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EL PROFETA
La Voz del corazón,
la Verdad eterna, la Ley eterna de Dios,
dada por la profetisa de Dios para nuestro tiempo
Lo fundamental en nuestro
tiempo para reflexionar y para el autorreconocimiento
Navidad,
¿la fiesta culminante del año?
La vida de los "cristianos" en el transcurso del año.
El
Amigo de Cristo:
Cuando
recientemente ojeaba un catálogo de una casa de venta por correo me encontré en
sus páginas con todo tipo de cosas "navideñas". Junto a ropa elegante y objetos
en parte finos y bonitos, encontré fotos de todo aquello que en la imaginación de
la mayoría de las personas da forma a la "Navidad". El verde de los pinos y el brillo
de las velas, los ojos resplandecientes de los niños, la sensación de felicidad
familiar en torno a la mesa de regalos. El Papá Noel de mejillas rojas o Santa Claus
presentaba con una sonrisa pícara su repleto saco; angelitos de barro o plástico
cantando y tocando diversidad de instrumentos; un joyero musical que podía tocar
según se elegía canciones como "Noche de paz", "El tamborilero" o "Venid pastorcillos".
Belenes de Navidad de madera o plástico se ofrecían con la tierna figurita del niño
Jesús en la cuna de madera o plástico con las manitas levantadas bendiciendo, junto
a una María llena de devoción y a un José que mantenía en alto el farol del pesebre
en el que brillaba una bombillita que daba la luz justa. Ahí estaban los pastorcillos
arrodillados, las ovejitas y los tres Reyes Magos de oriente en vestiduras suntuosas
con coronas en las cabezas.También estaba allí la estrella de Belén y los angelitos
regordetes vestidos con lazos ondeantes, todo lo que forma parte de una Navidad
"correcta", tal y como es debido.
Unas páginas más allá se ofrecían
colgantes de bisutería en forma de Cruz en parte con el cuerpo de Jesús, en oro
y plata, decorados con diamantes y, para la cartera menos abultada, con pedrería
barata. Junto a los dulces tradicionales de Navidad tambien se ofrecía paté fino
de hígado de ganso y jamón dulce de calidad y muchas cosas más.
En las más de 1000 páginas
de ese catálogo me encontré, acumuladas por especialistas publicitarios profesionales,
con todas las imágenes de deseos, los clichés que vienen estando vivos por Navidad
en las personas. Si no existieran, estos hábiles especialistas publicitarios con
conocimientos de psicología no los presentarían en las imágenes de forma tan lograda
y publicitariamente eficaz. Me afectó y me vino el pensamiento: ¿qué hemos hecho
los hombres, los cristianos, de la Navidad?
Pero en seguida me acordé
que, a pesar de naturalmente sentirme cristiano durante mi pertenencia a la Iglesia
católica -que finalizó hace 18 años- también había sido parte de mi mundo esa Navidad
exteriorizada con sus clichés y sentimentalismos. Aunque año tras año acudía a la
misa del gallo, y cada domingo a misa, sólo me hice consciente del verdadero significado
de la Navidad cuando le di la espalda a la Iglesia y me puse a buscar la verdad.
El Profeta:
Así
como te fue a ti, parece que les ha ido y les va a muchos que se llaman cristianos.
Navidad se ha convertido en un barullo, en un espectáculo de la gula y de la vanidad,
de que sólo puede escapar aquel que se ocupa de seguir a Cristo y desarrolla los
valores internos. Sólo cuando nos hagamos conscientes de que Cristo está vivo en
nuestros corazones y que nosotros transformamos los contenidos de nuestra vida por
medio de la aplicación activa de los Mandamientos de Dios y el Sermón de la Montaña
de Jesús, cambiarán también nuestras imágenes de Navidad, que son lo mismo que nuestro
mundo de programas. Entonces también nos acordaremos del Hijo de Dios, cuyo nacimiento
como hombre es el motivo de la fiesta de Navidad.
Cuando escucho hablar
del nacimiento de Jesús, mi corazón se alegra en el alma, pues especialmente en
el tiempo de la Navidad me doy nuevamente cuenta de lo que supone que el Hijo de
Dios dejara tras de sí el Cielo, la gloria, la existencia divina, la paz y a fin
de cuentas al Padre eterno y también Su trono, que está a la derecha del Padre,
para encarnar en un cuerpo humano, en un bebé.
El aceptó, al igual
que todos los niños de esta Tierra, el áspero y frío mundo terrenal, para vivir
en él. Los ricos de este mundo tienen cuartos calientes, provistos de cosas valiosas.
Su vida transcurre en una sociedad de bienestar, en la que el uno no piensa ni habla
precisamente bien del otro, pero en la que la riqueza una y otra vez tapa las muchas
desavenencias interpersonales, según la máxima: "Si tú no me haces nada, yo tampoco
te hago nada a ti".
En esta consciencia
viven muchos ricos, y viven, en la medida en que uno puede hablar de "bien", muy
bien. Externamente uno puede permitirse todo lo imaginable, se está "bien situado".
Pero, ¿cómo le fue al
Portador de la riqueza, al bien acomodado de los Cielos, al Hijo del Altísimo, que
vino del reino interno, en el cual todo los seres son ricos, porque son herederos
del infinito, es decir realmente bien acomodados? Jesús vino a una familia de carpinteros,
a María y José. El no vino a una familia terrenal acomodada, sino a hombres que
por medio de una vida consciente de Dios agradaban al Eterno, que por medio de Su
ángel les anunció la Buena Nueva. María y José eran personas que sentían a Dios,
que llevaban en sus almas la misión que cumplieron, de acoger entre ellos como hombre
al Hijo del Altísimo. El vino en medio de ellos, rodeado de pastores, ovejas y de
otros animales que estaban en torno al lugar del nacimiento, en el pesebre que albergó
la Luz de los Cielos.
