La iluminación espiritual

El ataque al corazón

-Cuento zen con moraleja-

Si el párroco sufrió un ataque al corazón por promover el Reino de Dios fue imposible hacerle ver de forma amable que se trataba de codicia y de egoísmo.

Cuento zen # 258

Cuento zen sobre la codicia

Cuanto más débil seas, más codicioso te mostrarás, cuanto más fuerte seas, menos codicioso serás. Si eres totalmente fuerte no habrá lugar para la codicia. Recuérdalo: cuanto más débil seas, más codicioso, el débil tiene que ser avaricioso para protegerse, y cuanto más fuerte, menos codicioso. En el siguiente cuento lo podrás entender.

El corazón del tío Tom era muy débil y el médico le había aconsejado que tuviera mucho cuidado. De modo que, cuando sus familiares se enteraron de que el tío había heredado mil millones de dólares de un pariente difunto, tuvieron miedo de comunicarle la noticia, no fuera a ser que le ocasionara un ataque al corazón.

Así pues, pidieron ayuda al párroco, el cual les aseguró que él encontraría el modo de decírselo. Dígame, Tom, le dijo el Padre Murphy al anciano cardiópata, si Dios, en su misericordia, le enviara mil millones de dólares. ¿Qué haría usted con ellos? Tom pensó unos instantes y dijo sin el menor asomo de duda: Padre, le daría a usted la mitad para la iglesia. Desafortunadamente, al oírlo, el Padre Murphy sufrió un repentino ataque al corazón.

MORALEJA

Cuando el párroco sufrió un ataque al corazón por promover el Reino de Dios, fue imposible hacerle ver que se trataba de codicia, aunque fuera en una forma más aceptable. ¡Mucho ojo con la codicia, que puede revelar el egoísmo!

Ten en cuenta que cuando la energía es total, y no está dividida en tu interior, entonces eres una unidad. El egoísmo desaparece, porque el egoísmo pertenece a una mente débil, a una mente dividida. Y cuando se está dividido surge la codicia, y se lucha contra ella, y cuanto más se luche, mayor será la división creada y más energía se disipará. Y estarás lleno de agitación interior, de anarquía, sin una sola nota de armonía. Todo estará dividido.

Esa es la profunda división. Y si creas todavía más división, la división original se hará más y más egoísta. Suelta toda división, no crees ningún conflicto, no elijas. ¡Sé codicioso! Y acéptalo, sé sexual y acéptalo. ¿Qué otra cosa puedes hacer? La naturaleza te ha dado esas cosas, así que acéptalas, es una forma de tomar el control, es una forma de ver esa semilla interior.

Las causas del sufrimiento pueden adoptar muchas formas, pueden estar en formas de semillas, así, si el terreno es el adecuado y la semilla obtiene el agua y el sol que necesita, germinará. De modo que puede que sientas durante años que no tienes codicia, y de repente un día, cuando surja la oportunidad precisa como la del párroco, la codicia estará ahí. Entonces, la semilla se encuentra en una forma tan sutil que no eres consciente de ella, y a menos que busques muy profundamente en tu interior no serás capaz de descubrir que está ahí.

Darse cuenta de la semilla es lo más difícil, porque aún no ha germinado. Se necesita una consciencia perfecta, y eso es lo que Jesús, Buda, Krishna ya lo advirtieron, ser más consciente, poner más y más atención, estar más alerta. Te volverás más consciente si te vuelves más simple, más sencillo en tu vida y así el estudio de ti mismo será posible. Con el estudio de uno mismo, desaparece el ego y uno se percibe entregado. Y entregarse es estar en el camino correcto.

Si deseas ser feliz, has de ser simple, has de llevar una vida de comprensión, has de fluir con la existencia, porque cuanto más complejo eres, más infeliz te vuelves. Cuanto más compleja es tu vida, más sufrimiento creas.