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EL PROTOTIPO DE SABIO NO ES UN INTELECTUAL

Patrocinio Navarro

CATEGORIA: Espiritualidad

Hemos sido programados desde la escuela primaria para ser esclavos del intelecto y admirar a quienes poseen conocimientos en abundancia, creyendo que por ello son especialmente inteligentes o sabios. Así, se admira al intelectual como si se encontrara en una especie de status superior. Pero hay que recordar algo esencial: que conocimiento no es sabiduría. ¿Lleva el intelecto a la sabiduría, o solo al conocimiento?, Ser una enciclopedia no le sirve a nuestra alma, ni siquiera si se trata de una enciclopedia espiritual. Al alma le convienen otras cosas: la felicidad, la libertad, el amor altruista. Y para eso el camino es realizar las leyes espirituales. Esta es la verdadera sabiduría. Hoy tenemos más intelectuales que nunca; en cambio andamos bien escasos de sabios.

Desde la más remota edad se admiró al Sabio con mayúsculas. El Sabio representaba la Verdad, la proclamaba y ayudaba a otros a encontrarla, a vivir según ella y- eventualmente- a proclamarla. La vida del Sabio era intachable en todos los aspectos y los espíritus más elevados de la época se inclinaban por seguir sus pasos. El Sabio era filósofo, médico, un iluminado. Conocía la voluntad de Dios, los secretos de la Naturaleza, el pensamiento oculto de los hombres, y todo cuanto se pudiese concebir. Su poder era el poder de la Vida manifestada a través de su voluntad, siempre en armonía con la del Cielo.

El último Sabio perfecto 2000 y pico años antes de la actual profetisa Gabriele de Würzburg, fue el hijo primogénito de Dios encarnado en Jesús de Nazaret. El mensaje de Cristo está de nuevo presente a través de Gabriele y es verdaderamente revolucionario. Esta Su revolución, que es la revolución del amor contra el ego, es la única pendiente. Todas las otras han sido aproximaciones o pobres espejismos y dentro del ámbito de lo “demasiado humano” o de la lucha por superarlo. Pero superar lo demasiado humano solo puede hacerse con la ayuda divina que el Cristo nos propone, como veremos.

El Nazareno porta la antorcha de las nuevas auroras, la luz de los mundos superiores para iluminar al confuso corazón humano. Asumió la tarea increíble de encarnar y pasar por el trance de Su tortura infame y de Su asesinato para demostrarnos, entre otras muchas cosas, que existe una fuerza llamada “Amor” que no se debe confundir con pasión humana, que no conoce límite alguno. Así encarnó en Jesús el propio Amor para ayudarnos a encontrar el camino de la evolución y enseñarnos que la muerte – ese espantapájaros que usa el Poder político y religioso para domesticar a las masas- no es más que un paso sencillo en que se abandona el cuerpo orgánico para seguir viviendo de un modo diferente en el Planeta de energía que nos corresponda según los propios méritos espirituales.

Con estas bases de partida, la Humanidad hubiera dado un paso definitivo. Por eso Jesús fue asesinado por la barbarie con el fin de impedir la propagación de Sus ideas: la misma barbarie que hoy ocupa los altos sillones en todos los ámbitos del Poder humano. Sin embargo, Sus enseñanzas son vertidas de nuevo a la humanidad desde hace más de treinta años desde la ciudad alemana de Würzburg por la última profetisa de la sabiduría, Gabriele. Y como siempre, el verdadero cristianismo es perseguido de múltiples maneras, incluso en la propia Alemania. A pesar de ello se extiende por todo el Planeta el último y más radical modo de transformación espiritual que pone negro sobre blanco lo divino sobre lo mundano por más “elevado” que lo mundano se nos presente en forma de logros del intelecto, ya sea una encíclica papal, un descubrimiento científico o un tratado filosófico.

Falsos y verdaderos sabios

Cuando observamos en su vidas privadas a quienes se nos muestran revestidos de artistas, filósofos, científicos, literatos, y otros variados títulos terrenales que pretenden colocar sobre el resto a quienes los poseen, nos encontramos con enormes contradicciones entre lo que públicamente muestran y cómo viven y piensan en la intimidad. Su modo de vivir demasiado humano, apegado a éxitos y fracasos; al triunfo social y al deseo de destacar y ser laureados, nos hace cuestionarnos el rigor y validez de sus ideas. No pueden ser sabios quienes no se muestran revestidos de verdad y viven según ella.

Hoy, la Verdad está siendo perseguida de tantos modos, arrinconada, manipulada y desprestigiada por los mismos que pretenden encarnarla, que la gente tiene la sensación de carecer de guías auténticos. Esta sensación de falsedad social ambiental, tejida a base de mentiras, crueldades miles e inconsecuencia, ha calado tan profundamente en el corazón de los hombres, que pocos hay que se muestren fácilmente dispuestos a depositar su confianza íntima, profunda, en quien quiera que venga y aunque tenga todos los avales y los de las urnas. El escepticismo es una de las actitudes mentales más comunes en nuestro tiempo, lo que, por carecer de metas fiables, lleva a muchos al pasotismo, a la indiferencia ante los acontecimientos o a la sumisión a los más fuertes, lo cual es miel sobre hojuelas para el Sistema de dominación mundial.

Sin embargo, y a pesar de muchos de esos listillos del mundo político, religioso, artístico y científico formado siempre por intelectuales- pero no por sabios- obcecados todos ellos por sus deseos de protagonismo, Cristo, El Sabio, sigue viviendo en nosotros, y es muy fácil escuchar hoy Su mensaje; tan fácil como lo fue siempre para la gente que le quiso escuchar: la gente de corazón noble y deseos sinceros de evolucionar. Él es el verdadero filósofo y el sabio de todos los tiempos y más allá de todos los tiempos. Su enseñanza es sencilla y contracultural: “Ama a tus enemigos, bendice a los que te persiguen, ama a los demás como a ti mismo y a Dios, nuestro Padre, sobre todas las cosas. Haz primero a los demás lo que quisieras que te hicieran a ti y no hagas a nadie lo que no quieras para ti.” ¿Es esto una religión o una propuesta del camino para alcanzar la sabiduría?

Basta conocer El Sermón de la Montaña, ese revulsivo de los poderes de este mundo y de sus paniaguados religiosos y seglares, para comprender el revolucionario alcance de la presencia de Cristo en nuestro corazón. Su chispa de energía individualizada en cada uno como motor de desarrollo espiritual tras su asesinato en el Gólgota, marca el principio de nuestra Redención y nos garantiza la fuerza para volver a nuestro origen celestial, nuestro verdadero Hogar, nuestra Casa de la Luz y de la Paz, el refugio final de los sabios. ¿Es esa nuestra meta, o esperamos que alguien nos proponga otra mejor desde algún Parlamento o catedral?

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