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LA ILUMINACIÓN ESPIRITUAL
| ESPIRITUALIDAD SIN RELIGIONES | DIOS TODO Y ETERNO | AMOR - VERDAD - LIBERTAD - VIDA | 1997 - 2018 |
LA ILUMINACION ESPIRITUAL
ESPIRITUALIDAD SIN RELIGIONES

VIRUS ANTISOCIALES

PATROCINIO NAVARRO

14/06/2017

Grafica 'Virus antisociales' Categoria 'Conocimientos' Palabra 'Sociedad'

CATEGORIA N° 18 CONOCIMIENTOS y SOCIEDAD

En cualquiera de sus versiones, el fanatismo es un virus antisocial. En este mundo ha adquirido tales dimensiones que es imposible callarse sobre a dónde nos lleva a personas, instituciones y naciones.

El fanatismo es como una hidra con varias cabezas. Nace del egocentrismo que envenena la propia vida y las relaciones interpersonales, y contribuye con su venenos a alimentar diversas cabezas: las oficiales, las estructurales, las institucionales, -aunque algunas, hay que advertirlo, -no están a la vista, sino en lo que podríamos llamar -utilizando un leguaje aceptado- "el lado oscuro", o si lo prefieren, el lado de los enemigos de Dios y de Su Creación. Esta cabeza oculta de la hidra fanática alcanza su expresión física en forma de capitalismo, en forma de estados y en diversas iglesias que se auto titulan cristianas.

Que el capitalismo es un virus social que enferma a la humanidad en muchos aspectos, corrompe y vampiriza las relaciones de producción y las relaciones entre personas y países y ataca a toda forma de vida del Planeta, es algo más que evidente a estas alturas. Otra cosa es que estemos sufriendo los efectos de su veneno sin dar con un remedio efectivo por no haber dado aún el salto de conciencia personal preciso para "pasar de pantalla" como sucede en ciertos videojuegos.

No tenemos que mirar muy lejos ni muy hondo para tener claro que el capitalismo en cualquiera de sus variadas formas de opresión y explotación laboral, personal o doméstica relacionados con la explotación de recursos, el machismo, la sumisión, el deterioro ambiental y las políticas que acompañan y justifican, nada tiene que ver con justicia, equilibrio, armonía, bienestar o amistad. Esto bien lo sabemos y bien lo sufrimos de una u otra manera aunque como conjunto humanidad hayamos sido incapaces de dar ese salto desde el individualismo, esa enfermedad del yo libre que es el egocentrismo, alimento de todas las desventuras, hasta el comunismo, entendido como el triunfo del nosotros si se consuma la derrota interior del individualismo por el individuo. Si queremos expresarlo en términos espirituales, por la victoria del alma sobre sus tendencias inferiores. Pero la meta de la liberación colectiva solo será posible, como es natural, en la medida en que cada uno seamos capaces de entregar lo que corresponda al bien general, una vez superado el egocentrismo, y seamos capaces de exigir lo que en justicia se nos debe, si es que se nos negase. Por tanto, se trata de dar y recibir desde las leyes de la igualdad, la libertad, la unidad y la fraternidad, que son aspectos de la ley universal del amor. Sin amor no hay cambios ni personales ni sociales, y esto nunca ha sido negado por ningún pensador o líder social. Sin embargo, poco caso se les ha hecho a nivel mundial. Pero el comunismo basado en el amor, tuvo su momento hace dos mil años.

Como es sabido, el comunismo ya fue practicado por los primeros cristianos, antes de que todos los revolucionarios sociales teorizaran sobre él, pues aquellos compartían sus bienes, carecían de jerarquías, vivían en comunidades, rechazaban la esclavitud y se amaban como hermanos, tal como Jesús les enseñó. El amor era la clave, el hilo conductor. Esto se vino abajo por la posterior corrupción y abandono final de las enseñanzas de Jesús llevadas a cabo por una Iglesia de poder, una institución mundana fundada por unos cuantos embaucadores para vivir a costa del resto. Y así hasta hoy, en que la Iglesia es el rostro (IN) moral del cristianismo, el valedor "espiritual" del capitalismo y parte del mismo engranaje. Este engranaje tiene un nombre común: fanatismo.Y tras él, el canto triunfante del rey ego al que todos los que viven en palacios adoran, postrándose siglo tras siglo los más débiles ante los más fuertes y construyendo clanes, dinastías, naciones, imperios.

