La iluminación espiritual

La paz perfecta

-Cuento zen con moraleja-

El cuerpo es una cosa, el alma es otra, y la falta de paz entre ambos se llama mente. En estado de paz queda el cuerpo, queda el alma, pero no hay mente.

Cuento zen # 401

Cuento zen sobre la paz perfecta

Había una vez un rey que ofreció un gran premio al artista que mejor captara en una pintura la paz perfecta. Muchos lo intentaron. El rey observó y admiró todas las pinturas, pero solo hubo dos que realmente le gustaron.

La primera era un lago muy tranquilo, espejo perfecto donde se reflejaban las suaves montañas que lo rodeaban. Sobre estas, había un cielo muy azul con tenues nubes blancas. Todos quienes miraron esta pintura pensaron que reflejaba la paz perfecta.

La segunda pintura también tenía montañas, pero eran abruptas y sin vegetación. Sobre ellas, un cielo furioso se abría en una violenta tormenta. Montaña abajo discurría impetuosamente un torrente de agua. Cuando el rey observó cuidadosamente el cuadro, vio, tras una cascada de agua, un arbusto que crecía en una grieta de la roca en el que había un nido en el que estaba sentado plácidamente un pajarillo.

El Rey escogió la segunda y explico: La paz consiste en mantener el corazón calmado a pesar de estar en medio de ruidos, problemas, trabajo duro o dolor. Este es el verdadero significado de la paz perfecta.

MORALEJA

Imagínense, por ejemplo, que hay una tormenta en el mar, que el mar está agitado. ¿Dirías que se trata de una tormenta agitada? ¿Diría alguien que es una tormenta agitada? O te limitarías a decir que es una tormenta, pues, «tormenta» ya es, cuyo sinónimo es «agitación». Y cuando se acalla la tormenta, ¿dices que la tormenta se ha quedado tranquila? ¡Lo único que dices es que la tormenta ya no existe!

Para comprender la mente, debes recordar también que «mente» no es más que un sinónimo de «confusión». Cuando se hace la paz, no es que la mente se haya quedado en paz, sino, más bien, que la mente ya no existe en absoluto. Aparece un estado de no-mente. Y cuando ya no existe la mente, entonces lo que queda se llama alma. El mar existe aun cuando no hay tormenta. Cuando desaparece la tormenta, queda el mar. Cuando la mente confusa deja de existir, lo que queda es el alma, la conciencia.

La mente no es una cosa, no es más que un estado de confusión, un estado de desorden.

La mente no es una facultad, no es una sustancia. El cuerpo es una cosa, el alma es otra cosa, y la falta de paz entre ambos se llama mente. En estado de paz queda el cuerpo, queda el alma, pero ya no hay mente.