Cuento zen sobre la iluminaci贸n espiritual
He aqu铆 una par谩bola que el Se帽or Buda cont贸 a sus disc铆pulos:
Un hombre top贸 en el campo con un tigre. El tigre se lanz贸 por 茅l, y el hombre sali贸 huyendo. En su huida, llego a un precipicio, dio un traspi茅 y comenz贸 a caer.
Mientras se precipitaba hacia abajo, alargo su brazo y logro agarrarse a un peque帽o arbusto de fresas silvestres que crec铆a en la pared del precipicio.
All铆 estuvo colgado durante unos interminables minutos, con el feroz y hambriento tigre unos metros por encima de su cabeza y el profundo abismo a sus pies, adonde no tardar铆a en ir a parar y donde habr铆a de encontrar la muerte.
De pronto, diviso una suculenta fresa que crec铆a en el arbusto y, agarr谩ndose a este con una sola mano, tomo la fresa con la otra y se la llevo a la boca. 隆Nunca en toda su vida hab铆a probado una fresa tan dulce!
MORALEJA
A quien ha alcanzado la iluminaci贸n, la conciencia de la muerte le hace degustar la dulzura de la vida. Si no tienes miedo a nada, te vuelves intr茅pido, entonces incluso la muerte es una hermosa experiencia que hay que atravesar.
Lo primero que hay que entender sobre la muerte es: si has conocido el amor has conocido la muerte, si has conocido la meditaci贸n has conocido la muerte. La muerte no te trae nada nuevo. Es nueva solo para aquellos que no han amado y no han meditado.
Pero la muerte es inevitable: no puedes evitarla, no puedes escogerla. Est谩 ah铆. Todos y cada uno de nosotros tenemos que avanzar con ella. Es absoluta, no hay posibilidad de rehuirla. Todo lo que puedes hacer es o bien ir con ella bailando, o bien resistirte y aferrarte a la vida. En este 煤ltimo caso desperdiciar谩s la experiencia de la muerte. Si vas alegremente hacia ella vivir谩s ese momento.
Desperdiciar la experiencia de la muerte es desperdiciar a Dios, porque en la muerte el amor y la meditaci贸n florecen autom谩ticamente. La muerte se lleva tu cuerpo; de repente el noventa y nueve por ciento de tu vida se evapora. La muerte se lleva tu mente, entonces el diez por ciento que quedaba tambi茅n desaparece. Solo permanece el testigo; esto es la meditaci贸n. La muerte se lleva todos tus apegos, toda tu lujuria, -y cuando esto ocurre, la energ铆a del amor es pura. Deja de ser una relaci贸n, se convierte en un estado del ser. La muerte simplemente limpia tu amor y tu meditaci贸n. Ambos, tu consciencia y tu amor son ba帽ados, y vuelven a salir absolutamente limpios y purificados de la muerte.
Fundirse directamente con Dios es dif铆cil. La enormidad es tan grande que podr铆as retraerte. Necesitas a Cristo entre t煤 y Dios, porque Cristo es humano y divino; esa es la naturaleza dual de Cristo. 脡l es como t煤, puedes tomarle de las manos. Una vez que tomas sus manos, poco a poco ver谩s como estas van desapareciendo y has entrado sin saberlo en lo enorme, en el infinito. Pero entonces ya no puedes echarte atr谩s, ya lo has probado.