La iluminación espiritual

El médico

-Cuento zen con moraleja-

Si escuchas, simplemente escucha. Permanece completo en lo que haces, no permitas que tu mente se pierda en otra cosa. Y de repente, el presente irrumpirá.

Cuento zen # 107

Cuento zen para aprender a escuchar

El médico decidió que había llegado el momento de decirle al paciente la verdad: Creo que es mi deber decirle que está usted muy enfermo y que no es probable que viva más de uno o dos días.

Debería usted poner en orden sus asuntos.

¿Hay alguien a quien desearía ver?

Sí, le respondió el paciente con un hilo de voz.

¿A quién?, preguntó el médico.

A otro médico.

MORALEJA

Nunca es tarde para escuchar a los demás.

Si eres capaz de escuchar correctamente no necesitas practicar nada más, lograrás todo lo que puede ser logrado, porque simplemente escuchar no es una simple escucha, es un gran fenómeno. Y una vez que conoces el secreto, puedes aplicarlo en cualquier situación. Comer se convertirá en meditación, caminar se convertirá en meditación, dormir será meditación. Cualquier cosa en la que estés en ese momento, sin irte al futuro, será meditación.

Cuando escuches, simplemente escucha. Permanece por completo en lo que haces, no permitas que tu mente se pierda en otras cosas. Y es una experiencia maravillosa porque. De repente, el presente irrumpirá.

Depende mucho de cómo escuches. Si solamente oyes, entonces no se te podrá explicar ni siquiera un fragmento, pero si escuchas podrás entender lo que el ahora quiere decirte... Intenta comprender la diferencia entre ambas cosas.

Oír es mecánico. Tú tienes oídos, puedes oír. Si te estás quedando sordo, puedes ponerte un aparato ortopédico que pueda ayudarte a oír. Tus oídos no son más que ciertos mecanismos para recibir sonidos. Oír es muy sencillo: los animales oyen, cualquiera que tenga oídos es capaz de oír; pero escuchar es un nivel mucho más elevado.

Escuchar significa: cuando estás escuchando, solo estás oyendo y no estás haciendo nada más —sin otros pensamientos en la mente, sin nubes que pasen por tu cielo interior— así que lo que sea que se esté diciendo te llega como se está diciendo. No hay interferencias desde la mente; no es interpretado por ti, por tus prejuicios; no está empañado por nada que, en ese momento, esté pasando dentro de ti; porque todo eso son distorsiones.