En economía, el fanatismo ha desembocado en neoliberalismo y en las iglesias en el movimiento "neocon" auspiciado por el último representante del aparato inquisidor. Su política común es siempre dominar, separar, atar, y para ello busca el modo de recibir energía material y espiritual (en forma de sumisión o de veneración) de aquellos que se dejan corromper y dominar a través del invisible hilo conductor de sus debilidades, pues miles de millones envidian a quienes les dominan, envidian su poder – y les votan- y sus riquezas- y les imitan en la medida que pueden.

Ahora bien, la evolución-corrupción desde los primeros cristianos o desde aquel pequeño taller gremial hasta la presente situación extrema donde se hallan unidos en un frente único la explotación de los trabajadores, la explotación de la mujer, y de los niños, y el dogmatismo de la teocracia eclesiástica, nunca fue posible sin violencia, sin miedo, sin envidia, sin toneladas de mentiras y sin codicia. No hacen falta muchos argumentos al observar nuestro mundo que está siendo conducido a situaciones límite en todos los campos, para concluir que tal situación extrema no es posible sin fanatismo, sin guerras y sin el extremismo de todo orden como método. ¿Cómo sería posible el neoliberalismo sin él? ¿Cómo hubiera sido posible la existencia misma del Vaticano? El neoliberalismo, como el dogmatismo religioso y todo lo que gira a su alrededor, precisa fundamentarse en fórmulas extremistas. Necesita de la intolerancia y la persecución al disidente. Y necesitan cómplices, muchos cómplices, como capataces. Y víctimas, muchas víctimas que les crean y puedan caer en sus redes para servirles todas sus vidas, si es que se dejan.

LOS DISIDENTES, ESOS MOLESTOS SUJETOS

Nunca se callan por las buenas

Hasta China se ha convertido en un modelo perfecto de cómo la bestia capitalista se ha sabido camuflar mucho mejor disfrazada de comunismo que en sus versiones originales de los países occidentales que se disfrazan de defensoras de los derechos humanos. En unas y otras de estas sociedades se persigue igualmente al disidente que abrió los ojos, vio la realidad y enarboló la antorcha para que los demás vean que la caverna tiene salida. Eso, sí: cambian los métodos y las excusas para perseguir. Si usted es un disidente en China, es un enemigo del pueblo, y es preciso silenciarlo. Si usted es anticapitalista, es un peligroso anti sistema y hay que silenciarlo, como se pretende con Wikileaks. Y si usted es un cristiano originario y vive en Alemania, para las iglesias apoltronadas es un peligroso sectario y hay que silenciarlo. La meta siempre es la misma, pero los métodos oscilan entre el tiro en la sien, el "loco" especializado en matar disidentes, la desaparición misteriosa, la acusación falsa por delitos amañados, las excusas de seguridad nacional, o el asesinato moral mediante calumnias y falsos testimonios. Cada país y cada institución tiene sus métodos específicos y graduados desde el ninguneo hasta el cementerio. El caso es que el disidente deje de ser escuchado por si convence con la verdad.

En el caso de los países occidentales, al tener tras sí una tradición liberal, luchas obreras de siglos y haber conseguido arrancar derechos a fuerza de huelgas y muertos obliga a los gobiernos a guardar un poco las formas (cada vez menos, a la vista está), lo que difiere bastante de las experiencias chinas. Allí la larga tradición de servidumbre más represión hace fácil el desarrollo de la bestia. Resultado: el número de ricos ha crecido espectacularmente en China. En occidente, qué curioso, pasa lo mismo y con los mismos métodos, es decir, cada vez menos derechos y más represión.

