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BIOGRAFIA DE CARL SAGAN EXCELENTE RESUMEN

CARL SAGAN

18/06/2017

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CATEGORIA: BIOGRAFIA

Carl Edward Sagan (Nueva York, Estados Unidos, 9 de noviembre de 1934 – Seattle, Ibidem, 20 de diciembre de 1996) fue un astrónomo, astrofísico, cosmólogo, escritor y divulgador científico estadounidense.

Sagan publicó numerosos artículos científicos y comunicaciones y fue autor, coautor o editor de más de una veintena de libros. Defensor del pensamiento escéptico científico y del método científico, fue también pionero de la exobiología, promotor de la búsqueda de inteligencia extraterrestre a través del Proyecto SETI e impulsó el envío de mensajes a bordo de sondas espaciales, destinados a informar a posibles civilizaciones extraterrestres acerca de la cultura humana. Mediante sus observaciones de la atmósfera de Venus, fue de los primeros científicos en estudiar el efecto invernadero a escala planetaria.

En la Universidad de Cornell, Carl Sagan fue el primer científico en ocupar la Cátedra David Duncan de Astronomía y Ciencias del Espacio, creada en 1976, y fue Director del Laboratorio de Estu Dios Planetarios.

Carl Sagan ha sido muy popular por sus libros de divulgación científica --en 1978, ganó el Premio Pulitzer de Literatura General de No Ficción por su libro Los Dragones del Edén.--, por la galardonada serie documental de TV Cosmos: Un viaje personal, producida en 1980, de la que fue narrador y coautor, y por el libro Cosmos que fue publicado como complemento de la serie, además de por la novela Contacto, en la que se basa la película homónima de 1997. A lo largo de su vida, Sagan recibió numerosos premios y condecoraciones por su labor como comunicador de la ciencia y la cultura. Está considerado como uno de los divulgadores de la ciencia más carismáticos e influyentes, gracias a su capacidad de transmitir las ideas científicas y los aspectos culturales al público no especializado con sencillez no exenta de rigor, lo que ha dado origen a multitud de vocaciones científicas entre el público general.

FRASES Y PENSAMIENTOS

  • Afirmaciones extraordinarias requieren siempre de evidencia extraordinaria.

  • Si quieres salvar a tu hijo del polio puedes rezar o puedes vacunarlo… Aplica la ciencia.

  • Vivimos en una sociedad profundamente dependiente de la ciencia y la tecnología en la que nadie sabe nada de estos temas. Ello constituye una fórmula segura para el desastre.

  • El primer pecado de la humanidad fue la fe; la primera virtud la duda.

  • A veces creo que hay vida en otros planetas y a veces creo que no. En cualquiera de los dos casos la conclusión es asombrosa.

  • La ausencia de prueba no es prueba de ausencia.

  • Para hacer una tarta de manzana primero tienes que crear un universo.

  • En algún sitio algo increíble espera ser descubierto.

  • Somos el medio para que el Cosmos se conozca a sí mismo.

  • El universo no fue hecho a medida del hombre; tampoco le es hostil: Es indiferente.

  • La ciencia es más que un simple conjunto de conocimientos: es una manera de pensar.

  • Somos polvo de estrellas.

  • En la Ciencia la única verdad sagrada, es que no hay verdades sagradas.

  • Hemos averiguado que vivimos en un insignificante planeta de una triste estrella perdida en una galaxia metida en una esquina olvidada de un universo en el que hay muchas mas galaxias que personas.

  • La Tierra es un lugar más bello para nuestros ojos que cualquiera que conozcamos. Pero esa belleza ha sido esculpida por el cambio: el cambio suave, casi imperceptible, y el cambio repentino y violento. En el Cosmos no hay lugar que esté a salvo del cambio.