A pesar de que yo en mi vida
terrenal he tenido que pasar por más de alguna privación, estoy agradecida y contenta
de no ser rica externamente. Posesiones, poder, un prestigio de millonario, me acongojarían
ante la faz de Dios, que permitió que Su Hijo naciera en la vulgaridad de este mundo,
que confió a hombres que sólo poseían una pequeña casita y no tenían otra cosa para
comer, que lo que José ganaba con el trabajo de sus manos.
El Amigo de Dios:
Si
Dios estuviera a favor de la riqueza de los ricos, habría hecho que Su hijo se encarnara
en una familia rica, o habría ayudado a María y José a alcanzar bienestar. Precisamente
la Navidad simboliza para mí el amor de Dios. Precisamente la Navidad me muestra
que yo con mis pocas pertenencias sigo el camino correcto. Precisamente por Navidad
siento que importa únicamente que hagamos lo que el Corregente de los Cielos en
Jesús de Nazaret nos enseñó y vivió como ejemplo. Precisamente por Navidad siento
que a mí, una pequeña lucecita, se me permite seguirle a El, la gran luz, encendiéndome
una y otra vez en la gran luz, en el Cristo de Dios, de manera que mi llamita de
amor se haga más grande.
Navidad ya no es para
mí todo lo que nos encontramos en los mercados de Adviento o de Navidad, en las
avenidas comerciales de las ciudades, o las ofertas de las casas de venta por correspondencia,
sino que las semanas del Adviento y la Navidad misma son para mí un tiempo muy especial.
Por Navidad pareciera que
en mí se abriesen las compuertas y se liberaran fuerzas que me acercan no al niño
Jesús, sino al Cristo de Dios, que vino en Jesús a nosotros, que entró en la oscuridad
de este mundo y nos trajo la luz de los Cielos, la promesa del amor de Dios y de
la Redención para todas las almas y hombres.
Respuesta del profeta:
¡Cuánta
razón tienes! Navidad es un tiempo especial que puede ablandar el corazón de los
hombres, cuando éstos durante el año han llevado a cabo y han aplicado lo que rompe
la costra dura del egoísmo y del provecho propio, lo que reconcilia a los hombres
y les hace más pacíficos: la purificación de lo humano pecaminoso para poder seguir
a Jesús, el Cristo. Entonces nuestra alma se ha vuelto más luminosa, pues sentimos
que el año que ahora se inclina a su final ha merecido la pena para nosotros. Nuestra
vida transcurre cada vez más consciente, porque Cristo se ha convertido en el centro
de nuestra vida. Hemos dado pasos que nos condujeron a nuestro prójimo para estar
a favor de él. Aumenta la comunicación positiva con nuestros semejantes, con los
animales, plantas, piedras, astros y fuerzas elementales, con todo lo que vive.
Esto trae una sensación de agradecimiento en el estar plenos, que significa felicidad
interna y nos hace ricos, independientes de cómo es lo externo, el bienestar material.
Quien desarrolla la riqueza interna, también se alegra con las pequeñas cosas de
la vida, se vuelve consciente de la vida y cercano a ella. Afirma en todo lo positivo,
aunque también vea lo negativo. A lo contrario a la ley divina no le dará fuerza,
sino que se unirá con lo positivo, es decir establecerá comunicación con ello.
Estamos en la Tierra para ir a la escuela que es la Tierra, es decir, para dar día
a día nuestros pasos de aprendizaje, reconociendo, arrepintiéndonos y purificando
los aspectos de nuestros pecados que el día nos refleja, para que nos acerquemos
cada día más a Dios, nuestro Padre, con la ayuda del Cristo de Dios y con Su conducción.
En este camino de reconocimiento y purificación nos volvemos más sensibles y abiertos
con nuestros semejantes, pues nuestra alma se enciende cada vez más con la luz del
Cristo de Dios.
Si miramos a este mundo, entre todas las conductas funestas, ávidas de poder, explotadoras
y codiciosas se ve una y otra vez una lucecita, una persona que se aparta de esta
existencia de vampiro y se dirige a Cristo, que se ha decidido por algo mejor, que
mide su forma de pensar y vivir con los Diez Mandamientos de Dios y con las enseñanzas
de Jesús. En que estas luces aumenten en número, para que formen una red de luz
que abarque toda la Tierra, que atraiga a otros que quieran encender la luz de su
corazón mediante una vida positiva y orientada a Dios, en ello está la esperanza
de un mundo mejor y verdaderamente cristiano, en cuyo centro esté Cristo, la vida
en Dios. Tales personas son mansas, es decir de corazón dulce, porque durante todo
el año han luchado contra sus errores y debilidades, contra su forma de pensar y
comportarse egoísta, para liberarse de todo ello con la ayuda de nuestro Redentor.
Son personas que en gran medida se han apartado de la fruslería de las figuritas
de arcilla, cera o madera, que se supone simbolizan al Niño en Belén, para orientarse
al Resucitado, cuya fuerza redentora vive en ellos, así como en cada uno de nosotros.
Son aquellos que se han propuesto guardar el orden en su propio templo, lo que quiere
decir, limpiar de pecados el Templo de Dios, es decir el alma y el cuerpo, para
que la gran luz -de la que estabas hablando- pueda resucitar cada vez más en el
alma y en el cuerpo del hombre.
Estas personas que viven
en Dios son aquellas que conocen la fuerza y el poder universal de Dios, que vive
en cada persona y en todas las formas de vida. Para ellos rige lo siguiente: Levanta
la piedra y encontrarás a Dios. Siente en la gota de agua, en el arroyuelo, la majestuosa
ola del mar y Le experimentarás. Observa un animalito y percibirás la vida de Dios.
