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FRASES CARLOS CASTANEDA

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Carlos Castaneda: Ya me di al poder que a mi destino rige.

Carlos Castaneda: No temo ya a nada, para así poder acordarme de mí.

Carlos Castaneda: Desapegado y sereno, me lanzaré más allá del Águila para ser libre.

Carlos Castaneda: Todos podemos ver y, sin embargo, elegimos no recordar lo que vemos.

Carlos Castaneda: Un guerrero actúa como si supiera lo que hace, cuando en realidad no sabe nada.

Carlos Castaneda: Nada en este mundo es un regalo. Lo que ha de aprenderse debe aprenderse arduamente.

Carlos Castaneda: Por eso puede uno decir, sin presunción, que la experiencia de las experiencias es estar vivo.

Carlos Castaneda: El conocimiento silencioso no es sino el contacto directo con el intento. Da tu primer paso !!!

Carlos Castaneda: Un guerrero vive de actuar, no de pensar en actuar ni de pensar qué pensará cuando haya actuado.

Carlos Castaneda: Un guerrero no necesita historia personal. Un día descubre que ya no le es necesaria, y la abandona.

Carlos Castaneda: El don de libertad que ofrece el Águila no es una dádiva, sino la oportunidad de tener una oportunidad.

Carlos Castaneda: El mundo es insondable. Y también lo somos nosotros, así como todos los seres que existen en este mundo.

Carlos Castaneda: Y no me aferro ya a nada, para así no tener nada que defender. No tengo pensamientos, para así poder ver.

Carlos Castaneda: El arte del guerrero consiste en equilibrar el terror de ser un hombre con la maravilla de ser un hombre.

Carlos Castaneda: No hay vacío en la vida de un guerrero. Todo está lleno a rebosar. Todo está lleno a rebosar y todo es igual.

Carlos Castaneda: Los chamanes han desenmascarado la importancia personal y han descubierto que se trata de autocompasión disfrazada.

Carlos Castaneda: Todo hábito requiere de todas sus partes para funcionar. Si alguna de esas partes desaparece, el hábito se desarma.

Carlos Castaneda: Cambiar nuestra idea del mundo es la clave del chamanismo. Y parar el diálogo interno es la única forma de lograrlo.

Carlos Castaneda: Una de las mayores fuerzas en la vida es el miedo, porque incita a aprender. El primer aprendizaje: No tener miedo !!!

Carlos Castaneda: Lo cierto, para un vidente, es que todos los seres vivos luchan por morir. Lo que detiene a la muerte es la conciencia.

Carlos Castaneda: Cuando uno no tiene nada que perder, se vuelve valiente. Sólo somos tímidos mientras nos queda algo a lo que aferrarnos.

Carlos Castaneda: Todo el que quiera seguir el camino del guerrero ha de librarse de la compulsión de poseer cosas y de aferrarse a ellas.

Carlos Castaneda: Un guerrero muere difícilmente. Su muerte debe luchar para llevárselo. Un guerrero no se entrega a la muerte tan fácilmente.

Carlos Castaneda: Percibimos. Éste es un hecho firme. Pero no es un hecho de la misma clase que lo que percibimos, porque aprendemos qué percibir.

Carlos Castaneda: Un guerrero piensa en su muerte cuando las cosas pierden claridad. La idea de la muerte es lo único que templa nuestro espíritu.

Carlos Castaneda: Se escoge sólo una vez. Elegimos ser guerreros o ser hombres corrientes. No existe una segunda oportunidad. No sobre esta Tierra.

Carlos Castaneda: La clave está en lo que se enfatiza. O nos hacemos desdichados o nos hacemos fuertes. Cuesta el mismo trabajo lo uno que lo otro.

Carlos Castaneda: Cuando un guerrero aprende a parar su diálogo interno todo es posible; hasta los proyectos más descabellados se vuelven factibles.

Carlos Castaneda: La clave del camino del guerrero es destronar la importancia personal. Todo cuanto hacen los guerreros se dirige a lograr esta meta.

