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VARIANTE EN EL CONFLICTO ENTRE CIVILIZACIONES

JBN

22/06/2017

Variante en el conflicto entre civilizaciones - JBN - Crecimiento - Sociedad (GAA # 2315)

CATEGORÍA N° 2315
CRECIMIENTO - SOCIEDAD

LA CRUZADA DE LOS ASESINOS

La Cruzada de los asesinos, después de la implosión de la Unión Soviética es el fin de una época dominada por la guerra fría entre dos superpotencias: la nueva ruptura en el mundo se produce entre el Norte y el Sur, entre los pueblos elegidos y los pueblos excluidos.

Esta nueva cruzada es teorizada por Estados Unidos, en El conflicto entre civilizaciones de Samuel Huntington donde proclamó que la línea de frente se sitúa entre la civilización judeocristiana y la colusión islam o confuciana. Así mismo, un siglo más tarde, retoma la tesis de Teodoro Herzl, fundador del sionismo, quien en su libro El Estado judío afirma Nosotros seremos el centinela adelantado de la civilización occidental contra la barbarie del Oriente. Estas concepciones de las nuevas Cruzadas, tan perfectamente ajustadas entre los maestros de la demostración de fuerza y su punta de lanza : Israel, bisagra entre dos mundos, no engendran más el equilibrio del terror sino el desequilibrio del terror. Los focos más sangrientos y los más amenazantes, para el futuro de la paz y de la unidad del mundo, son Irak (y su lenta agonía sostenida por el embargo) y Palestina (donde una ocupación devoradora puede, en cada momento, ser el detonante de una deflagración mundial).

Esta nueva Cruzada libra sus combates en todos los frentes:

  1. Económico, con los embargos destinados a la vez a destruir las posibilidades de desarrollo en el Tercer Mundo (Irak ha advertido el peligro mortal del mismo) y la eliminación de los competidores potenciales (Europa y Japón) creando terrenos vedados, tal como lo hace la ley Helms Burton y la ley de Amato, así como el ahogo económico de Palestina.
  2. Político y militar, después del desembarco en Cuba, que tuvo como objetivo eliminar a Fidel Castro, los bombardeos en Trípoli para asesinar a Kadafi, la destrucción de Irak, o, finalmente, la invasión trepadora de Palestina por las colonias israelíes.
  3. Nacional y cultural, con el aprisionamiento a través el pensamiento único y los medios de comunicación, imperio de hecho de los dos cruzados: el uno, acaparando el monopolio económico de las ondas y del cine; rl otro, abasteciendo, en cada país, las técnicas de manipulación de los espíritus para imponer, por la eliminación de las culturas nacionales, la religión universal, que no se atreven a nombrar: El monoteísmo del mercado.

La maniobra más hábil de los nuevos cruzados es el camuflaje de sus objetivos:

Los embargos, que no afectan ni a los regímenes ni a los dirigentes, pero destruyen psíquica y moralmente a pueblos enteros, justificándose con la defensa de los derechos del hombre, de esos hombres a los que aniquilan por centenares de miles, y el derecho que es el derecho de la fuerza. La violencia militar es bautizada: lucha contra el terrorismo designándose como (lo ha hecho otras veces Hitler) terrorismo la resistencia a la opresión y a la ocupación. Se disfraza jurídicamente representando a la comunidad internacional, interviniendo en nombre del Consejo de Seguridad, el cual se convierte en cámara de registro de las decisiones más arbitrarias.

En definitiva, como anteriormente lo ha hecho el colonialismo tradicional, la destrucción de culturas nacionales en provecho de una cosmopolita cultura de la violencia se presenta como el aporte de la civilización y de la modernidad a aquéllos que rechazan la decadencia de sus películas de terror, de sus drogas, de sus artes que tienden a la evasión y no a la toma de conciencia del sentido de la vida.

Este número, dedicado a la cruzada de los asesinos no sólo pretende denunciar estas mortales estratagemas, sino hacer un llamado a aquellos que quieren que la vida tenga un sentido y el porvenir un aspecto humano (un llamado a la reflexión, a las sugerencias constructivas, como así también al apoyo material necesario a la publicación de sus ideas y de las nuestras).

