La iluminación espiritual

La espiritualidad

-Cuento zen con moraleja-

La espiritualidad no es imitar. No puedes imitar a una persona espiritual. Si la imitas, será un ser falso, no auténtico. Te volverás falso tú mismo.

Cuento zen # 251

Cuento zen sobre la espiritualidad

Un predicador preguntó a un Maestro Zen qué era la espiritualidad para ellos.

El Maestro Zen le hizo salir a la terraza y le preguntó:

¿Qué es lo que ve usted desde aquí, señor?

Veo una calle y unas casas, gente que pasea y autobuses y taxis que circulan.

¿Qué más?

Árboles.

¿Qué más?

Está soplando el viento...

¿Y puedes sentir que tu interior está en armonía y fluyendo con todo?

¡Por supuesto!

El Maestro Zen extendió sus brazos y exclamó:

¡Eso es la verdadera espiritualidad, señor!

MORALEJA

La verdadera espiritualidad es tan evidente que es difícil verla. Por eso no te debes apegar a ningún tipo de dogma porque te estarás negando la grandeza de la existencia.

La espiritualidad malentendida es una fiebre que puede terminar en delirio. La espiritualidad malentendida es defectuosa, pero solo porque el hombre la entiende mal.

Jamás es natural quien intenta ser natural; o quien intenta no intentarlo. La verdadera espiritualidad deja que todo fluya sin esfuerzo.

La verdadera espiritualidad no depende de las creencias. Cuanto más fuerte sea la creencia, mayor es la barrera. La verdadera espiritualidad no es ni la creencia ni la incredulidad, sino el abandono de toda creencia e incredulidad.

Los templos, mezquitas e iglesias que la sociedad crea. Eso son trucos. Están hechos para engañarte. Son sustitutos de la espiritualidad; no son espiritualidad. Están ahí para confundirte. Tú necesitas la espiritualidad; ellos dicen, Sí, acude al templo, a la iglesia, a la mezquita; aquí está la espiritualidad. Ven y reza y encontrarás al predicador que te enseñará tu espiritualidad. Es un truco. La sociedad ha creado falsas espiritualidades.

Recuerda que la espiritualidad no es imitar. No puedes imitar a una persona espiritual. Si la imitas, será un ser espiritual, falso, no auténtico. ¿Cómo vas a imitar la espiritualidad? Y si la imitas, ¿cómo vas a mantenerte fiel a ti mismo? Te volverás falso contigo mismo.

Sé auténticamente tú mismo. No imites. La espiritualidad hace a todo el mundo único. Ningún Maestro que sea realmente un Maestro insistirá en que le imites. Te ayudará a ser tú mismo; nunca te ayudará a ser como él.

A la espiritualidad no le interesan los hechos, le interesa la verdad. Los hechos pueden ser aprendidos en los libros, la verdad nunca lo será. Si te llegas a interesar demasiado por los hechos, tus ojos se nublarán y confundirán, y no podrás conocer la verdad. ¡Cuidado con los hechos! Te pueden hacer equivocar el camino. Escoge la verdad. Trata siempre de encontrar la verdad; no te molestes demasiado con los hechos. Los hechos son irrelevantes.

Lo que cambia es el hecho, y lo que permanece siempre igual es la verdad. Tu cuerpo es un hecho: un día fuiste un niño, ahora eres un joven o un viejo; un día naciste, un día morirás, el cuerpo cambia, pero él tú, que habita en el cuerpo, que lo ha convertido en su morada temporal, ese tú eres eterno, esa es la verdad. No tiene forma, no tiene cualidades. Es inmortal; es eternidad.