Carlos Castaneda: Casi nunca nos damos cuenta de que podemos suprimir cualquier cosa de nuestras vidas en cualquier momento y en un abrir y cerrar de ojos.

Carlos Castaneda: A los guerreros les resulta mucho más fácil salir adelante en condiciones de máxima tensión que ser impecables en circunstancias normales.

Carlos Castaneda: Los guerreros siempre toman el primer suceso de una serie como el bosquejo o el mapa de lo que a continuación va a desplegarse ante ellos.

Carlos Castaneda: Para que un guerrero tenga éxito en cualquier empresa, el éxito debe llegar suavemente; con mucho esfuerzo, pero sin tensión ni obsesiones.

Carlos Castaneda: El arte de acechar es un conjunto de procedimientos y actitudes que permiten a un guerrero extraer lo mejor de cualquier situación concebible.

Carlos Castaneda: Ser despiadado no significa aspereza, astucia no significa crueldad, ser paciente no significa negligencia y ser dulce no significa estupidez.

Carlos Castaneda: La lucha está justo aquí, en esta Tierra. Somos criaturas humanas. ¿Quién sabe lo que nos aguarda o la clase de poder que podemos llegar a tener?

Carlos Castaneda: la conciencia acrecentada crea un estado de bienestar, es el origen de la peculiar sensación de plenitud física y mental producida espontáneamente.

Carlos Castaneda: Todas las facultades, posibilidades y logros del chamanismo, desde los más simples hasta los más asombrosos, se encuentran en el propio cuerpo humano.

Carlos Castaneda: Tras haber arreglado el mundo del modo más bello e iluminado, el académico regresa a casa, a las cinco en punto de la tarde, y olvida su bello arreglo.

Carlos Castaneda: Para seguir el camino del conocimiento, uno tiene que ser muy imaginativo. En el camino del conocimiento nada es tan claro como nos gustaría que fuera.

Carlos Castaneda: Un guerrero, primero debe saber que sus actos son inútiles y, a pesar de ello, proceder como si no lo supiera. Ése es el desatino controlado del chamán.

Carlos Castaneda: El primer principio del arte de acechar es que los guerreros eligen su campo de batalla. Un guerrero jamás entra en batalla sin conocer antes el entorno.

Carlos Castaneda: Los guerreros no ganan victorias golpeándose la cabeza contra los muros, sino rebasando los muros. Los guerreros saltan sobre los muros, no los derriban.

Carlos Castaneda: Un guerrero no deja nada al azar. De hecho, influye en el resultado de los acontecimientos mediante la fuerza de su conciencia y de su intento inflexible.

Carlos Castaneda: El poder pone siempre al alcance del guerrero un centímetro cúbico de suerte. El arte del guerrero consiste en ser permanentemente fluido para poderlo atrapar.

Carlos Castaneda: Descanso, refugio, miedo: todo ello no son más que palabras creadoras de estados de ánimo que hemos aprendido a aceptar sin tan siquiera cuestionarnos su valor.

Carlos Castaneda: El destino de un guerrero sigue un curso inalterable. El desafío consiste en cuán lejos puede llegar y cuán impecable puede ser dentro de esos rígidos confines.

Carlos Castaneda: Un guerrero nunca se preocupa de su miedo. En vez de eso, ¡piensa en las maravillas de ver el flujo de la energía! El resto son adornos, adornos sin importancia.

Carlos Castaneda: El hombre corriente es consciente de todo sólo cuando piensa que debería serlo; la condición de un guerrero, en cambio, es ser consciente de todo en todo momento.

Carlos Castaneda: El mundo de la gente tiene subidas y bajadas, y la gente sube y baja con su mundo; los guerreros no tienen por qué seguir las subidas y bajadas de sus semejantes.

Carlos Castaneda: Lo que necesitamos hacer para que la magia pueda apoderarse de nosotros es desvanecer las dudas de nuestras mentes. Una vez desvanecidas las dudas, todo es posible.