Mira una flor y verás la luz del Cielo. Mira en el firmamento, observa los astros
y hacia ti irradiará el poder universal de Dios. Acepta a tu prójimo y experimentarás
que en él vive el amor de Dios.
Para tales personas,
la fiesta de Navidad es una gran fiesta de agradecimiento por el año que está llegando
a su final. Viven en la observación interior y saben que también ellos son hijos
del Altísimo, que durante su existencia en la Tierra maduran espiritualmente para
ir a la Eternidad, a Dios, es decir, para regresar a Aquel que nos envió a Su Hijo,
Jesús, el Cristo, a nosotros los hombres.
En la época de Navidad se gastan grandes cantidades de dinero para generar luz a
nivel externo en las calles de las ciudades, en las casas y en parte también en
la zona delantera de los jardines, luz que no está desarrollada en el interior de
muchas personas. Naturalmente que la llama de luz divina, la llama de Dios, la llama
redentora, se halla inextinguible en lo profundo de nuestra alma, y naturalmente
que esta llama es alentada en algunos, especialmente en la época de Navidad. Pero
donde no se derritió el hielo del corazón durante el año, poco más podrá florecer,
desde la sensación llena de anhelo de lo profundo del alma y del corazón, que una
melancolía difusa, un sentimentalismo. Y el sentimentalismo se puede reconocer porque
no da frutos, es decir no conlleva consecuencias para la forma de pensar y vivir
de cada uno. Sentimentalismo significa remover los sentimientos poco claros de melancolía
y de culpas no confesadas, mezclados con autocompasión, la pena por haber descuidado
algunas cosas. Quien se entregue al sentimentalismo, apenas será dichoso por ello,
y en cambio no tardarán en presentarse las inculpaciones dirigidas al prójimo: reproches,
acusaciones y no escasas agresiones. Además en la llamada "Nochebuena" se pelea
mucho; eventualmente se espera aún a que los pequeños se hayan ido a la cama, para
empezar con las discusiones. Muchos ahogan con vino y champán sus intensas y agresivas
alteraciones de ánimo. "Noche de paz, noche de amor". Y al día siguiente se continúa
como antes. Si algunos mirasen más a fondo en sus arrebatos sentimentales navideños
y dejasen aflorar sus sentimientos, ganarían con ello en autorreconocimiento y en
fuerza para arrepentirse de algunas cosas hechas o desatendidas por propia culpa
y podrían reparar muchos de estos daños, con la fuerza de su y nuestro Redentor,
Cristo, e iniciar así un cambio en su vida. Tal como el sol de un único día no puede
convertir un gran bloque de hielo en agua viva fluente, tampoco se ablandará en
Navidad el corazón de más de un "cristiano" que ha utilizado las energías de sus
días para estrujar suavemente a sus semejantes o exprimirles sacándoles lo que pudiera
beneficiarle a él. Muchos hace tiempo que hicieron callar la voz de su conciencia,
para no ser más que un poquito conscientes de que durante todo el año han menospreciado
a sus semejantes, han abusado de éstos para alcanzar sus fines, les explotaron,
hicieron valer sus exigencias de propiedad, les presionaron para que hicieran lo
que ellos mismos no quieren hacer, ellos que han ascendido a codazos en la escalera
del éxito. Ha sido y es el estrujar suavemente a sus semejantes mediante difamación,
discriminación, mediante la difusión de falsedades y otras muchas cosas. Muchas
personas han llegado al borde de lo estrictamente necesario para vivir, millones
no tienen trabajo. Sin embargo, muchos miles son millonarios que continúan llenando
sus cuentas bancarias para que les vaya bien en la Tierra. Todos ellos, ricos y
pobres, explotadores, instigadores, violadores, los que maltratan niños, propietarios
de burdeles, torturadores de animales, chantajistas y muchos otros se llaman "cristianos";
muchos de ellos son católicos o evangélicos-luteranos. Se sientan en el círculo
familiar como padres y madres queridos alrededor del abeto recién talado que exhala
el perfume de su fuerza vital, comen "con buenos modales" la langosta arrojada viva
al agua hirviendo o el ganso ahora asado, cebado en grasa con lo que le embutieron,
cantan "Noche de amor, noche de paz", reprimen tal vez una lágrima de añoranza porque,
captados por el ambiente navideño, tienen que pensar en su infancia, en la que su
padre y su madre por lo menos en la hora de la Navidad les regalaban un poco de
"mundo feliz" en el salón.
La fiesta de Navidad, la "fiesta culminante del año", se ha convertido en la coronación
de la ridiculización de Jesús, el Cristo. Arrojemos a continuación algunas luces
aclaratorias al mundo de falsas apariencias que se realiza en nombre del ser cristiano.
Alrededor del tiempo de Navidad el año se inclina hacia su fin. Miremos retrospectivamente
hacia el año. Algunos días después de la fiesta de Navidad comienza el barullo del
Año Nuevo, en el que "cristianos" lanzan al aire algunos cientos de millones en
castillos de fuegos artificiales como efecto teatral para el año que comienza. Cuántas
personas podrían ser ayudadas con estos millones -niños que deplorablemente vegetan
en orfanatos, hombres que habitan bajo puentes, niños de tripa abultada en los países
subdesarrollados, empujados por el hambre torturante; niños mueren en el pecho de
su madre, porque ésta no tiene alimento y a consecuencia de ello el cuerpo no produce
leche para alimentar al pequeño; hombres que por decenas de miles mueren de hambre;
hombres que vegetan en los barrios de miseria o en campamentos de refugiados, cuyos
cuerpos están saturados de enfermedades, que han de esperar a su muerte porque el
cristiano que ha de practicar el amor al prójimo no trae los medicamentos necesarios,
con frecuencia ni siquiera un puñado de arroz, un puñado de grano, un trozo de pan.
