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LA ILUMINACIÓN ESPIRITUAL
| ESPIRITUALIDAD SIN RELIGIONES | DIOS TODO Y ETERNO | AMOR - VERDAD - LIBERTAD - VIDA | 1997 - 2017 |
LA ILUMINACION ESPIRITUAL
ESPIRITUALIDAD SIN RELIGIONES

AUTOPISTA A NINGUNA PARTE Y REGRESO AL CAMINO

PATROCINIO NAVARRO

04/03/2017

Grafica 'Autopista a ninguna parte y regreso al camino' Categoria 'Conocimientos' Palabra 'Camino'

CATEGORIA N° 45 CONOCIMIENTOS y CAMINO

¿Hacia dónde se dirige esta humanidad gregaria, individualista y consumista?
Esta es una pregunta cuya respuesta nos concierne como parte de la humanidad.

No resulta difícil aceptar que estamos tocando techo en casi todos los aspectos que tienen que ver con nuestra vida colectiva: trabajo, seguridad, progreso, bienestar, paz, justicia, igualdad y muchos otros ¿Tiene salida esta situación, o es una autopista a ninguna parte?

Ya que la tecnología es considerada como una especie de Gran Máquina a la que hay que alabar y que muchos hasta adoran como a un tipo de dios, comencemos por la tecnología militar porque se ha convertido en una especie de fuente de la que se extraen aplicaciones posteriores de uso civil, y no todas negativas, a no ser que se usen con ese fin. Sin ir más lejos, tenemos el caso de Internet o de los GPS. Estos inventos y otros de este tipo que proceden secundariamente de la industria militar sirven para enmascarar que el objetivo primario y determinante de la investigación militar es matar con ventaja a supuestos enemigos para beneficio personal de los que las dirigen, incluyendo en el reparto a los de todas aquellas industrias auxiliares que se benefician de las guerras. Por eso las provocan los unos y las apoyan los otros, seguidos ambos por todos los individuos que a nivel mundial albergan en su alma pensamientos y emociones negativas contra alguien en una u otra medida, por ejemplo, cazadores, pescadores, matarifes, torturadores de animales, uniformados, maltratadores, verdugos y todos aquellos que por razón de su oficio o por vocación incluyen la violencia en sus actividades. Unos y otros contribuyen a formar parte del nubarrón de la violencia mundial que se graba en energéticamente en la atmósfera electromagnética terrestre y está listo para caer en un momento dado sobre un punto en conflicto.

De todos es conocido que la industria armamentista es la industria punta en tecnología, y ha alcanzado tal grado de sofisticación que asusta por su capacidad de destruir con el menor esfuerzo humano. Solo con pensar en esos aviones teledirigidos que espían o bombardean nos damos una idea. La investigación y experimentación con armas sofisticadas de destrucción masiva sabemos que no cesa. Parecía que al caer la antigua Unión Soviética y posteriormente el muro de Berlín íbamos a entrar en una situación nueva de paz estable sin amenazas entre bloques militares que debería conducir tanto a una detención en la investigación militar como al desmantelamiento de la industria pesada al no haber claros enemigos a la vista. Esta sería una buena noticia, porque supondría un primer paso hacia la supresión final de los ejércitos, deseo ferviente de la mayor parte de la humanidad. Sin embargo, ha sucedido todo lo contrario: los gastos militares se han ido incrementado de un modo inesperado. Se calcula que el gasto militar es de tres millones de dólares por minuto, mientras los cinco principales países fabricantes de armas son los que tienen derecho a voto en la ONU.

Dos factores han impedido que se detenga la escalada armamentista: el más importante es el atraso moral de gran parte de esa humanidad porque todavía es miedosa y quiere sentirse protegida, y en segundo lugar que la industria militar es un sector que proporciona empleos y genera productos relacionados con la industria bélica que se venden en los mercados vergonzosamente por los gobiernos de cada país. Lo que ha determinado finalmente el incremento del gasto militar ha sido la dinámica imperialista norteamericana en su afán de conquistar naciones y recursos, con el acicate de que dos de esos recursos básicos –agua y petróleo- tienden a escasear como consecuencia del cambio climático y por el abuso de ambas fuentes de energía.

