La iluminación espiritual

No hay amor cuando gritas
-Cuento zen con moraleja-

Escucha a tu ser. Él te da pistas. Es una vocecita. No te grita, eso es verdad. Y si haces silencio, comenzarás a escucharla. Ella te habla con amor.

Cuento zen # 223

Cuento zen sobre el amor

Con el enojo nunca podrás tener certeza de estar en conexión con Dios. Nunca desaparecerá la división. La incomunicación subsistirá como un gusano bajo la tierra, saboteando tu saber. Puedes gritar bien alto que crees en Dios, pero con gritar no demostrarás nada. Tus gritos solamente prueban una cosa: que la incomunicación persiste. Solamente la incomunicación grita a viva voz. Puedes convertirte en un fanático creyente, pero tu fanatismo solamente demuestra una cosa: que persiste la incomunicación como lo indica el siguiente cuento.

Un día un Maestro preguntó a sus alumnos lo siguiente: ¿Por qué las personas se gritan cuando están enojadas? Los hombres pensaron unos momentos: porque perdemos la calma, dijo uno, por eso gritamos. ¿Por qué gritar cuando la otra persona está a tu lado? Preguntó de nuevo. ¿No es posible hablarle en voz baja? ¿Por qué gritas a una persona cuando estás enojado?

Los hombres dieron algunas otras respuestas, pero ninguna de ellas satisfacía al Maestro. Finalmente él explicó: Cuando dos personas están enojadas, sus corazones se alejan mucho. Para cubrir esa distancia deben gritar, para poder escucharse. Mientras más enojados estén, más fuerte tendrán que gritar para escucharse uno a otro a través de esa gran distancia.

Luego el Maestro preguntó: ¿Qué sucede cuando dos personas se enamoran? Ellos no se gritan, sino que se hablan suavemente. ¿Por qué? Porque sus corazones están muy cerca. La distancia entre ellos es muy pequeña. El Maestro continuó: Cuando se enamoran aún más ¿Qué sucede? No hablan, solo susurran y se acercan más en su amor. Finalmente, no necesitan siquiera susurrar, solo se miran y eso es todo. Así es: ¡Cuán cerca están dos personas cuando se aman!

MORALEJA

El amor es un espejo. Una verdadera relación es un espejo en el que dos amantes ven la cara del otro y reconoce a Dios. Es un camino hacia Dios. Cuando los amantes están en sintonía, de inmediato los pensamientos saltan de uno a otro. Aunque no estén diciendo nada, aunque permanezcan en silencio, se comunican. El lenguaje es para los no amantes, para aquellos que no están enamorados. Para los amantes, el silencio es un lenguaje suficiente. Sin decir nada, no dejan de hablar.

Los amantes empiezan a mostrarse más y más silenciosos. No hay necesidad de hablar, la comunicación acontece incluso en silencio. Esa es una unidad entre vosotros y el exterior; es amor. Luego hay otra unidad que tiene lugar en vuestro interior; vuestro hombre y mujer interiores se encuentran. Es la meditación; entonces por dentro comenzáis a sentiros como uno. Cuando estas dos unidades han pasado -la unidad del amor y la unidad de la meditación-, entonces puede tener lugar la tercera y definitiva unidad: vuestra unidad con el todo, con lo total, vuestra unidad con Dios.

Para mí esa es mi trinidad: primero, unidad en el amor; segundo, unidad en la meditación; tercero, unidad en la oración.

Cuando discutan no dejen que sus corazones se alejen, no digan palabras que los distancien más, llegará un día en que la distancia sea tanta que no encontrarán más el camino de regreso. Si amas de verdad, ¿dónde está la necesidad de gritar? Recuerda: El saber y la razón hablan, la ignorancia y el error gritan. Escucha a tu ser. Continuamente te da pistas. Es una vocecita. No te grita, eso es verdad. Y si haces silencio, comenzarás a escucharla. Ella te habla con amor.