Diez siglos de cruzadas

¡Así lo quiere Dios!, así comenzó la primera cruzada cuando, a pedido de San Bernardo, los cristianos de Europa partían a la conquista de la Tierra Santa masacrando, en su camino, a los judíos de Europa Oriental, los cristianos de Bizancio, después, quemando en Jerusalén a los judíos en sus sinagogas y regando con sangre musulmana las calles de la ciudad.

A partir de la expedición de Cristóbal Colón, la invasión de América se realizó para saquear el oro de los americanos, también se hizo en nombre de una evangelización: la Ordenanza Real del 20 de marzo de 1512 invoca, para justificar la conquista, la expoliación de las tierras y las vejaciones de 70 millones de indios, la gracia y donación que nos hace nuestro Santo Padre Alejandro VI, de todas las islas y tierras firmes.

La captura, esclavitud y deportación de negros de África hacia América (de 10 a 20 millones de deportados, y 10 muertos por cada cautivo, lo que representó de 100 a 200 millones de negros asesinados) se hizo también en nombre de Dios; la Iglesia en Portugal, hasta la mitad del Siglo XIX, daba la bendición a los cargamentos de esclavos embarcados hacia América en una misa llamada: el bautismo de la libertad.

El colonialismo del Siglo XIX combina indisolublemente las 3 M: Militares, Mercaderes y Misioneros. Estos últimos, aún con fe y espíritu de sacrificio, han contribuido (a menudo por ignorancia) a acrecentar los crímenes coloniales: un buen misionero me economiza un batallón, decía el mariscal Lyautey.

Ese espíritu de cruzada, aún con otro camuflaje ideológico, no ha cesado hasta el Siglo XX. En el momento en que el ejército de ocupación inglesa y francesa invaden el Oriente Medio, el general francés Gouraud proclama en 1918: Saladín, aquí estamos, hemos vuelto. El general inglés Allenby, frente a la tumba de Saladín, declara: Las cruzadas han terminado hoy pero desgraciadamente aún no terminaron y sobreviven al servicio de las potencias europeas.

El 4 de diciembre de 1936, cuando causa estragos el sitio de Madrid, el primado de España al servicio de Franco publica: esta guerra es la guerra que mantiene el espíritu cristiano. debemos reconocer en ella el espíritu de una verdadera cruzada.

El 24 de diciembre de 1936, el episcopado alemán declaraba unánime en su conferencia de Fulda: El jefe y canciller del Reich, Adolfo Hitler, se dio cuenta a tiempo del avance del bolchevismo. Los obispos alemanes consideran su deber sostener al jefe del Reich en esta gran lucha.

El 15 de noviembre de 1940, el cardenal arzobispo de Lyon, primado de Galia, felicita al mariscal Pétain: Este jefe, Dios lo ha enviado a nuestra patria. Pétain es Francia y Francia es Pétain.

El 24 de julio de 1941, los cardenales y arzobispos unánimemente (con la sola excepción del cardenal Salièges) publicaron: Nosotros alentamos a nuestros fieles a apoyar. y a colaborar sin temor.

Por suerte, al contrario, un gran número de católicos y de sacerdotes participaron en la resistencia.

Al día siguiente de la victoria contra Hitler, los dirigentes americanos tomaron el relevo.

El presidente Truman saluda la responsabilidad del Todo Poderoso. Un verdadero Mein Kampf del imperialismo norteamericano es publicado por Burnham, traducido rápidamente al francés bajo el título Por una dominación mundial, con un prefacio de León Blum. No fue una innovación en la estrategia del Partido Socialista ya que, desde 1930, en el Boletín de información del grupo parlamentario socialista, Marcel Déat (que se convertirá en una figura de primer plano en Vichy durante la ocupación) escribió: La Pax americana, será un renacimiento de la pax romana, bajo en el reino del oro y no de la espada.

Desde entonces los trusts norteamericanos, cuyas industrias no han sufrido ninguna destrucción y que, por el contrario, se han multiplicado en el transcurso de la guerra, en provecho suyo, se encuentran, según lo observa un hombre del Estado inglés en la situación de un niño que ha ganado todas las canicas y está obligado a prestarlas para continuar el juego, Pío XII habla de su caridad plena de munificencia., ejemplo de la mejor tradición cristiana.

¡Se trata del Plan Marshall!

En Norteamérica el cardinal Spellman habla, según su expresión, en nombre de aquéllos que creen en la América [por Norteamérica] y en Dios. Será este mismo cardenal quien diría a los que fueron a masacrar en Vietnam: Ustedes son los soldados de Cristo.