Curiosidad por la naturaleza

Poco después de ingresar en la escuela elemental, Sagan comenzó a expresar una fuerte curiosidad por la naturaleza. Sagan recordaba sus primeras visitas en solitario a la biblioteca pública, a la edad de cinco años, cuando su madre le regaló un carné de lector. Quería saber qué eran las estrellas, ya que ninguno de sus amigos ni sus padres sabían darle una respuesta clara:

Fui al bibliotecario y pedí un libro sobre las estrellas... Y la respuesta fue sensacional. Resultó que el Sol era una estrella pero que estaba muy cerca. Las estrellas eran soles, pero tan lejanos que sólo parecían puntitos de luz... De repente, la escala del universo se abrió para mí. Fue una especie de experiencia religiosa. Había algo magnífico en ello, una gran Diosidad, una escala que jamás me ha abandonado. Que nunca me abandonará.

Por la época en que tenía seis o siete años, Sagan y un amigo fueron al Museo Americano de Historia Natural de la ciudad de Nueva York. Allí estuvieron en el Planetario Hayden y pasearon por las exhibiciones de objetos espaciales del museo, como los meteoritos, y las muestras de dinosaurios y animales en entornos naturales. Sagan escribió sobre esas visitas:

Me quedaba paralizado ante las representaciones en dioramas realistas de los animales y de sus hábitats de todo el mundo. Pingüinos sobre el hielo apenas iluminado de la Antártida... una familia de gorilas, con el macho golpeándose el pecho... un oso grizzly en pie sobre sus patas traseras, de diez o doce pies de alto, y mirándome fijamente a los ojos.

Los padres de Sagan ayudaron a alimentar el creciente interés de éste por la ciencia comprándole juegos de química y material de lectura.6 Su interés por el espacio era, sin embargo, su principal foco, especialmente después de leer las historias de ciencia-ficción de escritores como Edgar Rice Burroughs, quienes estimulaban su imaginación acerca de cómo sería la vida en otros planetas, como Marte. Según el biógrafo Ray Spangenburg, estos primeros años en los que Sagan trataba de comprender los misterios de los planetas, se convirtieron en una fuerza motora en su vida, una chispa continua para su intelecto, y una búsqueda que jamás sería olvidada.

Ciencia y religión

El escritor Isaac Asimov describió a Sagan como una de las dos únicas personas que había conocido cuyo intelecto superaba al suyo, siendo la otra el informático y experto en inteligencia artificial, Marvin Minsky. Sagan escribía a menudo sobre la religión y sobre la relación entre ésta y la ciencia, expresando su escepticismo sobre la convencional conceptualización de Dios como ser sapiente:

Alguna gente piensa en Dios imaginándose un hombre anciano, de grandes dimensiones, con una larga barba blanca. sentado en un trono en algún lugar ahí arriba en el cielo, llevando afanosamente la cuenta de la muerte de cada gorrión. Otros —por ejemplo, Baruch Spinoza y Albert Einstein— consideraban que Dios es básicamente la suma total de las leyes físicas que describen al universo. No sé de ningún indicio de peso en favor de algún patriarca capaz de controlar el destino humano desde algún lugar privilegiado oculto en el cielo, pero sería estúpido negar la existencia de las leyes físicas.

En otra descripción de su punto de vista sobre Dios, Sagan afirma rotundamente: La idea de que Dios es un hombre blanco de grandes dimensiones y de luenga barba, sentado en el cielo y que lleva la cuenta de la muerte de cada gorrión es ridícula. Pero si por Dios uno entiende el conjunto de leyes físicas que gobiernan el universo, entonces está claro que dicho Dios existe. Este Dios es emocionalmente insatisfactorio... no tiene mucho sentido rezarle a la ley de la gravedad.

A pesar de sus críticas a la religión, Sagan negaba ser un ateo, afirmando odiar el término: Un ateo tiene que saber mucho más de lo que yo sé. Un ateo es alguien que sabe que Dios no existe. Por decirlo de alguna forma, el ateísmo es muy estúpido.

