
Por Jack Kornfield
ENVIADO POR
NUESTRA AMIGA COLABORADORA:
VICTORIA
CASTEL
Lo que más le importa a un guerrero es
ser impecable ante sí mismo. Ser
impecable significa vivir con precisión
y con toda la atención. Lo que hacemos
para llegar a comprendernos a nosotros
mismos es la cosa más noble que podamos
hacer. Es erradicar de la mente la
codicia, el odio y la desilusión.
Establecer en nosotros mismos la
sabiduría y la compasión amorosa. Es
algo difícil y poco común y requiere ser
muy impecable. Eso no supone irse a una
cueva en el Himalaya, sino antes bien,
cultivar las cualidades de la mente que
conducen a la plenitud y a un estado
despierto en todo momento.
Un guerrero es valiente. No se queda
cerrado con ideas preconcebidas sobre
cómo son las cosas. No cree ciegamente.
Quiere experimentar la verdad por sí
mismo. Es lo suficientemente valeroso
como para experimentar y aceptar las
consecuencias, y no quedarse apocado por
distinciones estrechas del pensamiento.
Tiene el valor para experimentar,
investigar, explorar lo que ocurra.
En la práctica de la meditación se
requiere y se desarrolla el valor del
guerrero. Se necesita valor para estar
sentado cuando hay dolor, sin evitarlo o
enmascararlo; para sentarse y afrontarlo
plenamente, superando nuestro temor.
Hace falta valor para morir, para
experimentar la muerte del concepto de
un yo. Experimentar esa muerte mientras
vivimos requiere el coraje y el valor de
un guerrero impecable.
Debemos se capaces de recibir la fuerza
y el entendimiento que viene del
silencio, de parar el diálogo interno.
Mientras siga el diálogo interno
permaneceremos en la prisión de las
palabras.
No se necesita un esfuerzo sobrehumano
para practicar la renuncia; sólo se
requiere energía para superar nuestra
inercia y nuestros viejos hábitos.
Cuando hacemos ese esfuerzo,
experimentamos un alivio en la mente que
viene de soltarse de los apegos. De
vivir con simplicidad, de una vida
sencilla, de no necesitar o poseer
demasiado, vienen la satisfacción y la
paz.
El desarrollo del conocimiento intuitivo
no viene de pensar sobre las cosas,
viene del desarrollo de un silencio en
la mente en el que es posible una visión
clara, ver claro. Hay un repentino ¡Ajá!
¡Así es como son las cosas! Es una
comprensión repentina y sin palabras.
Tiene certidumbre porque no es el
producto de un pensamiento o una imagen
sino más bien una percepción clara y
repentina de cómo son las cosas.
TRES PILARES DEL DARMA: PARAMI
En el lenguaje pali existe la palabra
parami. Parami significa
la fuerza acumulada de la pureza en la
mente. Todo momento en que la mente está
libre de codicia, odio y delusión tiene
cierta fuerza purificadora en el flujo
de la consciencia; y en nuestra
evolución hemos acumulado muchas de esas
fuerzas de pureza.
Esa palabra parami a veces se traduce al
castellano como mérito. Pero así puede
ser fácilmente mal interpretado como
hacerse merecedor de una medalla por tus
buenas acciones. Pero es más bien la
fuerza de la pureza en la mente y
conllevan la felicidad en sí misma.
Hay tres pilares, tres campos de acción,
que cultivan y fortalecen los paramis.
El primero de ellos es la
generosidad. Dar es la
expresión mental de la no codicia en la
acción. No codicia quiere decir soltar,
no retener, no agarrarse, no aferrarse.
El Buda dijo que si supiéramos como él
cual es el fruto de dar, no dejaríamos
pasar una sola comida sin compartirla.
Los resultados kármicos de la
generosidad son la abundancia y unas
relaciones profundamente armoniosas con
otras personas. Lo que nos tiene
cautivos es el deseo y el aferramiento
de nuestras propias mentes. Al practicar
la generosidad aprendemos a soltar.
