La alegría y la comparación

Ilustración del cuento: La alegría y la comparación

Si comparas, tu comparación crea problemas. No, a través de la comparación nadie llega a la alegría. La alegría es un estado no comparativo. No compares.

Cuento zen sobre la alegría

El padre va con su hijo a ver un espectáculo que presenta a cincuenta de las más audaces artistas del desnudo que hay en el país.

¡Ay, Dios mío! ¡Ay, Dios mío!, exclama el padre durante la presentación.

Qué sucede, papá, ¿no te gusta el espectáculo?, pregunta el hijo.

Claro que sí, le responde. Es que estaba pensando en tu madre.

MORALEJA

Si comparas, tu comparación va a crear problemas. No, a través de la comparación nadie llega a la alegría. La alegría es un estado no comparativo. No compares.

Recuérdalo: la alegría no surge de la comparación; nunca. No obstante el hombre dice: “Tengo muchas alegrías. Entre las innumerables cosas que nos otorga la vida, la humanidad es lo más noble, y tengo la suerte de ser humano. Esta es mi primera alegría”. Como alegría no es mucho. No es más que un estímulo para el ego: te sientes bien, te sientes superior; pero una persona que necesita ser superior para sentirse bien, es una persona que lleva un volcán en su interior.

Una persona que tiene que ser superior para sentirse feliz está sufriendo en el fondo de un complejo de inferioridad. Solo una persona inferior piensa en términos de superioridad. Una persona real, una persona auténtica, no es superior ni inferior; simplemente es única; nadie es menos que ella y nadie es más que ella. Toda la existencia es igual.

Los árboles y las rocas, los animales, los pájaros, los hombres, las mujeres y Dios; todos compartimos la totalidad de la existencia en igualdad de términos. Cuando ves esta tremenda igualdad, esta unicidad, te sientes alegre; y tu alegría no tiene motivo, es inmotivada.

El Tao dice: si estás solo, absolutamente solo y tu felicidad se mantiene inalterable, entonces lo has conseguido; de otra manera no lo has conseguido. Una felicidad comparativa es una felicidad de pacotilla.

Estar feliz comparándose con alguien es desgraciado es una conducta violenta. Así es como las personas empiezan a coger el rumbo equivocado, volviéndose opresores, volviéndose explotadores, volviéndose peligrosos. Son una maldición para el mundo, siempre se rigen por la misma lógica.


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Si comparas, tu comparación crea problemas. No, a través de la comparación nadie llega a la alegría. La alegría es un estado no comparativo. No compares.