En 1996, en respuesta a una pregunta acerca de sus creencias religiosas, Sagan contestó: Soy agnóstico.39 El punto de vista de Sagan sobre la religión ha sido interpretado como una forma de panteísmo comparable a la creencia de Einstein en el Dios de Spinoza.40 Sagan sostenía que la idea de un creador del universo era difícil de probar o refutar, y que el único descubrimiento científico que podría desafiarla sería el de un universo infinitamente viejo.41 Según su última esposa, Ann Druyan, Sagan no era creyente:

Cuando mi esposo murió, debido a que era tan famoso y conocido por ser un no creyente, muchas personas se me acercaban --aún sucede a veces-- a preguntarme si Carl cambió al final y se convirtió en un creyente en la otra vida. También me preguntan con frecuencia si creo que le volveré a ver. Carl se enfrentó a su muerte con infatigable valor y jamás buscó refugio en ilusiones. Lo trágico fue saber que jamás nos volveríamos a ver. No espero volver a reunirme con Carl.

En 2006, Ann Druyan editó las Conferencias Gifford sobre Teología Natural, impartidas por Sagan en Glasgow, en el año 1985, incluyéndolas en un libro llamado La diversidad de la ciencia: una visión personal de la búsqueda de Dios, en el que el astrónomo expone su punto de vista sobre la divinidad en el mundo natural.

El fenómeno OVNI

Sagan mostró interés en los informes sobre el fenómeno OVNI al menos desde el 3 de agosto de 1952, cuando escribió una carta al Secretario de Estado estadounidense Dean Acheson preguntándole cómo responderían los EE.UU. si los platillos volantes resultaran ser de origen extraterrestre.57 Posteriormente, en 1964, mantuvo varias conversaciones sobre el asunto con Jacques Vallee.58 A pesar de su escepticismo acerca de la obtención de cualquier respuesta extraordinaria a la cuestión OVNI, Sagan creía que los científicos debían estudiar el fenómeno, aunque sólo fuese por el gran interés que el asunto despertaba en el público.

Stuart Appelle comenta que Sagan escribió frecuentemente sobre lo que él percibía como falacias lógicas y empíricas acerca de los OVNIs y las experiencias de abducción. Sagan rechazaba la explicación extraterrestre del fenómeno pero tenía la sensación de que examinar los informes OVNI tendría beneficios empíricos y pedagógicos, y que el asunto sería, por tanto, una materia de estudio legítima.

En 1966, Sagan fue miembro del Comité Ad Hoc para la Revisión del Proyecto Libro Azul, promovido por la Fuerza Aérea de los EE.UU. para investigar el fenómeno OVNI. El comité concluyó que el Libro Azul dejaba que desear como estudio científico, y recomendó la realización de un proyecto de corte universitario para someter el fenómeno a un escrutinio más científico. El resultado fue la formación del Comité Condon (1966–1968), liderado por el físico Edward Condon, y que, en su informe final, dictaminó formalmente que los OVNIs, con independencia de su origen y significado, no se comportaban de manera consistente para representar una amenaza a la seguridad nacional.

Ron Westrum escribe: El punto culminante del tratamiento que Sagan dio a la cuestión OVNI fue el simposio de la AAAS de 1969. Los participantes expusieron un amplio abanico de opiniones formadas en el tema, incluyendo no sólo a partidarios como James McDonald y J. Allen Hynek sino también a escépticos como los astrónomos William Hartmann y Donald Menzel. La lista de ponentes estaba equilibrada, y es mérito de Sagan el que dicho evento tuviera lugar a pesar de la presión ejercida por Edward Condon.58 Junto al físico Thornton Page, Sagan editó las conferencias y debates presentados en el simposio; éstos se publicaron en 1972 bajo el título UFOs: A Scientific Debate. En algunos de los numerosos libros de Sagan se examina la cuestión OVNI (al igual que en uno de los episo Dios de Cosmos) y se afirma la existencia de un trasfondo religioso al fenómeno.