Por tanto nos hallamos ante un frente de enemigos de la justicia social, de la vida, del Planeta, de la mujer y de las libertades todas formado por fanáticos unidos por el egocentrismo y motivados por el más primitivo deseo de poseer, tener, dominar y atar a sí a sus semejantes para extraer de ellos energías diversas: riqueza, placer, reconocimiento social y otras de esa índole.

Al fanático no es posible convencerle; solo es posible vencerle. Pero no con sus armas. Tiene muchas armas, pero carece de conciencia.Esta es su debilidad. La conciencia ética es su mayor enemiga, y es por eso que el Sistema persigue al disidente: tiene miedo por su telón de Aquiles.

LAS CABEZAS DE LA HIDRA

Las llamadas sociedades de inversión de alto riesgo representan para el neoliberalismo una de esas aludidas fórmulas extremistas aplicadas a la economía. Abrumadoras inversiones contra todo tipo de criterios éticos, ecológicos, y de transparencia en las propias cuentas en su juego de póquer multinacional interbancario nos dan idea de hasta qué punto arrasan con esos criterios y desoyen el clamor de un mundo atrapado en sus redes cada vez más tupidas y más extensas defendidas por medios cada vez más sofisticados y difíciles de enfrentar.

Estos tres pilares: ausencia de conciencia ética, fundamentalismo y militarismo son el alma de la globalización, la expresión mundial del fanatismo aplicado. El capitalismo neoliberal militarista es consciente de que es preciso asentar bien esos pilares en la conciencia de las gentes mediante estrategias de pedagogía popular que le aseguren la paz social (o sea la impunidad de sus infinitas injusticias y crímenes), y por ello recurre en occidente a las doctrinas de las iglesias falsamente cristianas para obtener un barniz de honorabilidad mientras corrompe los medios culturales y la televisión, la educación, los políticos y los sindicatos. ¿Consecuencias? Iglesias cada vez más fanáticas y agresivas, desinformación y mediocridad televisiva, deterioro de la educación pública y fortalecimiento de la privada, tal como sucede en la medicina y es tendencia general de los estados el privatizar, incluso con dinero público. Esto precisa una política conservadora, pero no simplemente conservadora, sino fundamentalismo político. De ello dan buenas muestras el auge del conservadurismo y hasta del fascismo en Europa, amparados estos movimientos por iglesias y por el capitalismo neoliberal que induce al a la agresión social y a la anulación del siempre escaso poder de los parlamentos nacionales, y al creciente poder del sionismo y su hermano siamés: el permanente imperialismo norteamericano. Al otro lado el amigo chino aprendió rápido la lección y tiene sus propios discípulos…

Todo esto no podría existir en los pueblos a nivel mundial, o al menos a un nivel suficientemente amplio, de existir un sentido desarrollado de la conciencia personal, una idea inequívoca de la igualdad, la justicia, la hermandad, la libertad que nacen de o conducen a la unidad desde el impulso del amor, desde el principio de hacer a los demás el mismo bien que uno quiere para sí. Estos son los elementos de liberación contra los que arremete con más saña el neoliberalismo y sus secuaces. Saben que su aplicación colectiva significa el fin de su reinado.

La experiencia histórica ha demostrado de sobra que aquellos principios de alto contenido explosivo para el mundo fanático son descafeinados y esgrimidos por los poderosos como auténticos, pero no son más que palabras en manos de unos y otros, incluso en manos de los que dijeron ser sus representantes revolucionarios.Nunca se favoreció en los pueblos el desarrollo de esos principios porque su puesta en práctica significa poner en cuestión todo sistema de dominación, toda idea de desigualdad, toda forma de individualismo insolidario, todo fanatismo ideológico. Y los gobiernos sin excepción evitan que esto suceda, por eso arremeten cada vez con más saña hasta contra las libertades formales, se afanan en crear divisiones entre las gentes, arruinan las naciones con inversiones en bancos que desaparecen en paraísos fiscales, expulsan a los trabajadores al paro forzoso, bajan los salarios, hipotecan de por vida a la gente y la amordazan por miedo a perder el empleo y destrozan la riqueza de los países con guerras o sin ellas. Tan solo en España alrededor de veinte mil millones del gasto militar y de los más de seis mil millones dedicados al clero supone para cada trabajador un desembolso anual de 1052 euros en plena crisis (para muchos el salario de dos meses).