Y cuando se considera necesario se organizan guerras para eliminar stocks (no solo de armamentos, sino de industrias anexas de todo tipo, incluyendo las que nutren los equipos individuales del soldado) y probar nuevos armamentos. De este modo han ido apareciendo nuevas fuentes de conflicto en el mundo, especialmente en Oriente, aprovechando occidente las ventajas militares para apoderarse de las fuentes de petróleo de esa zona y obtener posiciones de ventaja política para el control de esa parte del mundo por EEUU y su pandilla. Aparte del efecto secundario- el terrorismo- del que estos elementos perturbadores de la paz son responsables- está presente el fantasma de la bomba nuclear que también poseen países con intereses contrapuestos en parte a los de Occidente, como son China, India, Pakistán o Rusia.

Podemos concluir que la industria militar es sucio y sangriento negocio en alza porque si no hay bloques o guerras, se inventan con tal de dar salida a sus macabros productos. Y así será mientras no se produzcan cambios cualitativos en la conciencia y sensibilidad del conjunto Humanidad, fácilmente manipulable ahora mismo por viejos conceptos al servicio de las fuerzas destructoras que reciben diversos nombres para banderín de enganche: “religión”, “patriotismo” “terrorismo”, “democracia”, etc. Ninguno de esos nombres significa otra cosa en manos de los convocantes de conflictos armados que detonadores para manipular mentes y convertir cuerpos en carne de cañón. Lo triste es que esta estrategia de manipulación embauca todavía a millones que se dejan convertir en rebaños dispuestos a matar o morir por una de esas “Causas” que se les venden como sagradas y con las que se identifican para defender una supuesta dignidad como seres humanos. Qué demoníaco negocio este de las armas y qué repugnante manipulación precisa para ser aceptado hasta el punto de convertir a una persona corriente en un asesino.

LOS LÍMITES DE LA CARRERA TECNOLÓGICA

No resulta difícil imaginar que en toda carrera tecnológica tiene que existir un límite, y aunque esta afirmación se puede argumentar de muchos modos, existen al menos por dos razones importantes: los recursos son limitados y la expulsión de trabajadores del circuito productivo ha de tener un límite también. En este segundo aspecto es cierto que aparecen empleos relacionados con el avance técnico, pero su número es reducido si se compara con los que arroja al desempleo cada innovación tecnológica. Esto no es nuevo si recordamos que los obreros ingleses quemaban las primeras máquinas allá por el siglo 16 al darse cuenta de que el maquinismo significaba despidos y desamparo social. Esto es lo que trae ahora la robótica: cada vez más despidos y cada vez mayor desamparo social, y si no que pregunten a los que no encuentran trabajo o se ven arrojados del suyo por esta causa. Hoy, por ejemplo, se nutren masivamente grandes firmas del textil de obreras y obreros semiesclavos en los países pobres con sueldos de miseria, pero poco a poco también les sobrarán, porque habrá máquinas cada vez más perfeccionadas que harán ese trabajo con menores costos. Lo mismo hemos podido ver en todos los sectores agrarios o industriales de los países ricos (pero cada vez menos). Sin embargo, no creo que la solución sea atentar contra máquinas que desplazan obreros, sino ajustar diversos parámetros para equilibrar recursos, personas y tecnología yendo contra los supuestos explotadores del neoliberalismo capitalista que es preciso, necesario y cada vez más urgente que cambie 360 grados. Ya lo ha hecho muchos grados para su propia conveniencia convirtiendo al capitalismo industrial en financiero como forma de invertir en negocios de rápidos beneficios reduciendo las inversiones industriales en muchos campos sensibles. Este debería ser su canto del cisne, porque es un cambio como mínimo socialmente insoportable, económicamente inasumible, políticamente inadmisible para las libertades y derechos ciudadanos, y culturalmente nefasto para la inteligencia.

Necesariamente tiene que haber un límite en todo esto.

Si nos centramos únicamente en el capitalismo industrial volvemos a la gran cuestión de fondo: la búsqueda de un equilibrio que parece imposible entre la progresiva mecanización que ahorra costes y aumenta la producción, pero que a la vez supone despidos progresivos y aumenta los costes sociales que deben asumir los gobiernos con los impuestos de los que tienen empleo.

¿Cuál es el número rojo final que muestre que los impuestos de los empleados no puedan sufragar los desempleos de los expulsados del circuito productivo? Porque no hay duda de que ese número existe y se conoce. Y una prueba de que ya comienzan los gobiernos a inquietarse por el tema son las últimas declaraciones públicas del gobierno español pretendiendo que las empresas con beneficios demostrados asuman parte de los gastos en caso de despidos justificados. Muy diferente será lo que ocurra, pero necesario detenerse en este fenómeno, porque es de vital importancia.

