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LA ILUMINACIÓN ESPIRITUAL
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ESPIRITUALIDAD SIN RELIGIONES

OTRA DE LAS PROTEÍNAS

JBN

22/02/2017

Grafica 'Otra de las proteínas' Categoria 'Salud' Palabra 'Alimentacion'

CATEGORIA N° 21 SALUD y ALIMENTACION

¿ES LA CARNE UN ALIMENTO NATURAL PARA LOS HUMANOS?

Desde hace mucho tiempo se viene advirtiendo a los vegetarianos de que no ingieren suficientes proteínas esenciales que se supone que deben tomar los humanos todos los días. Se sabe que los ocho aminoácidos que forman estas proteínas se pueden encontrar en una simple comida a base de arroz y alubias o en una ración de salvia hispánica (chía). El arroz contiene los aminoácidos que faltan en las alubias, y éstas contienen, a su vez, las que no tiene el arroz; la salvia hispánica contiene los 16 aminoácidos de la carne y, además, en mayor cantidad. Aunque existen muchos más alimentos no cárnicos que contienen esas proteínas que tipos de carne, todavía se considera que la carne es la mejor fuente de proteínas. El hecho de que comer demasiadas proteínas esté asociado a muchos más problemas de salud graves que comer muy pocas apenas se tiene en cuenta, en el mejor de los casos, en el debate sobre las proteínas.

Los típicos trastornos derivados del consumo excesivo de proteínas son la osteoporosis, las enfermedades del corazón, la artritis reumatoide y el cáncer. En cambio, quienes nunca toman proteínas animales como las que contienen la carne, el pescado, los huevos y los productos lácteos presentan unos índices muy bajos de estas enfermedades y tampoco sufren deficiencia proteica, siempre que coman cantidades suficientes de frutas, verduras, cereales, legumbres y unos cuantos frutos secos y semillas. No está demostrado científicamente que las personas que jamás han comido proteínas animales, tengan deficiencia de proteínas. En cambio nuestras sociedades modernas consumen por lo menos un 50% más de proteínas que las realmente necesarias. Al llenar los tejidos conectivos de nuestro organismo con proteínas sin usar, convertimos el cuerpo en un pozo rebosante de ácidos y residuos nocivos, creando de este modo un terreno abonado para la enfermedad, incluida la arteriosclerosis e infecciones bacterianas o víricas. Considerar la carne un alimento natural para los seres humanos es, por tanto, algo más que una exageración, especialmente cuando se sabe que acaba con la vida de tantas personas.

En la raíz del problema se halla la incapacidad del ser humano para descomponer debidamente la proteína de la carne en aminoácidos. Trozos de carne sin digerir penetran en el tracto intestinal, arrastrando consigo a los parásitos. La mayoría de éstos, resisten tanto el calor aplicado durante la cocción como los ácidos del estómago humano. Los animales carnívoros, por otro lado, acaban con estos parásitos al instante mientras la carne pasa por su estómago. Esto se debe a que su estómago produce veinte veces más ácido clorhídrico que el nuestro. Esta enorme cantidad de ácido ayuda al animal a descomponer las proteínas de la carne en sus componentes esenciales. Si un hombre joven y sano come un pedazo de carne, tal vez podrá digerir un 25% del mismo. En cambio, los animales carnívoros son capaces de digerir casi la totalidad de la pieza, incluidos los huesos y el tejido fibroso. Los parásitos y microorganismo no sobreviven a este “ataque” ácido.

La función digestiva principal en los animales carnívoros tiene lugar en el estómago y no en el intestino delgado. La carne permanece en su tracto intestinal, que es relativamente corto, durante poco tiempo. Nuestro intestino delgado, que mide de 5 a 6 m. de longitud, procesa la mayoría de alimentos naturales durante varias horas. La carne, en cambio, puede permanecer en el intestino delgado durante nada menos que de 20 a 48 horas, período en que buena parte de ella se pudre y descompone.

Sí, los alimentos pueden transformarse realmente en un veneno mortal y matar a las personas. Los tipos de venenos que se derivan de la putrefacción (descomposición) de la carne o del pescado en el cuerpo son algunos de los más potentes que se encuentran en el mundo natural.

Toda la anatomía del hombre (mandíbulas, dentadura, sistema digestivo, manos y pies) como la del gorila o del orangután, demuestran que tienen que haber evolucionado durante millones de años comiendo frutas, cereales, verduras, frutos secos y semillas. Antes del último cambio súbito de polaridad de la Tierra y de la última glaciación, ningún ser humano habitaba en las regiones frías del planeta. Todos ellos vivían en las cálidas zonas tropicales donde tenían bastante alimento vegetal a su disposición. De pronto, sin embargo, las zonas anteriormente tropicales de Siberia y la región ártica experimentaron un brusco descenso de las temperaturas. Los animales se morían de frío en un instante, mientras todavía masticaban frutos tropicales. Algunos de estos animales han sido hallados hace poco, miles de años después, totalmente intactos, con los frutos todavía en la boca. La profunda ola de frío se extendió con tal rapidez que ni siquiera les dio tiempo para tragar el fruto que estaban comiendo. Esos humanos y animales que tenían la suerte de vivir en otras zonas tropicales del planeta conocieron cambios climáticos más moderados y, de este modo, lograron sobrevivir al repentino comienzo de la glaciación. Sin embargo, tuvieron que aprender a convivir con las estaciones del año, tal como las conocemos ahora. En las estaciones frías no tenían más remedio que matar animales para comer. Entonces fue cuando la caza y el consumo de carne se volvieron una necesidad. Pero esto no tiene nada que ver con el diseño original de la constitución humana.

