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FRASES ALEJANDRO EL GRANDE

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ALEJANDRO EL GRANDE

MAS FRASES DE ALEJANDRO EL GRANDE

  • Yo no robo victorias.
  • Mi tesoro reside en mis amigos.
  • No toda la luz proviene del Sol.
  • No hay más mundos que conquistar.
  • Para mí he dejado lo mejor: la esperanza.
  • Dios es el padre común de todos los hombres.
  • Si espero, perderé la audacia y la juventud.
  • No hay nada imposible para aquel que lo intenta.
  • Preveo un gran concurso de funerales sobre de mí.
  • ¡Oh! ¡Soy un miserable! ¿Por qué no aprendí a nadar?
  • Me estoy muriendo por el tratamiento de muchos médicos.
  • Pero sinceramente, si no fuese Alejandro, sería Diógenes.
  • Dios ha de amar a los afganos, pues los ha hecho hermosos.
  • Hay tantos mundos y aún no he conquistado ni siquiera uno.
  • El cielo no puede tolerar dos soles, ni la tierra dos amos.
  • De la realización de cada uno, depende el destino de todos.
  • El sexo y dormir solo, me hacen consciente de que soy mortal.
  • Lucharemos para Grecia y nuestros corazones permanecerán en ella.
  • Prefiero vivir una corta vida de gloria que una larga de oscuridad.
  • La gloria corona las acciones de aquellos que se exponen al peligro.
  • Con la actitud correcta, las limitaciones auto-impuestas desaparecen.
  • Al final, cuando todo se acaba, lo único que importa es lo que has hecho.
  • Mientras de su lado haya más hombres de pie, en nuestro lado más lucharán.
  • Es mejor no tener ninguna mujer en la cena en absoluto, que tener una fea.
  • ¡Qué excelente caballo pierden por falta de destreza y denuedo para manejarlo!
  • Los verdaderos reyes no matan a las personas encargadas de traer las noticias.
  • El fin y el objeto de la conquista, es evitar hacer lo mismo que los vencidos.
  • Cuán grandes son los peligros que enfrento, para ganar un buen nombre en Atenas.
  • No considero lo que Parmenión debería recibir, sino lo que Alejandro debería dar.
  • Hay algo noble en escucharme a mí mismo hablando mal, cuando estoy haciendo el bien.
  • Preferiría vivir una vida corta y llena de gloria, que una larga sumida en la oscuridad.
  • Estoy en deuda con mi padre por vivir, pero con mi maestro (Aristóteles) por vivir bien.
  • El verdadero amor nunca tiene un final feliz, porque no hay final para el amor verdadero.
  • Los griegos, bajo ninguna circunstancia, pueden ser los esclavos de los pueblos bárbaros.
  • Ninguna fortaleza es tan inexpugnable que no puede entrar en ella una mula cargada de oro.
  • Te mando un kaffis de mostaza, para que puedas probar y reconocer la amargura de mi victoria.
  • Que Dios los guarde del veneno de la cobra, los dientes del tigre, y la venganza de los afganos.
  • Ahora que las guerras están llegando a su fin, deseo que ustedes sean capaces de prosperar en paz.
  • Una tumba ahora le basta para quien el mundo no era suficiente. (Epitafio de lápida de Alexander).
  • Oh, atenienses, cuán arduo debo trabajar para complacerlos y ganarme un buen nombre en esta tierra.
  • Cuando damos a alguien nuestro tiempo, en realidad damos una parte de nuestra vida, que nunca vamos a recuperar.
  • Habría preferido superar a otros en el conocimiento de lo que es excelente, que en la medida de mi poder y dominio.
  • Vamos a comportarnos de manera que todos los hombres deseen ser nuestros amigos y todos teman ser nuestros enemigos.
  • Mis estrategas carecen de sentido del humor… saben que si fallo en mi campaña, son los primeros a quienes voy a matar.
  • Por mi parte, considero que para los hombres de espíritu, no hay más meta o fin de sus labores que las labores mismas.
  • El amor depara dos máximas adversidades de opuesto signo: amar a quien no nos ama y ser amados por quien no podemos amar.
  • Nosotros de Macedonia, durante las generaciones pasadas hemos sido entrenados en la dura escuela del peligro y la guerra.
