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LA ILUMINACIÓN ESPIRITUAL
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ESPIRITUALIDAD SIN RELIGIONES

PARADOJA DENTRO DE UNA PARADOJA

OSHO

14/01/2017

Grafica 'Paradoja dentro de una paradoja' Categoria 'Crecimiento' Palabra 'Apuntes'

CATEGORIA N° 31 CRECIMIENTO y APUNTES

Bendita paradoja

No creo que exista un solo vocablo en ninguna lengua que pueda describir lo que es la vida,
pero si tuviera que escoger uno, elegiría la palabra “
paradoja”.

Por donde la miremos, la vida es una “paradoja”

Es paradójico que tengamos que empezar hablando de la unidad cuando es justamente la conclusión final del entendimiento y la meta de todos nuestros esfuerzos. ¿Cómo empezar a explicar lo que tal vez solo se puede comprender cuando se termina de entender?. ¿Cómo explicar lo sagrado de las cosas que quiero decir cuando la dimensión de lo sagrado es tal vez tan solo una semilla en tu interior?.

¿No es paradójico que cuando recién empiezas a disfrutar y a entender el misterio de la vida sobre este planeta ya tengas que partir?, ¿qué el más grande maestro de la vida se llame error?, ¿qué no puedas retroceder la película y hacer las cosas bien desde el principio? ¿porqué duele tanto conocer el verdadero amor?. Tengo una larga lista de preguntas y me imagino que cada uno tiene la suya, pero la única respuesta que encaja perfectamente en todas es: bendita paradoja.

La mente tiene como naturaleza intrínseca a la dualidad maquillada de exquisita paradoja. Las consecuencias del mal manejo son el conflicto y el enfrentamiento. Para ganarle la partida, debemos entrar en su propio juego. Es decir, dividir la dualidad que ella propone. A esto llamamos la doble división, la esencia de las cuatro particiones. Crear nuestra paradoja dentro de la paradoja.

OSHO, SOBRE LAS PARADOJAS Y LAS CONTRADICCIONES

La mente nunca será otra cosa: eso es lo primero que hay que entender. La mente es la lógica, son sinónimos. No puedes tener una mente ilógica; eso no ocurre, es imposible. Eso sería como tener una oscuridad iluminada, o una enfermedad muy sana. Sería en sí mismo una contradicción. La mente es la lógica. No funciona lógicamente, porque eso crea una falacia. La mente no es lógica, ¡la mente es simplemente la lógica!

¡A la lógica se le llama mente! De modo que nunca puedes tener una mente que sea algo más que lógica, la mente seguirá siendo lógica.

Puedes ir más allá de la mente, puedes entrar en lo trascendental, pero tendrás que dejar la mente detrás. Esa es la función de usar las contradicciones, las paradojas. ¿Cuál es la función de la paradoja? Confundir a tu mente, acabar con ella, destruir sus raíces, conmocionarla, derrumbar su lógica. y no lo conseguirás fácilmente, porque la mente tratará de encontrar nuevamente sus raíces. Se agrupará en sí misma de nuevo. Juntará sus fragmentos una y otra vez.

Y tengo que ser contradictorio continuamente, porque lo que estoy haciendo no es transmitirte una enseñanza, es darte un ¡trabajo! No es una enseñanza, es una acción. Recuérdalo: cuando te hablo, actúo sobre ti, es una operación. ¡Observa la distinción!

Un profesor tiene algo que impartir, un maestro tiene un trabajo que hacer; no ofrece enseñanza. Por eso no me importa si estoy hablando de zen, o de yoga, o de tantra o de sufismo. No importa, es sólo una excusa. ¿Qué importa si tengo un martillo que está hecho de oro o de plata, de hierro o de acero, pintado de negro, de verde o de rojo? No importa. ¡Lo que importa es que martille a tu cabeza con él! El color del martillo es lo de menos, su marca es insignificante. Lo importante es la acción.