En 1980, Sagan volvió a revelar su punto de vista sobre los viajes interestelares en la serie Cosmos. En una de sus últimas obras escritas, Sagan expuso que la probabilidad de que naves espaciales extraterrestres visitasen la Tierra era muy pequeña. Sin embargo, Sagan creía que era plausible que la preocupación causada por la Guerra Fría contribuyese a que los gobiernos desorientasen a los ciudadanos acerca de los OVNIs, y que algunos de los análisis e informes sobre OVNIs, y quizá archivos voluminosos, hayan sido declarados inaccesibles al público que paga las impuestos... Es hora de que esos archivos sean desclasificados y puestos a disposición de todos. También previno acerca de sacar conclusiones sobre datos eliminados sobre los OVNIs e insistió en que no existían claras evidencias de que posibles alienígenas hubieran visitado la Tierra ni en el pasado ni en el presente.

Carl Sagan vuelve a la palestra del debate entre ciencia y religión

La publicación póstuma de unas conferencias suyas pretende contestar el fundamentalismo religioso

La publicación póstuma de unas conferencias pronunciadas hace veinte años por Carl Sagan ha colocado de nuevo al famoso astrónomo en el epicentro del debate entre ciencia y religión. En aquellas conferencias Sagan reflexionó sobre el papel de la ciencia, el peligro de los fundamentalismos religiosos y la necesidad humana de vivir en una búsqueda continua, aceptando los descubrimientos científicos sobre el universo y nosotros mismos. Su esposa, Ann Druyan, impaciente por el auge del fundamentalismo religioso, ha publicado ahora esta obra para difundir las ideas de su marido, a las que considera “proféticas” y oportunas para el presente momento social, cultural y religioso. Por Yaiza Martínez.

Carl Sagan, astrónomo, autor de libros de ciencia ficción como “Contact” y ganador del premio Pulitzer, ha vuelto a la palestra del debate entre ciencia y religión, señala The Herald Tribune en un reciente comentario.

Sagan siempre incitó a la gente para que pensara en todas las posibilidades que había entre los miles de millones de estrellas del universo, al igual que entre todas las conexiones neuronales de nuestro cerebro.

Considerado uno de los más elocuentes agnósticos de la historia, durante toda su vida defendió que la ciencia debía probar y preguntar sin límites, incluso aquellas ideas defendidas por las religiones.

Sin embargo, después de su muerte, en 1996, la sociedad norteamericana se encaminó por derroteros poco constructivos, escribe Dennis Overbye en el Tribune comentando la aparición del último libro de Sagan, editado por su viuda, al que también nos hemos referido en otro artículo.

La enseñanza de la teoría de la evolución en los colegios se ha vuelto conflictiva, la NASA intenta abandonar el telescopio espacial Hubble y el fanatismo religioso que golpeó el 11 de septiembre de 2001 las Torres Gemelas ha llevado a una guerra en Oriente Medio que recuerda a las Cruzadas, señala Overbye.

Respuesta al fundamentalismo

Overbye añade que la impaciencia de Ann Druyan, editora del libro y viuda del autor, hacia el fundamentalismo religioso estadounidense, es lo que ha provocado la aparición de este libro. Sagan ha vuelto por estas razones a la palestra, ahora gracias a la publicación de The Varieties of Scientific Experience: A Personal View of the Search for God (La diversidad de la experiencia científica: una visión personal de la búsqueda de Dios), por la editorial Penguin.

Druyan, que co-escribió el programa “Cosmos” con su marido, y produjo la película “Contact”, basada en una novela de Sagan, pretendía originariamente que estas conferencias sirvieran como base para un nuevo programa de televisión llamado “Ethos”, sobre las implicaciones espirituales de la revolución científica. El programa no llegó a realizarse, por lo que las conferencias no han aparecido hasta ahora.

Según Druyan, tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y tras la aparición de la resistencia a que se enseñe la teoría de la evolución en los colegios, comenzó a desaparecer un acuerdo tácito entre ciencia y religión mantenido desde la época de Galileo: el acuerdo de respetarse mutuamente.