A corto plazo es posible mantener ese imposible equilibrio, porque los diversos estados asumen el coste social del desempleo, y todavía el coste social que supone indemnizar a ciertos sectores –como ha sucedido con el agrario o el ganadero- para obligarles a dejar de producir excedentes, como ha venido haciéndose a cargo del dinero comunitario europeo. Pero es un mal remedio que no puede prolongarse indefinidamente.

LA EDAD DE ORO DE LOS EXPLOTADORES

Existe un límite más allá del cual todo el tejido económico se resiente, y a continuación el tejido social. En España, los campos se desertizan no solo por el cambio climático, sino porque los jóvenes no tienen aliciente para sustituir a sus mayores. Los pueblos y aldeas son cada vez más lugares de veraneo apenas habitados por viejos que van muriendo. Tenemos un país cada vez más empobrecido y des industrializado, atento al turismo y a las “burbujas” con fecha de caducidad que es pan hoy y paro mañana. Y tenemos al mismo tiempo, desde el punto de vista humano, una clase trabajadora y unos sectores profesionales sometidos a un gran estrés emocional y a una gran inseguridad laboral, ahora que es tan fácil el despido. Los que trabajan lo hacen pues, en las peores condiciones: soportando lo indecible para evitar ser despedidos. Los bajos salarios les obligan a hacer horas extras o a someterse a trabajos poco remunerados a capricho del patrón para llegar a fin de mes y tener contento al jefe. Así podrán algunos pagar su hipoteca, y aún así otros serán despedidos, no podrán hacer frente al pago del banco y será arrojado a la calle por orden judicial. Esto lo estamos viendo a diario y nunca antes sucedió tan masivamente. Tampoco antes fue tan agresivo el capitalismo, no por falta de ganas, sino porque tenía a frente a él a trabajadores organizados en defensa de sus intereses y su dignidad.

Entre tanto, los jóvenes se angustian; o porque ni siquiera encuentran un primer empleo, o porque aunque lo tengan no pueden hacer planes de futuro, como formar una familia, con lo cual no pueden salir de casa de los padres, que se convierten de este modo en colaboradores obligados del Estado, mientras que este, a su vez, reduce cada vez más los ingresos familiares subiendo impuestos y reduciendo salarios y pensiones.

Es la edad de oro de los explotadores.
Pero no solo de los explotadores.

LA EDAD DE ORO DE LOS ESPECULADORES

No soy economista, pero entiendo lo que todos sabemos elemental: que el capital financiero real -,o el ficticio que luego hace quebrar bancos que tenemos que rescatar de nuestros bolsillos- es el que controla el capital industrial con inversiones y préstamos. Igualmente entiendo que el capital financiero no lo dirigen personas, sino buitres que no quieren ceder un ápice de sus rapiñas. Lo que puede que ustedes y yo entendamos perfectamente también es por qué los gobiernos no exigen a todas y cada una de las empresas compensaciones económicas y aportes periódicos para el mantenimiento de de quienes arrojan al paro para que el nivel de vida de los afectados no se resienta y puedan seguir haciendo frente a sus gastos como cuando trabajaban. Me dirán que eso solo es posible con un estado social donde los bancos estén nacionalizados y las empresas supervisadas por delegados estatales y sindicales para controlar lo que hubiera que controlar, como los beneficios. Me dirán que eso solo es posible con un estado social. Vale: creemos ese estado, y hagamos que el trabajo socialmente necesario se reparta entre la población activa.

Somos muy conscientes que los estados que tenemos no son estados para el pueblo. Se nos habla al pueblo de cifras de macroeconomía, de crecimiento equis o equis más uno, pero el bolsillo de la gente está en estado catatónico. Para la gente de a pie, todo lo que le concierne a su bolsillo se decide en esferas donde jamás tienen acceso los que se hallan al pie de una máquina ni soluciones los que votan en las urnas a este o aquel. Son estos estados antisociales los que suplantan y secuestran esa capacidad de intervenir del trabajador poniendo por medio supuestos representantes políticos o sindicales que sirven de amortiguador del grito de los desesperados y a la vez viven ricamente sostenidos por los mismos que producen la desesperación. Parlamentos y sindicatos son ahora mismo organizaciones superadas por la historia, porque han perdido su papel protagonista a cambio de su docilidad con el patrón del banco o de la industria. Así han perdido su legitimidad representativa y se mantienen ahí por inercia y porque no existe una alternativa mayoritaria consensuada capaz de conducir del estado insolidario al estado social. Lejos de eso, los señores parlamentarios representan como mucho los intereses de tal o cual partido subvencionado por este o aquel grupo de poder financiero o este o aquel lobby. De modo que en el momento actual puede decirse que lo mismo que el parlamento representa a las multinacionales y banqueros, lo hacen los sindicatos como el Tío Tom del Sistema. Y es que también se han tragado el cuento de las necesidades de la macroeconomía, cuando deberían luchar por la microeconomía que es la que saca a los bolsillos de los estados catatónicos.