El "cristiano" lo lanza al aire.
¡Feliz Año Nuevo! El
alcohol fluye, más de un "cristiano" está bebido. Otros a su vez muestran su bien
alimentado cuerpo y por la excesiva abundancia no saben ya qué delicias culinarias
han de ingerir aún. Y continúa: al feliz Año Nuevo se le añade el Carnaval. Fiestas
ruidosas y embriagadoras en clubes nocturnos, en discotecas, en locales de baile
bien decorados ofrecen la oportunidad de quitar la mujer al marido y el marido a
la mujer. Uno se ofrece justamente a ello. ¿Qué es ya la fidelidad, cuando a uno
le apetece aumentar los apetitos?
Los acomodados y ricos
en todo el mundo se reúnen en fiestas de gala y noches de gala. ¿Quién hay ante
la puerta? Un joven pobre, andrajoso, que simboliza el hambre de muchas personas;
una mujer joven, apesadumbrada, que lleva en su pecho a su hijo muerto. Ellos personifican
las calles de la miseria.
El joven pobre y la
mujer delgada y joven con su hijo muerto simbolizan las palabras de Jesús: "Tuve
hambre, y no Me disteis de comer. Tuve sed, y no Me disteis de beber. Fui forastero,
y no Me alojasteis. Estuve desnudo, y no Me vestisteis. Estuve enfermo y en la cárcel,
y no Me visitasteis". Entonces también Le contestarán diciendo: "Señor, ¿cuándo
Te hemos visto, hambriento o sediento, o como forastero o desnudo o enfermo o preso
y no Te hemos servido?" Entonces El les contestará diciendo: "En verdad, Yo os digo:
lo que no habéis hecho a uno de estos pequeñuelos, a Mí no lo hicisteis".
Todos ellos, que están
ante las puertas de los locales de las galas, ante los clubes, ante los hoteles
nobles, simbolizan también la búsqueda de alojamiento de María y José. María, la
mujer en avanzado estado de gestación, y José, fueron de casa en casa y llamaron
a la puerta de los hombres porque María estaba cerca del alumbramiento. Las puertas
permanecieron cerradas. Un hombre que apenas tenía él mismo un hogar, que apenas
poseía él mismo alimento, dio un alojamiento a María y José; lo llamamos el establo
de Belén. Allí dio a luz María, allí yació el Niño en un pesebre de paja. Hoy hay
un niño en harapos, una mujer joven con su niñito muerto, muerto por hambre, ante
el local de la gala. ¿Dónde? ¿En Londres? ¿En Delhi? ¿En Río? ¿En Nueva York? -entre
nosotros, aquí y hoy; entre aquellos que se llaman "cristianos". Escuchad vosotros
"cristianos", hace algunas semanas resonaba desde la misma sala de fiestas: "¡Feliz
Navidad en todas partes!". Y: "Niñitos, venid, venid todos..." Ahora abandonan la
fiesta algunos sentimentalmente inspirados, cruzando la bien iluminada sala de entrada,
con los estómagos repletos de vino y platos delicados; con pescado, pavo, pierna
de corzo mechada, bien aderezadas espaldas de conejo, es decir, caza para los "cristianos";
un fino asado de ternera no puede faltar, un trozo de cerdo también ha de ser, un
bonito muslo de pollo, pato o ganso, festivamente condimentado, naturalmente con
la salsa adecuada. A las manos del joven flaco, andrajoso, lanzan los elevados huéspedes
algunas monedas. Ante la mujer delgada de ojos muy abiertos se detienen espantados,
pues la visión del niño muerto les asusta profundamente. Sacuden su bien cuidada
cabeza y dicen: ¡qué atrevimiento! ¡Y algo así ante nuestro club! Indignados siguen
adelante. Su reavivado sentimentalismo desaparece en el suave mecerse de la limusina
de lujo, que les lleva a su casa con calefacción, a su vivienda calentita, a su
mundo feliz y bello.
El carnaval llega a
su final, el miércoles de ceniza se anuncia: ceniza sobre la estimada cabeza. Lo
cual significa: acuérdate hombre que polvo eres y en polvo te has de convertir.
Pero, ¿quién reflexiona sobre el polvo que él, el hombre ha de ser? Para algunos
éste sólo está en las calles. O para él son las personas pobres y miserables que
están en las calles de este mundo o que están mendigando ante los nobles locales.
Mientras el "polvo" se pueda vestir con valiosos trajes, polvo son "los otros".
¡Ahora es Cuaresma,
tiempo de ayuno! Oh no, para algunos -en Baviera- ¡ahora es el tiempo de la cerveza
fuerte! Ahora corre más la cerveza fuerte y menos el vino; con algo se tiene que
embriagar el "cristiano". Afuera, ante la cervecera hay un niño, una mujer anciana
con un niño tiritando. En la mano ella lleva un cesto con florecitas, también para
el hombre bebedor de cerveza. En el niñito y en la anciana mujer está Jesús ante
la puerta.
¿Cómo te comportas, oh
hombre cristiano,
que eres acomodado y hombre mundano?
¿Qué hay para Cristo en tu sentir,
ante la carpa o el local de gala, al salir?
En el prójimo se halla el Señor,
el maestro llama: "¡oye el dolor,
aprendiz, un niñito pide pan y clama,
en el rostro de una anciana,
la desesperación!"
Oh, ebrio cristiano, ¿qué harás?