Carlos Castaneda: Las posibilidades del hombre son tan vastas y misteriosas que los guerreros, en vez de pensar en ellas, han optado por explorarlas sin esperanza de comprenderlas jamás.

Carlos Castaneda: El camino del guerrero ofrece al hombre una vida nueva, y esa vida tiene que ser completamente nueva. No puede uno llevar a esa nueva vida sus viejas y malas costumbres.

Carlos Castaneda: Siempre que el diálogo interno cesa, el mundo se desploma y afloran extraordinarias facetas nuestras, como si hubieran estado celosamente guardadas por nuestras palabras.

Carlos Castaneda: Uno no está completo sin tristeza ni añoranza, pues sin ellas no hay sobriedad, no hay gentileza. La sabiduría sin gentileza y el conocimiento sin sobriedad son inútiles.

Carlos Castaneda: Ver es un conocimiento corporal. La preponderancia del sentido visual en nosotros influye en este conocimiento corporal y hace que parezca estar relacionado con los ojos.

Carlos Castaneda: Lo peor que podría ocurrirnos es tener que morir, y puesto que ése es ya nuestro destino inalterable, somos libres; quienes lo han perdido todo no tienen ya nada que temer.

Carlos Castaneda: Los seres humanos son perceptores, pero el mundo que perciben es una ilusión: una ilusión creada por la descripción que les contaron desde el momento mismo en que nacieron.

Carlos Castaneda: Los guerreros jamás pueden tender un puente para reunirse con la gente del mundo. Pero si la gente desea hacerlo, tiene que tender un puente para reunirse con los guerreros.

Carlos Castaneda: El poder reside en el tipo de conocimiento que uno posee. ¿Qué sentido tiene conocer cosas inútiles? Eso no nos prepara para nuestro inevitable encuentro con lo desconocido.

Carlos Castaneda: Hay montones de cosas que un guerrero puede hacer en un determinado momento y que no habría podido hacer años antes. Esas cosas no cambiaron; lo que cambió fue su idea de sí mismo.

Carlos Castaneda: Cada pizca de conocimiento que se convierte en poder tiene a la muerte como fuerza central. La muerte da el toque definitivo; todo lo que la muerte toca, en verdad se vuelve poder.

Carlos Castaneda: Uno no debería preocuparse de tomar fotos o de hacer grabaciones. Ésas son superficialidades propias de vidas ociosas. Uno debería preocuparse del espíritu, que siempre es huidizo.

Carlos Castaneda: Un guerrero acepta su suerte, sea cual sea, y la acepta con total humildad. Se acepta a sí mismo con humildad, tal como es; no como base para lamentarse, sino como un desafío vital.

Carlos Castaneda: Ocuparse demasiado de uno mismo produce una terrible fatiga. Un hombre en esa posición está ciego y sordo a todo lo demás. La fatiga misma le impide ver las maravillas que lo rodean.

Carlos Castaneda: La única libertad que tienen los guerreros es la de comportarse impecablemente. Pero la impecabilidad no es sólo su única libertad, sino la única manera de enderezar la forma humana.

Carlos Castaneda: Un guerrero no tiene remordimientos por nada de lo que ha hecho, porque aislar los propios actos llamándolos mezquinos, feos o malos es darse a uno mismo una importancia injustificada.

Carlos Castaneda: El conocimiento es un asunto de lo más peculiar, especialmente para un guerrero. El conocimiento, para un guerrero, es algo que, súbitamente, llega, lo envuelve y luego sigue de largo.

Carlos Castaneda: El poder personal es un sentimiento. Algo así como tener suerte. O podríamos llamarlo un talante, un ánimo. El poder personal es algo que se adquiere a través de toda una vida de lucha.

Carlos Castaneda: Para aplicar el séptimo principio del arte de acechar uno tiene que aplicar los otros seis: un acechador no se coloca nunca al frente. Está siempre observando desde detrás de la escena.

