuanto a ese zapato que apretaba
tanto que te impidió bailar el primer baile,
no hubo zapato. Mira: estás descalza, danzas
eternamente ingrávida en el círculo
cerrado de un abrazo.

Danzas sin esa doble barbilla de tu gula,
sin esa arruga artera
que está acechando alrededor de tu ojo.

LA MUERTE

¿Qué se hace a la hora de morir? ¿Se vuelve la cara a la pared?

¿Se agarra por los hombros al que está cerca y oye?

¿Se echa uno a correr, como el que tiene
las ropas incendiadas, para alcanzar el fin?

¿Cuál es el rito de esta ceremonia?

¿Quién vela la agonía? ¿Quién estira la sábana?

¿Quién aparta el espejo sin empañar?

Porque a esta hora ya no hay madre y deudos.

Ya no hay sollozo. Nada, más que un silencio atroz.

LAS IDEAS

¿Mujer de ideas? No, nunca he tenido una. Jamás repetí otras
(por pudor o por fallas nemotécnicas).

¿Mujer de acción? Tampoco. Basta mirara la talla de mis pies y mis manos.

Mujer, pues, de palabra. No, de palabra no. Pero sí de palabras, muchas,
contradictorias, ay, insignificantes,
sonido puro, vacuo cernido de arabescos,
juego de salón, chisme, espuma, olvido…

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