Desde Constantino, la fe no tiene nada que ver con esta instrumentalización de la religión, con esta colusión de la Iglesia con el poder (constantinismo).

A menos que se trate de la única religión que pretende, hoy en día, dirigir la vida personal, como así también las relaciones internacionales; el monoteísmo del mercado no reconoce más que un solo Dios: el dólar.

Cada dólar testifica esta misión de Cruzada atribuida a Estados Unidos. Cada billete verde lleva esta inscripción sorprendente para una moneda: In God We Trust (Nosotros [¿es el dólar el que habla?] tenemos fe en Dios.)

Por lo tanto, la cruzada de los asesinos cobra todo su sentido bajo un lema nuevo: la defensa de la democracia y de los derechos del hombre. Sus ilustraciones más gloriosas se sitúan desde el asesinato con napalm de un millón de vietnamitas; pasando por centenares de miles de iraquíes, primero con misiles, después con el embargo, que ha matado aún más civiles y niños por el hambre y por la falta de medicamentos. Y la lista es larga, hasta hoy en día, con la complicidad de lo que da en llamarse, por antífrasis, las naciones civilizadas, es decir, poniendo en práctica de ahora en más la religión del amo: el monoteísmo del mercado. Tomando el nombre de embargo, de Cuba a Corea del Norte. Con blancos precisos: los países productores de petróleo (Libia, Irak, Irán), ya que este petróleo es el factor preponderante de la cruzada del modelo occidental.

La nueva cruzada comienza desde la caída de Hitler. Hacía tiempo que estaba considerado como el mejor escudo contra el bolchevismo, para los occidentales que no habían medido, después de la Primera Guerra Mundial, el poder de atracción de la Revolución Socialista de Octubre de 1917.

Antes que la invasión militar, Occidente encontró el embargo como única réplica. Para reparar lo que Churchill llamó la cruzada de los 14 Estados (que evoca la primera cruzada de los 14 Estados: contra la Revolución Francesa, bajo la máscara irrisoria del regreso de emigrados de Coblentz, 14 ejércitos de la Europa monárquica bajo las órdenes del Duque de Brunswik). Por lo tanto, se repite el mismo escenario: antes de destruir la Revolución por la fuerza, primero se aplica un embargo para aislarla totalmente. Clémenceau declaró que había que practicar, con respecto a los rojos de Rusia una política de alambre de púas. Churchill definió la segunda etapa establecer un cordón sanitario y arremeter contra Moscú (¡Los precursores del muro de Berlín, estaban, en ese momento, situados al oeste!)

Bajo el mismo camuflaje de contrarrevolucionarios, la Santa Alianza armó el pasado para ahogar el presente: Gran Bretaña abasteció con 25.000 fusiles, 200 cañones, 30 carros de combate, a Denikine, más una centena de oficiales instructores.

Una nueva ola de 130.000 soldados de la Entente afluyeron a Odesa y a Sebastopol. En noviembre de 1918 el gobierno norteamericano abasteció con 200.000 fusiles, ametralladoras y cañones a Koltchak en Siberia y la protección de su retaguardia con 200.000 soldados de la Entente.

Es necesario acordarse de los orígenes, en 1792 y en 1918, de esta cruzada de asesinos para comprender esta más reciente cruzada contra el Islam. Después de la caída de la Unión Soviética, el Islam tomó el relevo en el papel de Imperio del Mal, para justificar las nuevas agresiones y los nuevos embargos, las nuevas cruzadas, esta vez en nombre de una religión que no se anima a decir su nombre: el monoteísmo del mercado.

Según el libro de Schmitt, The concept of the political (p. 79): Una guerra tendiente a proteger y difundir el poderío económico debe, con el uso de todos los medios de propaganda, ser presentada como la última guerra de la humanidad para crear un nuevo orden mundial.