MACROECONOMÍA CONTRA MICROECONOMÍA

Uno no tendría nada en contra de esa palabreja posmoderna si no fuera porque todos los esfuerzos de los gobiernos y sus aliados para imponerla desvían la atención hacia donde no deben. Que globalmente un país tenga un crecimiento del no sé cuántos por cien no significa nada si a la vez hay cuatro o cinco millones de parados y muchos más amenazados. Uno no tendría nada en contra de esa palabreja posmoderna si no fuera porque todos los esfuerzos por imponerla como referencias de progreso van de arriba hacia abajo estrangulando y obstruyendo; sometiendo y recortando derechos y libertades a cambio de un empeoramiento de las condiciones “microeconómicas” sociales y personales de todos esos que dejan de ser útiles al sistema productivo de las burbujas sucesivas, y que son en definitiva los primeros en quedarse olvidados en las cunetas de esta autopista hacia ninguna parte que es el actual sistema de producción controlado por los hombres G numerados, los Club de selectos vampiros y otros jefes cavernícolas que luego aparecen en nuestras pantallas como muy interesados por lo humano y por la defensa de libertades y derechos de los pueblos controlados por tiranos.

HUMANO ES EL PROBLEMA

Humano, efectivamente, es el problema de los trabajadores, autónomos, pequeños empresarios, pensionistas, despedidos de larga duración, jóvenes sin empleo, estudiantes, titulados sin salida laboral, madres solteras sin recursos, ancianos, impedidos, y muchos más beneficiarios del estado del malestar que se nos impone por días. Humano es el rostro de los que mueren en las playas del sur, o en el mar, o son encerrados sin consideración en centros inhumanos para ser repatriados. Todo esto es un problema humano, y con ser tanto, sólo puede ser eso ahora mismo. Antes parecían existir metas colectivas a conseguir y la historia parecía moverse en la dirección de la conciencia social, e incluso de una cierta conciencia de moral colectiva en el sentido de la justicia, la libertad y la igualdad, pero todos esos sueños de hicieron trizas por los enemigos de dentro de la clase obrera -sus dirigentes burócratas totalitarios- y por sus enemigos externos, o sea, los de siempre. Eso puede estar empezando a cambiar conforme la gente va siendo puesta contra la espada y la pared.

Y es que ahora que todos los sueños antiguos se convirtieron en papel mojado, nos convendría tener otros.Ahora que se pretende borrar la memoria histórica desviando la atención hacia dónde están enterrados los muertos, nos convendría rescatar las razones por las que murieron y encarnar en nosotros las buenas y honorables ideas de pacifismo, fraternidad, igualdad, libertad y unidad que nos empujaran a la construcción de un mundo nuevo donde sea posible por una vez y para siempre que la razón de la existencia sea superior a la razón de Estado. Para muchos, además, esta existencia forma parte de la continuidad de una vida que no se limita a esta experiencia terrenal, sino que –al ser la vida un fenómeno universal, una energía indestructible- se prolonga antes y después del nacimiento o la muerte física, por lo que se añade un factor más a considerar a la hora de decidir su modo personal de pensar, vivir y actuar para que las leyes de la conciencia, que son las que rigen la evolución espiritual afloren armónicamente en leyes sociales que rijan la vida colectiva.

De cada uno depende encarnar ese sueño, y sólo será realidad cuando seamos mayoría los que los vivamos. Entre tanto, sólo tendremos este continuo retroceder en todos los sentidos.Esto no quiere decir que hayamos de recurrir a la violencia para salir de ahí.