Hace un año, Druyan buscó por esta razón las conferencias de Sagan, sorprendiéndose de lo proféticas que eran.

Conferencias de hace veinte años

El libro es por tanto un compendio de conferencias que exploran la frontera entre la ciencia y la religión, y que fueron impartidas en la universidad de Glasgow en 1985, en el marco de las llamadas “Gifford Lectures”. En ellas, el autor sugirió que la ciencia es, al menos en parte, un culto instruido.

Por otro lado, y además de hablar de la historia de la cosmología y de la inteligencia extraterrestre, Sagan advierte del peligro del fundamentalismo religioso, que en nombre del plan de Dios, podría llevarnos al Apocalipsis nuclear, explica Overbye.

Sagan señala además que la religión puede en ocasiones engendrar esperanza e incluso defender verdades sociales, pero que resulta curioso que ninguna de las naciones supuestamente cristianas haya adoptado nunca una regla de oro como base de su política exterior, mientras que en la era nuclear, la política elegida por Estados Unidos fue la de la llamada “destrucción mutua asegurada” o MAD, también conocida como "1+1=0".

Esta doctrina, concebida por John von Neumann, señalaba que cualquier uso de armamento nuclear por cualquiera de dos bandos opuestos podría resultar en la completa destrucción de ambos (atacante y defensor).

Un buscador incansable

Inicialmente tituladas “La búsqueda de lo que somos” por el propio autor, su viuda cambió el título a las conferencias, y convenció al editor de Penguin para que las publicara.

Siempre difícil de definir desde el punto de vista espiritual, porque todo lo que decía Sagan del cosmos parecía lleno de espiritualidad, en estas conferencias el autor se hace preguntas tan científicas como si Dios creó el universo, ¿por qué dejó tan escasas evidencias? ¿Por qué es Dios tan claro en la Biblia y tan oscuro en el mundo?

Al final del libro, Sagan analiza la diferencia entre ciencia y fe de esta forma: “Creo que si alguna vez alcanzamos un punto en que creemos que comprendemos a fondo quiénes somos y de dónde venimos, nos estaremos equivocando”.

La búsqueda de esta comprensión debe ser un intento continuo, según él, de aceptar el universo tal y como es realmente, no de imponerle nuestras predisposiciones emocionales. Se trata de de asumir lo que nuestra exploración de él nos descubre.

Pero, ¿qué creía Sagan de la religión y de Dios? A esa pregunta, el científico siempre contestaba que “depende de lo que se entienda por “Dios”. Según Ann Druyan, el científico, en realidad, era un devoto, pero de la búsqueda en sí misma.

NO HAY PREGUNTAS ESTÚPIDAS

Y no dejamos de preguntarnos,

una y otra vez,

Hasta que un puñado de tierra

Nos calla la boca...

Pero ¿es eso una respuesta?

HEINRICH HEINE «Lazarus» (1854)

Excepto para los niños (que no saben lo suficiente como para dejar de hacer las preguntas importantes), pocos de nosotros dedicamos mucho tiempo a preguntarnos por qué la naturaleza es como es; de dónde viene el cosmos, o si siempre ha estado allí; si un día el tiempo irá hacia atrás y los efectos precederán a las causas; o si hay límites definitivos a lo que deben saber los humanos. Incluso hay niños, y he conocido algunos, que quieren saber cómo es un agujero negro, cuál es el pedazo más pequeño de materia, por qué recordamos el pasado y no el futuro, y por qué existe un universo.

De vez en cuando tengo la suerte de enseñar en una escuela infantil o elemental. Encuentro muchos niños que son científicos natos, aunque con el asombro muy acusado y el escepticismo muy suave. Son curiosos, tienen vigor intelectual. Se les ocurren preguntas provocadoras y perspicaces. Muestran un entusiasmo enorme. Me hacen preguntas sobre detalles. No han oído hablar nunca de la idea de una «pregunta estúpida».