Bien sabe tu conciencia quién eres,
mas con los pocos chavos que dieres
tu compasión acallarás.
La Cuaresma y
el tiempo de la cerveza fuerte van llegando a su final y así queda anunciada la
Semana Santa. Ya semanas antes de estos días festivos, muchos cristianos piensan
cómo y dónde los pasarán. Algunos suman a estos días festivos uno, dos o más días
de vacaciones para ir a la montaña o a zonas más cálidas, al mar. ¿Qué les importa
a muchos "cristianos" el Viernes Santo? Alguno se dice a sí mismo: el sermón del
cura en Viernes Santo o en Pascua es además el mismo desde hace decenios.
Viernes Santo para muchos
cristianos significa: nos acordamos de la muerte de Jesús en la Cruz. Y Pascua significa:
nos acordamos de la Resurrección de Jesús. O sea, se rememora. En estos 2000 años
¿han pensado acaso los cristianos por qué a pesar de la Resurrección de Jesús continúa
colgado, ayer, hoy y mañana un hombre muerto en la cruz? Los días de reflexión,
Viernes Santo y Pascua de Resurrección, para muchos cristianos son sólo conmemoraciones
para grabar en nosotros los sucesos de hace 2000 años, que una y otra vez nos refrescan
los predicadores.
Resurreción significa
que Cristo superó la muerte.
¿Por qué -insisto, por
qué, es decir, por qué motivo y con qué finalidad- cada año es como si se anulara
Su Resurrección? De forma plástica: ¿Por qué se Le vuelve a matar? Y se burlan del
creyente que gracias al "hágase" de Jesús, el Cristo, lleva en sí la Redención y
desea seguir el camino de la liberación de sus pecados, siguiendo a Cristo, el Resucitado.
Esto es una burla y escarnio de Cristo, una burla y escarnio de todos aquellos que
acogen Su cruz y que con la ayuda del Cristo de Dios y gracias a Su Resurrección
quieren liberarse de su carga de pecados, elevarse y dirigirse hacia el reino de
la paz y del amor.
A la vista del hombre
muerto, que continúa colgado en la cruz, muchos se preguntan: ¿qué nos ha traído
el muerto, el Nazareno? El mundo no ha ido a mejor. Las muchas palabras bienintencionadas
de los curas y sacerdotes no nos han traído el paraíso a este mundo. Por tanto ¿qué
importan el Viernes Santo y la fiesta de Pascua? Tal vez algunos piensen que todo
esto es sólo para la gente mayor o para todos aquellos que aún necesitan un poco
de sentimentalismo. Tal vez al modo como escribió críticamente el filósofo Nietzsche,
sobre un Dios "que nos cura a tiempo de un resfriado o nos permite subir a una carroza
justo cuando comienza una tormenta", que hace justamente lo que las personas desean.
Otros se han despedido totalmente de la fe y en secreto piensan como el mismo Nietzsche,
que las iglesias no son otra cosa que "las fosas y tumbas de Dios". Y como señal
de que el filósofo podría tener razón, allí, mientras -según Nietzsche- "el cuervo
en el púlpito" hace su servicio, cuelga inmóvil un hombre muerto en la cruz.
Mas de un cristiano,
sin llegar tan lejos como el filósofo en su distanciamiento, tampoco concede gran
significado a las palabras del sacerdote. Sin embargo, quiere al menos mantener
las apariencias. Para no parecer totalmente falto de conciencia, participa al menos
de las costumbres del Viernes Santo y de la Pascua. El Viernes Santo, un día de
ayuno, se come pescado. Natu-ralmente, tiene que haber una carpa fresca, una trucha
recién sacrificada o un bacalao. Aún ayer uno paseaba a la orilla del río alegrándose
de los divertidos saltos de las truchas, de los movimientos llenos de encanto de
esta especie. Mañana yacerán tal vez como cadáveres, sabrosamente aderezados, en
la mesa de la comida del mediodía. Con indiferencia ante la trucha de mirada ahora
pétrea, se celebra la comida. Ya no se piensa en que aún ayer eran éstos los peces
que alegres y lozanos nadaban en el agua alegrándose de su existencia. Al hombre
caníbal de animales, todo le parece bien, sea trucha o lucio. Lo importante para
él es el placer sin contrariedades, seguramente también cuando una persona como
yo apele a su conciencia.
Muchos son del parecer
de que el hombre se ha convertido en animal. ¡Por favor, no ofendamos al animal!
En muchos casos éste es mucho más noble y sensible que el hombre burdo, carnicero
y caníbal.
Lo que se permiten los
diez mil de arriba, incluidas las autoridades eclesiásticas, lo quieren también
los contribuyentes que pagan sus impuestos eclesiásticos. Precisamente las autoridades
eclesiásticas -así lo cree el imitador- tendrían que saber lo que hacen, y así éste
toma parte en todos los usos y costumbres, ya sean paganos o caníbales. El, el cristiano
llano, no asesina ni mata él mismo. Deja que otros lleven a cabo el trabajo sangriento.
Ayer, el cristiano que
daba un paseo veía cómo un corderito retozaba en el prado, cómo la liebre saltaba
por el campo, cómo el ciervo se escondía en el matorral. Se alegraba con la vida
de los animales, de su belleza, de su encanto y de su alegría de vivir. Mañana,
el domingo de Resurrección, el cristiano de Iglesia ingiere la pierna de cordero,
el conejo en escabeche, o el lomo de ciervo adobado. El granjero, un cristiano también,
ha matado al corderillo. El cazador, un cristiano a su vez, ha cazado y abatido
a la divertida liebre y al gracioso ciervo. Pero, ¿qué pasa? ¡De algo tiene que
alimentarse uno! Cordero, liebre y ciervo van en pedazos, bien aderezados, debidamente
adobados, a la sartén y de ahí a la mesa del alto cargo eclesiástico y del cristiano
de Iglesia que le imita.