Algunos dicen: oh, pero es que esto del pacifismo aunque la paz sea una de las cualidades de la conciencia no acaba con la opresión y la injusticia. Creen que el pacifismo consiste en cruzarse de brazos y poner la mejilla. Pero es lo que quieren que creamos. El pacifismo puede ser activo y revolucionario si actuamos según las leyes divinas que deberían ser inseparables de la conciencia social. Sin ellas no hay posibilidad alguna de progreso duradero. Miren a Gandhi echando de India el mayor imperio del mundo por entonces. Miren a Jesús trayendo en el Sermón de la Montaña las ideas revolucionarias para cambiar el mundo personal y el social al ser aplicadas a la vida diaria. He aquí dos modelos revolucionarios pacíficos. Si no los aplicamos conjuntamente es porque la conciencia general de la humanidad no está a la altura todavía. Por eso miren lo que ha sido de India y miren lo que las iglesias han hecho del cristianismo, lo que no invalida para nada ni la postura de Gandhi ni la de Jesús.Por otro lado observen que tampoco las revoluciones violentas han conducido a los objetivos tan caros para todos nosotros de libertad, justicia, fraternidad unidad, igualdad, los cinco pilares indicadores de la evolución de la humanidad igualmente proclamados por Cristo en el Sermón del Monte. Si miramos esos cinco pilares uno por uno observamos lo lejos que estamos como humanidad de alcanzar unos mínimos que nos permitan considerarnos una humanidad civilizada e inteligente. A partir de ahí, que cada uno piense si quiere cual es su propio papel en este desastre de mundo y si reúne o no los méritos para alcanzar a formar parte de una humanidad donde libertad, igualdad, fraternidad, unidad y justicia sean los valores que predominen en lugar de sus contrarios, hoy en manos de los que usurpando su nombre llenan de infinitos horrores y sufrimientos el mundo que toman por la fuerza o el engaño. A partir de ahí, que cada uno piense qué camino tomar en esto de lo que se viene llamando “la cuestión social”, cada vez más una cuestión de insostenible presión contra los pueblos del mundo.

LA MEGAMÁQUINA, CONTRA EL PUEBLO

Un fantasma recorre Occidente: el fantasma del desempleo y la pobreza. Los pueblos se van despertando de su acomodado letargo y comienzan a inventar formas de conjurarlo.Por una parte se extiende el uso de la contra información, y por otra comienzan a germinar brotes de unidad de acción, mientras se suceden las movilizaciones. En Grecia, una nueva huelga general muestra el rechazo frontal a las medidas que pretenden sus dirigentes, simples ejecutores del FMI y los bancos centrales europeos.

De parte a parte del viejo continente, los descendientes de los esforzados soñadores de profundos cambios sociales, ven cómo todos los viejos parámetros por los que se regía el mundo de sus padres y abuelos sin ir más lejos, han tomado una extraña deriva tendente a borrar de las páginas de la Historia a los protagonistas de los dos últimos siglos tal y como nos eran conocidos intentando defender la igualdad social. Ahora mismo, el mundo que hemos contribuido a construir una generación tras otra ha tomado un cariz hostil donde el trabajo alienante y cada vez más escaso, el paro creciente y los derechos aceleradamente menguantes provoca a diario un progresivo malestar de los pueblos contra sus gobernantes a los que identifica como peones de una nueva forma de la barbarie capitalista: el capitalismo financiero, responsable de la pobreza y el paro con la ayuda de los dirigentes políticos de todos los partidos del llamado “arco parlamentario”, devenidos en títeres de las multinacionales.

Esta alianza permanente entre el poder y el dinero nunca se atrevió a llegar al punto de exigir como hoy a los ciudadanos que se convirtieran en proveedores directos de la Megamáquina neoliberal a través de sus respectivos Estados Parlamentarios, hoy devenidos en meros firmantes de papeles previamente diseñados por servidores extraparlamentarios de la Gran Máquina. Desde ella todo está previsto y calculado, desde enormes beneficios a salarios de escándalo de los altos ejecutivos de los bancos que luego se han de rescatar, a cualquiera de los juegos sucios a que juegan las mafiocracias neoliberales: desde una inversión a una guerra; desde un auto atentado para inventar terrorismos y sacar beneficios de nuevo a movimientos sociales controlados que llegan a empujar para conseguir controlando gobiernos y naciones en las condiciones que les interesen. Poder y dinero se alimentan como nunca de sangre y de mentiras, y nunca las mentiras estuvieron tan bien contadas y fueron tan unánimes en los medios, que llegan a convencer a cualquiera que no esté bien despierto. La Gran Máquina juega incansable para dormir a los despiertos, para comprar su pasividad o para silenciarlos no importa el método por violento que sea, si son demasiado ruidosos y pudieran despertar a los que duermen, que son tantos todavía.

