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FRASES ALBERTO CORTEZ

FRASES Y CITAS ALBERTO CORTEZ

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Alberto Cortez: Miguitas de ternura yo necesito, si le sobra un poquito, démelo a mí.

Alberto Cortez: Te sigo queriendo como el primer día con esta alegría con que voy viviendo.

Alberto Cortez: Yo puse el esfuerzo y ella la desgana. Yo el hondo silencio y ella la palabra.

Alberto Cortez: Con las cosas más bellas guardaré tu recuerdo que el tiempo no logró sacarlo de mi alma.

Alberto Cortez: Cuando un amigo se va queda un espacio vacío que no lo puede llenar la llegada de otro amigo.

Alberto Cortez: Pudiera ser que supiera cómo decirle a la gente con unas pocas palabras lo que pasa por mi mente.

Alberto Cortez: Amor, mi gran amor, mi buen amor, mi alero: Amor, mi venturero amor, maravilloso amor, te quiero.

Alberto Cortez: Prefiero más que llegar, pensar que ya voy llegando, andar por andar andando, caminar por caminar.

Alberto Cortez: No siempre gana distancia el hombre que más camina. A veces por ignorancia anadar se vuelve rutina.

Alberto Cortez: Quien quiera beber conmigo tiene una copa en mi mesa compartirá mi alegría, pero también mi tristeza.

Alberto Cortez: Camina siempre adelante pensando que hay un mañana, no te permitas perderlo porque está buena la cama.

Alberto Cortez: Cuando un amigo se va, queda un terreno baldío que quiere el tiempo llenar con las piedras del hastío.

Alberto Cortez: No somos libres más que por amor, libres y eternos más que por amor, no vale nada si no es por amor… La vida

Alberto Cortez: Eres mucho más de lo que soy y hacia donde voy, cuando me voy… Amor, inalterable amor, mi luminoso gran amor.

Alberto Cortez: Mi árbol brotó... Mi infancia pasó... Hoy bajo su sombra que tanto creció... Tenemos recuerdos mi árbol y yo.

Alberto Cortez: Hay un niño en cada hombre, si no se quiere perderlo, y es el que siempre se asoma al balcón de los consuelos.

Alberto Cortez: Todo es posible viviendo contigo todo es posible, por más guijarros que tenga el camino... Contigo es posible.

Alberto Cortez: A partir de mañana empezaré a vivir la mitad de mi vida; a partir de mañana empezaré a morir la mitad de mi muerte.

Alberto Cortez: Te llamo luna, cascabel o caracola y ya me tienes en la cresta de la ola buscándote por los espacios transparentes.

Alberto Cortez: Qué cosas tiene la vida, mariana, qué cosas tiene la vida, cuanto más alto volamos, Mariana, nos duele más la caída.

Alberto Cortez: Hasta el día de hoy sólo fui lo que soy, aprendiz de Quijote; he podido luchar y hasta a veces ganar sin perder el bigote.

Alberto Cortez: Qué suerte he tenido de nacer, para estrechar la mano de un amigo y poder asistir como testigo al milagro de cada amanecer.

Alberto Cortez: Te llegará una rosa cada día, augurándote tiempos de ventura; compañera total del alma mía, propietaria de toda la ternura.

Alberto Cortez: Y construyó, castillos en aire a pleno sol, con nubes de algodón, en un lugar, adonde nunca nadie pudo llegar usando la razón.

Alberto Cortez: De qué sirve la vida, si a un poco de alegría le sigue un gran dolor. Me parece mentira que tampoco esta noche escucharé tu voz.

Alberto Cortez: Y construyó castillos en el aire, a pleno sol, con nubes de algodón, en un lugar a donde nunca nadie pudo llegar usando la razón.

Alberto Cortez: Viendo campos y caminos, distancia, ¡Qué cantidad de recuerdos! De infancia, amores y amigos, distancia, que se han quedado tan lejos.

Alberto Cortez: Aquellos que no tienen fantasía no pueden entender, es muy complejo, que acorte la distancia, cada día, recibir una rosa desde lejos.

Alberto Cortez: Más allá de cualquier ideología, más allá de lo sabio y lo profano, soy parte del espacio, soy la vida, por el hecho de ser un ser humano.

Alberto Cortez: Cuando te asomes al amor pequeña mía, has de tener el universo entre tus manos y la serenidad y la armonía germinarán en ti grano por grano.

Alberto Cortez: Ir en busca de la rosa más codiciada y hermosa que me pueda imaginar. Si no la encuentro enseguida, me queda toda la vida para poderla buscar.

Alberto Cortez: Era nuestro perro y era la ternura, esa que perdemos cada día más y era una metáfora de la aventura que en el diccionario no se puede hallar.

Alberto Cortez: Para nombrarte prefiero usar el corazón al diccionario, porque siempre es el que lleva el inventario de tantas cosas con que suelo compararte.

Alberto Cortez: Convocas mis anhelos y mis versos, mis gustos, mis amigos, mis ausencias, y tornas los momentos más adversos en dicha nada más con tu presencia.