Carlos Castaneda: Lo recomendable para los guerreros es no tener cosas materiales en las que enfocar su poder, sino enfocarlo en el espíritu, en el verdadero vuelo a lo desconocido y no en trivialidades.

Carlos Castaneda: Un guerrero acepta la responsabilidad de sus actos, hasta del más trivial de sus actos. El hombre corriente actúa según sus pensamientos y nunca asume la responsabilidad por lo que hace.

Carlos Castaneda: Una regla básica para el guerrero es que toma sus decisiones con tanto cuidado que nada de lo que pueda ocurrir como resultado es capaz de sorprenderlo; mucho menos, de menguar su poder.

Carlos Castaneda: Un hombre, cualquier hombre, merece cuanto les toca en suerte a los hombres: alegría, dolor, tristeza y lucha. No importa la naturaleza de sus actos, siempre y cuando actúe como guerrero.

Carlos Castaneda: Todo el mundo dispone de suficiente poder personal para lograr algo. El truco del guerrero consiste en desviar su poder personal de su debilidad para emplearlo en su propósito de guerrero.

Carlos Castaneda: El chamanismo es un viaje de regreso. Un guerrero regresa victorioso al espíritu tras haber descendido al infierno. Y del infierno regresa con trofeos. La comprensión es uno de sus trofeos.

Carlos Castaneda: El núcleo de nuestro ser es el acto de percibir, y la magia de nuestro ser es el acto de ser conscientes. La percepción y la conciencia constituyen una misma e inseparable unidad funcional.

Carlos Castaneda: La diferencia básica entre un hombre corriente y un guerrero es que para un guerrero todo es como un desafío, mientras que para un hombre corriente todo es como una bendición o una maldición.

Carlos Castaneda: Un guerrero no tiene honor, ni dignidad, ni familia, ni nombre, ni patria; sólo tiene vida por vivir y, en tales circunstancias, su único vínculo con sus semejantes es su desatino controlado.

Carlos Castaneda: Cuando nada se da por cierto permanecemos alerta, permanentemente de puntillas. Es más emocionante no saber detrás de qué matorral saltará la liebre que comportarnos como si lo supiéramos todo.

Carlos Castaneda: Un guerrero sabe que espera y sabe lo que espera; y mientras espera, deleita sus ojos en la contemplación del mundo. El logro definitivo de un guerrero es disfrutar con la alegría del infinito.

Carlos Castaneda: Así pues, el mundo que su razón quiere sostener es, en esencia, un mundo creado por una descripción que tiene reglas dogmáticas e inviolables, reglas que su razón aprende a aceptar y a defender.

Carlos Castaneda: Somos hombres, y nuestro destino es aprender y ser arrojados a mundos nuevos e inconcebibles. Un guerrero que ve la energía sabe que no hay fin a los nuevos mundos que se abren a nuestra visión.

Carlos Castaneda: Cuando un guerrero aprende a ver, ve que un hombre, ya sea mendigo o rey, es un huevo luminoso, y no hay manera de cambiar nada; o mejor dicho, ¿qué podría cambiarse en ese huevo luminoso? ¿Qué?

Carlos Castaneda: Un guerrero sabe que es sólo un hombre. Su único pesar es que su vida es tan corta que no le permite asir todas las cosas que quisiera. Pero, para él, eso no es un problema; es sólo una lástima.

Carlos Castaneda: El arte de ensoñar es la capacidad de utilizar los sueños ordinarios y transformarlos en conciencia controlada, en virtud de una forma especializada de atención denominada la atención de ensueño.

Carlos Castaneda: El hombre corriente se preocupa demasiado por querer a otros o por ser querido por los demás. Un guerrero quiere; eso es todo. Quiere lo que se le antoja o a quien se le antoja, sin más, porque sí.

Carlos Castaneda: Un guerrero debe aprender a hacer que cada acto cuente, pues va a estar aquí, en este mundo, tan sólo un tiempo breve; de hecho, demasiado breve para ser testigo de todas las maravillas que existen.

