La iluminación espiritual

El ciempiés no puede caminar

-Cuento zen con moraleja-

Le sucedió al ciempiés. Perdió la unidad, se convirtió en dos: el observador y lo observado. Y todo fue alterado, perdió la felicidad y su fluir se detuvo.

Cuento zen # 450

Cuento zen sobre la armonía

¿Has oído la historia del ciempiés?

Un ciempiés caminaba sobre sus cien patas por eso se le llama ciempiés. Es un milagro caminar sobre cien patas, ¡incluso manejar solo dos es tan difícil! Habérselas con cien patas es casi imposible, pero el ciempiés se las había arreglado para hacerlo.

Una zorra se le acercó curiosa, los zorros son siempre curiosos. El zorro es el símbolo, en el folklore de la mente, del intelecto, de la lógica. Los zorros son grandes lógicos.

La zorra miró, analizó, y no podía creerlo. Dijo: ¡Espera! Tengo que preguntarte algo. ¿Cómo te las arreglas, cómo sabes que secuencia de pies es la que empleas? ¡Cien pies! Y caminas tan armoniosamente. ¿Cómo logras esta armonía?

El ciempiés le contestó: He caminado toda mi vida, pero nunca pensé en ello. Dame un poco de tiempo. Cerró sus ojos y por primera vez quedó dividido: la mente como observador y él mismo como observado. Por primera vez el ciempiés fue dual. Siempre había vivido y caminado y su vida era una; no había ningún observador contemplándolo, nunca estuvo dividido, era un ser completo. Ahora, por primera vez, surgió la dualidad. Se hallaba contemplando a su propio ser, pensando. Se había escindido en sujeto y objeto, se había convertido en dos, y entonces empezó a caminar. Era difícil, casi imposible. Cayó al suelo porque ¿cómo arreglártelas para manejar cien pies?

La zorra rio y dijo: Sabía que sería complicado. Lo sabía de antemano.

El ciempiés empezó a llorar y gritar. Con lágrimas en los ojos dijo: Nunca fue difícil antes, pero tú me has creado el problema. Nunca podré caminar de nuevo.

MORALEJA

La mente ha entrado en el ser; entra en el ser cuando estás dividido. La mente se alimenta de la dualidad. Este es el por qué Krishnamurti sigue diciendo que cuando el observador se convierte en lo observado estás en meditación.

Lo contrario sucedió al ciempiés. Perdió la unidad, se convirtió en dos: el observador y lo observado; dividido; sujeto y objeto; el pensador y el pensamiento. Y entonces todo fue alterado, perdió la felicidad y el fluir se detuvo. Se quedó congelado.

En el momento en que la mente entra, llega como fuerza controladora, como director. No es el amo, es el gerente. Y no puedes llegar al amo hasta que este gerente sea apartado. El gerente no te permitirá alcanzar al amo, el gerente siempre estará en la puerta dirigiendo.

Pobre ciempiés. Había sido siempre feliz. No tenía problemas. Vivía, se movía, amaba, todo sin problemas, porque no había mente. La mente entró con el problema, con la pregunta, la petición. Y hay muchos zorros a tu alrededor, ten cuidado con ellos: sacerdotes, filósofos, teólogos, lógicos, profesores, todos a tu alrededor son zorros. Te preguntan y crean alteraciones.

Sin dividir, tú eres vida, dividido te conviertes en algo muerto, cuanto más dividido más muerto.