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LA ILUMINACIÓN ESPIRITUAL
| ESPIRITUALIDAD SIN RELIGIONES | DIOS TODO Y ETERNO | AMOR - VERDAD - LIBERTAD - VIDA | 1997 - 2017 |
LA ILUMINACION ESPIRITUAL
ESPIRITUALIDAD SIN RELIGIONES

NUESTRAS MASCARAS NO SOMOS NOSOTROS

PATROCINIO NAVARRO

12/05/2017

Grafica 'Nuestras mascaras no somos nosotros' Categoria 'Crecimiento' Palabra 'Ego'

CATEGORIA N° 35 CRECIMIENTO y EGO

Semejantes a topos, las personas excavamos frecuentemente las galerías por las que circula nuestra existencia. Quienes de nosotros aciertan a elegir las correctas, con las herramientas del amor y la bondad, acaban por salir a la luz. Los demás, continúan dando vueltas y vueltas, existencia tras existencia, en la oscuridad de su propia galería, empujados por lo que Nietzsche ya definía como "lo humano, demasiado humano".

Nosotros, los hombres y mujeres de este mundo, queremos ser felices, vivir en paz y ser dueños de nuestra libertad, pero forzoso es reconocer que la mayoría ni somos felices, ni vivimos en paz y además acabamos bajo el poder de otros: políticos tiranos, patronos explotadores, familiares dominantes, maestros autoritarios, religiosos teócratas, etc.

Nuestro ego, o yo inferior, con su eterna ceguera, nos impide ver la causa profunda de todo eso, que no es otra que nuestro pensar, sentir, vivir y hacer egocéntricos basados en el conocido "mío, mí, para mí", ausente de amor, compasión, empatía. Con ceguera de topo, achacamos a cualquiera la causa de nuestros pesares y desgracias. Siempre hallamos un culpable. Con la visión miope, creemos que el mundo exterior, con sus injusticias y desigualdades sociales, sus conflictos inacabables, y sus catástrofes de todo tipo, es producto del azar, de unos gobiernos, de unas personas, del clima, etc... Pero todos las circunstancias desafortunadas que nos toca vivir solo tienen un primer foco de irradiación: nuestro ego inferior, nuestro falso yo, al que alimentamos a diario con nuestros modo erróneo de pensar, sentir y hacer y se muestra en forma orgullo, codicia, envidia, celos, y otras miserias de lo demasiado humano con las que revestimos nuestro verdadero ser, nuestro ser espiritual. Así, el ego resulta una especie de traje sucio de nuestra esencia divina incargable, que es nuestro verdadero ser.

Nuestro pequeño yo egocéntrico, como el topo, excava diariamente la galería por la que desea circular; una galería que viene a ser precisamente un círculo, semejante a un pez que se muerde la cola. Si somos así, como el pez que se muerde la cola, difícilmente somos libres y felices. Esto nos produce un malestar que manifestamos en forma de desasosiego, insomnio, estrés, mal humor, enfermedades, etc. y hasta nos lleva a diversas formas de pensar, hacia líderes o maestros que creemos nos han de liberar de nuestros pesares. Pero nunca nos liberamos si en lugar de enfrentarnos a sus causas internas los intentamos eludir o compensar por la vía del placer, por la vía del consumismo, por la vía de los vicios u otras formas de escapismo; si seguimos erre que erre con ese programa de pensamiento que nos dice: "tanto tu felicidad como tus enemigos son algo externo y tienes que buscarlos fuera de ti". Por eso el ego siempre tiene asuntos pendientes con terceros: vecinos, amigos, compañeros de trabajo, etc. Y siempre ellos son los culpables, porque como no podía ser de otro modo, el "mío, mí y para mí", que es su esencia demoniaca, cree estar por encima del tú y del nosotros.

LA CATARSIS DEL TOPO

Mucho más atrás de las trincheras, y antes de las órdenes de movilización, el conflicto está latiendo en el interior de las conciencias divididas entre lo que se tiene y lo que se desea; entre lo que se es y lo que se quisiera ser; entre lo que se piensa y lo que se siente, lo que se dice o cómo se actúa. División, conflicto, guerra interior, ¿cómo no va a terminar por convertirse en esa guerra exterior que fácilmente se acepta cuando los gobiernos la convocan?... ¿Acaso no han visto documentales donde la población manifiesta su alegría desbordante por las calles cada vez que se declara la guerra a otra nación? Aquí acaban de encontrar una salida al angustioso conflicto interno, una catarsis mortal. Por fin alguien tiene la culpa y todos están de acuerdo en quién es y debe ser eliminado, porque encarna el nombre de nuestras desgracias y temores. La guerra es así la búsqueda de una catarsis que luego, oh, cruel desengaño, resultó un espejismo más.Al terminar cada guerra, los que sobreviven a la muerte y a la destrucción que les tocó de lleno tienen que enfrentarse de nuevo a los mismos deseos de libertad, felicidad, o alegría de vivir, que ahora están mucho más lejos que antes.

Y EL TOPO SIGUIÓ GIRANDO…

¿Quién desea la guerra más fuertemente que aquel que no la hace contra sí mismo, contra sus propias tendencias inferiores, como su deseo de tener, poseer, destacar, dominar? El falso yo, el ego insaciable que ambiciona, envidia, odia a su prójimo, miente, roba, violenta o mata, nos muestra quién es nuestro verdadero enemigo, el que nos empuja a vivir en conflicto con nosotros mismos, con el mundo, y por supuesto, con Dios, a quien culpa en último extremo de los males propios y del mundo, y a Quien quisiera tener a su servicio como nos tiene a nosotros si es que nos dejamos atrapar. Desde luego, Dios no se deja atrapar. Por eso el ego Le odia.

"las rebajas del ego", no nos lleva a la paz personal, ni, por supuesto, a la paz social, pues lo que llamamos Paz, mirado con perspectiva histórica es un respiro entre una y otra guerra, el resultado del exterminio de unos por otros, pero nunca el resultado del exterminio del falso yo, que nos tiene siempre en conflicto contra alguien o algo, lo que mantiene siempre brasas encendidas que hacen posible la guerra siguiente. No es exagerado afirmar que no hay una generación que no conozca la guerra en carne propia en una u otra parte del mundo, porque en definitiva también es una de esas necesidades compensatorias, una de esas válvulas de escape del odio, la infelicidad, la codicia, se llame como se llame esa guerra y sea cual sea su excusa oficial.

El topo egocéntrico seguirá dando vueltas en su galería circular, y cayendo en los mismos errores una vida tras otra, hasta que toma conciencia de que debe cambiar de forma de pensar si quiere salir de esa noria estéril y dolorosa. Y antes o después, cada uno lo consigue, pues de no ser así sería impensable albergar esperanza alguna en la humanidad.



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* MEDELLÍN - COLOMBIA *

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