CRÓNICAS DE SAPZURRO

MAURICIO AMAYA

PROLOGO

CRÓNICAS DE SAPZURRO

Breves anécdotas de un viajero en una región de embrujo. He tenido, afortunadamente, la oportunidad de visitar varias partes de nuestro país y algunas en el extranjero, muchas de ellas maravillosas, especialmente por las personas que hicieron de esas ocasiones extraordinarias experiencias vivenciales. Pero he de iniciar este anecdotario con las historias de Sapzurro, pueblo ubicado en el Golfo de Urabá, en la Bahía de su nombre en límites con Panamá.

Sirva la advertencia de ser yo un viajero como muchos, que en el breve tiempo era imposible entender la profundidad de su cultura y es solo la visión y el sentimiento del paseante que disfruta de la oportunidad de conocer y de vivir. El viaje lo realicé en Marzo de 1986 y seguro que muchas cosas han cambiado.

Animados por mis historias, 20 años después viajaron mi hija y esposo a Sapzurro y varias cosas no encontraron y las experiencias no fueron similares. Contaron sus propias historias y vivieron su propio mundo, a la manera de ellos, a la manera de Sapzurro versión 2006, sin tortugas en época de Semana Santa en Acandí.

Pero ésta no era la coda que no conocía, que no sabía cómo cerrar estas crónicas. Y hoy, 1 de Marzo de 2011, es decir, casi 25 años después, yendo hacia Medellín, mi esposa me cuenta, ahora que siento concluidas estas crónicas, que mi hijo se va de viaje para Sapzurro a buscar un poco de sosiego y tranquilidad.

Ésta circunstancia me obliga a cambiar el subtítulo del documento y decir que no solo Sapzurro tiene su encanto, sino también su embrujo.

CODA

Animados por mis historias, 20 años después viajaron mi hija y esposo a Sapzurro y varias cosas no encontraron y las experiencias no fueron similares. Contaron sus propias historias y vivieron su propio mundo, a la manera de ellos, a la manera de Sapzurro versión 2006, sin tortugas en época de Semana Santa en Acandí. Pero ésta no era la coda que no conocía, que no sabía cómo cerrar estas crónicas. Y hoy, 1 de Marzo de 2011, es decir, casi 25 años después, yendo hacia Medellín, mi esposa me cuenta, ahora que siento concluidas estas crónicas, que mi hijo se va de viaje para Sapzurro a buscar un poco de sosiego y tranquilidad. Ésta circunstancia me obliga a cambiar el subtítulo del documento y decir que no solo Sapzurro tiene su encanto, sino también su embrujo.

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