Ladrillos de verdad y de mentira

Ilustración del cuento: Ladrillos de verdad y de mentira

La verdad no ofrece garantía alguna. La verdad es tan sincera que no puede prometer: da lo que tenga que dar aquí y ahora. La verdad vive en el presente.

Cuento zen sobre la verdad y la mentira

Todos los aldeanos se dedicaban a construir dos palacios, el de la verdad y el de la mentira. Los ladrillos del palacio de la verdad se creaban cada vez que se decía una verdad, y los aldeanos de la verdad los utilizaban para hacer su castillo.

Lo mismo ocurría en el otro palacio, donde los aldeanos de la mentira construían un palacio con los ladrillos que se creaban con cada nueva mentira. Ambos palacios eran impresionantes, los mejores del mundo, y los aldeanos competían duramente porque el suyo fuera el mejor.

Tanto, que los aldeanos de la mentira, mucho más tramposos y marrulleros, enviaron un grupo de aldeanos a engañar a todo el mundo para conseguir que dijeran más y más mentiras. Y como lo fueron consiguiendo, empezaron a tener muchos más ladrillos, y su palacio se fue haciendo mucho más grande y espectacular.

Pero un día, algo raro ocurrió en el palacio de la mentira: uno de los ladrillos se convirtió en una caja de papel. Poco después, otro ladrillo se convirtió en arena, y al rato otro más se hizo de cristal y se rompió. Y así, poco a poco, cada vez que se iban descubriendo las mentiras que habían creado aquellos ladrillos, estos se transformaban y desaparecían, de modo que el palacio de la mentira se fue haciendo más y más débil, perdiendo más y más ladrillos, hasta que finalmente se desmoronó.

Y todos, incluidos los aldeanos mentirosos, comprendieron que no se pueden utilizar las mentiras para nada, porque nunca son lo que parecen y no se sabe en qué se convertirán.

MORALEJA

Si uno hace algo a partir de una mentira, todo lo que resulte también será una mentira.

Si una persona intenta amar a partir del odio, lo que logrará es que ese amor esté lleno de un odio oculto y si acude a los predicadores ellos le dirán: «tratad de amar...», ¿pero cómo puede una persona llena de odio tratar de amar?. Ese es el conflicto, entonces, si tienes un problema no crees otro, quédate con el primero y resuélvelo, los problemas desaparecen cuando se los acepta y se vuelven más complejos si se crea un conflicto respecto a ellos, en este caso, de la comprensión del odio surgirá el amor.

El sufrimiento está ahí, es parte de la vida y del crecimiento, no tiene nada de malo. El sufrimiento se vuelve maligno solo cuando uno sufre y nada surge del sufrimiento. La oscuridad es hermosa si de ella no tarda en surgir el alba, la oscuridad es peligrosa si es incesante y no lleva a amanecer alguno. La mentira es fatal si persiste es su permanencia.

Escapas de un sufrimiento a otro, porque la mente que ha creado un sufrimiento creará otro. Acepta el sufrimiento y atraviésalo, no escapes, permite que ocurra; si quieres temblar, tiembla. Los que se dicen o se creen valientes, solo han creado una valentía que los rodea, pero esa valentía no es más que una fachada, porque en lo profundo son más cobardes que el que acepta el sufrimiento, pero actúan de tal modo que todos sepan que no son cobardes. Acepta tus mentiras y afróntalas, no escapes, permite que ocurra; si te hacen avergonzar, avergüénzate... ese sería el final.

Recuerda: La verdad no ofrece garantía alguna. La verdad es tan sincera que no puede prometer: da lo que tenga que dar aquí y ahora. La verdad vive en el presente, no tiene idea del futuro.

La mente se mueve en el futuro, el ser vive aquí y ahora. Y la verdad pertenece al ser, no a la mente. El amor, la verdad, la meditación, la sinceridad, la simplicidad, la inocencia, todo ello pertenece al ser. Lo opuesto pertenece a la mente y para ocultar lo opuesto, la mente crea monedas falsas: falsa sinceridad, la cual, garantiza, promete; falso amor, que es tan solo otro nombre para el deber; falsa belleza, que es una fachada para la fealdad interior. La mente crea falsas monedas, y nadie es engañado, recuérdalo, excepto tú mismo.


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