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LA ILUMINACIÓN ESPIRITUAL
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LA ILUMINACION ESPIRITUAL
ESPIRITUALIDAD SIN RELIGIONES

MORALEJAS CRISTIANAS QUE LAS IGLESIAS TERGIVERSAN

PATROCINIO NAVARRO

16/04/2017

Grafica 'Moralejas cristianas que las iglesias tergiversan' Categoria 'Moralejas' Palabra 'Crecimiento'

CATEGORIA N° 49 MORALEJAS y CRECIMIENTO

Las enseñanzas del Cristo de Dios fueron rechazadas entonces por la casta sacerdotal judía y posteriormente por las iglesias indebidamente llamadas cristianas, que declaran estar a favor de Cristo, pero sólo de fachada, pues fueron inventando jerarquías sacerdotales, ritos, ceremonias, y un sin fin de elementos pseudo-religiosos procedentes del paganismo romano y de otros pueblos conquistados, que han distorsionado al cristianismo convirtiéndolo en catolicismo, protestantismo, y otras corrientes contrarias al cristianismo tal como fue transmitido a la humanidad por Jesús de Nazaret. Incluso la Biblia, considerada todavía por muchos millones de personas como manifestación de las enseñanzas divinas, ha sido seleccionada, seccionada, tergiversada y de tal modo plagada de contradicciones y falsificaciones a partir de la recopilación de textos que hizo el obispo Jerónimo ( llamada Biblia Vulgata) que se hace casi imposible hallar sin perder la cordura las verdades espirituales precisas para seguir el camino a Dios, que fue la razón de la encarnación del Cristo de Dios en Jesús de Nazaret.

La Iglesia se fundamenta en grandes mentiras. Citaré tres de ellas.

  1. Que fue fundada por Jesús.

  2. Que la Biblia es un libro santo.

  3. Que el Papa es infalible en materia de fe y costumbres y puede declarar como dogmas lo que le parezca. Estas que siguen en cambio son algunas tan solo de esas verdades que las iglesias ignoran, ocultan o niegan amparadas en sus grandes mentiras.

Energía divina, rebelión de los ángeles y Caída. ¿Qué es esto?

En el Cosmos todo es energía y conciencia en diferentes niveles de manifestación. Todos y cada uno de los seres humanos, de las almas en el Más Allá y de los hijos puros de Dios que habitan el Reino de los Cielos de donde procedemos cada uno, formamos parte de esa Energía amorosa omniabarcante, omniconsciente y omnipresente a la que llamamos Dios, Padre-Madre, Krishna, Alá o de otros modos.

El Dios Universal Padre-Madre concedió a Cristo, su primer Hijo, ser el Corregente del Reino Celestial. Esta distinción evitaba la división del Reino de Dios en dos, cosa que pretendía el ángel más puro,- más tarde será conocido como Lucifer – que se opuso al poder otorgado a Cristo, se rebeló contra Dios y arrastró a muchos con él en esa rebelión conocida como La Caída, que fue no aceptar la voluntad del Creador y querer ser igual en poder. Así se inició un lento descenso desde los mundos de energía sutil, de superior vibración, hacia el mundo material de los seres espirituales antaño puros que se rebelaron. Muchos como el propio Lucifer, se arrepintieron en el momento de la Crucifixión de Jesús, y aguardan en los mundos astrales- o mundo intermedios de purificación- a que se culmine el proceso de vuelta al Hogar de todos los rebeldes, terminada la Redención. Otros no se arrepienten y desde el Más Allá astral, tras su muerte física, intentan seguir influyendo a los hombres para mantenerlos como fuente de aprovisionamiento energético e impulsarles a actuar por vía telepática de la que no es consciente el sujeto que recibe las órdenes. Lo consiguen a través de la energía negativa -de igual carácter que la del emisor,- de los humanos a los que inducen telepáticamente a realizar actos contrarios a las leyes divinas. Su objetivo final sería destruir la Creación y equipararse a Dios creando mundos opuestos.

A pesar de la rebelión, y por amor difícil de comprender por quien está atrapado en el ojo por ojo, Dios quiso proporcionar planetas de vivienda a Sus hijos rebeldes, obligados a dejar el Reino de los Cielos porque su energía ya no era la correspondiente para formar parte de ese Reino. De planetas espirituales puros se desprendieron trozos con este fin, configurando lentamente su aspecto material siempre de acuerdo a la vibración de sus habitantes. Este es el caso de la Tierra.

Al desprenderse parte de los planetas espirituales (esta es la explicación de la Gran Explosión) poco a poco estos se fueron densificando. El proceso tuvo lugar durante ciclos y eones de tiempo inimaginables y llevó hasta la aparición de la materia, de los planetas materiales y de los cuerpos físicos como envoltura densa del alma para vivir en este planeta denso. Esto contradice por completo la idea de que el hombre procede de los primates, mostrando en cambio que se trata de un proceso natural como consecuencia de la progresiva densificación de la energía personal de seres con apariencia humana pero de energía sutil en sus orígenes: nosotros.