Escuchándome, estás experimentando la operación. No es una enseñanza, es penetrar en tu ser. Y la mente es lógica, por eso tengo que ser ilógico. Si yo también fuera lógico, entonces la mente estaría siempre de acuerdo conmigo. Se convertiría en mi contemporánea. Diría: «¡Correcto! Eso es lo que siempre había pensado. Estás diciendo las cosas que siempre había pensado pero que no podía decir. Las estás diciendo mejor de lo que yo podría haberlas dicho, pero es lo mismo». Entonces no te has enterado. El asunto no es estar o no estar de acuerdo conmigo. Es una lucha entre tú y yo. Estoy aquí para matarte, y la única manera de matarte es -en el comienzo- golpearte en la cabeza, sin descanso, con argumentos ilógicos que tu mente no pueda seguir, poco a poco, empezará a sentirse cansada y exhausta, hastiada de todo. En ese cansancio, en ese agotamiento, te llegarán los primeros vislumbres del más allá. Las nubes se irán y tendrás algunos momentos iluminados por el sol. Una vez que hayas probado tales momentos todo será fácil; porque sabrás que eres algo más que la mente. Habrá comenzado el viaje. Pero antes que eso ocurra, hay una gran lucha.

Empiezas a crear un sistema a mi alrededor. Quieres que yo sea consistente, esto sería muy cómodo para ti, porque entonces no tendrías problema, estaríamos de acuerdo. Pero estar de acuerdo con facilidad sería demasiado barato. No dejaré que estés de acuerdo conmigo tan fácilmente. Continuaré diciendo cosas que supongan que desacuerdo, que creen continuamente un conflicto entre tú y yo. Continuaré diciendo cosas de forma que no serás capaz de encontrar una manera de seguirlas. Voy a crear contradicciones cada vez más grandes, más duras. Así es como cansaré tu mente, y le demostraré su impotencia.

Un día, escuchándome hablar de sufismo, estarás de acuerdo, y luego, otro día, escuchándome hablar de zen, estarás en desacuerdo. Si estás de acuerdo conmigo con lo que digo en el nombre del sufismo, estarás en desacuerdo cuando digo algo en el nombre del zen. Y luego hablaré de cualquier otra cosa.

Por ejemplo, alguien se preocupa porque dije que una vez que mis palabras han sido pronunciadas están muertas. Naturalmente surge la idea: «¿Entonces por qué las dices?». Y yo sigo hablando. De hecho, nadie ha dicho tanto como yo, y voy a continuar. Si las palabras están muertas, entonces ¿por qué? Esto sería lo lógico: si las palabras están muertas, entonces guarda silencio -si fuera así, te sentirías cómodo conmigo porque tu mente aceptaría esta conclusión-, pero si pueden expresar la verdad y además yo estoy usándolas, entonces no hables en contra de las palabras y sigue utilizándolas. Eso también sería lo correcto. Estarías de acuerdo conmigo: «Este hombre cree en las palabras, y cree que las palabras pueden decir algo, y las dice»; de modo que no hay problema.

Pero no voy a resolver esto tan fácilmente. No quiero que tu acuerdo conmigo sea tan fácil. Sólo dejaré que estés de acuerdo conmigo cuando haya surgido una comprensión no sólo mental en ti. Y no quiero estar de acuerdo con tu forma de pensar porque eso sería estar de acuerdo con tu mente. Y entonces yo no te sería de ninguna ayuda; estaría reforzando tu mente. Y no estoy aquí para eso. Tengo que desarraigarla, destruir sus raíces.

Por eso un día digo que no se puede decir nada, y luego sigo hablando. Ahora bien esto te va a desconcertar.

Cuando citas a Lao Tzu. Dices: el Tao dice: «Aquel que sabe no habla». Pero ¿crees que Lao Tzu estaba en silencio? ¿Entonces quién dijo esto?

Decir que aquel que sabe no habla es decir algo, algo, además, de inmensa importancia. Tú no habrías oído hablar de Lao Tzu si él no hubiera dicho algo. Y hay millones de maneras de decirlo. Incluso cuando vas a un maestro zen y le haces mil y una preguntas, él se mantiene en silencio y entonces de repente dice: «Toma una taza de té», esa es su forma de decirlo. Pero dice algo de todas formas. ¿Qué está diciendo? Está diciendo: «¡Abandona todo este sin sentido!». Cuando dice: «Toma una taza de té», quiere decirte algo de gran importancia: «Todo esto de lo que estás hablando es pura tontería. Es mejor que te vuelvas un poco más alerta». Ese es el símbolo del té: «Toma un poco de té». En el zen una taza de té significa: medita un poco, ten un poco más de consciencia.