Patrick J. Buchanan, en el New Hampshire in Sunday News del 25 de noviembre de 1990, escribió: Para algunos norteamericanos que buscan un nuevo enemigo para medir su poderío, después de la muerte del comunismo, el Islam es el adversario preferido. Pero declarar que el Islam es el enemigo de Estados Unidos, es declarar una nueva 'guerra fría', la cual no es seguro que termine de la misma exitosa manera que la primera. (Citado por John L. Espósito en su libro La amenaza islámica: ¿mito o realidad? New York, Oxford University Press, 1995, p.5)

Los actores no son recientes, pertenecen a una nueva generación de ladrones y a las potencias actuales: Inglaterra y Francia hasta 1918, la Alemania de Hitler de 1933 a 1945, y Estados Unidos desde 1945.

Pero los objetivos de saqueo y de dominación del mundo son los mismos, y la complicidad también: Hitler, por ejemplo, aparece como el mejor escudo contra el bolchevismo, Francia e Inglaterra concluyen, desde 1933, el Pacto de los cuatro: Alemania, Italia, Gran Bretaña y Francia. En 1935, es el Pacto anglo-alemán. En septiembre de 1935, Chamberlain para Inglaterra y Daladier para Francia, permiten a Hitler entrar en el sudoeste de Checoslovaquia. Hasta 1938, Francia abastece con mineral de hierro y de bauxita a Alemania, lo que permite a éste volverse el primer productor mundial de aluminio. El 24 de julio de 1939 el primer ministro inglés Chamberlain anuncia a la Cámara de los Comunes, que el 20 de julio de 1939 estaba previsto conceder a la Alemania de Hitler un préstamo de 1 millón de libras esterlinas.

En Munich, aquellos esperaban desviar hacia el este los apetitos de Hitler, denunciando con furor el pacto de no agresión germano-soviético, a fines de 1941, pero se dan cuenta de que si Hitler logra vencer a la Unión Soviética nadie más podrá oponerse a la dominación total de Europa, por lo tanto, se resignan a una alianza provisoria con la Unión Soviética sin perder de vista los objetivos. El senador norteamericano Truman (que luego será el presidente Truman) escribe, en plena guerra: Si vemos que Alemania toma ventaja, habrá que ayudar a Rusia. En caso contrario, habrá que ayudar a Alemania, de manera tal que se maten entre ellos. Es el principio constante de la política norteamericana, que envía siempre a su ejército en auxilio de la victoria, es el caso en 1917 después de Verdun y en 1944 después de Estalingrado. Al final de las guerras han hecho de Estados Unidos la potencia financiera más importante del mundo frente a una Europa dos veces exangüe, en 1918 y en 1945.

A partir de 1945, después de la Conferencia de Bretton Woods, que impone al mundo entero la paridad del dólar con el oro, comienza la dominación del dólar.

La ruptura del mundo entre Norte y Sur, y entre los del Norte y los del Sur, es decir, entre los que tienen y los que no tienen, revela una forma inédita de cruzada, despiadada, que hace uso de técnicas, también inéditas, de destrucción masiva.

Hitler -aplicando los mismos métodos de genocidio perpetrados, durante cinco siglos, por Occidente, a los pueblos de color (amerindianos, africanos o asiáticos)- ha logrado, después de 11 años de poder absoluto en Europa, destruir un millón de eslavos y judíos en Auschwitz, y sin duda el doble, ya sea en otros campos de concentración, ya sea por el hambre, los trabajos forzados, la extenuación y el tifus.

Esta guerra ha costado al mundo más de 50 millones de muertos.

Las nuevas técnicas, particularmente las armas atómicas, permitirán el más espectacular progreso en los métodos de exterminación masiva. Fue necesario más de un decenio para la escalofriante masacre de la Segunda Guerra Mundial, pero no hace falta más que algunos segundos para asesinar 35.000 civiles en Hiroshima y, dos días después, un número aún mayor en Nagasaki.

Es el comienzo de la era de la nueva cruzada de los asesinos: cincuenta años después de la Segunda Guerra Mundial por la sola acción de la fractura económica del mundo, 35 millones de seres humanos mueren cada año de hambre y malnutrición, entre ellos, según la Unicef, 13 millones y medio son niños, es decir, el equivalente de un Hiroshima cada dos días.

Ochocientos millones de seres humanos sufren de subalimentación crónica y 2 mil millones (un tercio de la humanidad) sufren de anemia. Tales son las terroríficas cifras que nos proporciona el PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo) en septiembre de 1998.

El sistema capitalista y colonial de dominación llegó hasta sus últimas consecuencias: desde hace cinco siglos, un desarrollo prodigioso de las técnicas y de la riqueza ha conducido a una polarización sin precedentes en provecho de una minoría minúscula, y en detrimento de las multitudes, donde el crecimiento de la miseria mortífera no deja de agravarse.