Pero cuando hablo con estudiantes de instituto encuentro algo diferente. Memorizan «hechos» pero, en general, han perdido el placer del descubrimiento, de la vida que se oculta tras los hechos. Han perdido gran parte del asombro y adquirido muy poco escepticismo. Los preocupa hacer preguntas «estúpidas»; están dispuestos a aceptar respuestas inadecuadas; no plantean cuestiones de detalle; el aula se llena de miradas de reojo para valorar, segundo a segundo, la aprobación de sus compañeros. Vienen a clase con las preguntas escritas en un trozo de papel, que examinan subrepticiamente en espera de su turno y sin tener en cuenta la discusión que puedan haber planteado sus compañeros en aquel momento.

Ha ocurrido algo entre el primer curso y los cursos superiores, y no es sólo la adolescencia. Yo diría que es en parte la presión de los compañeros contra el que destaca (excepto en deportes); en parte que la sociedad predica la gratificación a corto plazo; en parte la impresión de que la ciencia o las matemáticas no le ayudan a uno a comprarse un coche deportivo; en parte que se espera poco de los estudiantes, y en parte que hay pocas recompensas o modelos para una discusión inteligente sobre ciencia y tecnología... o incluso para aprender porque sí. Los pocos que todavía muestran interés reciben el insulto de «bichos raros», «repelentes» o «empollones».

Pero hay algo más: he visto a muchos adultos que se enfadan cuando un niño les plantea preguntas científicas. ¿Por qué la luna es redonda?, preguntan los niños. ¿Por qué la hierba es verde? ¿Qué es un sueño? ¿Hasta qué profundidad se puede cavar un agujero? ¿Cuándo es el cumpleaños del mundo? ¿Por qué tenemos dedos en los pies? Demasiados padres y maestros contestan con irritación o ridiculización, o pasan rápidamente a otra cosa:

«¿Cómo querías que fuera la luna, cuadrada?» Los niños reconocen en seguida que, por alguna razón, este tipo de preguntas enoja a los adultos. Unas cuantas experiencias más como ésta, y otro niño perdido para la ciencia. No entiendo por qué los adultos simulan saberlo todo ante un niño de seis años. ¿Qué tiene de malo admitir que no sabemos algo? ¿Es tan frágil nuestro orgullo?

Lo que es más, muchas de estas preguntas afectan a aspectos profundos de la ciencia, algunos todavía no resueltos del todo. Por qué la luna es redonda tiene que ver con el hecho de que la gravedad es una fuerza que tira hacia el centro de cualquier mundo y con lo resistentes que son las rocas. La hierba es verde a causa del pigmento de clorofila, desde luego —a todos nos han metido esto en la cabeza—, pero ¿por qué tienen clorofila las plantas? Parece una tontería, pues el sol produce su máxima energía en la parte amarilla y verde del espectro. ¿Por qué las plantas de todo el mundo rechazan la luz del sol en sus longitudes de onda más abundantes? Quizá sea la plasmación de un accidente de la antigua historia de la vida en la Tierra.

Pero hay algo que todavía no entendemos sobre por qué la hierba es verde. Hay mejores respuestas que decirle al niño que hacer preguntas profundas es una especie de pifia social. Si tenemos una idea de la respuesta, podemos intentar explicarla. Aunque el intento sea incompleto, sirve como reafirmación e infunde ánimo. Si no tenemos ni idea de la respuesta, podemos ir a la enciclopedia. Si no tenemos enciclopedia, podemos llevar al niño a la biblioteca. O podríamos decir: «No sé la respuesta. Quizá no la sepa nadie. A lo mejor, cuando seas mayor, lo descubrirás tú.»

Hay preguntas ingenuas, preguntas tediosas, preguntas mal formuladas, preguntas planteadas con una inadecuada autocrítica. Pero toda pregunta es un clamor por entender el mundo. No hay preguntas estúpidas. Los niños listos que tienen curiosidad son un recurso nacional y mundial. Se los debe cuidar, mimar y animar. Pero no basta con el mero ánimo. También se les debe dar las herramientas esenciales para pensar.



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