Al prójimo del reino animal, que nosotros llamamos cerdo, no le va mejor. Ayer estaba
el cochinillo alegre y contento, hoy es matado y despedazado. Los trozos de su cuerpo
muerto son ahumados por el carnicero, es decir, preparados para el disfrute culinario,
y ofrecidos para la compra. Más de un cristiano, que sabe lo que es bueno, envuelve
el jamón ahumado en un paño fino y limpio, para luego llevárselo en un cesto al
cura en la iglesia. Este, entonces, da su bendición a los "dones de la naturaleza".
Ahora está el jamón bendito y listo para ser consumido; bendito sea -gracias al
jamón bendecido- el cuerpo caníbal de animales. Pues, al fin y al cabo, uno era
aún y así cristiano.
La conciencia cristiana,
que se orienta menos a los Diez Mandamientos y al Sermón de la Montaña que al ejemplo
de los teólogos, es flexible. El Viernes Santo había al fin y al cabo pescado, por
Pascua -siguiendo la más pura tradición pascual- hay el domingo por la mañana jamón
bendecido, al mediodía lomo de ciervo adobado, o liebre, o un trozo de ternera a
la plancha o una pierna de cordero, pues "al fin y al cabo, también Jesús comió
carne de cordero".
Quien aún asista a la
iglesia, cantará con voz firme y segura en la misa del domingo de Pascua la conocida
canción de resurrección: "Jesús vive, con El también yo. Muerte, dónde están tus
espantos?" El Cristo de Dios ha resucitado en verdad. Su Espíritu vive en nosotros,
-pero: ¿vivimos nosotros en El y con El?- ¿Cumple el cristiano lo que Jesús explicó
y vivió dando ejemplo? ¿O se convirtieron muchas personas en una especie de fantasmas
espantosos para los animales del bosque, del campo, del aire, de las aguas y de
los establos? ¿No se han convertido muchos en fantasmas espantosos para la totalidad
de la naturaleza? El "cristiano" tala los árboles, no importa que sea primavera,
verano, otoño o invierno, de manera parecida a como maltrata, golpea y mata a los
animales. Cristianos se han convertido en sacrificadores y carniceros de las reinos
de la naturaleza. Los animales ponen pies en polvorosa ante el indomado hombre caníbal
de animales.
Muchos cristianos aceptan
todo esto como algo natural, pues se sienten como los señores de la Tierra y de
la sociedad. ¿De qué sociedad? De una sociedad de carniceros, ladrones, asesinos,
chantajistas, atracadores, violentos, estafadores, mentirosos, calumniadores, discriminadores,
adúlteros, maltratadores de niños, violentos con la naturaleza, torturadores de
animales, maltratadores de plantas y minerales, etc., etc., etc., es decir, de destructores
de todo el planeta Tierra. Más de uno protestará ahora: "¡Pero yo, no!".
El tiene que dejar que le
objeten: ¡demuéstralo! ¿Cómo te comportas con tus palabras y hechos frente a tus
semejantes, por no hablar de tus pensamientos? ¿Cómo hablas de tus semejantes? ¿Cuáles
son tus hechos y obras? ¿Cuán grande es tu amor a Dios y al prójimo? Bienaventurado
el que de todo corazón siente lo bueno, desea lo bueno, quiere lo bueno, piensa
con bondad y se comporta también correspondientemente. El tendrá una conciencia
buena y tranquila, es decir, un corazón pleno de paz.
El Amigo de Cristo:
¡Detente,
ya me basta! Al fin y al cabo, yo tenía aún una imagen tan hermosa de la fiesta
de la Navidad. ¿He estado loco, participando en cosas así, como cristiano de Iglesia?
Me avergüenzo de ser cristiano, pues con lo que has explicado he tenido que darme
golpes en el pecho repetidas veces. Pero Jesús tomó también un trozo de cordero
en la última cena pascual. Y además multiplicó también los peces. ¿No nos mostró
con ello que al menos de vez en cuando podemos comer carne?
Respuesta del
profeta:
En
"Esta es Mi Palabra. A y W. El Evangelio de Jesús. La manifestación de Cristo que
el mundo no conoce", Cristo aclara al respecto lo siguiente:
"Ni por los apóstoles
ni por los discípulos fue ordenada la matanza de un cordero; pero tanto a Mí como
a los apóstoles y discípulos nos fueron servidos, como ofrenda de amor, trozos de
un cordero aderezado. Nuestro prójimo nos quiso obsequiar con ello; no sabían hacerlo
mejor. Yo bendije la ofrenda y comencé a comer la carne. Mis apóstoles y discípulos
lo hicieron igual que Yo. A continuación Me hicieron una pregunta, con el siguiente
sentido: debemos abstenernos del consumo de carne. Así nos lo ordenaste. Ahora Tú
mismo has comido carne.
Yo instruí así a
los Míos: el hombre no debe matar intencionadamente a ningún animal, ni consumir
la carne de animales que han sido matados para el consumo de su carne. Pero cuando
hombres que todavía son ignorantes han preparado carne como alimento y se lo ofrecen
al huésped como regalo y se lo sirven en la comida, el huésped no debería rechazar
la ofrenda; pues hay que diferenciar el hecho de comer el hombre la carne por avidez
de la misma, del de comerla en agradecimiento al anfitrión, por su esfuerzo.
Sin embargo, el que
esto sabe debe, si le es posible y las circunstancias externas y el tiempo lo permiten,
dar indicaciones generales al anfitrión, pero sin querer escarmentarle. Cuando el
tiempo haya madurado, el anfitrión también entenderá estas indicaciones generales.