Mantener estas estrategias de tensión de diverso tipo hacia los pueblos, exige ciertos mecanismos que interfieran y bloqueen toda tendencia contraria a los intereses del poder capitalista.

Estos son algunos de ellos:

  • Mediocres sistemas educativos públicos para crear mentes sumisas y pobres que garanticen sin problemas el relevo generacional.

  • Sistemas financieros fuera del control de los parlamentos.

  • Medios de comunicación amordazados que adormezcan, entretengan y desinformen o deformen los hechos.

  • Encargados de sectas, o policía religiosa que se encarga de que no se ponga en cuestión la hegemonía de las iglesias oficiales subvencionadas con dinero de todos.

  • Sistemas progresivos de control policial y administrativo sobre las personas y sus movimientos a fin de disponer de cada uno del mayor número posible de datos, que serán registrados en lugares seguros.

  • Fuertes ejércitos que prevengan remotas iras populares ante las crecientes injusticias de los ricos contra los pobres, manifiesta en la agresión a los países de Oriente, lo que desata la respuesta violenta de sus gentes.

  • Un poder judicial dependiente de los intereses de los poderosos, y, por tanto, fácilmente corrupto.

Todos estos mecanismos que se mencionan no son los únicos, pero sí esenciales para que funcione esta maquinaria mundial de destrucción de recursos naturales, riqueza social, libertades, puestos de trabajo, y otras cosas más que no hacen más que evidenciar que se pierden las conquistas sociales conseguidas en siglos, que involucionaron los parlamentos y que la política no es ya otra cosa que el modo de manipular pueblos para que se realicen los planes empresariales de los grandes tiburones de la industria y las finanzas.

¿DÓNDE COMIENZAN LOS GRANDES CAMBIOS?

¿Dónde hallar esa energía que haga capaz a cada persona de asumir y practicar en su vida y en su entorno la libertad, la justicia, la unidad, como algo natural y llevar la fraternidad como bandera? Sin duda que de la fuentes espirituales, porque si algo nos quedó claro es que no sirve de nada reclamar fraternidad o manifestarnos por la paz mientras sintamos rencor contra alguien; reclamar justicia, si dejamos que otros hagan por nosotros lo que nosotros somos capaces; reclamar igualdad o unidad, si somos machistas; reclamar libertad si somos intolerantes y nos gusta dominar, y cosas así que evidencian la necesidad de recorrer un camino de superación personal que nadie puede recorrer por nosotros. La batalla que se tiene que ganar comienza en la conciencia, o no se ganará nunca.

Esto puede tardar en ser admitido por una persona atrincherada en las viejas ideas de revolución social, pero la energía necesaria para transformarse a sí mismo es imprescindible, es de orden espiritual y es opuesta a todas las formas del materialismo y de opresión. Se conecta con ella al cumplir los mandamientos de la vida dados a Moisés y el Sermón de la Montaña del Cristo, el más perfecto programa revolucionario. Para muchos, simplemente el carpintero de Nazaret. Para otros, de nuestro Redentor y Libertador. Para todos, del Ser más puro que pisó este Planeta y que encarnó para enseñarnos El Sermón de la Montaña, del que las iglesias llamadas cristianas hace milenios que renegaron, pero es el modo de salir del atolladero de lo humano inferior que es lo que nos condujo a construir este mundo que no nos gusta.



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