
Poco, si acaso algo, es lo que se sabe con seguridad sobre él. Según la tradición, recibió el nombre de Siddharta Gautama, fue un príncipe y nació unos seiscientos años antes de Cristo en el reino de los sakya, en el norte de la India. Se le llamó Sakyamuni (sabio de la tribu de los sakya) y también Tathagata, un título de significado incierto; pero lo más probable es que usted solo le conozca por su título más divulgado: el Buda.
Gautama se crió en un ambiente palaciego, pero a la edad de veintinueve años de repente se dio cuenta de las desgracias que le rodeaban. Quiso una explicación, de modo parecido a las personas de hoy que sinceramente se preguntan por qué existen la iniquidad y el sufrimiento. Dejó a su mujer y a su hijo recién nacido, huyó al desierto y allí vivió como un asceta durante seis años. Se tumbaba sobre espinos, y durante un tiempo subsistió con un solo grano de arroz al día; pero eso no le resultó en ninguna iluminación.
Cuando tenía unos treinta y cinco años, Gautama se decidió por un proceder más moderado, al que denominó la Vía o Senda Intermedia. Hizo el voto de permanecer sentado debajo de una higuera hasta que le llegase la iluminación. Finalmente, después de una noche de visiones, pensó que su búsqueda había sido recompensada. A partir de entonces se le conoció como el Buda, que significa “el Iluminado”. Sin embargo, Gautama no afirmaba que este título fuese monopolio suyo, razón por la cual siempre debe usarse con un artículo: un buda o, en el caso de Gautama, el Buda.
La vía hacia la liberación
Se dice que las divinidades hindúes Indra y Brahma rogaron al Buda que comunicase a otras personas las verdades que acababa de encontrar. Gautama emprendió esta tarea. Aunque conservaba la idea tolerante del hinduismo de que todas las religiones tienen cosas buenas, el Buda no estaba de acuerdo con su sistema de castas ni con el énfasis que daba a los sacrificios de animales. Rechazó la afirmación de que los Vedas hindúes eran escritos de origen divino, y aunque no negaba la posible existencia de Dios, sí lo descartaba como Creador. Opinaba que la ley de causa y efecto no tenía un punto de comienzo. Y fue más allá del hinduismo, hasta el punto de, según se afirma, prometer lo siguiente en su primer sermón: “Esto, monjes, es la vía intermedia, cuyo conocimiento lleva al discernimiento, el cual lleva a la sabiduría, la cual conduce a la calma, al conocimiento, a la perfecta iluminación, al nirvana”.
“¿Qué es el nirvana?”, quizás pregunte usted. “Es difícil encontrar una respuesta equivocada a esta pregunta —dice el historiador Will Durant—, pues el Maestro dejó oscuro este punto, y sus seguidores han dado al término todo significado bajo el Sol.” “El budismo no ofrece un concepto único —concuerda The Encyclopedia of Religion—, ya que varía con la cultura, el período histórico, el idioma, la escuela y hasta el individuo.” Un escritor lo llama “la ausencia absoluta de deseo, la infinidad perpetua del vacío, la tranquilidad eterna de la muerte sin renacer”. Otros, con respecto a su raíz sánscrita, que significa “extinguirse”, dicen que es como una llama que se apaga cuando se termina su combustible. Sea como fuere, el nirvana promete liberación.
El Buda resumió la necesidad de alcanzar liberación en las Cuatro Nobles Verdades: la vida es dolor y sufrimiento; ambos son causados por el ansia de existir y por la complacencia de los deseos; el proceder de la sabiduría es suprimir ese ansia; esto se logra siguiendo el Noble Sendero Óctuple, el cual estriba en ideas rectas, intención recta, palabra recta, acción recta, vida recta, esfuerzo recto, meditación recta y contemplación recta.
