Cuentos sobre: ENVIDIAR


Cuento Zen: Alimentando a dos lobos

Alimentando a dos lobos

El todo es amoroso. Si quieres volverte uno con el todo, tendrás que alimentar todo lo que es positivo. Alimentar todo lo negativo es un suicidio lento.


Cuento Zen: Criticando a los demás

Criticando a los demás

La envidia es criticona. No paras de criticar aquel que pasa por tu lado y el resultado será una gran envidia. Deja de comparar y la envidia desaparece.


Cuento Zen: Dos cuentos ególatras

Dos cuentos ególatras

El egocéntrico se obsesiona consigo mismo. El egoísta solo instrumentaliza su vida para el reforzamiento de su ego apartándose cada vez más de su esencia.


Cuento Zen: El cofre encantado

El cofre encantado

El cuento enseña el secreto para ser feliz. Presta atención. En realidad son dos cofres que guardan el secreto para ser feliz. Son la mente y el corazón.


Cuento Zen: El maestro es insultado

El maestro es insultado

El hombre de consciencia y entendimiento, actúa y no atiende a los insultos. El hombre que es inconsciente, mecánico, reacciona y atiende a los insultos.


Cuento Zen: Envidiar es comparar

Envidiar es comparar

La comparación es una actitud tonta, cada persona es única e incomparable. Si comprendes eso, la envidia desaparece. Cada ser es único, incomparable.


Cuento Zen: La fresa

La fresa

El iluminado se desapega de todo. Cuando le alcanza la felicidad o el infortunio, con sabiduría no se deja afectar ni por la euforia ni por el abatimiento.


Cuento Zen: La historia de sansón y Dalila

La historia de sansón y Dalila

¿Acaso Sansón pierde toda su fuerza si le cortan la melena? Desde la perspectiva del yoga el cabello es un simbolismo que representa tu energía corporal.


Cuento Zen: Las plumas esparcidas

Las plumas esparcidas

La palabra arrepentimiento y quizás sea la más importante en la terminología de Jesús, porque el arrepentimiento abrirá la puerta de lo divino.


Cuento Zen: Los cangrejos envidiosos

Los cangrejos envidiosos

En tu vida te estás comparando, sí, por el contrario, dejas de comparar, la envidia desaparece. Lo único que sabes es que tú eres y que no eres nadie más.