El mismo informe del PNUD, de septiembre de 1998, nos demuestra que en 1960 el 20 % de la población mundial que vivía en los países más ricos tenían un ingreso 30 veces superior al del 20 % de los países más pobres; en 1995 dichos ingresos son 82 veces superiores.

Ignacio Ramonet, director de Le Monde Diplomatique, en su editorial de noviembre de 1998, nos comunica que las tres personas más ricas del mundo poseen una fortuna superior a la suma del producto bruto interno (PBI) de los 48 países más pobres y que para dar a toda la población del globo el acceso a las necesidades básicas (comida, agua potable, educación, salud) será suficiente deducir, de las 225 fortunas más grandes, menos del 4 % de sus riquezas. Y luego, para ilustrar estas estadísticas del PNUD, agrega que para satisfacer las necesidades universales de nutrición y sanidad, no costará más que 13 millones de dólares, es decir, apenas lo que los habitantes de Estados Unidos y Europa gastan por año en consumo de perfumes.

Este alucinante balance de cinco siglos de progreso es el resultado de la ley de desarrollo del sistema capitalista (creación de inmensas riquezas y empobrecimiento de la inmensa mayoría de hombres, como corolario de esta acumulación) es el de la solución divisionista imprescindible para perpetuar una repartición tan espantosamente desigual.

Por lo tanto, este primer número de A CONTRA NOCHE intenta ayudar a tomar conciencia de los mecanismos por los cuales el sistema conduce a tales aberraciones homicidas para la humanidad entera, haciendo uso de una estrategia del hambre que se desprende necesariamente del monoteísmo del mercado. Estos mecanismos están institucionalizadod por organizaciones internacionales que son el brazo secular de Estados Unidos: el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial, la Organización Mundial de Comercio, y por las decisiones unilaterales de Estados Unidos (la Ley Helms Burton y la Ley de Amato) que exigen ser aplicada en todos los países. Resultado de ello: los embargos que asesinan a centenares de miles de seres humanos, la ocupación militar de zonas enteras del globo, las intervenciones aéreas perpetradas contra las poblaciones civiles con armas de destrucción masiva, la dominación económica y la explotación de los pueblos.

* En lo sucesivo, la cruzada de los asesinos, de la cual hemos evocado brevemente sus orígenes y su despliegue invade el presente y preludia la destrucción del globo, sólo falta describirla en su evolución histórica y en su localización geográfica.

Evocaremos simplemente, sin preocupación cronológica, el espantoso perjuicio humano a escala planetaria que produce.

Recordemos que, aún antes de generalizarse el uso del embargo, la imposición económica y los ataques militares, hay que hacer uso de los métodos tradicionales, los mismos que preconizaba Truman para mantener, con ayuda alternada, la guerra entre la Alemania nazi y la Unión Soviética, con el fin de lograr que se destruyeran mutuamente.

Una vez que se logró el doble objetivo, primero la caída de Hitler y luego la implosión de la Unión Soviética, el Islam fue designado como el nuevo imperio del mal que es necesario destruir para justificar una nueva carrera armamentista, bajo este esquema de destrucción mutua y de nuevas aplicaciones. Por ejemplo, durante años el Irak de Saddam Hussein fue particularmente protegido por Estados Unidos y sus vasallos, con la afluencia del financiamiento y armamento necesario para intentar combatir la nueva república islámica de Irán. Pero esta estrategia ha sido un fracaso porque Irak no ha podido vencerla, a pesar de los deseos y la ayuda de Estados Unidos. Entonces se convirtió en un país inútil pero poderoso y de ahora en adelante se trataba de aniquilar todo lo que se le había dado y destruir todas las perspectivas de desarrollo nacidas de su esfuerzo creador, dotado de tan eficaces medios. Fue, por lo tanto, una guerra de aniquilamiento realizada según los sueños de los dirigentes norteamericanos: sin arriesgar ninguna tropa terrestre que, sin motivación, no sería capaz de resistir a un pueblo alzado por su independencia, como ya había sido demostrado con el desastre de Vietnam donde se descubrió la impotencia, la desmoralización y descomposición moral de la desvencijada soldadesca norteamericana.

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