La iluminación espiritual

No puedes cortarme las alas

-Cuento zen con moraleja-

La libertad te hace rebelde, revolucionario. Te da alas para volar alto, te da un enfoque correcto de todas las cosas, de forma que nadie te pueda engañar.

Cuento zen # 430

Cuento zen sobre la libertad

Cuenta Jorge que desde que era niño se le ha considerado un rebelde. Nadie parecía entenderlo. Su propio padre le dijo en cierta ocasión: No estás lo suficientemente loco como para encerrarte en un manicomio ni eres lo bastante introvertido como para meterte en un monasterio. No sé qué hacer contigo.

Jorge le respondió: Una vez pusieron un huevo de pata a que lo incubara una gallina. Cuando rompió el cascarón, el patito se puso a caminar junto a la gallina madre, hasta que llegaron a un estanque. El patito se fue derecho al agua, mientras la gallina se quedaba en la orilla cloqueando angustiadamente.

Pues bien, querido padre, yo quiero volar por el infinito cielo y he encontrado en él mi hogar. Pero tú no puedes cortarme las alas por culpa de tus preferencias.

MORALEJA

La libertad te hace rebelde, revolucionario. La libertad te da alas para volar alto. La libertad te da un enfoque correcto de las cosas, de forma que nadie te pueda engañar; te pueda explotar, te pueda oprimir. La maquinaria de la sociedad sobrevive solo a costa de tu sangre; sobrevive solo a base de explotar y de programar.

Del cavernícola al humano hay una evolución, pero en el interior del niño hay una revolución. En esta etapa hace falta un maestro. La sociedad te puede programar, pero tú mismo te puedes hacer un revolucionario, pero te hará falta un maestro, un Buda, un Cristo, te hará falta alas para poder volar. Solo viendo un fenómeno alado serás capaz de empezar a soñar con alas.

Y tienes que entender la diferencia. Cuando quieres ser libre y volar, ¿qué pasa con los demás? ¿Qué pasa con toda la existencia? Cuanto más programado estés más esclavizado estarás. Se te cortan las alas; no puedes volar a través del cielo cruzando el sol. No tiene libertad, casi que estás en una jaula de oro. La jaula es bonita, pero dentro de la jaula el pájaro no es el mismo que tú has visto en el cielo desplegando las alas.

La libertad no debe ser condicionada, sino, ser una expansión del ser. La libertad tiene que ser tu cualidad, tu carácter, tu ser, tu resplandor. Igual que el sol irradia su luz a todas partes, la verdadera libertad irradia amor sin una dirección, sin destinarlo a alguien en particular.

Por supuesto, primero se siente dentro de uno mismo, para uno mismo, luego empieza a irradiar todo a su alrededor. Entonces no solo amas a los seres humanos, amas a los árboles, amas a los pájaros; simplemente amas, eres potencialmente libre para poder amar.