La iluminación espiritual

El maestro y el escorpión
-Cuento zen con moraleja-

La consciencia es la naturaleza que puede ver la realidad y amar. Siendo la memoria que purifica la mente es capaz de ver la verdad sin obstrucciones

Cuento zen # 5

Cuento zen sobre la consciencia

Permanece siempre fiel a lo natural. Simplemente, observa lo que es natural, descúbrelo. Porque con un estado no-natural siempre permanecerás tenso, incómodo, intranquilo. Nadie puede estar cómodo en una situación no-natural y tú creas a tu alrededor cosas no-naturales. Entonces se convierten en una carga y te van destruyendo. Cuando digo «no-natural» me refiero algo ajeno a tu naturaleza.

El siguiente cuento te lo hará entender...

Un maestro oriental cuando vio como un escorpión se estaba ahogando, decidió sacarlo del agua. Cuando lo hizo, el alacrán lo picó. Por la reacción al dolor, el maestro lo soltó, y el animal cayó al agua y de nuevo estaba ahogándose. El maestro intentó sacarlo otra vez, y otra vez el escorpión lo picó.

Alguien que había observado todo, se acercó al maestro y le dijo: Perdone, ¡pero usted es terco! ¿No entiende que cada vez que intente sacarlo del agua lo picará?

El maestro respondió: La naturaleza del escorpión es picar, y eso no va a cambiar la mía, que es ayudar. Entonces, ayudándose de una hoja, el maestro sacó al animalito del agua y le salvó la vida.

MORALEJA

No cambies tu naturaleza si alguien te hace daño; solo toma precauciones.

Nuestra propia naturaleza es en su esencia más pura es amor. Puede quedarse durante la mayor parte de la vida ocultada por varios tipos de pasiones, ignorancia, enfados, prejuicios, etc., pero en cuanto quitemos estas manchas, brilla de nuevo con todo su esplendor y así podremos ayudar a todos sin juzgar y sin ningún tipo de censura.

La consciencia es tu naturaleza, te permite ver la realidad y amar. Si eres testigo la memoria es purificada y la mente es capaz de ver la verdadera naturaleza de las cosas sin obstrucciones.

Te has olvidado por completo de lo que es natural. Tendrás que profundizar mucho en ti mismo para encontrar lo natural. La sociedad al completo te hace impuro; te va obligando a cosas que no son naturales, continúa condicionándote, continúa dándote ideologías, prejuicios y toda clase de estupideces. Has de descubrir por ti mismo aquello que es natural en ti.

Uno ha de seguir su propio ser y su propia naturaleza; ha de ser muy sincero y auténtico. Los caminos son infinitos y los abismos millones. La carretera se bifurca en muchas, muchas dimensiones y direcciones. Puedes perderte.

Cuando se dice, La falta de consciencia es tomar lo impuro por lo puro, pureza significa tu naturaleza, tal y como eres, sin ser contaminado por los demás. No conviertas a nadie en un ideal. No trates de convertirte en un Jesús, Buda o Mahoma; solamente puedes ser tú mismo. Nadie puede ser como otro. Todos tenemos nuestra propia forma de ser. Y esa es la pureza. Seguir tu propio ser, ser tú mismo, es ser puro. Es muy difícil porque te dejas influenciar, porque resultas hipnotizado. Es muy difícil porque hay gente ló­gica que te convence. Es muy difícil. Son bella gente; su belleza te impresiona. Hay mucha gente encantadora a tu alrededor; son magnéticos, poseen un carisma. Cuando estás cerca de ellos sim­plemente te atraen; poseen una fuerza de gravedad.

Has de estar alerta, muy alerta, ama a Buda, a Jesús, a Mahoma, enriquécete con sus experiencias, pero que no te influencien. Es algo muy difícil, porque la diferencia es muy sutil. Ámalos, escúchales, embébete de ellos, pero no les imites. Toma lo que puedas, pero tómalo siempre de acuerdo a tu naturaleza. Si algo encaja con tu naturaleza, tómalo, pero no porque ellos ni nadie te lo diga.

En el libro «Así habló Zarathustra», de Friedrich Nietzsche. Cuando Zarathustra estaba despidiéndose de sus discípulos lo último que les dijo fue muy hermoso. Era el último mensaje; lo había dicho todo, les había entregado todo su corazón y lo último que les dijo fue, «Ahora escuchadme, y escuchadme como nunca lo ha hayáis hecho». Mi último mensaje es: «¡Cuidado con Zarathustra! ¡Cuidado conmigo!» Este es el último mensaje de todos los Iluminados; puedes convertirte en su víctima, porque son muy atractivos. Y una vez algo del exterior entra en tu naturaleza, estás en el camino equivocado.