Amor condicionado

Ilustración del cuento: Amor condicionado

¿Y qué es lo que te impide amar? Tus conceptos, prejuicios y apegos, que tú has elaborado a partir de tus propios condicionamientos y experiencias pasadas.

Cuento zen sobre el amor

El amor mental es un condicionamiento, impuesto; es una esclavitud. El hombre que ama con la mente es un prisionero. Puede ser que lo sepa, puede ser que no lo sepa. Puede ser que haya estado viviendo en un palacio muy hermoso, pero está aprisionado en él. La prisión puede estar muy bien decorada, con poesía y flores, puede ser que esté hecha de hermosas promesas románticas, pero es una prisión porque todo lo que es programado en la mente te esclaviza, no has experimentado el amor por ti mismo; te han programado para que ames.

El maestro enseñando a sus discípulos la esencia del amor les contó este cuento:

La madre: ¿Qué es lo que le gusta a tu novia de ti?

El hijo: Que piensa que soy guapo, inteligente y simpático.

La madre: ¿Y qué es lo que te gusta a ti de ella?

El hijo: Que piensa que soy guapo, inteligente y simpático.

MORALEJA

¿Qué significa amar? Significa ver a una persona, una cosa, una situación tal como realmente es, no tal y como tú la imaginas, y reaccionar ante ella como merece. No puedes amar lo que ni siquiera ves, lo que tu ego no te permite ver.

¿Y qué es lo que te impide amar? Tus conceptos, tus categorías, tus prejuicios y proyecciones, tus necesidades y apegos, los clichés que tú mismo has elaborado a partir de tus propios condicionamientos y experiencias pasadas.

El amor fluye de la novedad. Ver es la más ardua tarea que un ser humano puede emprender, porque requiere una mentalidad alerta y disciplinada, mientras que la mayoría de la gente prefiere ceder a la pereza mental antes que tomarse la molestia de ver a cada persona y cada cosa de un modo siempre nuevo, con la novedad de cada momento.

Libérate del condicionamiento. Liberarte de tus condicionamientos para poder ver es bastante difícil. Pero el ver te exige algo aún mucho más doloroso: liberarte del control que la sociedad ejerce sobre ti; un control cuyos tentáculos han penetrado hasta las raíces mismas de tu ser, hasta el punto de que liberarte de él es tanto como despedazarte.

Un ser que no está condicionado por el ego, su amor es puro.


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