Carlos Castaneda: Los guerreros tienen una sola cosa en mente: su libertad. Morir y ser devorado por el Águila no representa ningún desafío. En cambio, escabullirse del Águila y ser libres es la mayor de las audacias.

Carlos Castaneda: No existe, en realidad, ningún procedimiento para hacer que el punto de encaje se desplace al lugar de la no compasión. El espíritu toca a la persona, y su punto de encaje se desplaza. Así de simple.

Carlos Castaneda: La pérdida de la forma humana es como una espiral. Le da a un guerrero la libertad de recordarse a sí mismo como un conglomerado de campos de energía enderezados, lo que a su vez le hace aún más libre.

Carlos Castaneda: A los seres humanos les encanta que les digan lo que deben hacer, pero aún les gusta más luchar y resistirse a hacer lo que se les dice; y de este modo se enredan en aborrecer a quien los ha aconsejado.

Carlos Castaneda: Los guerreros encaran el tiempo que llega. Normalmente encaramos el tiempo que se aleja de nosotros; sólo los guerreros pueden cambiar esta situación y encarar el tiempo a medida que avanza hacia ellos.

Carlos Castaneda: Todo lo que los guerreros hacen es consecuencia del desplazamiento de sus puntos de encaje, y tales desplazamientos están determinados por la cantidad de energía que los guerreros tienen a su disposición.

Carlos Castaneda: El hombre tiene cuatro enemigos naturales: el miedo, la claridad, el poder y la vejez. El miedo, la claridad y el poder pueden superarse, pero no la vejez. Su efecto puede ser pospuesto, pero nunca vencido.

Carlos Castaneda: Un guerrero cazador trata íntimamente con su mundo y, sin embargo, es inaccesible para ese mismo mundo. Lo toca ligeramente, permanece el tiempo preciso y luego se aleja velozmente, sin apenas dejar rastro.

Carlos Castaneda: Mientras un hombre siente que lo más importante del mundo es él mismo, no puede apreciar verdaderamente el mundo que lo rodea. Es como un caballo con anteojeras: sólo se ve a sí mismo, ajeno a todo lo demás.

Carlos Castaneda: Preguntar cuál es la función de los aliados es como preguntar qué hacemos los hombres en el mundo. Aquí estamos: eso es todo. Y los aliados están aquí como nosotros; y puede que estuvieran antes que nosotros.

Carlos Castaneda: El arte del acecho consiste en aprender todas las peculiaridades de tu disfraz, y aprenderlas tan bien que nadie sepa que estás disfrazado. Para conseguirlo, necesitas ser despiadado, astuto, paciente y dulce.

Carlos Castaneda: Un guerrero no está nunca sitiado. Estar sitiado implica que uno tiene posesiones personales que defender. Un guerrero no tiene nada en el mundo salvo su impecabilidad, y la impecabilidad no puede ser amenazada.

Carlos Castaneda: Ésas son las luces que lleva la muerte sobre su cabeza. La muerte se las pone por sombrero y se lanza al galope, ganándonos terreno, acercándose más y más. A veces apaga sus luces. Pero la muerte nunca se detiene.

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LA CONCIENCIA ACRECENTADA ES BIENESTAR

CARLOS CASTANEDA

EL OSCURO MAR DE LA CONCIENCIA

Parece que en nuestra mente el universo entero es la palabra de Dios: algo absoluto e inmutable.

Así nos comportamos. En lo más profundo de nuestra mente existe un mecanismo de control que nos impide detenernos a analizar que, tal como la aceptamos y creemos en ella, la palabra de Dios pertenece a un mundo muerto. Por su parte, el mundo vivo es un flujo constante. Se mueve, cambia, invierte la dirección. El motivo por el cual los pases mágicos de los chamanes de mi linaje lo son consiste en que, al ejecutarlos, los cuerpos de los practicantes se percatan de que, en lugar de ser una cadena ininterrumpida de objetos afines, todo es una corriente, un flujo. Si todo lo que existe en el universo es un flujo o una corriente, ésta puede detenerse. Es posible represarla para detener o desviar el flujo.

