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FRASES DIOGENES DE SINOPE

FRASES Y CITAS DIOGENES DE SINOPE

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Diógenes de Sinope: Busco un hombre honesto.

Diógenes de Sinope: Gente mucha, personas pocas.

Diógenes de Sinope: El movimiento se demuestra andando.

Diógenes de Sinope: Vivir no es un mal, sino mal vivir.

Diógenes de Sinope: Cuando estoy entre locos, me hago el loco.

Diógenes de Sinope: ¡No es la jaula ajustada a la fiera!

Diógenes de Sinope: ¡Animo! ¡Este es el color de la virtud!

Diógenes de Sinope: Es preferible consolarse que ahorcarse.

Diógenes de Sinope: Ojalá que todos los árboles trajesen este fruto.

Diógenes de Sinope: El elogio en boca propia desagrada a cualquiera.

Diógenes de Sinope: Todo se consigue con el trabajo, hasta la virtud.

Diógenes de Sinope: Cuanto más conozco a la gente, más quiero a mi perro.

Diógenes de Sinope: El único bien es el conocimiento, y el único mal la ignorancia.

Diógenes de Sinope: Un pensamiento original vale mil citas insignificantes.

Diógenes de Sinope: En la vida es necesario proveerse de razón o de un ronzal.

Diógenes de Sinope: El fundamento de cada estado es la educación de sus jóvenes.

Diógenes de Sinope: El insulto deshonra a quien lo infiere, no a quien lo recibe.

Diógenes de Sinope: Todo el mundo se muere en medio del camino, en medio del viaje.

Diógenes de Sinope: Las mejores cosas se venden por muy poco precio y al contrario.

Diógenes de Sinope: Durante meses he visto pasar ejércitos ¿A dónde van, y para qué?

Diógenes de Sinope: ¿De qué sirve un filósofo que no hiere los sentimientos de nadie?

Diógenes de Sinope: ¿Por qué no castigar al maestro cuando el alumno se comporta mal?

Diógenes de Sinope: Los malvados obedecen a sus pasiones, como los esclavos a sus dueños.

Diógenes de Sinope: En la casa de un hombre rico no hay más lugar para escupir que su cara.

Diógenes de Sinope: Yo lo que se hacer es mandar. Comprueba si alguien quiere comprar un amo.

Diógenes de Sinope: Los dioses no necesitan nada; los que se parecen a los dioses, pocas cosas.

Diógenes de Sinope: Tenemos dos orejas y una sola lengua para que oigamos más y hablemos menos.

Diógenes de Sinope: Cuando llegué a Atenas, quise ser discípulo de Antístenes, pero fui rechazado.

Diógenes de Sinope: Muévete hacia la derecha, me estás tapando el sol. Eso es todo lo que necesito.

Diógenes de Sinope: ¡Ojalá, frotándome el vientre, el hambre se extinguiera de una manera tan dócil!

Diógenes de Sinope: Preguntaron a Tales qué era más difícil al hombre y contestó: conocerse a sí mismo.

Diógenes de Sinope: Los grandes son como el fuego, al que conviene no acercarse mucho ni alejarse de él.

Diógenes de Sinope: Si tú aprendieras a comer lentejas no tendrías que ser sumiso y adular tanto al emperador.

Diógenes de Sinope: Estás loco. Yo estoy descansando ahora. No conquisté el mundo y no veo la necesidad de hacerlo.

Diógenes de Sinope: No os preguntéis cómo sobreviviré sin mi esclavo, preguntad a mi esclavo cómo sobrevivirá sin mí.

Diógenes de Sinope: Mira bien quién es tu enemigo, porque si por tal le tienes y no lo es, puede ser tu enemigo mayor.

Diógenes de Sinope: El único medio para que el hombre conserve su libertad es estar siempre dispuesto a morir por ella.

Diógenes de Sinope: Prefiero no tener más que sal para lamer en Atenas, a cenar como un príncipe en la mesa de Cratero.

Diógenes de Sinope: ¿Por qué no descansas ahora si es lo que quieres? Después morirás. Todos morimos en mitad del viaje.

Diógenes de Sinope: No hay un bastón lo bastante duro para que me aparte de ti, mientras piense que tengas algo que decir.

Diógenes de Sinope: Callando es como se aprende a oír; oyendo es como se aprende a hablar; y luego, hablando se aprende a callar.

Diógenes de Sinope: Otros perros solo muerden a sus enemigos, mientras que yo también muerdo a mis amigos con el fin de salvarlos.

Diógenes de Sinope: Cuando somos jóvenes no ha llegado el tiempo adecuado de casarnos todavía, y cuando somos viejos ha pasado ya.

Diógenes de Sinope: Probablemente los asno se rían de ti, pero no te importa. Así, a mí no me importa que los demás se rían de mí.

Diógenes de Sinope: Debemos tener buenos amigos que nos enseñen lo bueno; y perversos y crueles enemigos que nos impidan obrar mal.

Diógenes de Sinope: Callando es como se aprende a oír, escuchando es como se aprende a hablar; después, hablando, se aprende a callar.

Diógenes de Sinope: La sabiduría sirve de freno a la juventud, de consuelo a los viejos, de riqueza a los pobres y de adorno a los ricos.

Diógenes de Sinope: Es preferible la compañía de los cuervos a la de los aduladores, pues aquellos devoran a los muertos y estos a los vivos.

