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PAPA NOEL MADE IN USA

NOEMI VILLAVERDE

06/01/2017

Papa Noel Made in USA - Noemi Villaverde - Consciencia - Papa (GAA # 905)

CONSCIENCIA - PAPA

Los personajes navideños son títeres

La realidad del mayor chantaje de la globalización mercantil: la Inmortalidad.

Todos los personajes propios de estas fechas, desde Papá Noel al Ded Moroz de Rusia, tienen algo en común: hacen de puente entre la infancia y la adultez, entre la vida y la muerte. Levi Strauss, antropólogo, escribió que “No es sólo para burlar a nuestros niños que nos entretenemos con la creencia de Papá Noel: su fervor nos reconforta, nos ayuda a autoengañarnos (…). Y sin embargo, los hombres mueren (…)” Hoy, pretendemos burlar a la muerte con el nuevo elixir de la juventud que nos trae Papá Noel: sus regalos tecnológicos y de belleza, entre otros.

En 1951, Papa Noel se consumió. Y no es una metáfora: ardió en las brasas. En las Navidades de Francia de ese año, una multitud de religiosos creyó que así limpiarían de paganos la imagen santa y cristiana de esta celebración religiosa. En realidad, no se equivocaban al relacionar a este personaje con el mundo pagano, pero se equivocaban de culpable. Su problema no era el bonachón Papá Noel, su problema eran las razones que llevan a los adultos a reinventarlo, generación tras generación.

Hay múltiples artículos sobre el origen de este personaje. Parecería que, aludiendo a épocas pasadas, Papá Noel puede mutarse en un gordinflón de carne y hueso. También hay cientos de analogías en diversas culturas. Uno de los más citados es el del Katchina de los nativos americanos, personajes disfrazados y enmascarados que regresan periódicamente a sus aldeas en los ritos de iniciación, para premiar o castigar (las más de las veces, muy duramente) a los jóvenes, quienes pronto sabrán, no sin sentirse traicionados, que bajo el disfraz se esconden sus padres. El Jubelok escandinavo fue otro personaje análogo, demonio cornudo del mundo subterráneo que llevaba regalos a los niños.

Sin ir tan lejos, en la antigua Roma, encontramos el porqué de tan estrecha relación entre los regalos y la Navidad. A mediados de diciembre se celebraban los Saturnales en honor a Saturno, dios de la agricultura (Cronos para los griegos, dios del tiempo), por el solsticio de invierno, al final de las cuales los niños recibían obsequios de todos los mayores. También se las denominaba “Fiestas de los esclavos” ya que en ellas, los esclavos recibían raciones extras, tiempo libre y otras prebendas. (¿recordáis la casi extinta paga extra de Navidad?). Y era a la luz de velas y antorchas como se daba la bienvenida al solsticio de invierno y a esos extraños seres celtas, gigantes u hombres de varios ojos u ojos rojos que simbolizaban “lo malo y viejo” del pasado.

Hoy, Papa Noel y la celebración de la Navidad es, como dice el antropólogo Levi Strauss, “Una fiesta esencialmente moderna” que transforma y substituye con su conmemoración a las fiestas paganas que se desarrollaban en esta época del año. Y continúa la explicación en su libro de Tristes Trópicos:

“No es sólo para burlar a nuestros niños que nos entretenemos con la creencia de Papá Noel: su fervor nos reconforta, nos ayuda a auto engañarnos y a creer que, ya que ellos creen en él, un mundo de generosidad sin contrapartes no es absolutamente incompatible con la realidad. Y sin embargo, los hombres mueren: jamás volverán; y todo orden social se aproxima a la muerte: se apodera de algo contra lo cual no da equivalente.”

El Olentzero del País Vasco, el Apaldador de Galicia, el Esteru de Cantabria, el Tió de Nadal de Cataluña, los Reyes Magos de Oriente… Ded Moroz de Rusia, Dun Che Lao Ren de China, Swagman de Australia, Befana de Italia, Sinterklaas de los Países Bajos, o el mismísimo Niño Jesús en algunos lugares de Latinoamérica o Europa Central …Todos los personajes propios de estas fechas tienen algo en común: hacen de puente entre la infancia y la adultez, entre la vida y la muerte.

Por eso no es de extrañar, (y Levi Strauss tampoco se podría ni imaginar) que, con el paso del tiempo, todos estos personajes fueran títere, en realidad, del mayor chantaje de la globalización mercantil: la Inmortalidad. Que ya no se vende en elixir, sino a través de:

  • Sus juguetes de belleza: que ocultan, marginan, silencian y criminalizan el cuerpo. Ocultan a los muertos, a los ancianos, a las personas con discapacidad, a los obesos, o los cuerpos en los que el paso del tiempo está dejando huellas visibles. Al fin, al cuerpo común.
  • Sus juguetes que bombardean y producen imágenes: el sentimiento de que hay que pasar a través de la imagen para existir y ser inmortal (cámaras digitales, videos, reality shows…)
  • Sus juguetes tecnológicos: mientras el móvil nos hace ser omnipresentes y “subimos” nuestra vida a Facebook. Una voluntad de escaparse del cuerpo pesado como vestigio de una humanidad obsoleta y deplorable. Mi tecnología y mi vida con ella corren más que yo.
  • Sus juguetes de deporte de masas: el ideal de cuerpo glorioso, el cuerpo del atleta de rendimiento inimaginable pero que, en realidad, es el más medicado. El cuerpo que nos facilita la ilusión compartida de eludir la gravedad. Cuando estos juguetes se unen a los de belleza, se crean perfumes de deportistas con alas.
  • Sus juguetes para el hogar. Para una casa escaparate: grandes ventanales y paneles translúcidos, muebles multifuncionales, miles de elementos decorativos (olores, música, luces, diseños…) y en el centro, no está la chimenea. Papa Noel ahora entra por la televisión. Ya está todo prefabricado. No hay lugar para ti.
  • Y sus miles de diversiones: también prefabricados, con un solo uso, donde tampoco cabes ni tú ni tu imaginación. También todos los públicos: viajes organizados, centros comerciales, tecnología virtual… El ocio ya no es escuela (ocio viene del griego “schole”) Divertirnos es sacarnos de la realidad, de la mortalidad, del cuerpo, llevarnos a otro sitio virtual. Cualquier juguete vale para que no pienses. Para que no estés contigo.

Y Papa Noel sigue consumiéndose, pero no en las brasas, sino en el consumismo.

FRASES DE NOEMI VILLAVERDE

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