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FRASES RUMI

FRASES Y CITAS RUMI

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Jon Kabat-Zinn: En vez de dejar que la mente rumie, es mucho más satisfactorio prestar atención a la experiencia en su totalidad.

Rumi: Ayer era inteligente, por lo que quería cambiar el mundo. Hoy soy sabio, por lo que me quiero cambiar a mi mismo.

Rumi: El centro del universo visible e invisible sonríe, pero recuerda que las sonrisas vienen mejor de los que lloran.

Rumi: Sé una lámpara, un bote salvavidas o una escalera. Ayuda a sanar el alma de alguien. Sal de tu casa como un pastor.

Rumi: Ahora es el momento de unir al alma y el mundo. Ahora es el momento de ver la luz del sol y las tinieblas como una.

Rumi: Si pudieses desplegar las alas y liberar tu alma de los celos, tú y todos a tu alrededor volarían alto como palomas.

Rumi: Tu tarea no es buscar el amor, sino buscar y encontrar las barreras dentro de ti mismo que has construido contra él.

Rumi: Cada uno ha sido fabricado para un trabajo en particular, y el deseo para ese trabajo ha sido puesto en cada corazón.

Rumi: Dios te pasa de un sentimiento a otro y te enseña por medio de los opuestos, para que tengas dos alas para volar, no una.

Rumi: Así es como somos con el vino y la buena comida. Queremos y nos emborrachamos, luego viene el dolor de cabeza y la resaca.

Rumi: He vivido al borde de la locura, queriendo saber las razones y llamando a una puerta. ¡Había estado llamando desde el interior!

Rumi: Vacíate de la preocupación. ¿Por qué te quedas en prisión cuando la puerta es tan amplia? Muévete fuera de la maraña del miedo.

Rumi: La vida y transformación de Rumi da testimonio y la prueba verdadera de que todas las religiones y procedencias pueden vivir juntas en paz y armonía.

Rumi: Hay una forma de respirar que es una vergüenza y un sofoco, y hay otra forma de expirar, una respiración de amor, que te permite abrirte infinitamente.

Rumi: Cuando haces cosas desde tu alma, sientes un río moviéndose dentro de ti, una alegría. Cuando la acción viene de otra sección, el sentimiento desaparece.

Rumi: En tu luz aprendo cómo amar. En tu belleza cómo hacer poemas. Bailas dentro de mi pecho, donde nadie te ve, pero a veces yo lo hago y esa luz se convierte en este arte.

Rumi: Conviértete en poesía viviente.

Rumi: Funde la nieve. Lávate a ti mismo.

Rumi: Lo que buscas te está buscando a ti.

Rumi: Solo desde el corazón puedes tocar el cielo.

Rumi: Riega los arboles frutales y no las espinas.

Rumi: La cicatriz es el lugar donde te entra la luz.

Rumi: Donde hay ruina, hay esperanza para un tesoro.

Rumi: Este amor es la rosa que florece para siempre.

Rumi: Vende tu inteligencia y compra el desconcierto.

Rumi: Responde a toda llamada que excite tu espíritu.

Rumi: Soy hierro resistiendo el imán más grande que hay.

Rumi: Hay mil maneras de arrollidarse y besar la tierra.

Rumi: Estos dolores que sientes son mensajeros. Escúchalos.

Rumi: Todo aquel que conoce el poder de la danza mora en Dios.

Rumi: Naciste con alas. ¿Por qué prefieres gatear por la vida?

Rumi: Enciende tu vida. Busca aquellos que encienden tus llamas.

Rumi: Hay una fuente dentro de ti. No camines con un cubo vacío.

Rumi: Aquí hay una carta para todo el mundo. Ábrela. Dice; vive.

Rumi: –Hay una mañana dentro de ti esperando a estallar en la luz.

Rumi: ¿No es hora de dar la vuelta a tu corazón a un templo de fuego?

Rumi: No te aflijas, cualquier cosa que pierdes vuelve de otra forma.

Rumi: Usa la gratitud como un manto y alimentará cada rincón de tu vida.

Rumi: A medida que comienzas a andar fuera del camino, el camino aparece.

Rumi: El silencio es el lenguaje de Dios, todo lo demás es pobre traducción.