Diógenes de Sinope: Las mordeduras más peligrosas son las del calumniador entre los salvajes y las del adulador entre los animales domésticos.

Diógenes de Sinope: La envidia es causada por ver a otro gozar de lo que deseamos; los celos, por ver a otro poseer lo que quisiéramos poseer nosotros.

Diógenes de Sinope: Las gentes dan limosna a los pobres y no a los filósofos porque piensan que pueden llegar a ser pobres, pero nunca a ser filósofos.

Diógenes de Sinope: La palabra tiene mucho de aritmética: divide cuando se utiliza como navaja, para lesionar; resta cuando se usa con ligereza para censurar; suma cuando se emplea para dialogar, y multiplica cuando se da con generosidad para servir.

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PENSAMIENTOS PROFUNDOS DE DIÓGENES EL CÍNICO

DIÓGENES DE SINOPE

DIÓGENES (EL CÍNICO)

Pensamientos de gran profundidad.

Los pensamientos de Diógenes, el cínico, nos hablan acerca de uno de los filósofos más honestos de todos los tiempos. Esto es, alguien con una verdadera voluntad de entender la realidad y llegar a la verdad, sin ningún interés adicional que el amor mismo por la verdad.

Realmente no se conservan muchas pensamientos de Diógenes, el cínico, pues él nunca escribió. Lo que ha llegado hasta nuestros días lo sabemos gracias a sus discípulos. En especial a su homónimo, Diógenes Laercio, quien se dio a la tarea de recopilar varias de sus enseñanzas.

La sabiduría sirve de freno a la juventud, de consuelo a los viejos, de riqueza a los pobres y de adorno a los ricos”.

La principal característica de este filósofo, nacido en Sínope y famoso en Atenas, fue su enorme desprendimiento. Amaba la libertad por encima de todo y no temía decir la verdad a los poderosos. Se decía de él que vivía en un tonel y muchos lo confundían con un mendigo. Estos son algunos de las más conocidos pensamientos de Diógenes, el cínico.

SOBRE LOS INSULTOS

Uno de los pensamientos del Diógenes, el cínico, dice lo siguiente: “El insulto deshonra a quien lo infiere, no a quien lo recibe”. Significa que con frecuencia el error está en la mente de la persona ofensiva, no en el ser o en la naturaleza de quien es objeto de esa ofensa.

Esto, pese a que el propio Diógenes fue conocido por emplear pensamientos muy duros para dar forma a su verdad. Sin embargo, su denuncia tenía más que ver con la doble moral y los fallos en la ética que con una persona en particular. No buscaba atacar a la persona, sino cuestionar su postura moral.

SOBRE LOS ADULADORES

Uno de sus discípulos, Hecatón, dejó por escrito uno de las pensamientos de Diógenes, el cínico, que, al parecer, pronunciaba con más frecuencia. Este dice: “Es preferible la compañía de los cuervos a la de los aduladores, pues aquellos devoran a los muertos y estos a los vivos”.

Si algo detestaba este filósofo era a los aduladores. Se hizo famoso por un episodio: Alejandro Magno lo buscó, atraído por su prestigio. Se presentó frente a él y le dijo que podía pedir cualquier cosa. Diógenes le pidió que se apartara, pues le tapaba la luz del sol.

SOBRE EL DESPRENDIMIENTO

Se cuenta que una vez Diógenes se detuvo a observar a un niño que recogió agua con sus manos y la bebió. El filósofo tenía muy pocas pertenencias, entre ellas un cuenco. Pero al ver al pequeño dijo: “Un niño me superó en sencillez” y tiró el cuenco.

En otra oportunidad, observó que otro niño tomaba su comida sobre una hoja. Eran lentejas y él usaba el pan, a modo de cuchara, para llevárselas a la boca. Imitándolo, Diógenes abandonó su escudilla y desde entonces comió de esa manera.

SOBRE LA PALABRA

Este es uno de las pensamientos de Diógenes, el cínico, sobre la que no hay total certeza de autoría. Dice lo siguiente: “Callando es como se aprende a oír, escuchando es como se aprende a hablar; después, hablando, se aprende a callar”.

Si el pensamientos no es de Diógenes, en todo caso es acorde con filosofía. Significa que comunicarse es un proceso complejo en el que la escucha es fundamental. Esta es la que permite, primero, aprender a hablar. Y el saber hablar implica decantar, entender cuándo se debe guardar silencio.

SOBRE LA CARIDAD

La historia cuenta que uno de los ciudadanos atenienses, impresionado por el grado de pobreza en el que vivía Diógenes, se le acercó y le preguntó: “¿Por qué la gente da dinero a los mendigos y no a los filósofos?”.

Diógenes pensó un momento y luego le respondió: “Porque piensan que, algún día, pueden llegar a ser inválidos o ciegos, pero, filósofos, jamás”. Una ingeniosa manera de decir que la caridad se inspira en una suerte de egoísmo, que alimenta sobre todo la ayuda inspirada en el egoísmo. En esa ecuación no entran las virtudes, sino las deficiencias; no entra la empatía, sino el miedo.

En los tiempos de Diógenes se apreciaba mucho a los filósofos. Él pudo haber vivido como un protegido de los nobles, en medio de lujos y privilegios. Sin embargo, eligió desprenderse de todo para alcanzar el mayor grado de autenticidad, de verdad. Por eso mismo, es recordado miles de años después.

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