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LA ILUMINACIÓN ESPIRITUAL
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ESPIRITUALIDAD SIN RELIGIONES

EL PACIFISMO CAMBIARA LA TIERRA

PATROCINIO NAVARRO

16/06/2017

Grafica 'El pacifismo cambiara la tierra' Categoria 'Ecologia' Palabra 'Planeta'

CATEGORIA N° 31 ECOLOGIA y PLANETA

Todo es energía, y todos somos energía. Cada objeto y cada persona tienen su propia frecuencia vibratoria. En el caso de los seres humanos, la alta o baja frecuencia corresponde a la calidad positiva o negativa de sus pensamientos, y eso tiene repercusiones sociales y sobre el planeta vivo Tierra.

Hace unos meses, se hacían eco algunos medios – y hay vídeos al respecto- de unos extraños y fuertes sonidos que se percibían en la atmósfera terrestre en diferentes partes del mundo, que cada uno puede atribuir a lo que le parezca, pero en cualquier caso eso es una manifestación de energía planetaria. Sabemos que todo cuerpo en el espacio – incluidos los nuestros - emite un sonido acorde con su propia vibración electromagnética, ya que toda forma de energía vibra según su frecuencia interna como sabemos por la Física.

Vivimos en un mundo donde prevalecen los pensamientos negativos, que al ser energía repercuten tanto contra la paz mundial y la justicia como contra el propio Planeta vivo que habitamos, que es –él también – un Planeta de energía condensada.

El terrorismo se ha hecho crónico en el Planeta. En la gran mayoría de casos se trata de terrorismo de Estado contra sus minorías étnicas, o de Estados terroristas disfrazados de liberales que aúnan sus fuerzas contra un tercer Estado igualmente intolerante disfrazado de otra cosa. Lo del disfraz no quita el terror que unos y otros llevan a la población civil. Y en la población civil surgen a continuación nuevos brotes de terrorismo-respuesta contra el propio Estado o los países que le dañan, originando así una espiral de la violencia difícil de parar porque se van acumulando y entremezclando mucho odio, revanchismo, fanatismo, codicia, deseo de poder, orgullo, pobreza, incultura, ignorancia y desprecio de las leyes espirituales. Todas esas cargas explosivas se mezclan, se enfrentan y retroalimentan: son los virus de una verdadera epidemia mundial.

¿Cómo atajar todo esto? Desde luego no existe un “ejército mundial de pacificadores”, sino ejércitos de invasores con la bendición de la ONU, esa organización al servicio de los más belicistas y mayores traficantes de armas; de modo que no hay una organización social ni un país que se libre de estar a salvo de la pandemia. Por tanto es preciso buscar la solución en otro sitio, y uno descubre con el tiempo que el sitio no está fuera de uno mismo, sino que en el interior de cada persona; que los virus mentales de la agresión, el odio, el miedo, la ambición, la codicia, el deseo de poder, y semejantes – que anidan en el egocentrismo- se neutralizan desarrollando la conciencia con los elementos contrarios: perdón, bondad, altruismo, compasión, solidaridad, cooperación, sentimientos de justicia y hermandad, y otros de esta índole cuya fuerza- si se comparte por muchos -es capaz de cambiar positivamente el mundo y hasta el campo magnético del Planeta, y aumentar a la vez la vibración de la conciencia general.

En el caso del Planeta, sucede que su campo electromagnético está perturbado, lo que provoca, por ejemplo, que las corrientes electromagnéticas que guían las migraciones animales no les sirvan en muchos casos y los animales se desorienten. De ahí las ballenas varadas y las aves migratorias que se pierden.

¿Cómo sucede esto? Por medio de las emisiones de pensamientos y emociones humanas que son para el Planeta energías de choque que cargan su campo electromagnético y lo alteran, provocando, como reacción natural de la Tierra, toda clase de fenómenos, tales como el temido cambio climático en el que estamos y diversas catástrofes medioambientales que tienden a crecer.

A muchas personas puede parecerles exagerado lo que se afirma aquí, pero es porque ignoran la potencia de emisión energética que ejercen cerca de siete mil millones de habitantes de los cuales una abrumadora mayoría emite negatividad a diario, y así durante miles y miles de años las generaciones precedentes. Y como ninguna se pierde, lo que se emite no solo influye directamente sobre el propio emisor, que recibe antes o después lo mismo que emitió, sino que a la vez sobre la atmósfera de la Tierra y en todos aquellos cuya forma de pensar es semejante. Así que la humanidad en pleno actuando negativamente durante milenios sobre el campo magnético terrestre provocamos que entre en desarmonía y se altere, repercutiendo a continuación sobre el conjunto de todo cuanto existe y sobre cada uno, pues lo que cada uno emite también lo recibe.

Para darnos una idea de cómo influimos en la Naturaleza, vayan unos ejemplos dados a conocer por el mundo espiritual: cuando cortamos un árbol en plena savia, todos los árboles de esa especie en todo el Planeta acusan ese atentado contra su vida. Cuando matamos un animal, todos los de su misma especie sienten su dolor en todo el Planeta, de modo que todo y todos estamos interconectados a nivel energético, y por supuesto, como se viene diciendo, con nuestra madre Tierra.

Pensemos: cuando nos analizamos a nosotros mismos, ¿no descubrimos tan siquiera un poco de alguno de esos perversos contenidos que llevan al terrorismo o a las desigualdades sociales? No es cuestión de declararse impotente, creo yo, y decir: “Desde que el mundo es mundo, pasa así”. Sí, así pasa desde que el mundo es mundo porque nosotros somos los mismos, porque nos cuesta mucho cambiar, así que no se trata de resignarse impotentes, sino de convertirnos en verdaderos guerreros y eliminar en nosotros los sentimientos y pensamientos negativos que sirven para matar, producir desigualdades, dañar a nuestros semejantes y a la Naturaleza, animales incluidos. Esto es verdadera vacuna antiterrorista que a la vez contribuye a cambiar en positivo el campo electromagnético terrestre y con ello armonizar y aumentar las fuerzas vitales planetarias de las que nos alimentamos como seres naturales.

Si somos pacíficos y compasivos uno a uno, ningún gobierno puede arruinarnos ni llevarnos a la guerra porque no pueden existir enemigos, sino amigos y amigas, hermanos y hermanas, compañeros y compañeras. Esto es posible si queremos que lo sea, y en la medida que lo hagamos realidad desparecerá el terrorismo y cualquier otra forma de violencia e injusticia, aumentando también la frecuencia vibratoria del campo magnético terrestre, con las saludables consecuencias que eso supondrá para todos nosotros.



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