Qué es la Redención

Jesús predicó y como Cristo vuelve a predicar hoy-pues la palabra de Dios es Ley inmutable- que todos somos Sus hijos adoptivos desde la Redención, e iguales ante el Creador, Su y nuestro Padre. Desde el momento en que pronunció en la Cruz las palabras “Está consumado” una chispa de la energía de Cristo, de su propia herencia, se dirigió a nuestra alma tanto en la Tierra como en los reinos de las almas -convertidos desde ese momento en planos de purificación- para ayudar a cada uno de nosotros al regreso a los cielos puros de donde partimos antes de la Caída.

Cristo no vino a morir en la Cruz, sino a enseñarnos las leyes divinas, y cómo iniciar el camino del regreso cuando ya todo, como está sucediendo ahora, parecía perdido para la humanidad. ¿Por qué perdido? Porque de no ser por la energía prestada a cada uno por nuestro Redentor, habríamos llegado a un punto tal de involución que habríamos perdido nuestra energía espiritual y habríamos llegado a nuestra disolución como almas.

Con su Resurrección nos vino a probar que no existe la muerte, sino justamente la resurrección y la vida en Dios que sólo es posible a través de Cristo, pues Él así lo afirma: “Yo Soy el camino, la resurrección y la vida”.

(Nada que ver con la cínicamente llamada Semana Santa del folclore pagano-católico, ni con el Crucificado siempre muerto y colgado de la cruz que se exhibe como un trofeo satánico de victoria sobre Dios, en lugar de la cruz desnuda que simboliza la Resurrección y que es la cruz de los cristianos).

La muerte no existe.

Aquello que tanto tememos y a lo que llamamos muerte no es más que un salir del alma fuera del cuerpo como lo hace cada noche mientras dormimos, excepto que el cordón de energía que une al alma y al cuerpo durante el sueño, y que le permite regresar para despertar al mundo material, se rompe en un momento determinado y ya no es posible el regreso del alma al cuerpo físico. Entonces cada alma pasa al reino de las almas o mundos astrales de naturaleza energética acorde con la propia de cada uno. Por ello existen muchas moradas, como dice Cristo, y cada uno se dirige al lugar que le corresponde según su modo de pensar, actuar, sentir, hablar, percibir, pues siendo todo energía-y el alma lo es- la ley de semejanza determina que lo semejante atrae a lo semejante. También por la ley de siembra y cosecha, lo que se ha sembrado en la vida material, eso es lo que el alma cosechará para el Más Allá, pues el alma es el libro de la vida. Pero no existe el Infierno, y esto lo afirma Cristo muy claro, porque de existir algo así sería un acto de crueldad sin límite por parte de un dios vengativo que nada tiene que ver con nuestro Padre, pues Dios es Amor y Misericordia infinitas, como viene a demostrar el que mandase a Su Hijo a este Planeta miserable para, después de haberle traicionado, enseñarnos el camino para volver a ser divinos Este y no otro es el sentido de la vida de cada uno: volver a Dios arrepentidos y recoger nuestra herencia divina como habitantes de los Cielos que ya fuimos. La parábola del Hijo Pródigo es un buen ejemplo de esto.

(¿Dónde está entonces la justificación del culto a los muertos que practican las iglesias, el culto a las reliquias de los llamados santos, la justificación de los supuestos santos y toda la parafernalia de la tragedia del morir de la que viven tantos “vivos” que se llaman pastores, obispos, cardenales o papas? ) La iglesia vive del miedo a la muerte.

Cómo se nos perdonan los pecados sin los curas.

Los hombres, en el uso de nuestro libre albedrío. desobedecemos las leyes de Dios y actuamos contra las leyes de la naturaleza con mucha frecuencia. A estos actos contrarios se les da el nombre de pecados, y nadie, excepto Dios, a través de Cristo, nos puede perdonar. Él nos dice el modo: “Arrepiéntete de corazón, pide perdón y perdona, repara en lo posible el daño y no vuelvas a hacer igual o parecido”.

(Esta forma de reparación espiritual sube nuestro nivel de energía, y no precisa de sacerdotes, curas o cualquier otro intermediario. Cristo no los puso nunca, ni El mismo fue sacerdote, sino un hombre del pueblo que vestía como la gente del pueblo, en nada parecida a la ropa de Armani del Papa y sus príncipes.

El camino de la liberación interior

La liberación espiritual se realiza con el cumplimiento de los Diez Mandamientos dados a Moisés, y las enseñanzas del Sermón de la Montaña.

Reconocer las faltas cometidas contra las leyes divinas, arrepentirse de corazón, pedir perdón a Cristo y no volverlas a repetir es el modo de liberarnos poco a poco de nuestras ataduras humanas, de superar y limpiar nuestro karma y de evitar recoger dolorosas cosechas producto de nuestras negativas siembras bajo la Ley Causal -o de Siembra y Cosecha- que rige este mundo. Este camino de liberación espiritual se conoce con el nombre de “Camino Interno cristiano-originario”. Sobran, pues, todas las iglesias, con todos sus edificios, confesionarios, sacerdotes, obispos, papas, etc. etc.

