ANOCHECER EN SAPZURRO

MAO

Vivía en las oficinas de Telecom. Frente a la casa, había un almendro que en pleamar quedaba dentro del mar. Este frondoso árbol tenía unas ramas largas de las cuales colgábamos una hamaca, lugar del cuento que adjunto. En resumen, el sol se fue poniendo y las luces de la luna producían en pequeñas las olas, miles y miles de incandescencias que llenaban el alma.

Tarde solariega, ardiente

Tarde de tierras y mar

Es la Bahía de Sapzurro

En el Golfo de Urabá

Y era el mar en la bahía que en la noche se insinuaba

El que en mi corría todo

Con gaviotas

Con pelícanos

Que en la tarde oscura y fresca

A su nido ya volaban

 

Y la luz en occidente

Se perdía

 

Yo,

En mi hamaca recostado

No era noche ni era día

 

Apareció la luna

Esa luna majestuosa

Del blanco color brillante

Rebotaba con las olas

Haciendo mil candelillas

Y las mil fueron mil miles

Y se volvieron millones

Como luciérnagas vivas

Iluminaron la noche

 

Me recostaba en la playa

Encontrando nuevos modos

De ver el mar encendido

Con todas mis ilusiones

 

Y oí una ola en la playa

Debajo de mis pies descalzos

Y escuché el mar en la tarde

Cantándome sus canciones

 

Eran cien olas cercanas

Que también multiplicaban

Los ecos de olas lejanas

Que lejos ya reventaban

 

Y todos ya se juntaron

Los miles de luces miles, la ola cerca y lejana

Haciendo más grande el concierto

Con voces y con bengalas

Con todas las voces todas, con todas las luces todas

El gran concierto del alma

 

La luna se fue escondiendo

Tras las rocas que flotaban

Y se ocultaron las luces

En la mar cerca y lejana

 

Pensé que había sido un sueño

Cuando las luces se fueron

Pero yo seguía escuchando

El concierto de las olas

El concierto de las olas

Tan cercanas, tan lejanas

 

A la mar me metí cantando

Las notas que me inspiraban

Las noches de mi Sapzurro

En el Urabá esa tarde, en esa noche, ese instante

En que toqué con mi mano

El cielo que había encontrado

En una tarde de ensueño

En la mar fresca y brillante

Desde mi hamaca de viajero

Y en mi tarde no olvidada