La iluminación espiritual

Sagradas escrituras

-Cuento zen con moraleja-

Sé totalmente libre, escucha tu propio corazón. Esa es la única escritura que conecta directamente con Dios, con la existencia, con la conciencia divina.

Cuento zen # 384

Cuento zen sobre las sagradas escrituras

Se acercó un hombre sabio a Buda y le dijo: Las cosas que tú enseñas, señor, no se encuentran en las Santas Escrituras.

Entonces, ponlas tú en las Escrituras, replicó Buda.

Tras una embarazosa pausa, el hombre siguió diciendo: ¿Me permitiría sugerirle, señor, que algunas de las cosas que vos enseñáis contradicen las Santas Escrituras?.

Entonces, enmienda las Escrituras, contestó Buda.

MORALEJA

Jesucristo explica: Las Escrituras, como el sábado, son para el hombre, no el hombre para las Escrituras o el sábado.

Sé totalmente libre, has lo que quieras hacer, haz lo que tus cualidades intrínsecas deseen hacer. No escuches a las escrituras, escucha a tu propio corazón; esa es la única escritura que te conecta directamente con Dios, con la existencia, con la conciencia divina o como quieras llamarlo. Sí, escucha muy atentamente, muy conscientemente, nunca te equivocarás. Escuchando empezarás a moverte en la dirección correcta hacia la verdad, sin ni siquiera pensar en qué es lo correcto y qué es lo erróneo.

La verdad libera, y nada más. Todo lo demás crea una atadura, una carga. Y la verdad no se puede encontrar mediante el esfuerzo intelectual, porque la verdad no es una teoría, es una experiencia. Para conocerla tienes que vivirla, y en eso es donde millones de personas yerran. Piensan que si pueden aferrarse a una creencia, les ayudará a encontrar la verdad. Poco a poco se asientan en la creencia, y la creencia no es la verdad. Es una teoría sobre la verdad: como si alguien se contentase solo con palabras, escrituras, doctrinas, dogmas; como si un ciego empieza a creer que la luz existe, o alguien hambriento lee un libro de cocina, y cree en esto o en aquello, pero sigue hambriento. Esa no es la forma de satisfacer el hambre.

La verdad es un alimento. Hay que digerirlo, asimilarlo; hay que permitir que circule por la propia sangre, que lata en el propio corazón. La verdad tiene que ser asimilada en tu unidad orgánica. La creencia nunca se asimila, sigue siendo siempre un fenómeno sin relacionar.

Puede que seas hindú, pero el hinduismo sigue siendo tan solo un concepto intelectual. Puede que seas cristiano, o mahometano, pero esas religiones no son partes orgánicas de tu ser. En lo profundo de ti, la duda continúa.

No tengas miedo a la duda. La duda no es el enemigo; la duda es amiga. La duda simplemente te está diciendo que no has buscado en tu interior; por eso aparece la duda. Observa tu propia realidad, y la duda desaparece como la oscuridad. Trae la luz.