Alberto Cortez: Era el callejero de las cosas bellas y se fue con ellas cuando se marchó; se bebió de golpe todas las estrellas, se quedó dormido y ya no despertó.

Alberto Cortez: A mis amigos les adeudo la ternura, las palabras de aliento y el abrazo, el compartir con todos ellos la factura que nos presenta la vida paso a paso.

Alberto Cortez: Aunque fue de todos, nunca tuvo dueño que condicionara su razón de ser. Libre como el viento era nuestro perro, nuestro y de la calle que lo vio nacer.

Alberto Cortez: A mis amigos les adeudo la paciencia de tolerarme mis espinas más agudas, los arrebatos del humor, la negligencia, las vanidades, los temores y las dudas.

Alberto Cortez: A mis amigos legaré cuando me muera, mi devoción en un acorde de guitarra, y entre los versos olvidados de un poema, mi pobre alma incorregible de cigarra.

Alberto Cortez: La envidia es muy difícil de contener, se logra cuando se sabe ser un señor y sólo los bien nacidos lo suelen ser, los otros tienen bastante con lo que son.

Alberto Cortez: Yo te quiero tanto como tanto quiero que vague mi canto por todo tu cuerpo, que gane la cumbre total de tus senos y que se derrumbe rodando hacia el centro.

Alberto Cortez: A mis amigos les adeudo los enfados que perturbaran sin querer nuestra armonía, sabemos todos que no puede ser pecado, el discutir alguna vez por tonterías.

Alberto Cortez: Ir conociendo de a poco al más cuerdo y al más loco, y al que le da por volar; volar con el pensamiento, que al oir cantar al viento, del viento aprender a cantar.

Alberto Cortez: Dónde dormirá esta noche ese pobre viejo, el que vaga por la calle sin tener morada, con la suerte consumida como su pellejo, con las manos abatidas, como su mirada.

Alberto Cortez: Nadie puede más que dos que han hallado el amor, no importa en qué lugar: acaso en un tumulto de un tiempo sin piedad, en una calle sola o en el fragor de una ciudad.

Alberto Cortez: Amigo mío, si esta copla, como el viento, adonde quieras escucharla te reclama, serás plurar, porque lo exige el sentimiento, cuando se lleva a los amigos en el alma.

Alberto Cortez: Amada mía, querida mía, Ay, Patria mía. De tumbo en tumbo, se pierde el rumbo de la alegría. ¡Vamos arriba! Que no se diga que estás llorando; que tus heridas mal avenidas se irán curando.

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LA SABIDURÍA DE ALBERTO CORTEZ

ALBERTO CORTEZ

SABIDURÍA DE ALBERTO CORTEZ

Murió Alberto Cortez el gran cantautor de las cosas simples. Comparto parte de su sabiduría con un famoso escrito y dos canciones que llegan al alma.

En su balance dejas millones de almas tristes y un gran legado musical y como persona nos enseñó como debería ser el mundo, la vida y la amistad. Como el Callejero te bebiste de un sorbo las estrellas, te quedaste dormido para ya no despertar. Nos dejas el espacio como testamento, lleno de nostalgia, lleno de emoción... Dejas un espacio vacío que no se puede llenar ni con las aguas de un río. Buen viaje Maestro.

FANÁTICOS

Desde siempre he sentido un inmenso rechazo a cualquier tipo de fanatismo que pueda existir. Me repele el anglicismo “fan” tanto como el castellanismo “fanático”, es algo superior a las coordenadas de mi entendimiento. La Real Academia dice del fanatismo: “tenaz preocupación, apasionamiento del fanático”, del cual dice el diccionario que un fanático es quien defiende con tenacidad desmedida y apasionamiento creencias u opiniones, sean políticas, deportivas, religiosas o de cualquier otra índole social.

Hace unos días nos tocó vivir un episodio de fanatismo deportivo que intentaré narrar sin pisar el palito de la exageración; fue en Barcelona. Mis compañeros y yo recalamos en una casa de comidas de Barcelona atraídos por un televisor que al pasar vimos encendido desde la acera en donde se emitía un encuentro de fútbol entre el Real Madrid y el Olympique de Lyon. Debajo del aparato ondeaba una gran bandera del Fútbol Club Barcelona, de todos conocido como el eterno rival del equipo madrileño. Un grupo de personas de distinto sexo ocupaban una mesa de aquel comedor. Al entrar todos se volvieron y yo fui reconocido por las féminas que compartían la mesa, ese tipo de féminas habituadas a reconocer por mínima que sea cualquier atisbo de fama que decore la figura de alguien.

Al parecer aquel reconocimiento no gustó demasiado a los hombres que las acompañaban; sabidas son en España mis simpatías por el Real Madrid, simpatías que nunca pasaron de ser solamente eso, inapasionadas simpatías. Al entrar vimos que el equipo madrileño ganaba al francés por un gol a cero, aquellas personas y muy especialmente un camarero comenzaron a insultar con todo tipo de improperios a los jugadores madridistas con epítetos irrepetibles por recato en estos escritos. La cosa iba dirigida a nosotros según pudimos entender. A gritos desaforados manifestaban un rencor irrefrenable a todo lo que tuviera que ver con Madrid, cualquier jugada del equipo blanco era rubricada con expresiones tales como “chulos asquerosos” y otras lindezas. Aquí en Cataluña todos somos del equipo francés y ojalá que a estos energúmenos blancos los revienten a patadas” etcétera, etcétera. Pedimos algo de comer y seguimos viendo entre el griterío aquel encuentro deportivo (?).