Al amor desinteresado
también pertenecen, en este mundo, la comprensión y la tolerancia. Dejad al albedrío
de cada hombre el querer entender y aceptar, o no, vuestras indicaciones generales.
Si siempre pensáis, habláis y actuáis desinteresadamente, permaneceréis en el amor
y el amor os bendecirá. Lo que entonces os sea servido como regalo de amor, estará
bendecido".
"Con la multiplicación
de los panes, la fruta y los peces les mostré que ningún hombre tiene que pasar
hambre y sufrir necesidades, cuando cumple las leyes de Dios.
En el llamado milagro
de la multiplicación fue manifiesto que el hombre podría vivir en la plenitud, si
cumpliese la voluntad de Dios; pues la ley universal es inagotable para los seres
espirituales y para las almas y los hombres que hacen la voluntad de Mi Padre, que
también es su Padre.
Mis discípulos Me
trajeron panes y uvas para su multiplicación. Cuando tomé en Mis manos esta sustancia
muerta, expliqué a los hombres que de ella el potencial de fuerza de Mi Padre, la
elevada fuerza vital, se había retirado en gran medida, y que Yo no creo peces vivos
para que a su vez sean matados.
Expliqué a los hombres
que la vida está en todas las formas de vida y que el hombre no debe matarla intencionadamente.
Los hombres, especialmente los niños, Me miraron con tristeza: No Me podían entender,
pues vivían mayormente de peces, pan y pocas cosas más. Entonces les hablé en el
sentido siguiente: las energías de la Tierra hacen que los peces muertos todavía
mantengan su cohesión. Así que no os regalaré peces vivos provenientes del Espíritu
del Padre, sino que os crearé peces que están muertos, o sea pobres en vibración,
provenientes de la energía de la Tierra. Nunca llevarán vida, y no podrán ser matados.
Quiero mostraros cómo sabe lo que está vivo -pan y frutos-, en comparación con el
alimento muerto.
Y creé para ellos
peces -a partir de las energías de la Tierra- que llevaban poca sustancia espiritual.
Les di los peces muertos y les mandé comer al mismo tiempo el pan y los frutos,
para que notaran la diferencia entre alimento vivo y muerto, entre alimentos de
vibración alta y de vibración baja".
Muchos de mis semejantes estarán
indignados por mis drásticas exposiciones sobre muchos cristianos, pero, ¿no es
tal y como he explicado en este escrito? Del reproche del comportamiento por así
decir caníbal de animales de muchos cristianos no me quiero excluir, porque yo también
fui católica y viví esta cosas en mi casa paterna. Toda la familia, incluida la
parentela, era católica. Todos hacían, sin reflexionar sobre lo que quería Jesús,
lo que las autoridades eclesiásticas predicaban y vivían. Se sabía de los Mandamientos
de Dios, en los que se decía: No matarás. Pero el cristiano de Iglesia cree que
esto se refiere sólo a las personas, y no también a los animales y las demás formas
de vida de la naturaleza. Sólo cuando se me abrieron los ojos sobre lo que se ha
hecho con la enseñanza de Jesús, cómo ha sido tergiversada y cómo Jesús, el Cristo,
ha tenido y tiene que aguantar lo que las autoridades eclesiásticas tienen por agradable
y placentero, puse ahí punto y aparte y dejé detrás de mí lo que hasta entonces
había considerado como normal. Todos nosotros, también yo, tenemos que hacernos
el reproche de por qué no reflexionamos sobre el canibalismo para con los animales.
¿Por qué no sentimos que también en la naturaleza está la vida de Dios, porque ella
es la creación de Dios? Cuando escuchamos "Someted la Tierra", esto no significa
"Explotadla", sino: Servid a la Tierra, para que ella pueda serviros por acrecentado.
Sin embargo: ¿cuántas
cosas suceden dentro de la Tierra y sobre ella? Muchos cristianos actúan sin consideración
frente a los dones de la creación y con ello también frente al Creador. Jesús dibujó
una imagen muy distinta del seguirle a El. Sus palabras: Seguidme -es decir, a Jesús,
el Cristo- significan: volveos mansos y humildes de corazón, y amaos los unos a
los otros, como Yo os amé siendo Jesús y os amo como Cristo. De ello forma parte
también la Madre Tierra y todo lo que vive sobre y dentro de ella, en y sobre los
mares y en los aires.
Desde que las autoridades
eclesiásticas, hace pocos años, convirtieron el mandamiento "No matarás" en "No
asesinarás", el matar en casos de legítima defensa y en la "guerra justa" está al
parecer, permitido. Pero Dios nos ha dado el entendimiento para que nosotros hagamos
uso de él. ¿Es guerra justa, cuando en Irlanda un emboscado católico mata a un soldado
protestante que patrulla? Recuerda a esquizofrenia cuando la Iglesia católica prohíbe
el aborto del embrión -que quede claro que nosotros los cristianos originarios estamos
también contra el aborto-, mientras que por otro lado permite el matar en la "guerra
justa" y en casos de legítima defensa. Pensemos detalladamente en el caso concreto:
primero se protege al embrión, es decir, nace el niño y es tal vez bautizado como
católico. Más tarde el adulto se hace protes-tante y es ahora un soldado protes-tante
que patrulla. Le dispara un emboscado católico porque éste -del mismo modo que su
adversario protestante- cree hallarse en una guerra "justa".
Por lo demás: ¿quién
decide en realidad lo que es una guerra "justa", cuando Jesús habló del amor a los
enemigos? De la misma forma cruel con la que se comportan los hombres entre ellos,
actúan también contra los animales, plantas y minerales.
