El hacedor de puentes

Ilustración del cuento: El hacedor de puentes

Nadie está separado, de ahí que el ego sea absurdo separándolo todo. La conexión se logra con palabras provenientes del amor: la interdependencia de todo.

Cuento zen sobre las palabras

Cuenta una anécdota popular que dos hermanos estaban enemistados. Uno de ellos contrató a un carpintero y le dijo: Quiero que levantes una cerca entre mi hermano y yo, porque no lo aguanto más. Te pagaré lo que sea.

Después de hacer el encargo el hombre se fue al pueblo. Cinco horas más tarde, cuando regresó, el trabajo estaba terminado. Pero el carpintero no había construido un muro, había construido un puente.

Yo pedí un muro. Se quejó.

Mientras seguía hablando el hermano atravesó el puente y exclamó: ¡Gracias por tu intención de comunicarte conmigo! Yo también te estaba echando de menos. Te pido perdón.

Los hermanos se abrazaron, se perdonaron y ambos invitaron al carpintero a cenar esa noche. Pero el carpintero respondió: No puedo, gracias, tengo mucho trabajo por hacer: seguir construyendo puentes.

MORALEJA

Las palabras amables y positivas nos conectan con los demás porque todas las cosas están conectadas. Esta conexión se logra con palabras provenientes del amor: la conexión, la interconexión, la interdependencia de todo. Nadie está separado, de ahí que el ego sea absurdo. Solo el todo puede decir «Yo»; las partes no deberían decir «yo». Si ellas lo tienen que decir, lo deberían decir como un formalismo lingüístico, pero no tendrían que apropiarse del «yo».

La sabiduría es inagotable, porque ser sabio significa estar en conexión con la fuente infinita de la totalidad. Estar en Dios es ser sabio. Dios es inagotable. La existencia es interdependencia; todos dependen de todos. Todo es uno, todos los puentes están construidos. Todo es como debería ser; solo tienes que serenarte, tú eres lo único que está inquieto construyendo una cerca tras otra. Todo es como tendría que ser, nada falta y nada sobra.


CUENTOS RELACIONADOS


cuentos
Cuento Zen: La pobreza de espíritu

La pobreza de espíritu

El rico que ha acumulado tanto que es incapaz de gastarlo, no es feliz. ¿Qué le ocurre? Cuanta más riqueza acumules, más pobre de espíritu te sientes.


Cuento Zen: El místico que no rezaba

El místico que no rezaba

Yo vivo en completa meditación, así que no rezo. Solo aquellos que no viven en la meditación les gusta rezar. ¿Qué verdadero sentido tiene una plegaria?


Cuento Zen: La ranita en el agua

La ranita en el agua

Conciencia o cocción, debemos elegir. Si no estás como la ranita ya medio cocinada, da un saludable golpe con tus patas, antes que sea demasiado tarde.


palabras
Cuento Zen: Has oído el canto de ese pájaro

Has oído el canto de ese pájaro

Si miras un árbol y ves solamente un árbol, no has visto realmente el árbol. Cuando miras un árbol y ves un milagro, entonces, por fin, has visto un árbol.


Cuento Zen: El milagro del zen

El milagro del zen

En el Zen, la vida no es un acertijo que haya que resolver, es un misterio que hay que vivir. Es un profundo misterio, solo confía y déjate llevar.


Cuento Zen: Explicar el Sol en palabras

Explicar el Sol en palabras

Las palabras son la única comunicación, están para provocarte, para seducirte en un viaje de silencio para que tú experimentes la verdad manifestada.


conexion
Cuento Zen: El hacedor de puentes

El hacedor de puentes

Nadie está separado, de ahí que el ego sea absurdo separándolo todo. La conexión se logra con palabras provenientes del amor: la interdependencia de todo.