La iluminación espiritual

El párroco de doble moral

-Cuento zen con moraleja-

La ambición es la pasión del ego. Esos dotados con ella pueden realizar actos muy buenos o actos muy malos. Todo depende de los principios que los dirigen.

Cuento zen # 246

Cuento zen sobre la moral

La mente espiritual es básicamente no ambiciosa. Si hay algún tipo de ambición, el ser espiritual es imposible, porque solo un hombre superior puede llegar a ser verdaderamente espiritual. Ambición implica inferioridad. Trata de comprender esto porque es una de las leyes básicas. Sin entenderlo puedes acudir a los templos, puedes irte a los Himalayas, puedes orar y puedes meditar, pero todo será en vano. Estarás simplemente desperdiciando tu vida si no has comprendido cuál es la naturaleza de tu mente: ambiciosa o no ambiciosa. Tu búsqueda será inútil, porque la ambición nunca puede llevar a lo divino. Solo la no ambición puede convertirse en la puerta. Algo que te enseñara la siguiente anécdota.

La sobrina del párroco regresa a su casa después de mucho tiempo de haberse ido. El tío comienza a regañarla, diciéndole: ¿Por dónde estuviste tanto tiempo, desgraciada? Porque ni siquiera escribías. Tu madre ha estado desesperada. La muchacha, llorando, le contesta: Perdón, a todos, me tuve que volver prostituta.

Largo de aquí, desvergonzada. Mala mujer, Dios te castigará. Como ordenes. Yo solo vine a entregar este abrigo de visón y las escrituras de una casa a mi mamá, una cuenta de ahorros con 50 millones de dólares a mi hermanito y este Rolex de oro y el Cadillac negro que está en la puerta para ti, querido tío. ¿En qué dijiste que te has convertido, niña?, preguntó el párroco algo confundido. En prostituta. Ah, qué susto, yo había entendido protestante.

MORALEJA

En el problema de la ambición la sociedad también es responsable de ello. Incita excesivamente tu ambición y no la puede satisfacer. Incita en ti demasiados deseos de dinero, de poder, que no puede satisfacer. Solo te enseña a ir ascendiendo por la escala de poder, cada vez más alto, y te dice que vayas rápido porque solo tienes una breve vida y ¡tienes tanto que hacer! No queda tiempo para vivir, no queda tiempo para amar, no queda tiempo para alegrarse.

La ambición es el refugio de la doble moral.

Nada más que una necesidad material y una doble moral conducen a la mente espiritual a su inestabilidad. Solo con la fuerza de la fidelidad el sabio puede lograr la refinación de su conciencia.

En el mundo estamos, por lo tanto, debemos recordar que la ambición del ego jamás se detiene, ni siquiera en la cima de la sabiduría. En la práctica de una moral sana te conviertes en un charco de descanso, sin ondas algunas de deseo, sin ir alguna parte, sin ambición alguna. La ambición es la pasión del ego. Aquellos dotados con ella pueden realizar actos muy buenos o actos muy malos. Todo depende de los principios que los dirigen.