FRASES JOHANN W GOETHE

FRASES Y CITAS JOHANN W GOETHE

JOHANN W GOETHE

FRASES JOHANN W GOETHE

ESCRITOS JOHANN W GOETHE

  • Cuando se es joven, uno está seguro de poder construir palacios para la humanidad, pero cuando llega el momento, uno tiene las manos disponibles sólo para poder sacar su basura.
  • A veces nuestro destino semeja un árbol frutal en invierno. ¿Quién pensaría que esas ramas reverdecerán y florecerán? Mas esperamos que así sea, y sabemos que así será.
  • Todos los días deberíamos escuchar al menos una pequeña canción, leer un buen poema, ver una imagen exquisita, y, si es posible, hablar unas pocas palabras sensatas.
  • Eres, al fin y al cabo, lo que eres. Aunque te pongas una peluca con miles de rizos, aunque te pongas tacones de un codo de altura, seguirás siendo lo que eres.
  • El suicidio sólo debe mirarse como una debilidad del hombre, porque indudablemente es más fácil morir que soportar sin tregua una vida llena de amarguras.
  • Los malentendidos y la negligencia crean más confusión en el mundo que el engaño y la maldad. En todo caso, estos dos últimos son mucho menos frecuentes.
  • Los perezosos siempre hablan de lo que piensan hacer, de lo que harán; los que de verdad hacen algo no tienen tiempo de hablar ni de lo que hacen.
  • Los perezosos siempre hablan de lo que piensan hacer, de lo que harán; los que de veras hacen algo no tienen tiempo de hablar ni de lo que hacen.
  • Si la mañana no nos desvela para nuevas alegrías y, si por la noche no nos queda ninguna esperanza, ¿es que vales la pena vestirse y desnudarse?
  • El hombre más feliz del mundo es aquel que sepa reconocer los méritos de los demás y pueda alegrarse del bien ajeno como si fuera propio.
  • No nos hacemos libres por negarnos a aceptar nada superior a nosotros, sino por aceptar lo que está realmente por encima de nosotros.
  • Trata a un hombre tal como es, y seguirá siendo lo que es; trátalo como puede y debe ser, y se convertirá en lo que puede y debe ser.
  • La belleza es una manifestación de las leyes naturales secretas, que de otro modo habrían sido escondidas de nosotros para siempre.
  • Al entrar en sociedad deben cogerse las llaves del corazón y meterlas en el bolsillo; los que las dejan en su sitio son estúpidos.
  • No tenemos que visitar un manicomio para encontrar desórdenes mentales; nuestro planeta es la institución mental del universo.
  • No podemos modelar a nuestros hijos según nuestros deseos, debemos estar con ellos y amarlos como Dios nos los ha entregado.
  • Sólo por la alegría y el dolor una persona aprende algo acerca de sí mismo y de su destino. Aprende qué hacer y qué evitar.
  • Un loco enamorado sería capaz de hacer fuegos artificiales con el sol, la luna y las estrellas, para recuperar a su amada.
  • Los genios son peligrosos para los talentos jóvenes, pues no hacen más que reproducirlos creyendo reproducirse a sí mismo.
  • Si tratas a un individuo como si fuese lo que debería ser y podría ser, se convertirá en lo que debería ser y podría ser.
  • Y así continúo corriendo tras esta vaga sombra, hasta que me conduce al borde del abismo, donde me detengo con espanto.
  • Las ideas audaces son como piezas de ajedrez. Pueden ser vencidas, pero también pueden iniciar una partida victoriosa.
  • Ciertos libros parecen haber sido escritos no para aprender de ellos sino para que se reconozca lo que sabía su autor.
  • No ceder demasiado a los sentimientos. Un corazón demasiado sensible es una posesión infeliz en esta tierra inestable.
  • La madera quema porque tiene la materia apropiada; y un hombre se hace famoso porque tiene las capacidades adecuadas.
  • Se dice que las mujeres son vanidosas por naturaleza; es cierto, pero les queda bien y por eso mismo nos agradan más.
  • ¿Quién osó luchar con los dioses, y quién con el Único? Es hermoso ser un discípulo de Homero, aunque sea el último.
  • Desde qué ando todo el día entre la gente y veo lo que hacen y cómo se afanan, estoy mucho más contento de mi mismo.
  • El amor es una cosa ideal; el matrimonio, una cosa real; la confusión de lo real con lo ideal jamás queda impune.
  • El destino nos concede nuestros deseos, pero a su manera, con el fin de darnos algo más allá de nuestros deseos.

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