Los chamanes del linaje de Don Juan creían que, en un sentido amplio, la conciencia acrecentada creaba un estado de bienestar. Se dieron cuenta de que, al entrar en estados de conciencia acrecentada, sus cuerpos se movían involuntariamente de determinadas maneras que eran el origen de la peculiar sensación de plenitud física y mental, los movimientos se producían espontáneamente y una fuerza guiaba los efectos sin la intervención de la voluntad. Los pases mágicos producen un efecto que no responde a las explicaciones habituales. Los movimientos no son ejercicios físicos ni posturas corporales, sino verdaderos intentos de alcanzar el estado óptimo del Ser. Se denominan pases mágicos ya que, al practicarlos, en lo que a la percepción de refiere, los chamanes son transportados a otros estados del ser en los que perciben el mundo de manera indescriptible. El propósito es redistribuir la energía. Los seres humanos tienden espontáneamente a apartar la energía de los centros de vitalidad, a través de las preocupaciones y dejándose arrastrar por el estrés de la vida cotidiana. La coerción de las actividades diarias pasa factura al cuerpo; se acumula en la periferia de la bola luminosa y en ocasiones forma un depósito grueso semejante a la corteza del árbol.

Los pases mágicos se vinculan con el ser humano total en cuanto cuerpo físico y como conglomerado de campos de energía. Agitan la energía acumulada en la bola luminosa y la devuelven al cuerpo físico propiamente dicho. La verdadera magia de los pases mágicos es que permiten que la energía encastrada vuelva a entrar en los centros de vitalidad.

El objetivo es la redistribución de la energía y las tres cuestiones que lo acompañan: la interrupción del diálogo interior, la posibilidad del silencio interior y la fluidez del punto de encaje. Una vez que el diálogo interior se reduce al mínimo, notas la llegada del silencio interior. Un nuevo flujo de cosas entra en tu campo de percepción. Estas cuestiones siempre estuvieron en la periferia de tu conciencia general, pero no disponías de suficiente energía para ser deliberadamente consciente de su existencia. A medida que desvías el diálogo interior otros elementos de la conciencia ocupan el espacio vacío. El nuevo flujo de energía que los pases mágicos llevan a tus centros de vitalidad da una fluidez a tu punto de encaje, que ya no está rígidamente vallado. Los miedos ancestrales que nos impiden dar un paso han dejado de impulsarte.

Mediante la redistribución de la energía que no se utiliza, los pases mágicos conducen a los practicantes a un nivel de conciencia en el cual los parámetros de la percepción normal tradicional quedan anulados porque se expanden. Así, los practicantes incluso pueden entrar en mundos inimaginables. Ahora sé que los humanos somos seres de la conciencia, que participamos en el evolutivo viaje de la conciencia y que estamos llenos a rebosar de recursos increíbles que jamás aprovechamos.

LA RECAPITULACIÓN

La recapitulación es la técnica descubierta por los sabios del antiguo México.

El fin es alcanzar dos objetivos trascendentales: en primer lugar, el fin abstracto de cumplir el código universal que exige renunciar a la conciencia en el momento de la muerte. Vieron que en el universo existe una fuerza descomunal, un inmenso conglomerado de campos de energía al que denominaron águila o el oscuro mar de la conciencia, que es la fuerza que da conciencia a todos los seres vivos. En su opinión, los seres vivos mueren porque están obligados a devolver su conciencia prestada. Consideraban que la recapitulación suponía dar al oscuro mar de la conciencia lo que buscaba: experiencias vitales, es decir, adquirían un grado de control que les permitía separar las conciencias vitales de la fuerza vital, que no estaban unidas de manera indisoluble.