No existe, pues, la autoredención ni la liberación por medio de la confesión de los pecados a terceros -los curas- que pueden ser tan pecadores o más que el que se confiesa. La prueba está en que si la confesión funcionara, los católicos ya habrían dado al mundo un ejemplo de buenos cristianos y lo habrían transformado para bien en lugar de haberlo llenado de crímenes y convertida la Institución católica en justificante moral de los crímenes permanentes de sus amigos y compañeros los ricos.

La reencarnación.

Cristo enseña lo que se viene afirmando en este escrito: que el alma es inmortal, y preexistente al nacimiento. También, que cada uno viene a este mundo una y otra vez hasta que consigue superar aquello que le impide el regreso a los cielos puros. Esto del morir y renacer es lo que se conoce como “la rueda de la Reencarnación”.

Las Iglesias que se llaman cristianas afirman que Dios crea un alma para cada criatura que nace, negando así la doctrina de Cristo que muchos de sus seguidores, e incluso ilustrados obispos como Origenes predicaron y fueron perseguidos por la jerarquía debido a ello, al igual que todos los que creyeron en la palabra de Jesús sobre este tema. ¿La razón? Es muy sencilla: quien cree en la reencarnación pierde el miedo a la muerte.Y El miedo a la muerte, ¿ no es acaso la fuente del gran negocio de la Iglesia?Escapularios, bulas, excomuniones,ex-votos, testamentos arrancados a moribundos donando sus bienes, propagación de la idea de un Infierno (inexistente pero tenido por cierto por muchos millones)para los disidentes, y un largo etc.son formas de mantener atados a esta ramera de la Historia a quienes se dejan engatusar por sus cantos de sirena papal.

¿Tiene sentido la reencarnación?

El alma es el libro de nuestra vida, donde están escritos todos los hechos de nuestras diversas existencias. Es improbable que en un sólo ciclo vital -la vida es corta – seamos capaces de eliminar nuestro karma (o deudas pendientes por acciones contrarias a Dios en esta o en otras existencias anteriores), y es por ello que existe la posibilidad de reencarnarnos, o volver a nacer como seres humanos y únicamente como humanos.(Lo cual niega la famosa teoría de la posibilidad de encarnar en animales). Esta es una prueba de la misericordia de Dios hacia Sus hijos, pues encarnados podemos purificar más deprisa y menos dolorosamente que estando en los planos de purificación de las almas en el Más Allá, donde sufre, quien deba, el mismo dolor que ha hecho sufrir a otros estando en este mundo. Mientras estamos encarnados existe la posibilidad de purificar nuestras deudas pendientes en menos tiempo y con menos dolor por medio del reconocimiento, del pedir perdón y de perdonar para no repetir algo igual o parecido.. De lo contrario, se expían aquí todas esas deudas mediante los llamados golpes del destino, enfermedades, y otros modos de sufrimiento a los que no encontramos explicación y atribuimos a la casualidad. Pero no existe la casualidad, si no la casualidad, la ley causal, la ley de causa y efecto, que es la ley que rige los mundos de la Caída. Y el nuestro es uno de entre tantos.

Esto no se explica bien a los feligreses de las iglesias, que viven en medio de grandes contradicciones e incertidumbres temerosas todo este asunto del renacimiento y la muerte. Algunos llegan a creer que de verdad existe lo que la Iglesia llama “resurrección de los muertos” y que sería la resurrección de cualquiera con el cuerpo que tuvo hace mil años, por ejemplo, lo que no solo es anticientífico y está en desacuerdo con las enseñanzas de Cristo: es que es risible, inadmisible por una mente cuerda.

Los centros de conciencia.

Son siete centros de recepción y distribución de energía situados a lo largo de la columna vertebral desde el cóccix hasta la coronilla, conocidos también con el nombre de chakras (ruedas). A través de cada uno de ellos se recibe la energía espiritual y física que alimenta a nuestros órganos, aparatos y glándulas (pues a cada centro corresponden órganos y aparatos distintos). Mediante el cumplimiento paulatino de las leyes divinas, se activan más y más estos centros, produciendo en nosotros, salud, bienestar y alegría de vivir. De no ser así se producen bloqueos energéticos que acaban por afectar al funcionamiento de nuestro cuerpo físico, debilitando el sistema inmunológico -las defensas- y facilitando la aparición de enfermedades.

Las iglesias que se llaman cristianas ni hablan de estos centros, cuya existencia, además de formar parte de la tradición espiritual del mundo y de las enseñanzas del cristianismo originario está siendo muy útil en el campo de las medicinas alternativas desde hace milenios ( acupuntura, técnicas de meditación) y ahora mismo en todo el Planeta.



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