Se arraiga fuera, pero no en casa
Desde su mismo comienzo, el budismo halló una pronta respuesta. Un grupo de materialistas de aquella época —llamados los Charvakas— ya habían preparado el camino. Rechazaban los escritos sagrados hindúes, se burlaban de la idea de creer en Dios y renunciaban a la religión en general. Ejercieron una considerable influencia y ayudaron a crear lo que Durant llama “un vacío que casi hizo necesario que surgiera una nueva religión”. Este vacío, junto con “la decadencia intelectual de la vieja religión”, contribuyó a la aparición de los dos principales movimientos reformadores de la época: el budismo y el jainismo.
A mediados del tercer siglo antes de la era común, el rey Asoka, cuyo imperio abarcaba la mayor parte del subcontinente indio, contribuyó mucho a difundir el budismo. Fortaleció sus aspectos misionales enviando misioneros a Ceilán (Sri Lanka) y posiblemente también a otros países. Durante los primeros siglos de la era común, el budismo se extendió por toda China, desde donde pasó al Japón a través de Corea. Para los siglos sexto y séptimo de la era común, podía encontrarse en todo el este y sudeste de Asia. Actualmente hay más de trescientos millones de budistas en todo el mundo.
Aun antes de los días del rey Asoka, el budismo ya había empezado a propagarse. “Para finales del siglo cuarto antes de Cristo, se encontraron misioneros budistas en Atenas”, escribe E. M. Layman, quien añade que después de fundarse el cristianismo, los primeros misioneros cristianos se enfrentaron con la doctrina budista en todos los lugares adonde iban. Es más, cuando los misioneros católicos fueron por primera vez al Japón, se les confundió con una nueva secta budista. ¿Por qué?
Por lo visto, las dos religiones tenían muchas cosas en común, algunas de las cuales eran, según el historiador Durant, “la veneración de reliquias, el uso de agua santa, velas, incienso, el rosario, vestiduras clericales, una lengua muerta para los ritos litúrgicos, así como los monjes y las monjas, la tonsura y el celibato monásticos, la confesión, los días de ayuno, la canonización de santos, el purgatorio y las misas para los muertos”. Añade que “parece que todo esto se había manifestado primero en el budismo”. En realidad, se dice que el budismo “llevaba cinco siglos de adelanto a la iglesia católica en cuanto a idear y practicar todas las ceremonias y rituales comunes a ambas religiones”.
Al explicar cómo surgieron esas similitudes, Layman insinúa que tuvieron un origen común. Él escribe: “Para el tiempo de la era cristiana podían verse influencias paganas en los ritos religiosos budistas. Las influencias paganas también fueron responsables de las prácticas religiosas de la iglesia cristiana”.
A pesar del impacto mundial del budismo, no logró echar raíces en la India, su lugar de origen. Hoy día, menos del 1% de la población de la India es budista, mientras que el 83% es hindú. Se desconoce la razón, aunque tal vez sea debido a que, como consecuencia de su carácter tan tolerante, volvió a ser absorbido por el hinduismo, una forma de adoración más tradicional, o a que quizás los monjes budistas dejaron de pastorear a los legos. Sea como fuere, un factor importante fue la penetración del islam en la India. Esto condujo a la gobernación musulmana, bajo la cual muchas personas, en particular en la parte norte de la India, se convirtieron al islam. A finales del siglo trece, aproximadamente una cuarta parte de la población era musulmana. Al mismo tiempo, muchos budistas regresaban al hinduismo, al parecer porque lo encontraban mejor preparado para hacer frente a la irrupción musulmana. Haciendo honor a la tolerancia que lo caracteriza, el hinduismo los recibió de nuevo con los brazos abiertos, e incluso facilitó su regreso mediante proclamar dios al Buda, diciendo que era una encarnación de Visnú.