El té fue descubierto por Bodhidharma, el fundador del zen. La historia es hermosa.

Él estuvo meditando durante nueve años, de cara a una pared. Nueve años, sólo mirando a una pared, continuamente, y algunas veces, era natural, se dormía. Luchó y luchó con el sueño; recuerda, sueño metafísico, la inconsciencia. Quería permanecer consciente incluso durante el sueño. Quería tener una continuidad de consciencia; la luz debería seguir alumbrando día y noche, durante las veinticuatro horas. Eso es dhyana, eso es meditación, consciencia.

Una noche sintió que era imposible mantenerse despierto, se estaba durmiendo. !Se cortó los párpados y los arrojó al suelo! Ahora no había manera de que pudiera cerrar los ojos. La historia es hermosa.

Para conseguir los ojos internos, los ojos externos deben ser desechados. Hay que pagar ese precio.

¿Y qué sucedió? Después de unos días encontró cómo esos párpados que había tirado al suelo habían comenzado a crecer en forma de pequeños brotes. Ese brote se convirtió en el té. Por eso si bebes té, algo de Bodhidharma te penetra y no te puedes quedar dormido. Bodhidharma estaba meditando en una montaña llamada Ta, por eso se le llama té. Ese ta puede pronunciarse de dos maneras en China, o bien ta o cha. Por eso en hindi se le llama chai, viene de la montaña en la que Bodhidharma meditó durante nueve años. Es una palabra.

Cuando el maestro zen dice: «Toma una taza de té», está diciendo: «Prueba un poco de Bodhidharma. No te preocupes de estas preguntas: ¿Existe Dios o no? ¿Quién creó el mundo? ¿Dónde está el cielo y dónde está el infierno? ¿Cuál es la teoría del karma y el renacimiento?

Cuando el maestro zen dice: «Olvídate de todo esto. Tómate una taza de té», está diciendo: «Mejor hazte consciente, no te líes con todas esas tonterías. Eso no te va a ayudar en absoluto». Pero no te creas que está silencioso. Está hablando, ¡está hablando con su martillo! Lao Tzu dice: «Aquel que sabe no habla». Entonces, ¿qué hay de Lao Tzu?, porque él ha hablado, lo sepa o no.

Será un problema. Te confundirá.

Lo que quiere decir en realidad es: el que sabe habla y sabe bien que no se puede hablar de ello. !Sin embargo habla! No se puede hablar de lo que él tiene, pero la gente que está en el mundo no puede conectar con él de ninguna otra manera que no sea hablando, porque la gente sólo conoce un puente. Todos los demás puentes han sido rotos. Sólo hay un puente entre la gente, y éste es el del intelecto, el del idioma. Todos los demás puentes están rotos. El sentimiento ha desaparecido, la intuición ha desaparecido, el instinto ha sido reprimido y asesinado. ¡El hombre ha quedado paralizado! Sólo una cosa vive todavía: el idioma, la mente, el pensamiento.

Él también conoce una cosa: que sólo escucharás si algo es impartido en pensamientos. De otra forma no lo escucharás. Entonces ¿qué se supone que debe hacer? Hablará y a la vez te mantendrá alerta: «No colecciones sólo mis palabras, porque las palabras están muertas».

¿Entonces cuál es la función de las palabras del maestro? Esas palabras están para provocarte, para seducirte en un viaje de silencio sin palabras. Y esa es también mi situación.

Soy como Carlyle, que dicen que escribió cincuenta volúmenes sobre el valor del silencio. El silencio es tan vasto; ni cincuenta volúmenes, ni siquiera quinientos podrán hacerle justicia. Puedes escribir cinco mil volúmenes y no habrás dicho nada sobre él. El silencio es tan vasto...

¿Puedes pintar el cielo? Sí, lo puedes pintar, pero el cielo pintado será sólo una proporción diminuta. Puedes seguir pintando, pero no puedes agotar el cielo, porque para agotarlo necesitarás un lienzo tan grande como el cielo, y eso no es posible. ¿Dónde guardarás el lienzo? Necesitarás otro cielo, y no hay otro.

Así es la verdad: ninguna palabra puede contenerla. Pero las palabras son la única comunicación que queda entre los hombres. Por eso el maestro tiene que usar palabras y a la vez tiene que recordarte continuamente que las palabras no tienen significado.



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