De momento se escucha el canto triunfal de la Gran Máquina, incluso dentro del vocerío programado que ella conduce astutamente con sus hombres de paja en todas partes para obtener los resultados previstos. Iguala por sí y para sí las diferencias culturales, sociales y hasta individuales siempre que le convenga. Arrasa los cerebros y esteriliza las emociones hasta que dejan de ser estrictamente humanas para puedan formar parte de su juego. Ataca las diferencias pero multiplica la superespecialización aunque de esta obtenga productos inútiles, inútiles, pero necesarios para ella. Su omnipresencia resulta tan imprescindible como alienadora; su poder tan absoluto como legal y hasta “inocente” como el fingido candor de una prostituta. Por encima de todo desea regular los latidos del Gran Corazón humano desde que cada uno se despierta hasta que se vuelve dormir no importa la ciudad o el país. Su objetivo es ser el reloj dinámico del centro de tu frente y convertirse en depredadora de todos tus sueños. Pero impecable en apariencia; tan impecable como el Drácula de las ficciones. Pero no creáis que está lejos de este personaje ni penséis que es un ente metafísico: sus cuerpos físicos están en Wall Street y en sus versiones clónicas de las bolsas mundiales, en los apátridas del Capital y sus políticos; en sus expertos en marketing y guerras, sus científicos, sus clérigos de todos los rangos, y el resto de servidores y amas de llaves de sus castillos. Su lema es: muchos cuerpos para una sola mente. Y como es natural, su gran espantapájaros no es una estaca, sino algo por lo que la Gran Máquina y todos sus servidores sienten un miedo atroz: La inteligencia libre. Y esto nos lleva a preguntarnos:

¿Dónde se encuentra hoy la inteligencia libre?
¿Tal vez entre los intelectuales?
¿Tal vez en la ciencia materialista?

INTELECTUALES, CIENTÍFICOS Y OTROS SERVIDORES DE LA MÁQUINA

Hay una frase de de Horkheimer referida a los filósofos: “Los filósofos han firmado la paz con la sociedad”. Tremenda frase por verdadera cuando, además, puede extenderse su veracidad al conjunto de los intelectuales hasta el punto que podríamos decir: “Los intelectuales han firmado la paz con el Poder y se arrodillan ante los poderosos para ser nombrados caballeros”.

Es verdad que existe un tremendo descreimiento ético y una profunda decadencia espiritual en nuestro tiempo; algo sobre lo que la mayoría de intelectuales tendrían que hacer un examen de conciencia para medir su propia implicación, pero el caso es que la mayor parte de estos “padres de pensamientos” andan a vueltas embarrados entre el academicismo garbancero, el servilismo del lacayo,, el mercantilismo, la autocomplacencia o la falta de imaginación, entre otras prisiones. De vez en cuando, entre los barrotes de sus palabras se filtran quejidos pesimistas y desilusionados. Pero no se sabe muy bien si todo ese lloroneo que a veces les convulsiona no será una estrategia más para tantear mercados o tentar editoriales, o tal vez para patentar modas lacrimógenas de nihilistas desesperados. Escriben libros aplaudidos y son homenajeados o laureados por los príncipes del mundo ante los que inclinan la misma cabeza que urde los pensamientos, pero son incapaces de ahondar en la propia epidermis hasta llegar a su corazón sorteando capas y capas de prejuicios culturales que han tapado literalmente una visión positiva y unificadora del Universo, y con ello han cerrado la puerta a su libertad, a la libertad de su alma.

Faltos de esa visión que pudiera llevar a mostrar la existencia de realidades superiores a las que este mundo ofrece, faltos de una filosofía vigorosa de la existencia que permita a sus lectores o discípulos elevar su nivel de conciencia, irradian en sus discursos una vaga atmósfera de estado de sitio, de manicomios metafísicos y brumosos estados de ánimo que pretenden hacer pasar como interesantes descubrimientos “a la última”. En el fondo parten del supuesto de que todo está dicho, y, en todo caso se trata de decirlo de otro modo o con otros decorados. Pero lo peor de esta postura de la mayoría es que todo eso que está dicho está dicho para nada. El escepticismo está presente en sus trabajos con tal fuerza que les impide convertirse en los guías o compañeros de viaje que pretenden ser en el fondo. Sus palabras, entre tanto, acuden a los mercados con mansedumbre de bueyes al campo de su amo.

