La máscara de la felicidad

Ilustración del cuento: La máscara de la felicidad

A veces tú mantienes una máscara de felicidad. ¿Qué sentido tiene mostrarle tu infelicidad al mundo? A eso se debe que la gente parezca tan feliz.

Cuento zen sobre la felicidad

Hace muchísimo tiempo, a un joven aprendiz le encargan la misión de llevar un poquito de felicidad a la vida de las personas, misión que acepta con gusto, él tiene la inclinación necesaria para cumplirla porque desde el momento de su nacimiento, en todo veía un motivo para ser feliz. Y así emprende su camino. Por todo lugar donde pasaba llevaba felicidad y hacía que las personas vean en sí mismos que podían ser felices, les mostraba que en todo lo que existía en el universo había una razón para ser felices.

Un día, llegó a un pueblo en el cual existía mucha tristeza, todos quienes caminaban lo hacían con tristeza, sin ilusión. En el momento que ingresó a este pueblo, de forma extraña empezó a sentirse triste, nunca había experimentado semejante tristeza, porque aun siendo joven había visto siempre felicidad en todo. Y así es como comenzó a tambalear en su misión, pues su máscara de felicidad cayó, y muy pronto se contagió de tristeza.

MORALEJA

El canto, la música, la danza, es el lenguaje de la alegría, de la felicidad. Es la expresión de una persona que no es desgraciada. Pero puede que sea sólo en apariencia, puede que sólo sea una proyección, puede que sólo sea cultivada. En lo profundo, la situación puede ser precisamente la contraria. A veces pasa que tú sonríes porque las lágrimas acuden a tus ojos, y si no sonríes empezarán a rodar por las mejillas. A veces tú mantienes una actitud, una pose cultivada, una máscara de felicidad, porque ¿qué sentido tiene mostrarle tu infelicidad al mundo? A eso se debe que la gente parezca tan feliz.

Ahora bien, una vez más, la alegría no tiene motivo, no puede tener un motivo. Si la alegría tuviera un motivo entonces no sería alegría en absoluto: sólo se puede gozar sin motivo, sin causa.

La verdadera alegría no puede tener motivo alguno. La alegría existe, simplemente, sin explicación, es inexplicable. Cuando está, está; cuando no está, no está. Cuando no está, puedes encontrar los motivos por los que no está, pero cuando está no puedes encontrar los motivos por los que está, y si puedes encontrar los motivos por los que está, tu alegría es entonces cultivada, no es real, no es auténtica, no es verdadera. No está fluyendo de lo más profundo de tu ser; tú sólo la estás manejando, la estás manipulando, la estás fingiendo.

Cuando la alegría es un gozo fingido, puedes encontrar el motivo. No obstante, cuando la alegría es verdadera, es tan misteriosa, tan primaria, que no puedes encontrar un motivo. Averigua por qué tú no estás alegre. Es algo que se parece a un pequeño manantial en la montaña: cuando no hay obstáculos, el manantial fluye; cuando hay rocas en medio, no puede fluir. Al remover las rocas no estás creando un manantial, sólo remueves lo negativo, sólo remueves el obstáculo; el manantial ya existía, pero no podía fluir a causa de las rocas. Cuando quitas las rocas no estás creando el manantial, el manantial ya estaba allí. Al quitar las rocas has quitado lo negativo, el obstáculo; entonces el manantial fluye.

En consecuencia, si alguien pregunta: ¿Por qué fluye el manantial? Fluye porque está allí; por eso es que fluye. Si la felicidad no está fluyendo entonces hay una causa. Al quitar la causa has quitado lo negativo, el obstáculo; entonces la felicidad fluye.


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