La iluminación espiritual

No soy yo

-Cuento zen con moraleja-

Puedes hacer una imagen de Jesús, de Buda, de Krishna o de quien quiera y quedarte satisfecho con ella. Recuerda: no serán ni Jesús, ni Buda o el que sea.

Cuento zen # 114

Cuento zen sobre la imitación

En casa de Picasso solía haber un retrato, un autorretrato de Picasso. Nunca lo vendió, a ningún precio, era la única pintura que insistió en no vender. Y cuanto más insistía en no venderla, más y más gente venía con ofertas cada vez mayores por aquel cuadro. Se convirtió en un desafío para los coleccionistas de arte.

Una mujer muy hermosa vino con esa misma idea, comprar la pintura. Iba dispuesta a pagar el precio que fuera; era lo suficientemente rica. Le dijo a Picasso: Estoy dispuesta a pagar lo que pidas por tu retrato.

Picasso dijo: La gente está loca. Me presionan y acosan por una cosa muerta. Puedes quedártelo sin pagar, pero recuerda: ¡No soy yo!

La mujer se quedó muy confundida. Dijo: ¿Que no eres tú?, ¿qué quieres decir?

Él dijo: ¡Si fuera yo ya te habría besado! No habla, no ama, no canta, no baila. Hay una mujer tan hermosa delante de él y el idiota ni siquiera la besa. Puedes llevártelo sin más. Está muerto. Retíralo de aquí, ¡no soy yo!

MORALEJA

Puedes hacer una imagen de Jesús, de Buda o de quien quiera y quedarte satisfecho con ella. Pero recuerda: no serán ni Jesús, ni Buda o el que sea.

La mente tiende de manera natural a fijar rápidamente las ideas, se aferra a ideas preconcebidas o imágenes. Tiene mucho miedo del cambio, porque el cambio significa reordenación. Cada vez que cambias algo, tienes que reordenar todo tu ser interno.

La mente quiere vivir aferrada a imágenes e ideologías pasadas, por eso cuando una persona tiene a un Jesús o a un Buda comienza a quererlos. Se acercan, se hacen íntimos, y entonces se hacen una idea fija. Y ahí está el fallo, un yo que no cambia que no es un yo que cambia, porque ahora ese yo irreal, atado a una idea fija, va a tener problemas que no le permitirá ver el movimiento del ahora.

Jesús o Buda no son una idea y no están fijados. Ellos están cambiando, están en la cúspide más gloriosa, pero están cambiando. Heráclito lo decía: «No puedes entrar dos veces en el mismo río». Traducido, significa que no puedes volver a encontrarte otra vez con el mismo ahora. Para ir un poco más lejos: no puedes entrar en el mismo río ni una sola vez. Traduciéndolo otra vez al mundo humano significa que no puedes encontrarte con la misma persona ni una sola vez, porque incluso cuando te encuentras con ella, está cambiando, tú estás cambiando, todo el mundo está cambiando.

Pero una vez que tienes una idea fija, te aferras a ella y vivirás en una ilusión; siempre te encontrarás en un conflicto. Mientras tanto el ahora, seguirá cambiando constantemente, las personas seguirán cambiando.

Los seres humanos están muy ciegos; los seres humanos son muy estúpidos, intransigentes y testarudos. Las cosas siempre están cambiando. ¡Es verdad!

El Kybalión lo dice: «Todo fluye y refluye. Debe existir un balance, pues no todo perdura, al contrario, todo cambia, todo vibra, fluye y refluye».