LA ILUMINACION ESPIRITUAL
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ALEJANDRO EL GRANDE

Los tres últimos deseos de Alejandro el grande

LOS TRES ÚLTIMOS DESEOS DE ALEJANDRO EL GRANDE

EL TIEMPO es el tesoro más valioso que tenemos porque es limitado. Podemos producir más dinero, pero no más tiempo. Tiempo no venden, no insista más.

ANTHONY DE MELLO

Expectativas deseos y sufrimiento

EXPECTATIVAS DESEOS Y SUFRIMIENTO

Si observas cómo estás hecho y funcionas, descubrirás que hay en tu mente todo un programa una serie de presupuestos acerca de cómo debe ser el mundo.

El deseo de hacer el mal

EL DESEO DE HACER EL MAL

He encontrado un diamante en la carretera que conduce a la ciudad. Si alguien sabe quién es su dueño, que se ponga en contacto conmigo cuanto antes.

Sobre el deseo de felicidad

SOBRE EL DESEO DE FELICIDAD

La psicología es más práctica que la espiritualidad. No, lo más práctico es la espiritualidad. ¿Qué puede hacer el psicólogo? Sólo aliviar la tensión.

Apegos y deseos

APEGOS Y DESEOS

La raíz del sufrimiento es el apoderarse. Apegarse es proyectar el ego, el mío sobre alguna cosa. Cuando proyectas el yo en algo, el apego se instala.

Deseo no preferencia

DESEO NO PREFERENCIA

No supriman el deseo, porque no tendrían vida. Perderían energía, y eso sería terrible. En el sentido saludable de la palabra, el deseo es energía.

CHAITANYA MAHAPRABHU

Conscientes del mecanismo del deseo

CONSCIENTES DEL MECANISMO DEL DESEO

Si nos volvemos conscientes del mecanismo del deseo, creamos una distancia y la vida comenzara a moverse con otras cualidades y sentidos hacia otro mundo.

JEBUNA

Deseo y reencarnación

DESEO Y REENCARNACIÓN

Los Maestros enseñan que renunciar a nuestros deseos, es fórmula astuta para evitar el peligro de volver a quedar atrapados en los nodos planetarios.

JIDDU KRISHNAMURTI

Creencias y deseo

CREENCIAS Y DESEO

Una mente repleta de creencias, de dogmas, de ídolos, de afirmaciones y de citas, en realidad no es una mente creativa y lo único que hace es repetir.

LIE

Madre deseo sanar contigo

MADRE DESEO SANAR CONTIGO

Una bella carta que nos invita a reconocer y agradecer a las Madres por ser ellas, el canal que nosotros elegimos para vivir esta experiencia física.

OSHO

El deseo de tu corazón

EL DESEO DE TU CORAZÓN

Un viejo adagio reza: “Dios tiene un plan para todo hombre, y tiene uno para ti”. Tu verdadero problema es encontrar tu verdadero lugar en la vida.

EL PELIGRO DEL DESEO

Cuando las cosas se resuelven existe Dios.

El deseo es la enfermedad más importante de la mente porque lo que lleva al bienestar de la mente es precisamente el no desear. Se puede desear tener dinero, tener poder y hasta desear a Dios, pero ese no es el camino de la transformación interior.

Cuando se deja de desear se siente por fin que uno está en casa, dichoso, tranquilo, que la vida está disponible para uno y uno para la vida. Desaparece la separación, la división y ese estado de unidad es llamado Dios.

«En lugar de buscar a Dios para que se resuelvan las cosas, mejor resuelve porque cuando las cosas se resuelven existe Dios».

El deseo es esencialmente mundano porque surge de la idea de que a uno le falta algo. Dios se ha transformado en algo mundano porque también se lo desea como una cosa.

Una persona verdaderamente espiritual puede ser no creyente, porque el que cree también desea algo, cree con la mente y esa no es una experiencia directa.

«La espiritualidad es fundirse en la totalidad, es dejar de ser uno para ser el todo».

El que tiene confianza en la vida no necesitan creencias, vive, porque la vida es el aquí y ahora y no hay que esperar a mañana para empezar a vivir. Cuando uno deja de desear a Dios de pronto aparece en todas partes, porque la vida es Dios.

Tres hombres estaban conversando y se planteó la hipótesis de qué harían si sólo les quedaran seis meses de vida.

El primero dijo que si le ocurriera eso se dedicaría a disfrutar de todos los placeres de la vida. El segundo afirmó que se dedicaría a viajar, conocer el mundo; y el tercero aseguró que si el médico le dijera que sólo le quedan seis meses de vida, consultaría a otro médico.

Los tres están esperando para vivir lo que desean cuando estén enfermos y seguramente no puedan disfrutar; mientras ahora, que están bien, no hacen nada de lo que quieren y siguen postergando. La esperanza es una forma de postergar la vida.

El Zen enseña a confiar en la vida no a creer.

El Zen no es un camino, porque no hay ningún camino, ningún método y tampoco hay que hacer nada ni dónde ir. La verdad ya está aquí. Todo es un proceso, un evento, nosotros también; y no hay nada que esperar.

La actitud Zen es ausencia de esfuerzo, es estar consciente de que no hay que hacer ningún esfuerzo. Los esfuerzos pueden servirle al ego para alcanzar algo que desea pero no para lograr la meta definitiva ni llevarnos a Dios, porque Dios está más allá del esfuerzo, en el silencio, en el vacío, en el espacio que no se puede definir.

Lo que hay que hacer es convertirse en testigo, no juzgar, comprender, ser más conscientes, estar más despiertos para entender cada momento, estar presente observando para poder darse cuenta que la única vida que hay es la común y corriente.

«Ser común y corriente es ser espiritual, porque todo lo que es extraordinario es religioso, una pretensión del ego».

Nadie quiere ser común y corriente de modo que la mayoría siempre está deseando ser otra cosa. Desprecian lo que hace en el presente y anhela un futuro imaginario; porque hacer una tarea común la hace sentir que está malgastando su vida porque cree estar destinada a cosas mejores.

Al aceptar ser común y corriente, de pronto lo que parecía no tener sentido para uno se convierte en un acto sagrado y cuando la acción se vuelve sagrada es una meditación, se logra penetrar en la profundidad de la vida y ésta revela todos sus misterios.

Se aprende en ese momento a recibir y cuanto más receptivos estemos, más disponible estará la vida para nosotros. Sólo de esta manera se puede vivir en el presente, de otro modo no se puede.

Deseamos otras cosas porque no sabemos disfrutar de lo que tenemos y nos alejamos de nosotros mismos porque no nos conocemos interiormente.

«El que es infeliz haciendo un trabajo será infeliz haciendo otro que cree más importante, porque las cosas externas no pueden cambiar tu interior».