Los muchos rostros del Buda
“Los griegos hicieron las primeras imágenes del Buda”, escribe E. M. Layman. Los budistas afirman que no adoran a las estatuas, sino que solo son una ayuda para la devoción, y están concebidas con el propósito de mostrar respeto al gran Maestro. Algunas veces se representa al Buda de pie, pero casi siempre aparece sentado con las piernas cruzadas y las plantas de los pies hacia arriba. Cuando tiene una mano sobre la otra, está meditando; cuando la mano derecha esta alzada a la altura del mentón, está bendiciendo, y cuando el pulgar de la mano derecha se toca con el dedo índice o cuando ambas manos están unidas delante del pecho, está enseñando. La posición reclinada representa el momento de pasar al nirvana.
Tal como hay diferencias en sus diversas posturas, también las hay en su doctrina. Se dice que doscientos años después de su muerte, ya existían dieciocho diferentes versiones del budismo. Hoy día, veinticinco siglos después de la “iluminación” de Gautama, son muchas las interpretaciones budistas sobre cómo alcanzar el nirvana.
Erik Zürcher, de la universidad de Leiden (Países Bajos), explica que hay “tres corrientes básicas dentro del budismo, cada una con sus propias ideas doctrinales, prácticas de cultos, escritos sagrados y tradiciones iconográficas”. En la terminología budista, a estos movimientos se les denomina “vehículos”, porque son como transbordadores que transportan a la persona a través del río de la vida hasta que finalmente llega a la orilla de la liberación. En ese momento puede abandonarse el vehículo. El budista le dirá que el método de viajar —la clase de vehículo— no tiene importancia, pues lo que importa es llegar allí.
Los vehículos son los siguientes: el budismo theravada, al parecer muy vinculado a lo que predicó el Buda; se encuentra particularmente arraigado en Birmania, Sri Lanka, Laos, Tailandia y Kampuchea (antes, Camboya). El budismo mahayana, particularmente arraigado en China, Corea, Japón, Tíbet y Mongolia; es más liberal y ha acomodado sus enseñanzas para alcanzar a más personas, razón por la cual se le llama el Gran Vehículo, en contraste con el theravada, que es el Pequeño Vehículo. El budismo vajrayana, el Vehículo del Diamante, comúnmente conocido por el nombre de tantrismo o budismo esotérico; combina los rituales con la práctica del yoga y se supone que acelera el avance de la persona hacia el nirvana.
Estos tres movimientos están divididos en muchas escuelas, cada una de las cuales difiere en la interpretación de ciertos elementos básicos, pues con frecuencia dan especial atención a ciertas secciones de los escritos budistas. Y como, según Zürcher, dondequiera que fuese, “el budismo se veía más o menos influenciado por las creencias y prácticas de la localidad”, estas escuelas pronto dieron origen a muchas sectas locales. Como ocurre con la cristiandad, con sus miles de sectas y subdivisiones que causan confusión, el Buda, en un sentido figurado, tiene muchos rostros.
El budismo y la política
Al igual que el judaísmo y las religiones que profesan ser cristianas, el budismo no se ha limitado a sus actividades religiosas, sino que también ha cooperado en moldear el pensar y el comportamiento políticos. “La primera fusión de budismo y acción política tuvo lugar durante el reinado de Asoka”, dice el autor Jerrold Schecter. El activismo político del budismo continúa hasta nuestro día. A finales de 1987 se arrestó en la ciudad de Lhasa a 27 monjes budistas tibetanos por participar en manifestaciones contra los chinos. Por otro lado, la intervención del budismo en la guerra de Vietnam durante la década de los sesenta hizo que Schecter llegase a la siguiente conclusión: “La senda pacífica de la Vía Intermedia se ha deformado hasta convertirse en la nueva violencia de las manifestaciones callejeras. El budismo de Asia es una fe en llamas”.
Insatisfechas con las deplorables condiciones políticas, económicas, sociales y morales del mundo occidental, algunas personas acuden a las religiones orientales, entre ellas el budismo, en busca de explicaciones. Pero, ¿puede ofrecer respuestas “una fe en llamas”? Si usted aplica el criterio de Emerson de que “lo que determina el valor de una religión es la cantidad de cosas que puede explicar”.