Parten de dos grandes ideas-fuerza que atraviesan sus discursos como las espinas de las rosas la piel de quien se acerca a olerlas sin precaución. La primera de todas es la presunción de la existencia de la Nada. La Nada, para ellos, es algo, una sustancia elemental de la que es posible que salgan cosas, como cuando vemos en los espectáculos de magia sacar conejos de sombreros vacíos.Pero hasta el tonto más tonto del pueblo más perdido sabe que de los sombreros vacíos no salen conejos ni de un agujero un universo. La Nada no es el vacío, porque el vacío es éter, son partículas cósmicas subatómicas. El Universo visible es una pequeña porción del universo, y el resto, llamado “materia oscura” por la ciencia es energía, éter. La Nada no existe en cambio existe el Todo. De la Nada, en caso de existir, no podría salir más que “Nada”, vacío, ausencia de todo. En cambio prominentes catedráticos de universidades prestigiosas, amparados por títulos de Neurobiología y ciencias afines y muchos libros de los que son autores, confiesan sin rubor alguno a sus estudiantes y en foros y medios de comunicación mundiales que de la Nada, un buen día surgió el Big-Bang nada menos que por Azar. Y este universo recién aparecido comenzó a funcionar dentro de infinitas variantes de casualidades que mire usted por dónde se van entrelazando unas a otras desde los reinos de la naturaleza a los más remotos confines del Cosmos tanto del visible como del invisible. Todo cuanto vemos y no vemos, según ellos, se rige por las leyes que proceden del Azar y que luego van desplegando leyes propias en las que el mismo azar nunca deja de estar presente, ya que todo puede ser y no ser a la vez, o vaya usted a saber si esto que estoy viendo existe realmente o deja de existir cuando yo no lo veo, como afirman eminentes científicos y filósofos. Sin embargo, aquí sí, el tonto más tonto del pueblo más remoto podría estar de acuerdo con estas ideas.

La ciencia quiere negar a Dios y cambiarlo por otro al que llaman AZAR, el cual resulta todavía más increíble que el Dios que las iglesias han puesto en circulación con sus biblias y sus cuentos. Hay sin embargo, algo en común entre unos y otros: que todos quieren ser Dios, como pretenden los científicos materialistas, o al menos Sus representantes, como quieren los papas de Roma. Y al igual que sucede con cualquiera de los siervos atados a la materia y a sus amos, el verdadero Dios, el Dios que la vida en el universo, que crea, sostiene y ordena con amor el Universo y mantiene la vida de todas las criaturas visibles o invisibles eternamente es un enemigo de la razón y no es posible, aunque para los especialistas de la iglesia sea necesario. En cambio el Azar es de lo más razonable y su existencia resulta indiscutible. ¡A lo que piensan que es un dogma de fe (existencia de Dios) quieren combatirlo con otro dogma de fe, pero esta vez con la marca de la casa.

PERO…¿NO ERA LA CIENCIA EL TRONO DE LA RAZÓN?

Uno se pregunta qué tiene el Azar de razonable con la misma perplejidad que se pregunta cómo es posible creer que de Nada puede surgir nada menos que el Universo.

¿Acaso no resulta mucho más razonable y científico pensar en un campo de energía preexistente, un campo de energía inteligente capaz de inventar en un momento dado cuanto existe y cuanto no vemos? ¿No resulta más sencillo, científico y razonable pensar en un Todo absoluto antes que en una Nada absoluta como padre-madre del Universo?

Descartada una enfermedad mental generalizada de tantos y tantos aprendices de brujo del pensamiento y la ciencia, cabría atribuir a otro orden de cosas este frente de ataque al mundo espiritual que tantos de ellos llevan a cabo por todos los medios a su alcance que el Sistema al que sirven les proporciona, mientras ignora – a excepción de los doctrinarios eclesiásticos- el pensamiento espiritual alternativo a las iglesias o el pensamiento científico alternativo al materialismo que se deriva de los descubrimientos de la física cuántica y que tiende a armonizarse con la metafísica y la mística.

Este es un campo muy prometedor en el avance del pensamiento civilizador al que el Sistema viene oponiendo toda la resistencia posible, porque se siente atacado en sus cimientos. Existe una verdadera lucha entre el mundo que necesariamente tiene que surgir y el mundo que necesariamente tiene que morir, y cada vez se ve obligado a mentir más y a endiosar más a sus servidores más inteligentes como si fuesen oráculos de la verdad. Y ocupan pantallas de televisión, parlotean en radios, escriben en periódicos de grandes tiradas. Y es que estos “oráculos de la verdad “, se mueven en estos medios en descarado compadreo con políticos, gestores de la cultura y la ciencia, directores de medios de comunicación, editores, rectores de universidades, y todos esos que se consideran representantes o gestores de “la alta cultura”. Y hay tras este chalaneo todo lo que se quiera menos altruismo: negocios, narcisismo, servilismo, envidias, ambición, deseos de sobresalir, y muchas cosas más. En consecuencia a la altura cultura la mueven bajos propósitos, y abundan los diletantes, los oportunistas, los cínicos y gentes de parecidos calibres que forman el grueso de los ejércitos intelectuales de la Megamáquina que es el Sistema. Y la Megamáquina los exprime como a limones.