Y luego en Pentecostés tiene
que descender la fuerza del Espíritu Santo sobre los "cristianos"...
El Amigo de Cristo:
Pero
ésta sólo puede ser dada indirectamente a través de predicadores como obispos, curas
y sacerdotes; pues éstos no han previsto que El, el gran Espíritu, el espíritu del
Cristo de Dios hable libremente. En el Concilio Vaticano II (1965) se dice: "La
Revelación y la Obra de Salvación de Dios se ha cumplido y completado en Jesús de
Nazaret. En El se ha terminado en el tiempo la Revelación"."Por ello el orden de
salvación cristiano, es decir la nueva y definitiva Alianza, no puede ser superado
y no se ha de esperar ninguna nueva Revelación pública antes de la aparición gloriosa
de nuestro Señor Jesucristo".
Respuesta del
profeta:
Pero,
¿no irás a creer que Dios se guíe por las autoridades eclesiásticas y que 1965 años
después de Jesús haya anunciado tales cosas? El respeta el libre albedrío, que en
este caso viene a ser la voluntad personal de las autoridades eclesiásticas. Por
eso, El ya no habla en sus iglesias, aunque los altares estén tan adornados en oro
y los llamados representantes de Dios brillen en púrpura. Jesús ni estuvo en una
cuna de oro ni se vistió de púrpura. Esto quiere decirnos algo, pero sólo a quien
piense.
El Espíritu Santo, el Espíritu
del Cristo de Dios, está en cada uno de nosotros. En el origen primario de nuestra
alma la gran Vida está llamando a la puerta y nos llama a ser de nuevo hijos e hijas
de los Cielos, es decir seres de luz provenientes de Su luz. El Espíritu Santo llama
a la puerta y nos llama a guardar Sus mandamientos y a seguir a Jesús, el Cristo,
quien no sólo anunció el amor del Padre, sino que El mismo fue Manifestación del
amor de Dios. Jesús amó a las personas y una y otra vez habló del amor a Dios y
al prójimo. Jesús amó los animales, las plantas, cada piedra. Para El la Naturaleza
fue el gran jardín de Dios, en el que vivió, que apreció, que cuidó con Sus sensaciones
y pensamientos, y se ocupó de los animales tanto como Le fue posible.
En "Esta es Mi Palabra.
A y W. El Evangelio de Jesús. La manifestación de Cristo que el mundo no conoce"
está escrito al respecto:
"Aconteció que el
Señor salió de la ciudad, e iba por la montaña con Sus discípulos. Y llegaron a
un mon-te de caminos muy escarpados. Allí encontraron a un hombre con un animal
de carga.
El caballo se había
desplomado a causa de la sobrecarga, y el hombre lo golpeaba hasta hacerle sangrar.
Y Jesús se le acercó y dijo: 'tú, hijo de la crueldad, ¿por qué golpeas a tu animal?
¿No ves acaso que es demasiado débil para su carga, y no sabes que sufre?'
Pero el hombre respondió:
'¿qué tienes que ver tú con esto? Puedo golpear a mi animal cuanto me plazca; pues
me pertenece y lo compré por una buena suma de dinero. Pregunta a los que están
contigo, pues son de mi vecindario y lo saben'.
Y algunos de los
discípulos respondieron diciendo: 'sí, Señor, es tal como dice; estábamos presentes
mientras compraba el caballo'. Y el Señor respondió: '¿no veis acaso como sangra
y no oís como gime y se lamenta?' Pero ellos respondieron dicendo: '¡no, Señor,
no oímos que gima y se lamente!'..."
"Aun cuando el hombre
haya adquirido un animal, no es propiedad suya. Tal como el cuerpo espiritual, el
alma en el hombre, pertenece al eterno SER, porque el Eterno ha creado el cuerpo
espiritual y los seres espirituales viven en el eterno SER a través del Eterno,
así los animales también fueron creados por el Espíritu creador eterno y pertenecen
a la vida que es y que perdura eternamente -a Dios.
Todo el infinito
es amor sirviente, vida sirviente; y también el hombre ha sido llamado por Mí, Cristo,
para servir a su prójimo de modo desinteresado. Forma parte de ello, además, el
prójimo animal, es decir, los animales, pues también los animales están provistos
con los dones del servicio desinteresado y sirven con agrado y complacientes al
hombre que los ama.
Si el hombre no ama
desinteresadamente a su prójimo, o sea a sus semejantes, tampoco les servirá desinteresadamente.
Transferirá igualmente su egoísmo a los mundos animal, vegetal y mineral.
El animal no puede
hablar. Calladamente sufre y soporta, y apenas puede comunicar su dolor y su sufrimiento.
Sólo percibe el dolor y la pena que el animal padece, el que ama desinteresadamente
a hombres, animales, plantas y piedras.
El hombre egocéntrico,
el hombre dominador, espera que sus semejantes le sirvan. También exige del animal
que le sirva por encima de sus posibilidades y fuerzas. El mismo manda -en vez de
servir-. Por eso ocasiona torturas indecibles a hombres y animales. Si el hombre
hace a sus semejantes dependientes de él -en cierto modo esclavos-, también subyugará
a los animales. Quien ya no escuche a su conciencia, se volverá duro de corazón
para con hombres y animales. Verá sólo sus propios asuntos, su propio provecho.
Se dará mucha importancia y olvidará así que su prójimo y su prójimo animal -es
decir, los animales- han de sufrir bajo su dominio egocéntrico. Tampoco sentirá
ya lo que su prójimo y el animal necesitan. Cuando los sentidos del hombre se han
embrutecido, todo el hombre tiene poca sensibilidad; pero de modo tanto más suceptible
reacciona, cuando se llama la atención a su propio yo y se pone en duda su proceder.
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