La iluminación espiritual

La paloma real

-Cuento zen con moraleja-

Ay de las gentes religiosas que se dejan programar, no conocen mundo que aquel en el que fueron programados, viven sin nada que aprender de la existencia.

Cuento zen # 245

Cuento zen para aprender de la existencia

Nasruddin llegó a ser primer ministro del rey. En cierta ocasión, mientras deambulaba por el palacio, vio por primera vez en su vida un halcón real.

Hasta entonces, Nasruddin jamás había visto semejante clase de paloma. De modo que tomó unas tijeras y cortó con ellas las garras, las alas y el pico del halcón.

Ahora pareces un pájaro como es debido, dijo. Tu cuidador te ha tenido muy descuidado.

¡Ay de las gentes religiosas que no conocen más mundo que aquel en el que viven y no tienen nada que aprender de las personas con las que hablan!

MORALEJA

No trates de imponer la lógica -que es humana- sobre la existencia. Cuando tratas de imponer la lógica sobre la existencia solo te creas desgracias porque vas a fracasar; tu fracaso será absoluto. Millones de personas siguen pretendiendo que su verdad es la que les dicta su mente.

Puedes vivir toda tu vida como algo lógico o como algo existencial. Lo existencial será absurdo. En un momento es de una forma y en otro momento es de otra. Te queda la opción de aparentar que sigue siendo lo mismo, o de ser honesto y sincero y decir que fue un momento muy bello pero ya pasó.

La vida es inmensa y las creencias son muy pequeñas, la vida es infinita y las creencias son muy diminutas. La vida nunca encaja con ninguna creencia y si tratas de imponer la vida sobre tus creencias estarás tratando de conseguir lo imposible. Nunca ha sucedido ni nunca sucederá de modo natural. Abandona las creencias y empieza a aprender cómo vivir la realidad de las cosas sin tratar de cambiar nada.

¡Ay de las gentes religiosas que se dejan programar, no conocen más mundo que aquel en el que fueron programados, viven y no tienen nada que aprender de las personas con las que hablan!

Muchos maestros no son más que violencia, pero su violencia es sutil. Así que cuando estéis cerca de un hombre que quiera imponer sus reglas en vuestra vida, que quiera proporcionaros un marco prefijado, que quiera daros una ventana por la que mirar hacia la verdad, escapad de él, porque es peligroso.

Hablar es muy fácil, saber es muy difícil; no existe relación entre ambas cosas. Se puede hablar sin saber y se puede saber sin hablar. No existe ninguna relación. Pero para nosotros, alguien que habla es alguien sabio. Un auténtico maestro no os daría ninguna ventana para mirar la verdad, sino que os sacaría fuera, bajo el cielo. No os proporcionaría una pauta para vivir, sino que simplemente os daría la sensibilidad, la comprensión, y la comprensión os ayudará a moveros. La comprensión es libre y es vuestra.