Cuando aquel camarero nos sirvió lo pedido, aquello era incomible y justo entonces los franceses marcaron un gol con el que eliminaban al equipo español de la competición europea que estaba en juego. El griterío llegó al paroxismo y los insultos llegaron a la máxima expresión de lo tolerable. Pedimos la cuenta y nos dispusimos a salir cuanto antes de allí. Todos se volvieron hacia nosotros con una agresividad inusitada tildándonos de cobardes, madrileños de m... y que se yo cuantas cosas más. Repetían insistentemente que ellos eran catalanes y culés de pro y que nosotros, sucios merengues derrotados debíamos volver a esa maldita ciudad de Madrid.

Salimos cabizbajos y por supuesto un tanto asustados temiendo una agresión más allá de las palabras insultantes.

El asunto nos llevó a reflexionar mientras nos alejábamos del lugar que aquella era una pobre gente enferma de “madridítis”, fanáticos irremediables y que era mejor olvidarnos del incidente en beneficio de nuestro equilibrio mental. Uno no termina de entender porqué un acontecimiento deportivo puede provocar una pasión tan desmedida que permite exteriorizar el lado más oscuro de la conducta humana.

Me imagino a aquellas personas una vez en sus casas, quizás con sus hijos, habrán comentando como una hazaña fantástica lo ocurrido, con el regocijo de haber sido protagonistas de acto de inconcebible justicia contra unos seres que solo tenían la intención de comer algo al tiempo que veían el espectáculo deportivo que sucedía en un estadio lejano y que emitía una lejana televisión.

CALLEJERO

¿Quien no se ha mirado alguna vez en los ojos de ese perro callejero que te sigue hasta el portal de tu casa y se te queda mirando mientras tú cierras la puerta y giras la cabeza avergonzado?.

Permanecerá unos minutos sentado, llorando, luego se levantará e irá en busca de un alma a quien entregar generosamente todo el amor de su corazón. Pero a veces ¿no hemos sido nosotros como ese chucho mendigando una caricia, una palabra amable, una mirada tierna? ...perros callejeros por los callejones de la vida, buscando desechos de amor por entre los cubos de basura.

Era callejero por derecho propio;
su filosofía de la libertad
fue ganar la suya, sin atar a otros
y sobre los otros no pasar jamás.

Aunque fue de todos, nunca tuvo dueño
que condicionara su razón de ser.
Libre como el viento era nuestro perro,
nuestro y de la calle que lo vio nacer.

Era un callejero con el sol a cuestas,
fiel a su destino y a su parecer;
sin tener horario para hacer la siesta
ni rendirle cuentas al amanecer.

Era nuestro perro y era la ternura,
esa que perdemos cada día más
y era una metáfora de la aventura
que en el diccionario no se puede hallar.

Digo “nuestro perro” porque lo que amamos
lo consideramos nuestra propiedad
y era de los niños y del viejo Pablo
a quien rescataba de su soledad.

Era un callejero y era el personaje
de la puerta abierta en cualquier hogar
y era en nuestro barrio como del paisaje,
el sereno, el cura y todos los demás.

Era el callejero de las cosas bellas
y se fue con ellas cuando se marchó;
se bebió de golpe todas las estrellas,
se quedó dormido y ya no despertó.

Nos dejó el espacio como testamento,
lleno de nostalgia, lleno de emoción.
Vaga su recuerdo por los sentimientos
para derramarlos en esta canción.

A MIS AMIGOS

A mis amigos les adeudo la ternura
y las palabras de aliento y el abrazo;
el compartir con todos ellos la factura
que nos presenta la vida, paso a paso.

A mis amigos les adeudo la paciencia
de tolerarme las espinas más agudas;
los arrebatos de humor, la negligencia,
las vanidades, los temores y las dudas.

Un barco frágil de papel,
parece a veces la amistad
pero jamás puede con él
la más violenta tempestad
porque ese barco de papel,
tiene aferrado a su timón
por capitán y timonel:
un corazón.

A mis amigos les adeudo algún enfado
que perturbara sin querer nuestra armonía;
sabemos todos que no puede ser pecado
el discutir, alguna vez, por tonterías.

A mis amigos legaré cuando me muera
mi devoción en un acorde de guitarra
y entre los versos olvidados de un poema,
mi pobre alma incorregible de cigarra.

Un barco frágil de papel,
parece a veces la amistad
pero jamás puede con él
la más violenta tempestad
porque ese barco de papel,
tiene aferrado a su timón
por capitán y timonel:
un corazón.

Amigo mío si esta copla como el viento,
adonde quieras escucharla te reclama,
serás plural, porque lo exige el sentimiento
cuando se lleva a los amigos en el alma.

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