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INMIGRACIÓN GUERRA INJUSTICIA GLOBAL

PATROCINIO NAVARRO (ARTICULO N° 648)

3/17/2016

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CATEGORIA: Sociedad

¿TIENEN SOLUCIÓN?

Después de cientos de miles de años de historia humana para llegar al punto en que estamos, ¿de qué nos ha servido el tiempo? ¿De qué las religiones, las ideologías políticas, sociales, económicas y demás? Y si no es una cuestión de nada de eso, ¿no será que es una cuestión de la conciencia?.

El Sur se mueve cansado de morirse. De la patera al cayuco, caminando cientos de kilómetros, saltando vallas y muros, el hijo del Sur intenta espantar para sí y los suyos los fantasmas creados por los explotadores propios y los ajenos: hambre, guerra, enfermedad. Ya descubrieron que el Planeta Tierra no se creó para el neoliberalismo y sus multinacionales, sino para que todos pudiéramos vivir sobre él. Los gobiernos locales intentan abrirles las puertas de salida y sacudírselos, pero no es la solución. Ni las ONGS. Ni las repatriaciones. ¿Existe alguna?

Resulta llamativo el descaro con que los dictadores de los países pobres invierten en armas, equipos militares y máximo nivel de confort para sus vidas a costa de las ayudas que envía la llamada “comunidad internacional” que regala dinero o vende las armas a cambio de no preguntar qué se hace con nada de eso, mirar para otro lado cuando se machacan los derechos humanos o apoyar al candidato que más sumisión y buenos negocios promete en caso de rivalidades entre mandatarios. ¿A cambio de qué? De obtener garantías no mirar con lupa la corrupción y de explotación de recursos por las multinacionales que organizan los conflictos e intervienen en apoyo del bando que les garantice beneficios. De lo contrario pronto habrá otro candidato, otro bando y otra guerra civil.

Por desgracia para la mayoría inmensas de sus habitantes, las mayores riquezas del Planeta que las multinacionales compiten por poseer están precisamente en los países pobres de todos los continentes. Y son millones los pobres de estos países que se ven empujados a emigrar. El miedo y la miseria son un enorme acicate para intentar subirse a un cayuco y jugarse la vida por llegar a un paraíso que descubrirán que no existe. ¿Cuál es la solución? Repatriar inmigrantes no es la solución, pues vuelven por otros lados mientras el problema subsiste en el origen, o empeora más aún.

Existen tres circunstancias decisivas que provocan los movimientos migratorios mundiales: las guerras, el cambio climático y la pobreza. ¿Cuál es la causa común que provoca esas tres dramáticas situaciones? La primera y más evidente es la existencia de un capitalismo ferozmente egoísta que no duda organizar guerras de continuo, envenenar el hábitat terrestre con CO2 y todos los demás residuos industriales, y empobrecer amplias capas de la población del mundo para enriquecer a minorías con poder suficiente como para dirigir el mundo en connivencia con las iglesias institucionales y los poderes financieros, tan emparentados como insolidarios.

A consecuencia de las guerras, millones de personas tienen que marcharse con lo puesto huyendo de sus países de origen y buscando un lugar seguro donde poder vivir en la extrema pobreza de quien lo perdió todo. A consecuencia del cambio climático, millones de familias campesinas ven morir de sed sus campos y de hambre a sus hijos y ganados, o se producen inundaciones u otro tipo de catástrofes siempre por las mismas razones. Estos tres factores: guerras, migraciones forzadas y cambio climático producen miserias infinitas y empujan a las poblaciones a salir de sus aldeas y países. El causante directo o indirecto es siempre el capitalismo egoísta e injusto de las cuatrocientas familias que dirigen este Planeta. ¿Habrase visto mayor descaro, mayor insensatez, mayor insensibilidad. Y por parte de la mayoría de la población mundial ¿qué decir? ¿Indiferencia? ¿Pasividad? ¿Resignación? Aunque el ejemplo de lo que está sucediendo en el norte de África puede cundir en otros lugares. La gente se está cansando de ser pobre.

¿Cabe alguna solución?...Si nos dejamos llevar por el pesimismo, es fácil contestar a eso. Si somos posibilistas podemos pensar que sólo una red bien estructurada de inversiones directas por parte de la comunidad internacional para crear puestos de trabajo, remodelar la agricultura, aumentar los regadíos, crear industrias y escuelas de formación profesional y de formación básica, pueden ayudar a cambiar radicalmente las condiciones de vida a todos los niveles de quienes viven en los submundos de este mundo. Ello contribuiría, indirectamente, a evitar los abusos de los mandatarios de esos países, que se verían obligados a ser transparentes y colaboradores con sus pueblos, en vez de ser sus sanguijuelas. Y no digamos nada sobre los delitos de los cientos de millonarios europeos ahora descubiertos que guardan sus cuentas en las cámaras acorazadas de Suiza o Liechtenstein, entre otros agujeros negros, para escapar al ojo de la Hacienda pública de sus países. Pero todas estas soluciones, que serían justas, chocan frontalmente contra el Sistema en todos sus aspectos. Pero la justicia es un sentimiento que no se puede imponer; brota de un modo natural de las almas nobles, y va unida a otros sentimientos y aspiraciones como libertad, fraternidad, igualdad o unidad. Por eso la clave es ennoblecerse cada uno para vivir todos en un mundo justo, igualitario, libre.

Es lento, dirán algunos, pero ¿quién puede hablar de lentitud después de cientos de miles de años de historia humana para llegar al punto en que estamos? ¿De qué nos ha servido el tiempo? Y es que no es una cuestión de tiempo, sino de despertar la conciencia. Los plazos los pone cada uno.

Entre tanto, sabemos que mientras exista el colectivo multimillonario con sus paraísos fiscales y cuentas secretas seguirá habiendo reyezuelos ricos y muertos pobres, así como guerras entre bandos apoyados por una u otra multinacional cuyos peces gordos evaden impuestos y los guardan en lugares secretos con el beneplácito de gobiernos obedientes, mientras crece a diario entre nosotros, los occidentales, la sensación de vivir bajo regímenes vampíricos aparentemente civilizados, pero sin moral alguna por parte de los administradores de la riqueza colectiva. Por no hablar de la dureza de pedernal de sus miserables corazones.

¿Cómo repartir el pastel, nivelar las clases, convertir las riquezas inmovilizadas en inversiones que crean riqueza para el bien común y repartir beneficios con justicia entre los que los producen? Esa es la tarea social pendiente Ahora bien, eso exige un cambio de conciencia por parte de cada uno; pero es lo único que puede producir el verdadero cambio social que precisamos.

El mundo debe cambiar de faz, pero esto exige que cada uno sea sincero consigo mismo, y piense si no desearía para sí la llave de oro de la puerta acorazada de alguna de esas cuentas secretas. Porque si la desea es que seguimos formando parte del problema.

 
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