Bien es cierto que los tiempos están aparentemente a su favor: la mayoría de gente cada vez piensa menos y cada vez piensa peor. La mayoría ha sido seducida o convencida de que sólo existe este mundo, que este mundo es un valle de lágrimas y que lo que importa es sobrevivir aunque tal cosa suponga ignorar o pasar por encima de cualquiera. En los tiempos de descanso de esta lucha por la existencia –cada vez más feroz y con menos probabilidades de ganar- se cae en una especie de indiferencia hacia todo lo que signifique pensamiento abstracto, arte, poesía, espiritualidad, y semejantes y se buscan emociones fuertes que sacudan del sopor mental. Por si faltaba algo, los grandes ideales de cambio social que sacudieron el mundo desde el siglo diecinueve parecen haberse evaporado, lo cual proporciona una gran ocasión para que triunfe la peor de las formas del capitalismo, y da toda clase de oportunidades a toda clase de pervertidos y en toda clase de campos.

La mayoría toda todavía defiende que solo lo racional puede ser considerado real, y aun se imaginan viviendo en un universo en el que Newton puso el último ladrillo y Dios ha sido borrado a golpe de razones o descalificaciones al confundirlo con el dios que exhiben los teólogos o el que exhiben caricaturescamente disfrazado las Iglesias. Creen que la metafísica es cosa de platónicos trasnochados, beatas y otros fanáticos. Nunca como hoy se ha dado tanto desconocimiento de los intelectuales hacia la ciencia más avanzada, tal vez porque nunca como hoy pudieron hacerse mejores negocios con lo convencional, aunque sea mentira; tal vez porque nunca como hoy la colectividad haya alcanzado este grado de insania mental y de necesidad de escapismo ante lo que le está sucediendo realmente, lo que permite a los listos sacar provecho de estas situaciones.

Al respecto escribía Unamuno todavía en 1896 sobre los jóvenes intelectuales españoles: “Aquí los jóvenes no pelean, y son los más, o hacen como que pelean, por cobrar una soldada, o pelean por cosas muertas o por rutinizar lo nuevo…Los hay que claudican por una posición social o por un acta de diputado”…Y no olvida citar a los que llama “ratoncillos de biblioteca”, cuya misión es resucitar muertos sin valor y adaptar al charco de ranas, que todos forman, las corrientes frescas y nuevas para estancarlas”.

Mucho más tarde, y ya en pleno siglo 20, Gramçi, venía a decir algo que parece pensado para ahora mismo: “Una época histórica y una sociedad determinada son representadas más bien por el término medio de los intelectuales, y por consiguiente por los mediocres”.

Solo unos pocos, esa “minoría siempre” a la que Juan Ramón Jiménez dedicaba libros, plantan cara al mundo en que vivimos, conscientes de todas las cosas que es preciso plantearse o replantearse precisamente para que las minorías lleguen a mayorías. Son ellos los luchan –y con frecuencia son marginados o mueren en manos de verdugos- por propiciar la aparición de una nueva cultura científica, espiritual, filosófica, emocional, económica y social que conduzca a una nueva Era que está emergiendo lo mismo que emerge hoy el magma del interior de la Tierra para purificarla de tanta basura como se ha vertido por esta civilización de mayorías equivocadas.

Propiciar el conocimiento tanto como el autoconocimiento es algo básico; potenciar la conciencia del otro como hermano es algo imprescindible. Unos se proclaman ecologistas; otros altermundistas, naturistas, taoístas o buscan la verdad original cel cristianismo como cristianos libres, pero todos ellos miembros al fin y al cabo de las familias de la transformación hacia la Nueva Era que será sin duda una Era de Paz, pues la evolución continúa por mucho que algunos pongan todo su empeño, sus argumentos, su violencia, sus mentiras y sus armas para evitar que eso ocurra: La Era de Cristo está comenzando a alborear y por ello salen cada vez más a la luz todo lo que se quiere ocultar por los poderes del mundo tanto políticos financieros; tanto militares como religiosos. Presintiendo lo que se les viene encima (su retroceso y la desaparición progresiva de sus poderes, desconfían cada vez más los unos de los otros, y luchan entre ellos cada vez más violentamente por arrebatarse unos a otros la mayor porción de la tarta Mundo.

Está profetizado que un día habrá una guerra entre oriente y occidente y luego vendrá la Nueva Era que será la Era de Cristo, donde los enemigos de la paz no tendrán cabida. La evolución espiritual debe continuar por más que sus enemigos, que son los enemigos de Dios, quieran detenerla como también está profetizado.



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