La iluminación espiritual

Los 10.000 monjes

-Cuento zen con moraleja-

Cuando el rey visitó los monasterios del maestro, el gran Maestro Zen, le sorprendió comprobar que había en ellos más de diez mil monjes. Queriendo…

Cuento zen # 42

Cuento zen para el buscador de la verdad

Cuando el rey visitó los monasterios de Lin Chi, el gran Maestro Zen, le sorprendió comprobar que había en ellos más de diez mil monjes.

Queriendo saber el número exacto de ellos, el rey preguntó:

¿Cuántos discípulos tienes?

Y Lin Chi respondió: verdaderos buscadores, cuatro o cinco, como mucho.

MORALEJA

Los verdaderos buscadores son pocos...

Un buscador de la verdad no lleva teorías con él. Siempre está abierto, vulnerable. Puede escuchar. Un hindú no puede escuchar. ¿Cómo puede un hindú escuchar? Él cree que ya sabe la verdad, no hay por qué escuchar. Intentas que escuche, pero no puede; su mente está tan repleta que nada le puede entrar. Un cristiano no puede escuchar, él ya conoce la verdad. Ha cerrado sus puertas a nuevos aires, ha cerrado sus ojos al nuevo amanecer, él cree que ha alcanzado, cree que ha llegado.

Todos los que sienten que han llegado pueden debatir, pero no pueden moverse en un diálogo. Únicamente pueden chocar. Surge entonces el conflicto y ellos se oponen el uno al otro. En una discusión así puedes probar algo, pero nada es probado. Puedes silenciar al otro, pero el otro nunca es convencido. No puedes convencer, porque es una clase de guerra, una guerra civilizada; no estás luchando con armas, estás luchando con palabras.

La vida no ofrece conclusión alguna. La vida no tiene estúpidas ideas sobre propósitos. Sigue y sigue sin final, es siempre, eternamente, un acontecimiento hacia adelante. ¿Cómo puedes concluir algo sobre ella? En el momento en que sacas una conclusión ya te has salido de ella. La vida sigue y tú te has salido del camino. Puede que te cuelgues de tus conclusiones, pero la vida no te esperará.

Un hindú puede leer la Biblia, pero nunca la entenderá. En realidad, nunca la lee, no puede escucharla. Un cristiano puede leer el Gita, pero lo lee desde el exterior. Nunca penetra su más recóndito ser, nunca alcanza la esfera interior, se mueve y se mueve a su alrededor. Ya conoce de antemano que solo Cristo es verdadero, sabe de antemano que solo a través de Cristo se da la salvación, sabe de antemano que solo Cristo es el hijo de Dios. ¿Cómo puede escuchar a Krishna? Solo Cristo es la verdad. Krishna está condenado a ser falso, a lo más, una bella falsedad, pero nunca una verdad. O, condescendiendo mucho, dirá que es casi verdad.

Pero, ¿qué quiere decir cuando dices casi verdad? ¡Qué es falso! La verdad es o no es. Nada puede ser parcialmente cierto. La verdad es, la verdad no es. Siempre es total. No puedes dividirla. No puedes decir que es cierta hasta cierto punto. No, la verdad no conoce gradaciones. O es o no es.

Por eso cuando la mente concluye que Cristo es la única verdad, es imposible escuchar a Krishna. Incluso si te los encuentras en el camino no serás capaz de escucharlo. Incluso si te encontrases a Buda no lo reconocerías.

Y todo el mundo está repleto de conclusiones. Alguien es cristiano, algún otro es hindú, otro jaino, otro un budista. ¡Por eso es por lo que la verdad se pierde! Una persona espiritual no puede ser cristiana, hindú, o budista; una persona espiritual puede ser únicamente un sincero buscador. Busca y permanece abierto a cualquier conclusión. Su bote está vacío.