El perezoso que moría de hambre

Ilustración del cuento: El perezoso que moría de hambre

No te ayudo a que seas perezoso, pero la pereza consciente, tiene para triunfar, una ventaja sobre las demás actividades, y es el que no exige nada.

Cuento zen sobre la pereza

En un pueblo, en el que abundaba el trabajo y la comida, un perezoso estaba a punto de morir de hambre. Se reunieron el alcalde, el párroco, el consejo municipal y el defensor del pueblo, y por unanimidad acordaron enterrar vivo al perezoso; porque para el pueblo sería un desprestigio que alguien muriera de hambre.

Reunieron cuatro orillos, armaron un cajón, metieron al perezoso ya moribundo, y salieron con el rumbo al cementerio.

Una señora preguntó:

¿Quién murió?

Nadie, le respondieron.

¿Y entonces a quien llevan ahí?

Al perezoso que lo vamos a enterrar vivo antes de que muera de hambre.

No, no, no hagan eso, yo con mucho gusto regalo un bulto de panela.

Otra señora regaló un bulto de frijol; un señor, puso una carga de arroz, más un bulto de papas; un hacendado donó un barril de leche, 50 arrobas de queso, una carga de plátanos y otra de yucas. Todos, todos, todos los paisanos donaban, donaban y donaban comida por montones.

Cuando iban llegando al cementerio desistieron del entierro porque el moribundo ya tenía comida suficiente para 100 años.

El perezoso sacó la cabeza, y preguntó:

¿Quién va a cocinar todo eso?

Pues, usted, le contestaron.

Y el hombre exclamó:

Entonces... ¡Que siga el entierro!

MORALEJA

Estoy a favor de la pereza. Pero no estoy a favor de la pereza en sí misma; la pereza que apruebo tendría que estar llena de atención consciente. Entonces tú estás más allá, tanto de la actividad como de la pereza. Entonces te vuelves trascendental. No eres activo ni inactivo; estás centrado. Haces lo que es necesario, no haces lo que no es necesario. No eres un hacedor ni un no-hacedor. Dejas de concentrarte en el hacer. Eres consciencia.

No te estoy ayudando a que seas perezoso. Ser realmente perezoso no quiere decir ser inactivo, sino estar tan lleno de energía que te conviertes en un acumulador de energía, perezoso en lo que respecta al mundo, pero tremendamente dinámico interiormente, no indolente.

Un taoísta es perezoso en lo exterior; en lo interior se ha convertido en un fenómeno similar a un río, está fluyendo continuamente hacia el océano. Ha abandonado muchas actividades porque estaban sustrayendo innecesariamente su energía.

La pereza como hábito es mejor que estar obsesionado por la actividad. Estar obsesionado por la actividad es demencial. Una persona perezosa puede estar sana. Algunas veces se ha encontrado que las personas más perezosas son las más sanas.

La pereza, es decir, la pereza consciente, tiene, para triunfar, una ventaja sobre las demás actividades, y es el que no exige nada.


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