Hay tres tipos de donantes. Los donantes
mezquinos. Dan después de pensarlo
mucho, y aún así dan las sobras, lo peor
de lo que tienen. Finalmente puede que
compartan algo que en realidad no
quieren.
Donantes cordiales son las personas que
dan lo que ellas mismas usarían.
Comparten lo que tienen y sin tener que
deliberarlo tanto, con las manos más
abiertas.
Los donantes supremos son los llamados
donantes regios, que ofrecen lo mejor
que tienen. Comparten espontáneamente y
al momento, sin necesidad de
deliberarlo. Dar es algo natural en su
conducta. Comparten fácil y
cariñosamente lo que más estiman.
Para algunos dar es difícil. No importa.
Sencillamente empezamos a practicar
dondequiera que nos encontremos. Todo
acto de generosidad va debilitando poco
a poco el factor de la codicia. Y por
medio de la práctica todos podremos
convertirnos en donantes regios.
Debemos cultivar la generosidad con
compasión y amor por todos los demás
seres. La generosidad es un gran parami;
es el primero en la lista de
perfecciones de un Buda. Y cultivarlo es
la causa de una mucha felicidad en
nuestras vidas.
El segundo pilar es la moderación moral.
Esto significa seguir los
cinco preceptos básicos.
La resolución de seguir los preceptos
nos servirá de recordatorio cuando
estemos a punto de cometer algún acto
incorrecto. Toda acción correcta, toda
abstención de actividad nociva, produce
lucidez y claridad. Seguir esos
preceptos morales como norma de vida nos
mantiene lúcidos y claros.
A este nivel de comprensión, los
preceptos no se toman como mandamientos,
sino que se siguen por el efecto que
tienen en nuestra calidad de vida. No
hay imposición en sentido aluno porque
son la expresión natural de una mente
clara. Ellos liberan a la mente del
remordimiento y la ansiedad.
El tercer pilar de actividad
purificadora es la
meditación. La
meditación se puede dividir en dos
corrientes principales. La primera es el
desarrollo de la concentración, de la
capacidad de la mente para permanecer
quieta en un objeto, sin agitarse o
vagar. Pero la concentración por sí sola
no basta. La segunda es el cultivo del
conocimiento intuitivo. Eso quiere decir
ver claramente el proceso de las cosas.
Todo es transitorio y fluye, surgiendo y
desapareciendo momento a momento.
Nacemos y morimos instante a instante.
No hay nada a que agarrarse, nada a lo
que aferrarse.
Desarrollar el conocimiento intuitivo
quiere decir experimentar el fluir de la
transitoriedad en nosotros mismos, de
forma que empezamos a soltar, a dejar de
aferrarnos tan desesperadamente a los
fenómenos de la mente y del cuerpo.
La sabiduría es la culminación del
sendero espiritual que empieza con la
práctica de la generosidad de la
moderación moral y el desarrollo de la
concentración. Todo empieza a salir al
nivel consciente. Y por medio de la
práctica de la atención, de no
aferrarse, de no condenar, de no
identificarse con nada, la mente se hace
más lúcida y libre.
Por último, no te desanimes por el
divagar de los pensamientos o por las
ensoñaciones. Cada vez que tengas
conciencia de que la mente divaga,
tráela de nuevo a la respiración o a las
sensaciones. No importa las veces que
ocurra esto. Se suave contigo mismo. Se
perseverante. Aunque no sea visible,
está teniendo lugar una gran
transformación.
Jack
Kornfield, es uno de los maestros más relevantes en la introducción en
Occidente del budismo theravada.
Kornfield se formó como monje budista en
Tailandia, Birmania e India, y enseña,
desde 1974, meditación en distintos
países del mundo. Sus libros incluyen
un camino con corazón; Buscando el
Corazón de la Sabiduría (con
Joseph Goldstein), y
Cuentos del Espíritu, Historias del
Corazón (con Christina
Feldman).
Dr. Kornfield currently lives with his
wife and daughter near California's
Spirit Rock Center,where he is a guiding
teacher.
Dr Kornfield actualmente vive con su
esposa e hija cerca de California el
Espíritu de Rock Center, donde es
profesor y guía.
Jack Kornfield