  • No tengo miedo de un ejército de leones dirigido por una oveja. Tengo miedo de un ejército de ovejas dirigido por un león.
  • Si fuera Pérdicas, no te voy a mentir, habría aceptado esta propuesta a la primera. Pero soy Alejandro, así que no lo haré.
  • Amigos, ahí tenéis al hombre que se disponía a pasar de Europa al Asia: pasando de un lecho a otro ha acabado por los suelos.
  • Considera al mundo como tu país, con leyes que son comunes a todos y donde el mejor será quien gobierne a su tribu respectiva.
  • Perdóname, Diógenes, por imitar a Heracles, emular a Perseo y seguir los pasos de Dionisio, el autor y progenitor de mi familia.
  • El esfuerzo y el riesgo son el precio de la gloria, pero es una cosa preciosa el vivir con valor y morir dejando una fama eterna.
  • Que todos los seres mortales de ahora en adelante vivan como un sólo pueblo que esté de acuerdo y que trabaje para el avance en común.
  • ¿Será posible, amigos, que mi padre se anticipe a tomarlo todo y no nos deje a nosotros nada brillante y glorioso que podamos acreditarnos?
  • ¿Lo ven, amigos míos? Es sangre. Es sangre humana. Soy humano y no divino [lo expresó después de haber sido herido por una flecha enemiga].
  • Mírenlo, todos mírenlo. Ni siquiera se puede mantener en pie y quiere alcanzar el corazón de Asia [se refiere a su padre, que estaba ebrio].
  • Oh, qué afortunado el joven Aquiles, que encontró en Homero el heraldo de su gloria [palabras pronunciadas en frente de la tumba de Aquiles].
  • ¿Todavía tienes que aprender que la perfección de nuestras victorias es evitar los vicios y las debilidades de los pueblos a los que subyugamos?
  • Todo lo que he escuchado hasta ahora de Marakanda es verdad, a excepción del hecho de que es más bella de lo que pudiera imaginar. Eso no es cierto.
  • ¿No considera que un asunto digno de llanto, que cuando habiendo una gran multitud de ellos (mundos), todavía queda alguno que no hemos conquistado?
  • EL TIEMPO es el tesoro más valioso que tenemos porque es limitado. Podemos producir más dinero, pero no más tiempo. Tiempo no venden, no insista más.
  • En cuanto a los límites de las propias labores, no reconozco ninguna para un hombre magnánimo, excepto aquellas que deberían conducir a logros nobles.
  • Hablemos de los hombres al mando de los dos ejércitos de Asia. Como comandante, ustedes tienen a Alejandro el Grande. Ellos, en cambio, tienen a Darío.
  • Sin conocimiento, la habilidad no se puede enfocar. Sin habilidad, la fuerza no puede ser ejercida y sin fuerza, el conocimiento no puede ser aplicado.
  • Clasifico a los hombres utilizando un sólo criterio: la virtud. Para mí, los extranjeros virtuosos son griegos y los griegos malvados son peores que los bárbaros.
  • Qué feliz habría sido para mí haber sido asesinado en la batalla. Habría sido mucho más noble haber muerto víctima del enemigo que sacrificar la ira de mis amigos.
  • No distingo a los hombres en griegos y en bárbaros, como hacen las personas de mente cerrada. No me importa la descendencia de los ciudadanos o sus orígenes raciales.
  • No me siento feliz por esta victoria. Estaría alegre, hermano, si la obtuviera estando parado al lado suyo, puesto que nos une la misma sangre, la misma lengua y deseos.
  • ¿Quién no desea una victoria en la que pueda unir los lugares de su reino, tan dividido por la naturaleza, y en la que pueda obtener trofeos de otros mundos conquistados?
  • Enterrar mi cuerpo y no construir ningún monumento. Mantener mis manos afuera, para que las personas sepan que quien ganó el mundo no tenía nada en sus manos cuando murió.
  • Santas sombras de los muertos, yo no tengo la culpa de su destino cruel y amargo, sino la rivalidad maldita que trajo naciones hermanas y pueblos hermanos a luchar entre sí.
