La iluminación espiritual

Los jóvenes y la prostituta

-Cuento zen con moraleja-

Cada niño tiene en él un Dios; los intentos por moldearlo convertirán al niño en un Demonio. No tienes que ser un genio, simplemente niégate a dirigirlos.

Cuento zen # 130

Cuento zen sobre los hijos

Hay un hermoso cuento italiano de un hermano religioso que está al cuidado en una excursión de un grupo de muchachos de ocho a diez años.

Ellos están en la playa, jugando, mientras el hermano religioso los observa de lejos. Estos muchachos se encuentran con una mujer mayor que es prostituta, y le dicen:

Hola.

Ella contesta:

Hola.

Ellos preguntan:

¿Quién eres tú?

Y ella dice:

Yo soy una prostituta.

Ellos no saben qué es eso, pero fingen saberlo.

Uno de los muchachos que sabe más que los otros dice:

Una prostituta es una mujer que hace ciertas cosas si uno le paga.

Ellos preguntan:

¿Haría ella esas cosas si le pagamos?

¿Por qué no? Fue la respuesta.

De manera que hacen una colecta, le dan el dinero y le dicen:

¿Haría ciertas cosas ahora que te hemos dado el dinero?

Ella responde:

Por supuesto muchachos, ¿qué quieren que haga?

Lo único que se les ocurre a los muchachos es que ella se quite la ropa. Y ella lo hace. Bueno, la miran; nunca habían visto a una mujer desnuda. No saben qué más hacer, de modo que le dicen:

¿Quieres bailar?

Ella dice:

Por supuesto.

Ellos se reúnen alrededor de ella cantando y batiendo palmas; la prostituta mueve el trasero, y ellos se divierten de lo lindo...

Pero el hermano religioso ve todo esto y enfadado corre por la playa gritándole a la mujer que se vista y que se aleje lo más pronto posible.

En ese momento, los niños se corrompieron, hasta entonces eran inocentes, hermosos.

MORALEJA

Cada niño tiene en él un Dios; nuestros intentos por moldearlo convertirán al niño en un Demonio.

No tienes que ser un genio, simplemente niégate a dirigir los pasos de los niños. Solo permíteles formar sus propios valores si son valores invariablemente buenos y sociales. La religión que vuelve buena a la gente también la vuelve mala, pero la religión conocida como libertad hace que todas las personas sean buenas, porque destruye el conflicto interno que hace que las personas sean demonios.

Lo primero que debemos hacer con un niño es a diferenciar su conciencia de su consciencia. Supongo que ustedes saben a qué me refiero. No se necesita «conciencia» cuando se tiene «consciencia»; no se necesita la conciencia cuando se tiene sensibilidad.

RECUERDEN ESTA DIFERENCIA

Conciencia: Facultad de discriminar entre el bien y el mal

Consciencia: Conocimiento intuitivo de sí mismo y del medio.