La iluminación espiritual

La paciencia y el tiempo

-Cuento zen con moraleja-

Ve despacio, con paciencia, sin prisas, la meta no está en otro lugar, está dentro de ti. Si no tienes prisa, la sentirás; si tienes prisa, no la sentirás.

Cuento zen # 433

Cuento zen sobre la paciencia y el tiempo

Un viejo sabio caminaba lentamente sin importarle el tiempo, tan despacio que sus jóvenes discípulos casi se dormían siguiéndole.

Uno de ellos se atrevió a preguntar:

- Maestro, ¿te has hecho tan viejo que no puedes caminar más deprisa?

- Y tú, ¿te has hecho tan viejo que ya no tienes paciencia?

MORALEJA

Los jóvenes creen que van a llegar tarde, pero no saben a dónde.

La mente es un fenómeno social, un producto social. Y no solamente en la sociedad moderna, siempre ha sido así. Incluso en los tiempos antiguos. La diferencia no está en la mente; la diferencia está en la paciencia. La mente sigue siendo igual, moderna o antigua, pero en los tiempos antiguos, la gente era más paciente, podía esperar. Tú no eres paciente; ese es el problema. Ellos no eran conscientes del tiempo y tú eres consciente del tiempo.

En la Antigüedad, en el mundo antiguo —especialmente en Oriente—, no había consciencia del tiempo. Por eso, los relojes de pulsera y de pared no se inventaron en Oriente. Había más posibilidades de que se inventaran en China que en India, porque ellos habían hecho muchas cosas y era posible que inventaran los relojes, para medir el tiempo. Pero no estaban interesados en el tiempo. La mente moderna está demasiado interesada en el tiempo. ¿Por qué? Eso es parte de la influencia de la religión en el mundo. Con la religión, se entró en el mundo la consciencia del tiempo. Hay razones para ello.

En Oriente, siempre se ha creído que la vida dura eternamente. Es eterna, está fuera del tiempo; así que no hay prisa; estarás aquí una y otra vez. Has estado aquí millones de veces y volverás a estar aquí millones de veces, no hay prisa. Esta vida no es la primera ni la última, es una larga procesión y tú siempre estás en el medio; no hay principio ni final.

Así que no puede haber prisa por el tiempo; hay suficiente tiempo disponible, más que suficiente.

Para Occidente, solamente hay una vida; esta es la primera y la última. Una vez que te mueres, ya no tienes ningún tiempo; así que tienes un tiempo de vida de setenta años como máximo. Hay tanto que hacer, y tan poco tiempo. Esa es la razón por la que hay tanta prisa; todo el mundo está corriendo, porque la vida se está yendo. Cada momento la vida se está haciendo más y más corta. El tiempo está pasando, te estás muriendo, tienes muchos deseos que satisfacer y no hay tiempo para satisfacerlos, así que se crea la ansiedad.

En Oriente, es completamente diferente. En una de las escrituras tibetanas se dice que incluso si tienes prisa, ve despacio; aunque tengas prisa, ve despacho. Se dice que si corres, nunca llegarás; si te sientas, puedes llegar, pero si corres, no lo conseguirás.

Pero seguimos enseñando: “El tiempo es oro; no lo malgastes. Una vez que lo has malgastado, nunca vuelve de nuevo”. Así que si entras en soledad y te sientas, no puedes quedarte sentado durante tres años. No puedes quedarte sentado durante tres meses, incluso tres días sería demasiado; habrías malgastado tres días.

Ve despacio, con paciencia, sin prisas, porque la meta no está en ningún otro lugar, está dentro de ti. Cuando no tengas prisa, la sentirás; cuando tienes prisa, no puedes sentirla, porque estás demasiado tenso. Si no vas a ninguna parte, puedes sentirla inmediatamente.

Cuando no hay acción, te haces consciente del ser. Cuando hay demasiada acción, te olvidas del ser.