  • Podría manejar ese caballo mejor que cualquier otra persona [Alejandro se refería a Bucéfalo, la bestia que domesticó y que transformó en una de sus posesiones más preciadas].
  • ¿Cómo un hombre va a ser capaz de cuidar su propio caballo, pulir su lanza y su casco, si ha perdido la costumbre de atender a su propia persona, que es su posesión más preciada?
  • ¡Al más fuerte! [En su lecho de muerte, los generales le preguntaron a Alejandro Magno a quién habría de dejar como sucesor de su reino. Esta fue la respuesta del rey de Macedonia].
  • Soldados, en los últimos días, hombres desesperados han intentado apartarme de ustedes, pero por la gracia de la providencia de los dioses, aún sigo entre los vivos y voy a prevalecer.
  • Eso haría yo, si fuera Parmenión. Sin embargo, soy Alejandro, por lo que enviaré a Dario otra resolución. Porque así como el cielo no tiene dos soles, Asia tampoco puede tener dos reyes.
  • Las posesiones que obtenemos gracias a nuestras espadas no son ni seguras ni duraderas, pero el amor que ganamos por la amabilidad y la moderación es seguro y duradero y ha de prevalecer.
  • Dinócrates, aprecio tu diseño como una excelente composición y estoy encantado con él. Pero comprendo que cualquiera que intentara fundar una ciudad en ese lugar sería censurado por falta de juicio.
  • Encontrarás, no lo cuestiono, una forma de llegar a la cima si buscas de forma diligente. Puesto que la naturaleza no ha colocado nada tan alto que quede fuera del alcance de la industria y del valor.
  • Así como un bebé recién nacido no puede ser alimentado sino con leche materna y tampoco podrá crecer sin esta, una ciudad no puede existir sin campos y frutas de diversos tipos que rodeen sus murallas.
  • Sus antepasados vinieron a Macedonia y al resto de Grecia y nos hicieron gran daño, aunque no le habíamos agredido. Me han designado líder de los griegos, y el deseo de castigar a los persas lo he tomado de usted.
  • Nuestros enemigos son los persas, hombres que por siglos han llevado vidas llenas de comodidades y lujos. Nosotros, la gente de Macedonia, hemos sido entrenados para el peligro y para la guerra. Somos libres y ellos son esclavos.
  • Si llegan a surgir diferencias entre los miembros del pueblo, nunca deben recurrir a las armas para resolver los problemas. En su lugar, hagan negociaciones pacíficas. En última instancia, yo habré de ser el árbitro entre ustedes.
  • Desearía que los indios me creyeran un dios, ya que del informe del valor de un enemigo a menudo depende el éxito de una batalla, y los informes falsos muchas veces han hecho cosas tan grandes como el verdadero coraje y la resolución.
  • Estoy involucrado en la tierra de un pueblo valiente y aguerrido, donde cada pedazo de tierra es como un pozo de acero, confrontando a mis soldados. Has traído un solo hijo al mundo, pero todo el mundo en esta tierra puede ser llamado Alejandro.
  • Jóvenes helenos, corintios y de Macedonia, únanse a sus amigos soldados y confíen en mí, para que podamos ir en contra de los bárbaros y seamos capaces de liberarnos de las cadenas de los persas. Porque los griegos no merecemos ser sus esclavos.
  • Por lo que sé, no puedo ser acusado de haber puesto mis ojos en la mujer de Dario, el rey de los persas. Tampoco se me puede acusar de haber deseado hacerlo. Al contrario, incluso me he rehusado a escuchar a aquellos que me hablan de su belleza.
  • Xerxes, el Grande, ¿debería seguir mi camino y abandonarte por las expediciones que guiaste en contra de Grecia, o debería levantarte por la magnanimidad y la virtud que muestras en otros aspectos? [Frente a una estatua caída de Xerxes, el Grande].
  • [Hablando de Aristóteles] No has hecho bien en publicar tus libros de enseñanza oral. Entonces, pues, ¿en qué les sacamos ventaja a otros ahora, si las cosas en las que hemos sido educados de forma particular, se revelan a todas las demás personas?