Los animales no carnívoros, incluido el ser humano, tienen intestinos largos, diseñados para la digestión lenta de frutas y verduras ricas en nutrientes. Nuestra estructura dental sólo nos permite cortar frutas y verduras con los incisivos (pensemos en lo útiles que nos resultan cuando comemos una manzana) y para triturar y moler frutos secos, granos y semillas con ayuda de los molares. Nuestros caninos, cortos y romos, no tienen ninguna capacidad efectiva para cortar y desgarrar carne. De hecho, nuestra anatomía no posee nada comparable con las zarpas afiladas de un tigre o un águila. La mano humana, con el pulgar separado para hacer pinza, está más preparada para recoger frutas y verduras que para matar presas. Si fuéramos carnívoros por naturaleza, también nosotros estaríamos dotados de las mismas o similares aptitudes para la caza que los animales carnívoros.

Como demuestran los animales más fuertes del mundo (por ejemplo, el elefante, el búfalo de agua, la jirafa, el caballo, la vaca, el gorila y el orangután) no hace falta que los seres humanos comamos proteínas para ponerlas a disposición de las células del cuerpo. Un bebé recién nacido triplica su tamaño y su número de células repletas de proteínas en sus primeros 16 meses de vida sin ingerir ningún alimento proteico. Habrá quien responda a esto con la siguiente afirmación: ¡Pero si la leche materna está llena de proteínas!. ¿Ni mucho menos! La leche materna no contiene más que una cantidad mínima de proteínas.

Por naturaleza, los seres humanos y la mayoría de otros animales no carnívoros no dependen de la ingesta de proteínas para desarrollar y mantener sus músculos células y órganos. En realidad todos derivamos de los nutrientes esenciales que precisamos del aire que respiramos, y eso desde la primera bocanada. Todo el mundo sabe que para vivir necesitamos las moléculas de oxígeno del aire, pero son muy pocos los que también saben que necesitamos y aprovechamos, asimismo, las moléculas de nitrógeno, carbono e hidrógeno de que está saturado el aire. Estas cuatro moléculas son los ingredientes constitutivos de todos los aminoácidos del cuerpo humanos y de cualquier otro ser vivo del planeta. Nuestro ADN y el hígado son perfectamente capaces de sintetizar estas moléculas formando aminoácidos y proteínas completas. El cerebro produce miles de millones de neuropéptidos (los péptidos están formados por aminoácidos cada día. Los billones de encimas que elabora el cuerpo también están formados por proteínas. De modo similar, la mayoría de las hormonas del cuerpo están constituidas por proteína pura.

Información obtenida del libro “Los secretos eternos de la salud” de Andreas Moritz

La mayoría de los humanos se alimenta con animales que tienen tanto deseo de vivir como nosotros,
y quien lo dude no tiene más que observar su desesperación al luchar por su vida.

CARNÍVORO

HERBÍVORO

SER HUMANO

Tiene garras

No tiene garras

No tiene garras

Sin poros en la piel, transpira por la lengua para refrescar la piel.

Transpira por millones de poros en la piel.

Transpira por millones de poros en la piel.

No suda.

Suda mucho.

Suda mucho.

Los dientes frontales son afilados y puntiagudos para desgarrar la carne.

Los dientes frontales no tienen filo ni son puntiagudos.

Los dientes frontales no tienen filo ni son puntiagudos.

No tiene molares lisos.

Los molares son chatos para moler el alimento.

Los molares son chatos para moler el alimento.

Tiene glándulas salivales pequeñas. Suficientes para su tipo de alimentación

Las glándulas salivales están bien desarrolladas para digerir frutas y verduras.

Las glándulas salivales están bien desarrolladas para digerir frutas y verduras.

Tiene saliva ácida, no posee Ptialina.

Tiene saliva alcalina y abundante Ptialina para digerir cereales.

Tiene saliva alcalina y abundante Ptialina para digerir cereales.

Su estómago segrega ácido clorhídrico muy concentrado para digerir cartílagos, nervios, músculos, etc.

El ácido clorhídrico de su estómago es 20 veces menos concentrado que el de los carnívoros.

El ácido clorhídrico de su estómago es 20 veces menos concentrado que el de los carnívoros.

No mastica, devora pedazos.

Mastica.

Mastica.

Tiene intestino corto. Tres veces el largo de su cuerpo, para facilitar la salida de la carne, que se descompone rápido.

Su intestino es largo, 10 veces la medida del cuerpo. Los cereales y frutas tardan mucho más en descomponerse.

Su intestino es largo, 12 veces la medida del cuerpo. Los cereales y frutas tardan mucho más en descomponerse.

Tiene materia fecal escasa y fétida.

Su materia fecal es voluminosa y no fétida.

Su materia fecal es voluminosa y no fétida.

Evacua entre las 2 a 4 horas de comer.

Evacua entre las 4 a 8 horas de comer, cuando no en mucho más.

Evacua entre las 4 a 8 horas de comer, cuando no en mucho más.

Tiene mucha tolerancia al ácido úrico, la urea

No tiene tolerancia al ácido úrico y la urea.

No tiene tolerancia al ácido úrico y la urea.



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