Como es imposible explicar estos fenómenos según la lógica al uso, los chamanes aspiraban a lograr la hazaña de retener la fuerza vital sin saber cómo lo hacían. Solo se trata del ingreso en un proceso evolutivo con la ayuda del único medio de que el hombre dispone: la conciencia. Los chamanes tenían el convencimiento de que, biológicamente, el hombre no puede seguir evolucionando, por lo que llegaron a la conclusión de que la conciencia humana era el único modo de evolución. En el momento de la muerte, los chamanes no son aniquilados, sino que se transforman en seres inorgánicos, seres que tienen conciencia pero carecen de organismo. Para ellos, la transformación era evolucionar, y suponía el acceso a una clase de conciencia nueva e indescriptible, conciencia que realmente duraría millones de años y que algún día tendrían que devolver.

El segundo objetivo de la recapitulación es el fin pragmático de adquirir fluidez perceptiva. El fundamento se relaciona con uno de los temas más esquivos de la sabiduría: el punto de anclaje, punto de luminosidad intensa, del tamaño de una pelota de tenis, perceptible cuando los chamanes ven al ser humano como un conglomerado de campos de energía. Billones de campos de energía con forma de filamentos de luz que proceden del universo en general convergen en el punto de anclaje y los atraviesan. El ser humano la convierte en datos sensoriales. A continuación, los interpreta como el mundo de la vida cotidiana, es decir, en función de la socialización y el potencial humano.

La recapitulación significa revivir todas o casi todas las experiencias que hemos tenido y, de este modo, desplazar un poco o mucho el punto de anclaje y llevarlo a adoptar la posición que ocupaba cuando aconteció el hecho recapitulado. El acto de desplazarse entre posiciones anteriores y la presente proporciona la fluidez necesaria para salvar los obstáculos extraordinarios en sus viajes al infinito.

Los chamanes están convencidos de que el misterio de la recapitulación reside en el acto aspirar y espirar. Como se trata de una función que sustenta la vida, creen que a través de la respiración también podemos entregar al oscuro mar de la conciencia el facsímil de las propias experiencias vitales. Cuestiones como la recapitulación no se explican, simplemente se experimentan. Al vivirla podemos encontrar la liberación, y explicarla equivale a consumir energía en esfuerzos inútiles. Cualquier cambio de comportamiento tendría que realizarse a través de la recapitulación, porque es el único medio que puede realzar la conciencia y liberarnos de las demandas implícitas de la socialización.

EL SILENCIO INTERIOR

El silencio interior es la matriz de un espectacular paso evolutivo.

El silencio interior es el estado natural de la percepción humana en el que los pensamientos quedan bloqueados y nuestras facultades funcionan con un nivel de conciencia que no exige la utilización del sistema cognitivo cotidiano. La percepción humana que funciona en las condiciones de silencio interior puede alcanzar niveles indescriptibles. Algunos de ellos son universos en sí mismos, son estados inefables e inexplicables.

El silencio interior es la matriz de un espectacular paso evolutivo: el conocimiento silencioso, es decir, el nivel de la conciencia humana donde el conocimiento es espontáneo e instantáneo. A este nivel el conocimiento no es consecuencia de la reflexión cerebral, la inducción y la deducción lógicas, o las generalizaciones basadas en las semejanzas y las diferencias. En el nivel de conocimiento silencioso no hay nada apriorístico o que constituya un caudal de conocimiento, ya que todo ocurre inminentemente ahora. El conocimiento silencioso le fue insinuado al hombre primitivo pero, en realidad, nunca lo poseyó. A pesar de que hemos perdido dicha insinuación, a través del silencio interior la humanidad siempre tendrá abierto el camino que conduce a él.

El silencio interior debe acumularse o almacenarse poco a poco, segundo a segundo, tenemos que obligarnos a ahorrar silencio y alcanzar el umbral de tiempo acumulado. Entonces se experimenta parar el mundo; éste deja de ser lo que era y se es consciente de ver la energía como fluye por el universo. Lo que se experimenta en el instante de parar el mundo es el resurgimiento del cuerpo energético, y que esta configuración energética es la que siempre fue capaz de ver la energía como fluye por el universo.

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