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LOS TRES ÚLTIMOS DESEOS DE ALEJANDRO EL GRANDE

ALEJANDRO EL GRANDE

EL TIEMPO DE ALEJANDRO

Encontrándose al borde de la muerte,
Alejandro convocó a sus generales y les comunicó sus tres últimos deseos:

  1. Que su ataúd fuese llevado en hombros y transportado por los mejores médicos de la época.
  2. Que los tesoros que había conquistado (plata, oro, piedras preciosas), fueran esparcidos por el camino hasta su tumba, y...
  3. Que sus manos quedaran balanceándose en el aire, fuera del ataúd, y a la vista de todos.
    Uno de sus generales, asombrado por tan insólitos deseos, le preguntó a Alejandro cuáles eran sus razones.

Alejandro le explicó:

  1. Quiero que los más eminentes médicos carguen mi ataúd para así mostrar que ellos NO tienen, ante la muerte, el poder de curar.
  2. Quiero que el suelo sea cubierto por mis tesoros para que todos puedan ver que los bienes materiales aquí conquistados, aquí permanecen.
  3. Quiero que mis manos se balanceen al viento, para que las personas puedan ver que vinimos con las manos vacías, y con las manos vacías partimos, cuando se nos termina el más valioso tesoro que es el tiempo.
    Al morir nada material te llevas, aunque creo que las buenas acciones son una especie de cheques de viajero.

El tiempo es el tesoro más valioso que tenemos porque es limitado. Podemos producir más dinero, pero no más tiempo. Cuando le dedicamos tiempo a una persona, le estamos entregando una porción de nuestra vida que nunca podremos recuperar, nuestro tiempo es nuestra vida. El mejor regalo que le puedes dar a alguien es tu tiempo y siempre se le regala a la familia o a un buen amigo.

La muerte de Alejandro Magno

El 13 de junio del año 323 a.C., Alejandro III de Macedonia fallecía en Babilonia un mes antes de cumplir 33 años. Su muerte dejó unas cuantas incógnitas.

  1. La fecha y las circunstancias. El primer desacuerdo sobre la muerte de Alejandro el Grande es en torno a la fecha en que se produjo: unos autores –la mayoría– dan el 13 de junio y otros el 10. En cualquier caso, fue en el palacio de Nabucodonosor II, en Babilonia, cuando al rey macedonio le faltaba poco más de un mes para cumplir 33 años. Se sabe que el 2 de junio había participado en un banquete organizado por su amigo Medio de Larisa y que, tras beber copiosamente, lo metieron en cama por encontrarse gravemente enfermo. Ya no se recuperó.
  2. Las causas. Existen varias teorías sobre el motivo de dicha enfermedad mortal. La más extendida en la Antigüedad –sostenida por Justino y Curcio y recogida por Plutarco– fue la del envenenamiento con heléboro o estricnina, administrado por los hijos de Antípatro (regente de Grecia), Casandro y Yolas; este último, copero real de Alejandro. Esta teoría ha sido puesta en duda por historiadores modernos, ya que pasaron diez días entre el banquete y la muerte y en el mundo antiguo no había venenos de efecto tan lento. Por los síntomas, se apunta a una pancreatitis aguda o a una recaída en la malaria que Alejandro contrajo en 336 a.C.
  3. Sus últimas palabras. Estando Alejandro en su lecho de muerte, sus generales le preguntaron a quién quería legar su Imperio. Se debate mucho lo que respondió: Krat'eroi ("Al más fuerte") o Krater'oi ("A Crátero"). La mayoría de historiadores cree que, de elegir a uno de sus generales como sucesor, obviamente habría sido a Crátero, comandante de la parte más grande del ejército, la infantería, excelente estratega y macedonio ejemplar. Pero Crátero no estaba presente y los otros candidatos decidieron que había dicho "Al más fuerte".
  4. Testamento y disputas sucesorias. La falta de un heredero legítimo (Alejandro, el hijo que esperaba de Roxana, nacería tras su muerte, y su otro hijo, Heracles, era de una concubina) desató una guerra sucesoria entre los generales que acabó partiendo el Imperio en varios reinos. Además, los sucesivos asesinatos de sus dos hijos, de su madre, Olimpia, su viuda, Roxana, y su medio hermano, Filipo Arrideo, extinguieron la dinastía argéada. Y eso que, según Diodoro, Alejandro habría dictado un detallado testamento a Crátero poco antes de morir: otra incógnita sin resolver, pues de dicho documento no ha quedado ningún rastro.
  5. Su tumba. Tal vez el mayor misterio sea el del emplazamiento actual de los restos mortales del macedonio. Según las fuentes antiguas, el cuerpo se conservó en un recipiente de arcilla lleno de miel, que a su vez se introdujo en un ataúd de oro. Ptolomeo I lo llevó a Alejandría (Egipto), donde la tumba fue visitada –y a veces saqueada– hasta el siglo III por fascinados personajes de Roma como Julio César, Octavio Augusto, Calígula o Caracalla. Y después desapareció. Teorías: que está en el santuario de Siwa (Egipto), todavía en Alejandría o en Macedonia.

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