De las ciudades redondas a los anillos espaciales - Reflexión

Intento esclarecer cómo fueron los primeros pasos del universo en sus inicios y cómo será su final en aspectos desde un punto filosófico o metafísico.

ANTONIO PINTO RENEDO

La evolución de la humanidad

PRÓLOGO

Con este libro pretendo que el lector me acompañe en un interesante viaje por el espacio y por el tiempo tratando de entender cómo podría ser el proceso de evolución de la Humanidad. En un esfuerzo de imaginación unido a un profundo análisis científico he tratado de acercarme en lo posible al mundo que nos podríamos encontrar en los siglos venideros.

Desde mi niñez, sentí un vivo interés por las cuestiones científicas que para mí eran algo más que una mera recopilación de ideas, las vivía como si fueran parte de mí, sentía la sensación de tener una especial facilidad para encontrar las posibles soluciones a los problemas científicos. Mediante el estudio de la ciencia y el análisis profundo de la misma fui desarrollando una serie de ideas que se concretaron en este libro, es decir, que no he buscado simplemente definir cómo sería el mundo del futuro en base a las conclusiones científicas aportadas hasta ahora, sino más bien he ido más allá y he intentado encontrar aquellos puntos que la ciencia convencional no muestra con el fin de añadir algo positivo a su progreso.

También me he propuesto intentar esclarecer cómo fueron los primeros pasos del universo en sus inicios y cómo será su final, en muchos aspectos desde un punto filosófico o metafísico, pero, a mi entender, es esta ciencia, la filosofía, la que aportará más a la sociedad en el futuro, porque, desde mi punto de vista, es la más difícil y la menos desarrollada.

Aunque solo una parte de las teorías científicas que se plantean en este libro fueran verdad, ya solo con ello se habría añadido un granito de arena al progreso de la humanidad.

DOS APARTES DEL LIBROS

LA NAVES LASER

Una forma más cómoda de ascender al espacio sería el uso de las naves láser, que funcionan en asociación con otra nave satélite situada en el espacio a unos ciento cincuenta kilómetros de altura.

La nave láser despegaría del suelo de un modo convencional utilizando su propio sistema de energía hasta alcanzar una altitud suficiente para que la presencia de nubes no pudiera interferir la acción del láser, ennces la nave satélite pondría en marcha un láser de baja potencia que utilizaría como elemento de enlace con la otra; una vez establecido el enlace y el rayo incida sobre el mecanismo colector de energía, se activaría el segundo láser, este de alta potencia de tipo infrarrojo.

El sistema láser sería controlado por ordenadores y, nada más comenzar el proceso, todos los controles de la nave, incluso el de dirección, estarían bajo el mando del ordenador con el fin de impedir que el láser se desvíe de su ruta.

El rayo incidiría sobre el mecanismo colector y la energía convergería en las cámaras de combustión de la turbina, el aire así recalentado saldría por detrás acelerando la nave hasta la velocidad necesaria. Una vez que la nave estuviera a punto de abandonar la atmósfera, desconectaría el sistema láser y pasaría a utilizar el sistema de propulsión convencional basado en hidrógeno y oxígeno o de otro tipo.

Otra de las ventajas de este sistema consiste en que la energía de elevación al espacio sería suministrada por la nave satélite, que, a su vez, la recogería del sol, lo cual sería un gran ahorro para el planeta. Para evitar riesgos se reservarían unos corredores ecuatoriales para el empleo de estos satélites láser.

Este podría llegar a ser el sistema de transporte más habitual en el futuro, pues, además del ahorro energético, permitiría ascender al espacio sin tanto esfuerzo para los motores al prescindir de los pesados depósitos de combustible y con una menor aceleración.

Estas naves solo se podrían utilizar en aquellos planetas con una atmósfera suficientemente transparente para que pueda actuar el láser. De no ser así, se tendría que recurrir a las naves de tipo convencional. 

EL HOMBRE AL FINAL DEL PROGRESO

A lo largo de los últimos veinte años me he dedicado a intentar comprender el universo que me rodea realizando investigaciones tanto en el aspecto de las clásicas ciencias físicas como en el plano filosófico, y mi conclusión es que de todo ello lo más complejo es intentar comprender cómo se deben plantear las distintas cuestiones que rodean al hombre.

Esto no es una casualidad, pues es el hombre el objetivo de todo el progreso de la naturaleza y su ejemplo más complejo, y es el hombre el que se encuentra al final de la evolución.

Tratar de analizar cosas como cuáles deben de ser las prendas de vestir o los ritmos de las comidas, en el plano filosófico puede ser más complejo que analizar la evolución de las estrellas. La causa es muy sencilla y es que no se trata de decidir al azar este tipo de cosas, sino de entender las circunstancias metafísicas que las rigen, como, por ejemplo, las que determinan la doble uniformidad y los trajes de pieza única. El hombre está en la cúspide de la evolución y es su razón de ser, por lo tanto, es normal que las circunstancias que le rodean sean las más complejas.

EPÍLOGO

Mi intención al hacer este libro es tratar de corregir el desequilibrio que existe, desde mi punto de vista, entre las denominadas ciencias físicas y la filosofía.

Creo que esta última es la ciencia menos desarrollada en la actualidad y la que más tiene que aportar a la Humanidad en el futuro. Los científicos se aferran a la ciencia conocida de un modo que raya en el materialismo y temen adentrarse en el mundo de lo hipotético como modo de explicar lo que no entienden. La filosofía se encarga de dar posibles soluciones a los problemas no resueltos, pero el proceso de demostración es más complejo.

No tiene sentido rechazar el papel de la filosofía en la sociedad solo porque no se pueda meter en un frasco de cristal.

Un razonamiento ideológico puede considerarse suficiente para una persona, pero no para otra; esto puede depender mucho de su cultura, pero también de su inteligencia.

De todas formas, la valentía del científico consiste en su capacidad para aceptar como posible lo inverosímil sin negar ninguna hipótesis sin analizarla imparcialmente.

Sería excesivo esperar que todas mis teorías sean ciertas, pero, aunque solo alguna de ellas lo fuera, sería un paso adelante para la Humanidad y ya solo por esto se justificaría la creación de este libro.

Una sociedad que tiene como única expectativa el materialismo y como único objetivo la obtención de dinero a toda costa es una sociedad infeliz.

Antonio Pinto Renedo