Rumi: La ignorancia es la prisión de Dios. La sabiduría es el palacio de Dios.

Rumi: Trabaja en el mundo invisible al menos tan duro como haces en el visible.

Rumi: La brisa de la madrugada tiene secretos que contarte. No te vayas a dormir.

Rumi: ¿Quién se levanta temprano para descubrir el momento en que comienza la luz?

Rumi: Conviértete en el cielo. Usa un hacha contra la pared de la prisión. Escapa.

Rumi: Una libertad secreta se abre a través de una grieta que a penas se puede ver.

Rumi: Antes de que la muerte se lleve lo que se te ha dado, da lo que tienes para dar.

Rumi: Ven aquí donde las rosas se han abierto. Deja que el alma y el mundo se conozcan.

Rumi: La belleza nos rodea pero normalmente necesitamos andar en un jardín para saberlo.

Rumi: Mi alma es de otro lugar, estoy seguro de eso, y tengo la intención de terminar allí.

Rumi: No te des la vuelta. Mantén tu mirada en el lugar vendado. Ahí es donde entra la luz.

Rumi: Mi cabeza estalla con la alegría de los desconocidos. Mi corazón se expande mil veces.

Rumi: Baila en medio de la lucha. Baila en tu sangre. Baila cuando seas perfectamente libre.

Rumi: ¿Por qué estas tan encantado con este mundo cuando una mina de oro late en tu interior?

Rumi: No me arrepiento de lo mucho que amo, y evito aquellos que se arrepienten de su pasión.

Rumi: Purifica tus ojos, y mira la pureza del mundo. Tu vida se llenará con radiantes formas.

Rumi: ¿Por qué debería quedarme en el fondo del pozo cuando una cuerda fuerte esta en mi mano?

Rumi: El dolor que abrazamos se convierte en alegría. Llévalo a tus brazos donde puede cambiar.

Rumi: Preocúpate entonces con lo que realmente valoras y dejar al ladrón que se lleve algo más.

Rumi: Cómo puedo saber algo sobre el pasado o futuro cuando la luz del amado brilla solo ahora.

Rumi: Los amantes no se encuentran en ningún lugar. Se encuentran el uno al otro todo el tiempo.

Rumi: Permítete a ti mismo ser silenciado por el tirón más grande de lo que verdaderamente amas.

Rumi: Eleva tus palabras, no la voz. Es la lluvia lo que hace crecer las flores, no los truenos.

Rumi: Pon tus pensamientos a dormir, no dejes que arrojen una sombra sobre la luna de tu corazón.

Rumi: Sigue llamando y la alegría en el interior se abrirá eventualmente, y mirará quién hay ahí.

Rumi: Deja que las aguas se asienten y verás la luna y las estrellas reflejadas en tu propio ser.

Rumi: Así es como moriré en el amor que tengo por ti: como piezas de nube disueltas en la luz solar.

Rumi: Hay una canasta de pan fresco en tu cabeza y aún así vas de puerta en puerta pidiendo cortezas.

Rumi: Algunas cosas abren nuestras alas, algunas cosas hacen que el aburrimiento y dolor desaparezcan.

Rumi: El amor viene con un cuchillo, no con alguna pregunta tímida, y no con miedos por su reputación.

Rumi: Tus piernas se harán pesadas y cansadas. Luego vendrá el momento de sentir las alas que has criado.

Rumi: Toma sorbos de este vino puro que es vertido. Que no te preocupe que se te haya dado una copa sucia.

Rumi: No te quedes satisfecho con historias, cómo le han ido las cosas a los demás. Revela tu propio mito.

Rumi: No pienses que el jardín pierde su éxtasis en invierno. Es silencioso, pero sus raíces están ahí debajo.

Rumi: Debes derribar partes de un edificio para restaurarlo y lo mismo ocurre con una vida que no tiene espíritu.

Rumi: Para cambiar, una persona debe encarar el dragón de sus apetitos con otro dragón, la energía vital del alma.

Rumi: Hoy, como cualquier otro día, nos levantamos vacíos y con miedo. Que la belleza que amamos sea lo que hacemos.

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EL LADRÓN EN EL HUERTO

RUMI

TODO VIENE DE DIOS

Análisis del cuento Sufi "El ladrón en el huerto".

Los viajeros de la senda que cometen algún acto indecoroso, intentan a veces huir de su responsabilidad por su comportamiento negativo alegando que «todo viene de Dios». A esto contestamos que entonces, necesariamente, reprenderse a sí mismo y apartarse de lo mundanal, también viene de Dios. El error que cometen quienes hacen esta afirmación puede entenderse analizando el cuento del ladrón en el huerto.

EL LADRÓN DEL HUERTO

Había una vez un ladrón extremadamente vago que evitaba hacer el más mínimo esfuerzo, incluso para obtener su sustento diario. Debía pensar: «¿Para qué voy a perder mi valioso tiempo y mi energía en un trabajo aburrido, cuando puedo conseguir más fácilmente mi pan de cada día robando?».

Un día, andaba este ladrón paseando cerca de un huerto muy cuidado de albaricoques, cuando se acordó de que no había comido nada en todo el día. Se hizo la siguiente reflexión: «Debe ser obra de la providencia el que me halle aquí, paseando por un huerto tan bien surtido, en el preciso momento en el que mi estómago protesta».

Sin dudarlo lo más mínimo, el ladrón se adentró en el huerto y comenzó a recoger tantos albaricoques como podía llevar en su bolsa. Después de buscar un lugar apropiado y confortable a la sombra, se apoyó en un árbol y sacó de su bolsa algunos de los albaricoques más apetitosos. Con gran satisfacción, sintiéndose muy ufano de su inteligencia y de su buena suerte, comenzó a comer los albaricoques mientras disfrutaba de la maravillosa vista que había a su alrededor y de la suave brisa que refrescaba el calor de la tarde.

El ladrón estaba a punto de dormirse después de su comida cuando el dueño del huerto se presentó, de repente, ante él.

«¿No temes a Dios por tan flagrante robo?», le preguntó el dueño con voz seria.

«¿Por qué voy a temer a Dios?», replicó el ladrón con una sonrisa maliciosa en sus labios. «Todos estos árboles pertenecen a Dios y yo soy un siervo fiel de Dios. Lo único que sucede es que un siervo de Dios come lo que pertenece a Dios en la tierra de Dios». Dejando de lado la cólera que le producían la actuación y las palabras del ladrón, el dueño sacudió su cabeza cariacontecido y mandó al ladrón que esperase allí mientras volvía con una respuesta.

Poco después, el dueño volvió al lugar con uno de sus jardineros que llevaba una cuerda y una estaca. Señalando al ladrón, que todavía se hallaba sentado debajo del árbol y que estaba, de nuevo, comiendo los albaricoques que acababa de robar, el dueño volviéndose a su compañero, le dijo: «Toma la cuerda y ata a ese siervo de Dios al árbol en el que está recostado. Después coge la estaca y golpéale hasta que le quede clara la respuesta que he prometido darle».

Al oír las órdenes del dueño, el ladrón dio un salto, dejó caer los albaricoques que le quedaban en la bolsa y gritó aterrorizado: «¿No temes a Dios, al infligir tan terrible castigo a un ser humano como tú?».

El dueño, con voz templada, y con una mueca y una sonrisa maliciosas en sus labios, le contestó: «¿Por qué iba a tener miedo? Tan sólo eres un siervo fiel de Dios y esta estaca es de Dios. Yo, sencillamente, golpeo a un siervo de Dios, con una estaca de Dios, en la tierra de Dios».

Ten en cuenta, ¡oh viajero de la senda!, que este mundo es como una montaña. Digas lo que digas y hagas lo que hagas, bueno o malo, la montaña te devolverá su eco. Estás equivocado cuando piensas: «hablo bien y con buenas maneras y, a pesar de eso, recibo malas respuestas», porque eso no puede suceder. Cuando el ruiseñor canta en las montañas, ¿qué eco le devuelven éstas: el graznido de un cuervo, la voz de un hombre o el rebuzno de un burro?

Ten pues por seguro, sin ninguna duda, que si recibes una respuesta desagradable de la montaña, !Tú eres el que ha hablado como un burro y no la montaña!

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